Leer, un apoyo emocional

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Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Con el exceso de estrés que se vive en los últimos días, en esta ocasión quisiera hablar de una actividad que podemos efectuar para mantener la tranquilidad y convivir en familia. Me refiero a la lectura. Decía el escritor José Saramago: “Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista tienes que leer”. Si bien el deporte es fundamental para nuestro bienestar, hoy la situación apremia que cuidemos nuestra salud emocional y leer puede ser una buena opción para dicho fin.

En México la lectura es un tema pendiente. Según el Módulo sobre Lectura 2019 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de cada 100 personas, 42 dijeron haber leído al menos un libro en un año. Es una práctica que exige varios retos para que sea adquirida como un hábito: uno, habría que motivar que su adopción se inicie en casa por medio de la convivencia familiar y hacer que la sociedad se involucre más en su ejercicio; dos, se tiene que propiciar que en las escuelas se brinden lecturas según los intereses y edades de los estudiantes; y, tres, hay que permitir que el lector se apropie de su experiencia, es decir, encuentre sus propios intereses.

En junio de 2019, el gobierno federal puso en marcha la Estrategia Nacional de Lectura con el objetivo de incentivar su hábito a través de tres ejes de acción: formativo, persuasivo y material.

El primero se refiere a la participación de las instancias educativas del país, encabezadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Para fortalecer el eje persuasivo se cuenta con el apoyo de los medios de comunicación públicos para difundir la lectura como una actividad placentera y significativa. El último eje –el material– busca asegurar la disponibilidad de libros y otros materiales a través del Fondo de Cultura Económica (FCE), principalmente.

Sin duda establecer una estrategia favorece el impulso del acto lector, pero la labor va más allá. Leer es una experiencia de vida, y como tal, es difícil imponer su práctica. Más bien se trata de facilitar y motivar a la gente para que la adopte, empezando por los más pequeños, quienes idealmente tendrían que ver un ejemplo en sus entornos más cercanos. Se sabe que el acercamiento a la lectura beneficia el desarrollo de los infantes y, precisamente, este tipo de atención al cuidado y a la educación de niñas y niños es una línea de acción de Early Institute para crear adecuados ámbitos familiares y sociales.

Por otra parte, hoy el lector tiene un abanico muy amplio con la era digital, ya que encuentra acceso a textos de variadas temáticas y preferencias en múltiples formatos y modalidades. En estos días, diversas editoriales y páginas electrónicas han puesto a nuestra disposición cientos de acervos en línea –para todas las edades– que podríamos aprovechar.

Es cierto que el fomento a la lectura es una tarea compleja, pero no inalcanzable y estoy convencida de que, si nos esforzamos, los niveles tan bajos que suelen reportar las estadísticas podrían modificarse. Ante todo, hagamos de la lectura una actividad placentera y permitámonos refugiarnos en ella para sentirnos un poco mejor en estos singulares momentos

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