Suicidios en niñas, niños y adolescentes: un asunto de prioridad

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Recientemente, la revista The Lancet Regional Health – Americas publicó un estudio que demuestra el aumento en suicidios en adolescentes, en particular en el rango de 10 a 24 años.

 

En los últimos años se ha dado mayor importancia a un tema que debería ser colocado al centro de la agenda social de América Latina, pero que todavía falta por considerarse primordial. Me refiero al suicidio en niñas, niños y adolescentes, cuyas cifras son escalofriantes en la región y todo parece indicar una tendencia a la alza.

Recientemente, la revista The Lancet Regional Health – Americas publicó un estudio que demuestra el aumento en suicidios en adolescentes, en particular, en el rango de 10 a 24 años. Según el informe, este suceso representa la tercera causa de muerte en adolescentes y jóvenes, en América Latina, observándose un considerable aumento en quienes tienen entre 10 y 14 años (se incrementó de 5.7 a 7.84 % en el período de 2000 a 2021).

Esto significa una alerta sustancial para familias y autoridades escolares y gubernamentales no solo en la detección de factores que pudieran terminar en una tragedia, sino en llevar a cabo intervenciones tempranas que la puedan evitar.

Incluso, en México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en sus últimas cifras sobre suicidio, identifica que son las niñas y mujeres quienes tienen mayor tendencia a privarse de la vida que los hombres.

El estudio titulado Mortalidad por suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes de 10 a 24 años en las Américas, 2000-2021: un análisis utilizando las Estimaciones Mundiales de Salud de la OMS hace hincapié en que: “Sin un compromiso renovado, el suicidio seguirá siendo una causa de muerte principal, aunque prevenible, entre los jóvenes, con importantes implicaciones para la salud poblacional y el desarrollo”.

Lo anterior se indica ya que se determinó que entre las posibles causas vinculadas a los suicidios se ubican afectaciones en la salud mental, el consumo de sustancias y su eventual adicción, la inadecuada exposición en entornos digitales, que pudiera derivar en ciberacoso, entre otras, es decir, prácticas que pueden ser prevenidas y atendidas de modo que la persona no llegue a pensar en acabar con su vida.

Otro de los puntos que sostiene el estudio es que: “Las persistentes y crecientes disparidades por sexo, edad y geografía sugieren que los esfuerzos de prevención existentes son insuficientes y se implementan de manera desigual en la región. Se requiere una acción fortalecida, coordinada y sostenida que involucre a gobiernos, sociedad civil y socios internacionales para elevar la prevención del suicidio como una prioridad de salud pública”.

Por si fuera poco, el estudio señala que la problemática coloca a la región en un sitio desfavorable con respecto a otras partes del mundo y los autores advierten que es la única región en la que se presenta una alza sostenida en la tasa de mortalidad por suicidio.

El asunto no es menor y se requieren iniciativas que prevengan y actúen de manera oportuna. En Early Institute —el único think tank mexicano dedicado al cuidado de la primera infancia—, reconocemos la importancia de trabajar con la población más vulnerable sobre temas de salud mental, prevención de adicciones, seguridad digital y otras acciones que eviten que este sector de la sociedad tome medidas que representen riesgos para su vida. La evidencia es muy clara y hacer caso omiso sería prácticamente dejar a la deriva a esta parte de la población que merece todo nuestro respeto, atención y respaldo.

 

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