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El cuidado como reto institucional y cultural en la agenda de la 4T

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute
Publicación original de: Proceso

El cuidado visto como una responsabilidad compartida implica que el Estado asuma un papel activo en su facilitación, pero también fomentar que la ciudadanía participe en la distribución equitativa de las tareas de cuidado.

La creación del Sistema Nacional de Cuidados (SNC) en México representa una de las apuestas de mayor complejidad en cuanto a diseño, presupuestación e implementación de políticas sociales que enfrenta hoy la 4T.

A diferencia del impulso de otro tipo de programas sociales específicos, el Sistema Nacional de Cuidados constituye un reto mayúsculo tanto para el gobierno federal como los estatales, principalmente por el gran número de intervenciones, servicios y enfoques que deben implementarse para reducir las desigualdades y dotar de infraestructura a la atención de la población que requiere cuidados, así como visibilizar la importancia social de las personas que cuidan.

Foto ilustrativa de la nota titulada: México sin un Sistema Nacional de Cuidados que ofrezca atención integral a la población
México sin un Sistema Nacional de Cuidados que ofrezca atención integral a la población
Foto ilustrativa de la nota titulada: Para reducir brecha salarial, Herrera propone un sistema nacional de cuidados para niños y adultos mayores
Para reducir brecha salarial, Herrera propone un sistema nacional de cuidados para niños y adultos mayores
Hablar de un sistema nacional de esta naturaleza lleva implícito no sólo reconocer derechos desde la ley o el papel; su objetivo central es hacerlos operables y articular instituciones, políticas, programas y estrategias para ofrecer servicios de atención y cuidado de calidad, particularmente para la población más vulnerable. Si bien la tarea no es sencilla, desde la experiencia internacional se sugiere que la puesta en marcha de este tipo de políticas nacionales sólo puede alcanzarse de manera efectiva bajo criterios de progresividad, homologación de servicios y planeación fiscal de largo plazo.

Sin embargo, el cambio de paradigma respecto al cuidado en sus diversas nociones no sólo es normativo o institucional, también pasa por una fibra esencialmente cultural. El cuidado visto como una responsabilidad compartida implica que el Estado asuma un papel activo en su facilitación, pero también fomentar que la ciudadanía participe en la distribución equitativa de las tareas de cuidado en el ámbito comunitario y familiar, al tiempo que las empresas y fuentes de empleo adopten políticas para la conciliación de la vida laboral y familiar, con especial énfasis hacia las mujeres madres y en beneficio de la primera infancia.

Se trata entonces de un sistema que no exige únicamente al gobierno la habilitación de determinados servicios o políticas públicas, sino que en gran medida se nutre desde sinergia entre actores sociales, comunitarios y del sector privado para que sea eficaz. Pretender lo contrario sería negar que en México aún perviven barreras sociales –que van más allá de la publicación de decretos– y que representan desafíos latentes en el esfuerzo de instrumentar un sistema de derechos de esta envergadura.

Esta corresponsabilidad en la forma de entender los cuidados es crucial para dejar atrás la visión anacrónica e inequitativa que consideraba esta labor como una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Las mediciones más recientes del INEGI por desgracia confirman esta premisa. Las labores de cuidado en México siguen distribuidas en forma desproporcional hacia las mujeres y personas de escasos recursos.

De acuerdo con el reporte “Cuidados para la primera infancia: recomendaciones hacia la conformación del Sistema Nacional de Cuidados” elaborado por Early Institute, Ethos y el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), del total de las personas cuidadoras en México, el 75% son mujeres, según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC, 2022). De la misma forma, cuando se analizan los cuidados de la primera infancia, las mujeres son las principales cuidadoras (96.0%), en su mayoría madres (86.3%) y abuelas (7.6%), que dedican un promedio de horas superior al de los hombres para el cuidado directo de niñas y niños de 0 a 5 años.

A razón de estos datos, desde Early Institute hemos insistido que una de las claves para comenzar la arquitectura de dicho sistema la constituye precisamente el enfoque estratégico que representa el cuidado hacia la primera infancia. Este sector engloba casi el 10% de la población mexicana, por lo que garantizar el derecho al cuidado infantil, universal y de calidad, que fortalezca su educación, nutrición, salud, protección social y desarrollo integral, permitirá de manera simultánea reducir las brechas de desigualdad hacia las mujeres y familias de forma estructural.

En un México. donde sólo el 44% de los niños de 0 a 5 años en México accede a servicios de cuidado, educación inicial o preescolar -lo cual se traduce en que cerca de 6.8 millones de niñas y niños queden fuera de este tipo de atenciones- nos parece que la ruta del Sistema Nacional de Cuidados tiene un foco claro y prioritario que apuntalar sin mayor divergencia ni dilación.

En el inicio de su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que desde el IMSS y el DIF se comenzaría con la instrumentalización progresiva del Sistema Nacional de Cuidados a partir de una restructura de los centros de bienestar infantil para las mujeres más pobres, jornaleras agrícolas y para mujeres de ciertas industrias, como la maquila, específicamente en la región de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Tan sólo la semana pasada el director general del IMSS, Zoé Robledo, y la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, suscribieron un convenio de colaboración para el desarrollo de los Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI) anunciados por el gobierno federal en abril de este año. En paralelo, la Secretaría de Gobernación ha anunciado que durante las próximas semanas de agosto se espera la publicación del nuevo Programa Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Pronapinna) 2025-2030.

A juzgar por la expectativa generada de estos anuncios, pareciera que la decisión de instrumentar el Sistema Nacional de Cuidados es un hecho en la agenda de la 4T. No obstante, el segundo año de gobierno de la presidenta, que comenzará a partir de octubre próximo, será clave para medir la eficacia y profundidad de estas intenciones.

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Más notas

Restricción de uso de dispositivos móviles en escuelas: el primer paso
Por Rafael Vincent Morfín Calvo, abogado de Asuntos Públicos de Early Institute
Publicación original de El Heraldo de México El ciclo escolar 2026-2027 recibió el pasado 31 de agosto a cerca de 23 millones de niñas, niños y adolescentes dentro de las aulas, por lo que el uso de dispositivos electrónicos por parte de las y los menores se ha posicionado como uno de los tópicos prioritarios de atención

Al día de la redacción de la presente columna, martes 22 de septiembre del 2026, se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el Acuerdo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) con el que se establece la restricción del uso de dispositivos móviles en escuelas por parte de niñas, niños y adolescentes.

Tal y como fue anunciado por la Presidenta Claudia Sheinbaum durante diversas conferencias “mañaneras” en los meses de julio y agosto, oficialmente se ha dado inicio a la etapa de evaluación de uso de dispositivos móviles por parte de la niñez y la adolescencia desde diversas materias, siendo la acción más reciente, la concerniente al ámbito educativo.

El ciclo escolar 2026-2027 recibió el pasado 31 de agosto a cerca de 23 millones de niñas, niños y adolescentes dentro de las aulas, por lo que el uso de dispositivos electrónicos por parte de las y los menores se ha posicionado como uno de los tópicos prioritarios de atención de cara a la potencial definición de nuevas reglas para su uso y/o restricción.

En un primer momento se celebró la fase intensiva del Consejo Técnico Escolar, en la que se contó con la participación de aproximadamente 1.2 millones de docentes; durante dichas jornadas, uno de los temas nodales se centró en la consulta realizada para recabar la opinión del personal educativo respecto de las necesidades específicas de protección de niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales.

Los resultados de dicho ejercicio se darán a conocer el 25 de septiembre y se espera que estos consideren directrices adicionales de pronta implementación para la regulación de uso de dispositivos móviles por parte los educandos.

En tanto, el Secretario de Educación Pública en México, Mario Delgado, informó que durante una reunión el pasado viernes 18 de septiembre, el Consejo Nacional de Autoridades Educativas aprobó por unanimidad la implementación de una estrategia nacional para restringir el uso de teléfonos celulares y tabletas en las aulas de todo el país, particularmente en los niveles de primaria y secundaria.

En ese sentido, el acuerdo publicado en el DOF oficializa la restricción de uso de dispositivos móviles para los niveles de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, al tiempo que sugiere el fomento de uso responsable para los niveles de educación medio superior y superior, limitando su uso no pedagógico durante la jornada escolar. En ambos casos, se consideran excepciones por situaciones de emergencias personales, motivos de discapacidad, accesibilidad, inclusión, necesidades de salud o uso para fines educativos previamente programados.

En tanto, el Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, el Senador Higinio Martínez, emitió en días recientes una excitativa a las comisiones de Educación y de Estudios Legislativos, para que presenten el dictamen de la iniciativa que plantea prohibir el uso de dispositivos móviles en escuelas de educación básica. Con esta acción, el Legislativo federal se suma al debate nacional para la definición de reglas sobre la materia en comento.

Lo anterior vislumbra de manera clara que la primera fase de la política pública en materia de regulación de entornos digitales y de su acceso por parte de niñas, niños y adolescentes, se centrará en la restricción de uso de dispositivos móviles durante la jornada escolar, salvo en los casos de necesidades específicas planteados en el acuerdo de la SEP.

Desde Early Institute hacemos un llamado a que las directrices en proceso de implementación únicamente marquen un primer paso en el camino de una regulación integral del entorno digital, es decir, que las disposiciones no se limiten únicamente a restringir el uso de dispositivos móviles por parte del alumnado, sino que centremos los esfuerzos en crear un ecosistema integral de acceso moderado, responsable y seguro.

Recordamos que existen múltiples áreas de intervención prioritaria adicionales que sugerimos sean tomadas en consideración para alcanzar los objetivos de una política pública moderna, vanguardista y proteccionista hacia la niñez y la adolescencia mexicana: 1) Moderación de contenidos, algoritmos y diseño estructural de plataformas; 2) Alfabetización digital desde edades tempranas; 3) Acompañamiento, controles parentales y alfabetización a padres, madres y cuidadores; 4) Uso de la Inteligencia artificial; 5) Tipificación unificada de ciberdelitos; y 6) Fortalecimiento de capacidades institucionales en materia de denuncia y regulación de plataformas tecnológicas.

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Abolir la explotación reproductiva
Por Abraham Madero, director ejecutivo Early Institute
Publicación original de Proceso La gestación subrogada devela dos realidades sustentadas en evidencia: representa una manera de explotación y cosificación de mujeres con fines reproductivos y, al mismo tiempo, un mecanismo para la gestación de bebés como si se tratasen de un producto comercializable y fabricable.

Desde hace más de tres décadas, la llamada “gestación subrogada” o “vientres de alquiler” se convirtió en una opción cada vez más recurrente a nivel mundial para parejas o personas que no pueden lograr un embarazo y desean tener una hija o hijo, pues en apariencia representa la única vía biológica disponible en contraste con figuras como la adopción o los tratamientos de fertilidad tradicionales.

No obstante, la evidencia acumulada a lo largo de los últimos años respecto al comportamiento de la industria de los vientres de alquiler, intersecta dilemas filosóficos, bioéticos y legales en el ámbito específico de los derechos humanos de las mujeres que intervienen en esta práctica, así como de las niñas y niños que nacen a través de esta vía.

A pesar de la convergencia de todas estas nociones que parecieran sugerir un asunto de enorme complejidad y abierto al debate, la realidad acorde a los datos disponibles es que no debería ser un tema como tal “polémico” si se apela al más elemental sentido común de la perspectiva de los derechos humanos.

Hoy es bien sabido que la práctica de la gestación subrogada devela dos realidades sustentadas en evidencia: representa una forma de explotación y cosificación de mujeres con fines reproductivos y al mismo tiempo un mecanismo para la gestación de bebés como si se tratasen de un producto comercializable y fabricable, a pesar de las prohibiciones expresas establecidas por el Derecho Internacional, concretamente en el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, prostitución infantil y utilización de niños con fines de explotación.

Precisamente, doce años atrás Early Institute publicó el primer reporte en su tipo para documentar la presencia de esta industria en México y generar recomendaciones de incidencia a nivel nacional para evitar abusos de las mujeres quienes por necesidad se ven orilladas a rentar sus vientres, especialmente a raíz de que el estado de Tabasco se convirtió en un paraíso prolijo para este negocio al ser la primera región de América Latina en legalizar la práctica en el año de 1997.

En aquel entonces, el instituto documentó como la industria de la subrogación habilitó principalmente en el sur y centro del país un mercado de clínicas dedicadas profesionalmente a la búsqueda de mujeres en situación de vulnerabilidad para su renta y a generar servicios a la carta de niñas y niños para su comercialización, incluso ofreciendo características fenotípicas específicas a las personas solicitantes, en su mayoría personas extranjeras de países en donde – paradójicamente – esta práctica se encuentra expresamente prohibida por las razones anteriormente expuestas.

Dicho primer informe nos llevó a la necesidad de diseñar e impulsar ante el Congreso la Unión una seria de propuestas legislativas encaminadas a prohibir sin titubeos ni eufemismos, de manera expresa con el lenguaje que merece el término de explotación reproductiva -  tal y como lo han hecho países desarrollados como Alemania, Francia, España -  en diversas ordenamientos como la ley de trata, ley de salud, el código penal federal, código civil y la legislación relativa a prevenir y atender la violencia contra las mujeres.

Desde entonces Early Institute no ha dejado de denunciar la explotación reproductiva a través de campañas de comunicación estratégicas; iniciativas locales con grupos de mujeres; foros y parlamentos abiertos; audiencias con ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, todo ello para visibilizar los abusos que han padecido cientos de mujeres sometidas a esta práctica así como las violaciones a las que se enfrentan miles de niñas y niños cuyos derechos a la salud, identidad y no discriminación son sistemáticamente vulnerados.

El pasado 3 y 4 de septiembre, Early Institute y la Universidad Panamericana fuimos sede de la IV Conferencia de la Declaración de Casa Blanca; esta decisión no fue accidental ni producto de la coyuntura. Se trató de un llamado urgente por abolir de manera absoluta la explotación reproductiva en nuestro país, al representar uno de los escenarios más estratégicos y representativos sobre el debate global de la maternidad subrogada y sus riesgos.

Mas allá del foro académico, la iniciativa convocó a 34 especialistas de 9 países: México, España, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Perú, Francia y Suiza, integrados por relatores y ex integrantes de órganos de tratados de Naciones Unidas, magistrados, juristas, académicos, médicos, bioeticistas y activistas. El objetivo común de este grupo fue claro y no admite diatribas: la explotación reproductiva debe abolirse de manera universal e inmediata, pues las mujeres no se rentan y los niños no se venden. Jamás esta práctica podrá considerarse una forma de progreso humano, mucho menos de falsas libertades y autonomías.

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Más allá de los resultados de PISA 2025
Por Annayancy Varas, directora de Early Institute
Publicación original de El Financiero En los resultados, nuestro país ocupó lugares muy desfavorables en Matemáticas y Comprensión lectora, calificados incluso como los “peores en 20 años”.

En México, no es desconocido el rezago educativo que tiene el país desde hace mucho tiempo. El panorama se constata con lo que últimamente publicó la prueba PISA 2025, convocada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En los resultados, nuestro país ocupó lugares muy desfavorables en Matemáticas y Comprensión lectora, calificados incluso como los “peores en 20 años”.

Esta lamentable situación dio origen a varias discusiones a través de foros y mesas de análisis como el organizado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (Centro INIDE) de la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México.

Bajo el título “Repensar la educación tras la prueba PISA: brechas, tecnología y políticas para el aprendizaje”, especialistas de dicho Centro dialogaron en torno a la lectura que debe hacerse sobre PISA 2025 más allá de lo superficial que es un visible deterioro educativo evidenciado por bajas calificaciones.

Si bien, ese propio dato es un foco rojo, Jimena Hernández Fernández, docente investigadora del Centro INIDE, sostiene que el verdadero centro del problema no es únicamente el desempeño académico sino la manera en que la desigualdad social —económica, cultural y de acceso tecnológico— determina de manera sistemática quién aprende, cuánto aprende y en qué condiciones lo hace.

Es decir, lo que expresan los bajos resultados son realidad un reflejo de las desigualdades estructurales del país y que condicionan el aprendizaje. Por ejemplo, entre el 25% del alumnado con mayor ventaja socioeconómica y el 25% en mayor desventaja existe una diferencia de 68 puntos —una brecha equivalente a entre tres y cuatro ciclos escolares completos—, y esta distancia se ha mantenido estable entre 2015 y 2025.

Esto significa que el origen socioeconómico sigue siendo un factor clave en las oportunidades de aprendizaje, y ello implica reducir las desigualdades para siquiera poder pensar en mejorar el nivel educativo. Así mismo, en el foro se habló de la necesidad de crear una política pública basada en evidencia pues ninguna de las estrategias o reformas diseñadas en sexenios anteriores ha logrado reducir el peso de la desigualdad social.

Un elemento que también fue abordado fue el de la formación docente y que requiere la suficiente inversión para capacitar a quienes están frente a las aulas. Desafortunadamente en el gobierno pasado y en este se ha visto una disminución en los recursos, según Marisol Silva, integrante del Centro INIDE.

En sí, se propone tomar los resultados de PISA 2025 como un termómetro de lo que está ocurriendo en México, atender los desafíos que se están evidenciado y no quedarnos en el tema de las bajas calificaciones.

En Early Institute privilegiamos la evidencia como elemento clave para la construcción de políticas públicas que mejoren la calidad de vida de niñas, niños y adolescentes y sabemos que este tipo de herramientas de medición deben ser analizadas con enfoques más amplios de los que se suelen considerar. Coincidimos en que las desigualdades sociales afectan el desarrollo humano y el reto está en generar condiciones que faciliten el aprendizaje desde una base equitativa y con absoluto respeto a los derechos, como lo es el de la educación.

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