La inversión en primera infancia, deuda pendiente

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Por Cristian Acosta, Coordinador de Asuntos Públicos en Early Institute

Publicación original en ContraRéplica

 

Invertir en la primera infancia es la mejor estrategia que un país puede diseñar e implementar, así lo ha señalado James Heckman, economista estadounidense que, en el año 2000, gracias a sus aportaciones en la materia fue reconocido con el Premio Nobel de Economía.

La idea parece bastante obvia, si invertimos en la primera infancia -etapa de la vida que va desde los cero hasta antes de los 6 años- nuestras niñas y niños contarán con los elementos indispensables para desarrollar su máximo potencial a nivel social, físico, intelectual y psicológico.

Sin embargo, cabría preguntarnos ¿cuál es la situación de la niñez mexicana y qué políticas públicas hemos desarrollado para atenderla?

 

La realidad de la niñez en números

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), en México para 2019, 13.1 millones de niñas y niñas tenían menos de 6 años, entre 2020 y 2024 se espera tener un promedio anual de 12.9 millones de niños en esa edad, en la que se enfrentan a retos como la tasa de mortalidad, la desnutrición crónica, el sobrepeso y la obesidad, la anemia, los problemas de desarrollo, el rezago en alfabetización y en conocimientos numéricos, y el respeto a su derecho a la identidad, entre otros.

 

¿Qué hemos hecho para pagar nuestra deuda con la niñez en México?

Durante los últimos 30 años, como país hemos dado diversos pasos para visibilizar a la niñez. Entre ellos destacan:

  1. La aprobación y ratificación de la Convención de los Derechos del Niño en septiembre de 1990.

  2. La publicación de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en mayo del 2000.

  3. El reconocimiento constitucional de que el Estado debe velar y acatar el interés superior de la niñez en el diseño, ejecución y evaluación de sus políticas públicas, en el 2011.

  4. La publicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en diciembre del 2014, con la que se le dio vida al Sistema Integral de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), y se fortalecieron las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, encargadas de establecer mecanismos de restitución de derechos para niños vulnerados.

  5. La publicación del primer Programa Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes 2016-2018, en agosto de 2017, cuya finalidad fue establecer parámetros específicos de políticas públicas para este sector de la población.

  6. La reforma al artículo 3º constitucional en mayo de 2019, con la que se reconoció a la educación inicial como un derecho y la obligación del Estado de garantizarlo.

 

Principales deficiencias en la atención a niñas y niños

A pesar de contamos con un marco normativo sólido, hay deficiencias en la aplicación de las normas, pues, las propias autoridades, academia y sociedad civil reconocemos que:

  1. El enfoque de niñez en el diseño de políticas públicas es precario o nulo.

  2. La coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales es fragmentada o limitada.

  3. Se desconocen los alcances, derechos y principios establecidos en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescente.

  4. Existe poca capacitación en materia de niñez.

  5. Contamos con sistemas de información precarios y poco confiables.

  6. Hay limitaciones por el presupuesto asignado para los programas que benefician a la primera infancia.

 

La ENAPI como apuesta de visibilización e inversión a favor de la primera infancia

El 23 de marzo de 2020 el SIPINNA publicó en el Diario Oficial de la Federación la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI). Esta estrategia parte de la premisa de un cuidado cariñoso y sensible, el cual es un concepto desarrollado por la OMS, UNICEF y Banco Mundial para otorgar protección, seguridad, salud y nutrición con una atención sensible y receptiva que responde a los intereses y necesidades, alienta a explotar el entorno e interactúa con sus cuidadores y otros actores relevantes.

Así, la ENAPI identifica 5 áreas clave: buena salud, nutrición adecuada, oportunidades de aprendizaje temprano, protección y seguridad y atención y cinco estrategias:

1) Inversión intersectorial, esto quiere decir que las autoridades de todos los sectores deben trabajar de manera coordinada para atender a la niñez.

2) Crianza familiar, para enriquecer las prácticas que como sociedad damos a nuestras niñas y niños.

3) Fortalecer la atención, en servicios clave para la niñez, como lo son la educación, salud, cuidado y procuración.

4) Medir para mejorar, pues la carencia de sistemas de registro de información impide establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.

5) Corregir e innovar, con la finalidad de tener una estrategia flexible que permita advertir aciertos y deficiencias; que permitan identificar áreas de oportunidad para redireccionar las políticas públicas.

En conclusión, la ENAPI atiende a las premisas de James Heckman, pues por primera vez en nuestra historia moderna, hemos desarrollado una estrategia nacional que visibiliza a la primera infancia, además de obligar a las autoridades a invertir y actuar de manera coordinada para generar políticas públicas intersectoriales y corresponsables con mecanismos de atención y procuración de madres, padres, familia, autoridades educativas y sociedad en general.

Cabe destacar que tendremos que medir para mejorar y corregir para innovar los contenidos de cada estrategia, su implementación exige la correcta aplicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, un enfoque de niñez que permee en la toma de decisiones y una coordinación efectiva entre las autoridades.

Así bajo una responsabilidad colectiva, en Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, aplaudimos y nos sumamos al trabajo colaborativo, pues sabemos que no aprovechar esta oportunidad, implicaría continuar con nuestra deuda hacia la primera infancia.

 

 

 

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