

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión
De acuerdo con la última medición del INEGI en 2022, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años estaban involucrados en trabajo infantil. De este grupo, más de 2 millones participaban en actividades económicas no permitidas, ya sea por no cumplir con la edad mínima para trabajar o por realizar ocupaciones peligrosas.
Aunque en las últimas décadas ha habido una disminución del trabajo infantil a nivel internacional y nacional, preocupa que en años recientes los números se hayan mantenido estables e incluso hayan experimentado aumentos.
La pandemia del COVID-19 afectó el trabajo infantil, exacerbando problemas como el aumento de la pobreza, especialmente la extrema, y la deserción escolar, situaciones estrechamente vinculadas con el trabajo infantil.
Según los últimos datos, las tasas de trabajo infantil más altas se registraron en Guerrero, donde 1 de cada cuatro niñas, niños y adolescentes realiza trabajo infantil, seguido por Chiapas, Nayarit, Oaxaca y Michoacán. En contraste, los estados con tasas más bajas fueron Ciudad de México, Coahuila, Baja California, Quintana Roo y Querétaro.
A pesar de los objetivos internacionales de erradicar el trabajo infantil, muchos países, incluido México, están lejos de alcanzar dicho objetivo.
Organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo, han emitido diversas recomendaciones a los gobiernos para abordar este problema, como extender la protección social a niñas, niños y sus familias, garantizar la educación hasta la edad mínima de admisión al empleo y hacer énfasis en prevenir y abordar el riesgo de trabajo infantil durante crisis, conflictos y desastres.
El sano desarrollo de niñas y niños se produce en un entorno de aprendizaje; el trabajo infantil no lo es. A pesar de las promesas de poner fin a esta problemática, los progresos y las respuestas por parte de los gobiernos siguen siendo insuficientes.