Violencia sexual infantil en México

Por: Annayancy Varas, Directora General de Early Institute

Publicación original en: El Financiero

Ante una de las problemáticas sociales más complejas y devastadoras, como lo es la violencia sexual en contra de niños, niñas y adolescentes, uno de los proyectos de Early Institute busca prevenirla a través de la generación de conocimiento y su transferencia para la toma de decisiones. Hablo de Alumbra, que integra una comunidad de conocimiento y práctica con la participación de organizaciones, investigadores e instituciones públicas y privadas involucrados en la atención de esta terrible forma de violencia.

Alumbra congrega a más de 50 aliados y dio a conocer el reporte Violencia sexual infantil en México. Análisis de indicadores de incidencia delictiva con datos de 2020.

El documento analiza la información que comparte el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), una de las fuentes que genera información sobre la violencia sexual, pero que no llega a establecer las diferencias por grupos de edad o sexo. Esta limitante no permite la categorización de delitos contra niñas, niños y adolescentes en particular, lo que sin duda es una preocupación por la falta de información precisa.

De lo que sí se sabe es que en 2020 se denunciaron e identificaron 54 mil 314 delitos sexuales en todo el país, cuando en 2019 se habían registrado 53 mil 429 delitos de esta índole. Lo grave es que este número implica un incremento de 64 por ciento en los últimos cinco años. Y lo más grave es que se estima que esta cifra es tan sólo el 5 por ciento de lo que realmente sucede, es decir, que quedó sin denunciarse un 95 por ciento de delitos vinculados a la violencia sexual.

El reporte también señala que en 2020 se observó que 41 por ciento de los delitos sexuales fue abuso sexual, seguido de violación simple (23 por ciento), otros delitos sexuales (15 por ciento), acoso sexual (10 por ciento), violación equiparada (8 por ciento), hostigamiento sexual (3 por ciento) e incesto (0.1 por ciento). En cuanto al abuso sexual, a nivel nacional el número de delitos va en aumento ya que mientras que en 2015 se registraron 11 mil 980 denuncias, en 2020 se tuvieron 22 mil 377. Esto implica una tasa de crecimiento de 87 por ciento en los últimos cinco años.

De igual forma, Alumbra analiza indicadores que dan cuenta de lo que ocurre con la infancia, siendo ellos feminicidios, corrupción de menores, trata de personas y rapto. Así, en 2020 se registraron 115 víctimas de feminicidio menores de edad, lo cual implica que se registró un crecimiento de 21 por ciento en comparación con 2019 cuando se registraron 95 víctimas niñas y adolescentes.

En corrupción de menores se registraron mil 689 víctimas menores de edad en 2020 (75 por ciento del sexo femenino); respecto a 2019, el número de víctimas disminuyó 9 por ciento.

En cuanto a la trata de personas (que incluye delitos como explotación sexual de menores, prostitución ajena y otras formas de explotación sexual, pornografía infantil y turismo sexual con personas menores de edad) se registró un total de 264 víctimas menores de edad (77 por ciento del sexo femenino). Esto equivale a un aumento de 30 por ciento con respecto a 2019.

Como se ve, la situación es grave, de ahí la importancia de tener una clasificación puntual de la información para conocer la magnitud de los delitos sexuales en contra de niños, niñas y adolescentes.

En Early Institute reconocemos los esfuerzos de organismos públicos y privados en la medición de la violencia que prevalece en México. Sin embargo, estamos conscientes de que falta mucho por hacer en esta materia. Nuestros niños, niñas y adolescentes merecen ser respetados, cuidados, protegidos y vivir en entornos sanos. Es muy lamentable y doloroso que aún se los debamos. El reporte puede ser descargado en la página de internet de Alumbra: www.alumbramx.org.

Educar con cariño, reto común

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.

Publicación original en 24 Horas 

A medida que el virus continúa propagándose por todo el mundo, nos enfrentamos a múltiples tensiones debidas a cierres escolares y comerciales, confinamiento en casa, aislamiento, pérdidas humanas y vulnerabilidad económica. Así, la acumulación de este tipo de factores ha aumentado la violencia familiar, particularmente incrementando la vulnerabilidad de las niñas, niños y adolescentes. Incluso la ONU, ha descrito el incremento de violencia doméstica como “la sombra de la pandemia”.

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en 2020, hubo un aumento a nivel nacional del 5% respecto a 2019 en la incidencia delictiva de violencia familiar. Mientras en 2019 se iniciaron 210,188 carpetas de investigación en 2020 hubieron 220,031.

En este orden de ideas, es claro que la situación actual ha generado un “caldo de cultivo” que propicia un incremento en la disciplina violenta ejercida contra niñas, niños y adolescentes dentro del hogar, violencia que frecuentemente se considera “normal”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018-19, únicamente el 34.92% de los niños y niñas menores de 5 años experimentaron solamente métodos no violentos de disciplina por parte de sus cuidadores en el mes anterior a la Encuesta. Mientras que el 58.91% de los niños menores de 5 años experimentaron algún método de disciplina violenta por parte de sus cuidadores. De los cuales, casi 1 de cada 2 niños y niñas experimentaron una agresión psicológica (46.88%) y, el 39.21% experimentó un castigo físico y el 3.79% castigo físico severo.

Además de acuerdo con el Panorama Estadístico de la Violencia contra niñas, niños y adolescentes publicado por UNICEF, las niñas y niños entre los 3 y 9 años suelen ser los más afectados por las agresiones psicológicas o por cualquier otro tipo de castigo físico. El uso de castigos físicos severos suele intensificarse conforme los menores van creciendo.

Los datos muestran que con frecuencia se educa a niños y niñas con métodos que emplean la fuerza física o la intimidación verbal para lograr las conductas deseadas lo cual tiene consecuencias perjudiciales, que van desde los impactos inmediatos hasta los daños en el largo plazo que afectan a su desarrollo psicoemocional, incluso en su vida adulta.

Si bien para enseñar a niños y niñas a tener autocontrol y un comportamiento aceptable es necesario educar, la forma de hacerlo debe ser positiva y libre de violencia, preservando su integridad física, psicológica y su dignidad, lo cual implica orientar y aprender el manejo de sus emociones o conflictos de modo que desarrollen un buen juicio y responsabilidad.

Lejos de educar con cualquier forma violencia, desde la psicológica hasta los castigos físicos severos, la conceptualización del cuidado de niñas y niños ha sido ya descrito por la comunidad científica como el “cuidado cariñoso y sensible”, un factor de protección que se caracteriza por ambientes familiares que son sensibles a las emociones, la salud física y las necesidades nutricionales y materiales de los niños.

Niños y niñas no pueden protegerse a si mismos, y es por eso que debemos de hacerlo nosotros, fomentando que crezcan en un ambiente no solo libre de violencia, sino un ambiente receptivo, emocionalmente solidario, estimulante y apropiado para su desarrollo.

Si quieres conocer más acerca de la prevención de la violencia, ingresa a www.alumbramx.org, donde expertos han desarrollado información de mucha utilidad para todo el público, de acceso gratuito.

¿Los trapos sucios se lavan en casa?

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo 

Por un lado, es cierto: Según los resultados que arroja la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 76% de las mujeres que dijeron haber sufrido violencia sexual antes de los 15 años reportaron que sus agresores eran familiares o conocidos. Solo el 24% reportó que se trataba de un desconocido. Así pues, dentro de esta estadística y considerando que en varios casos las mujeres fueron abusadas por más de una persona, el 43% lo ocupa el tío, el 33% un primo y el 18% un hermano.

Sin embargo, el hecho de que las personas agresoras en su mayoría se encuentran en la familia o cerca de ella no convierte a la violencia sexual ejercida contra niñas, niños y adolescentes un problema “de familia”; todo lo contrario, el primer error en el que caemos como sociedad es creer que se trata de temas que se deben de resolver en la esfera de lo privado.

¿Qué justicia podemos esperar para la víctima si el agresor es juez y parte?

Desgraciadamente, la violencia sexual infantil en muchas ocasiones se ejerce en un ambiente de complicidad, confianza “ciega”, coerción y/o dependencia económica que protege a la persona agresora y mantiene su agresión en secreto generación tras generación.

Entonces, ¿cómo debemos actuar ante sospecha o conocimiento de este tipo de violencia?

En primer lugar, se trata de un delito que debe ser denunciado ante las autoridades competentes para que el agresor sea sancionado y evitar que continúe ejerciendo violencia y/o violentando a más personas. A la par, se le debe brindar apoyo psicológico a la víctima para que pueda iniciar su proceso de reparación y entienda que ese acto o actos ejercidos en su contra no la definen.

La violencia sexual ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes es un problema de orden público, que nos atañe a todas las personas. Debemos involucrarnos, asumir este problema como nuestro y exigir la intervención de las autoridades. No permitamos que el secreto familiar encubra agresores sexuales.

Si nuestra niñez está sufriendo de este tipo de violencia, si no les estamos protegiendo, en unos años toda la sociedad vivirá las secuelas de su omisión.

Hablemos de interseccionalidad

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo 

En el marco del mes de la mujer es necesario cuestionarnos el enfoque con el que abordamos las problemáticas que atraviesan al género. Hoy más que nunca debemos analizar el fenómeno de la desigualdad y la violencia de género desde un enfoque de interseccionalidad.

No basta con saber que las mujeres se encuentran en posición de desventaja en ciertos sectores de la sociedad, es necesario entender el contexto y los alcances de las identidades de las diferentes mujeres frente a un fenómeno.

Las mujeres no somos un grupo homogéneo, tenemos múltiples identidades: mujeres afrodescendientes, mujeres indígenas, mujeres con discapacidad, mujeres en condición de pobreza extrema, mujeres deportistas, mujeres mayores, niñas, adolescentes, cada una viviendo la experiencia de ser mujer de manera distinta. Y, en ese sentido, pueden estar expuestas a varios ejes de desigualdad y violencia en razón de género, pero también por otras razones como la raza o la condición social.

Cada mujer, en su individualidad, puede sufrir desigualdad, violencia y discriminación de un modo único y cualitativamente diferente. Por ejemplo, al abordar problemáticas como las de la prostitución y la maternidad subrogada no basta solo hablar del derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, se requiere necesariamente una perspectiva interseccional que responda a los siguientes cuestionamientos: ¿de qué tipo de mujeres estamos hablando? ¿en qué contextos se han desarrollado? ¿a qué tipo de violencias se han enfrentado? ¿en qué condiciones de desigualdad han crecido?

Y lo mismo pasa con la violencia. Si bien, la violencia de género es la violencia ejercida contra mujeres por el hecho de serlo, lo cierto es que ésta converge -en cada caso particular- con múltiples factores que hay que tomar en consideración. Dicho en otras palabras, las distintas dimensiones de las identidades de las mujeres traen consigo distintas formas y patrones de violencia. El tipo de violencia a la que es más vulnerable una niña varía al tipo de violencia al que es más vulnerable una mujer migrante, una mujer mayor o una mujer casada.

Así pues, la denominación del día internacional de la mujer tiene un error de origen, debe ser llamado DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES. Pero esta precisión es pura vanidad, la reflexión debe tener alcances mucho más profundos.

Un primer paso para incluir a todas las mujeres en el debate público puede ser capacitar y sensibilizar -especialmente a personal del servicio público- sobre las múltiples experiencias y barreras a las que se enfrentan las mujeres, para que puedan prevenir y combatir -de manera informada y efectiva- las distintas formas de violencia. Comprender la complejidad nos permitirá diseñar mecanismos especiales y adecuados.

A la par, impulsar y convocar a todos los tipos de mujeres para crear liderazgos transformadores, que representen y den voz a todas las voces, especialmente a las que aún están silenciadas.

Lanza Alumbra campaña digital para prevenir la violencia en casa “Estamos Aprendiendo”

Ciudad de México, 1 de junio de 2020.- La Comunidad Alumbra lanzó la campaña digital Estamos Aprendiendo y puso en operación una línea sin costo de asesoría psicológica a nivel nacional, con el objetivo de contribuir a la prevención de la violencia familiar en el contexto de la emergencia sanitaria causada por el COVID-19, sobre todo cuando se ejerce en contra de niñas, niños y adolescentes.

Durante los últimos meses, organizaciones de la sociedad civil, instituciones gubernamentales, investigadores y agencias internacionales que participan en la iniciativa colaborativa de Alumbra, han adoptado este tipo de acciones conscientes de que el momento actual no sólo requiere de visibilizar las problemáticas que podemos enfrentar como sociedad, sino generar iniciativas positivas e integrales que ayuden a solucionarlas.

“En Alumbra no sólo creamos estas herramientas informativas y de atención personalizada a la población en condiciones de vulnerabilidad, en esta ocasión estamos apostando a salir al encuentro de las personas que más requieren atención y respaldo” agregó Annayancy Varas, Directora General de Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, promotor de la Comunidad Alumbra.

En el proceso de enfrentarnos a la “nueva normalidad” -incluyendo las consecuencias generadas por la contingencia-, todos y todas podemos aprender, contar con más elementos para mejorar la convivencia y conocer medidas de prevención de las violencias. Ese es el espíritu que impulsan tanto Estamos Aprendiendo como la línea de apoyo psicológico.

Estamos Aprendiendo es una campaña digital cuyo propósito es fomentar en los ciudadanos -principalmente madres, padres o cualquier persona encargada del cuidado de niñas, niños y adolescentes- la generación de entornos de no violencia, a través de retos familiares y el acceso a mensajes asertivos que nos hagan reflexionar sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia.

 

A través de contenidos digitales llamativos, un lenguaje claro, información validada por profesionistas de diversas áreas e innovadoras propuestas de interacción familiar, la campaña busca sensibilizar a la población de la importancia de dejar de ser “el país de la chancla”, de que en el diálogo con las niñas y niños no estemos permanentemente en “modo avión”, y de que la comunicación, empatía y construcción de confianza sí hacen posible vivir en “modo familia”.

Por lo que corresponde al call-center de Alumbra, se busca llegar a la población en situación de violencia o afectada por el estrés, ansiedad, la tensión y otro tipo de cargas emocionales que se han incrementado durante el periodo de distanciamiento social, para que sean atendidos de manera personalizada y con el seguimiento necesario según su situación particular.

“Esta línea no es una herramienta más, sino unespacio en donde las personas que han sufrido violencia, sobre todo nuestras niñas, niños y adolescentes, pueden recibir una ayuda efectiva, especializada y sin costo. Nuestra responsabilidad colectiva como sociedad es asegurar que la violencia no sea parte de su presente o de su futuro, su protección debe ir allá de las temporadas” agregó Annayancy Varas.

En el teléfono (55) 88 54 66 53, personal debidamente capacitado, así como un amplio grupo de psicólogos clínicos especializados en la atención, contención y apoyo a víctimas de violencia, ayudarán a todas las personas que lo requieran, en un horario de lunes a viernes, de las 8 am a las 8 pm.

También, la Directora General de Early Institute destacó que esta línea ofrecerá asesoría psicológica a los profesionales de la salud que viven bajo fuertes presiones derivadas de su labor frente al COVID-19, como una forma de corresponder todo lo que han hecho día a día para ayudar a las demás personas.

 

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Para conocer más sobre Estamos aprendiendo y la línea de apoyo psicológico, consulta el sitio estamosparendiendo.com y las redes sociales de Alumbramx, sigue las recomendaciones y comparte el contenido con tus contactos, para que también puedas colaborar en la prevención de la violencia.

Links redes sociales

El camuflaje de la violencia

Por Valeria González, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo de México

 

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que las primeras culpables de la violencia familiar son las mujeres que la permiten? Parece lógico que, ante el peligro inminente de ser agredida, una persona huye del entorno de violencia, pero no siempre puede ser así.

Lo cierto es que la víctima nunca es culpable. El fenómeno de la violencia familiar es sumamente complejo: se esconde en contextos de desconocimiento, engaño, abuso psicológico, dependencia financiera, falta de autoestima, entre muchos otros. Estos dificultan identificarla y, en consecuencia, alejarse de ella.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 28.8% de las mujeres que reportaron haber sufrido agresiones físicas y/o sexuales de su actual o última pareja, contestaron que no presentaron una denuncia ni pidieron apoyo porque se trató de “algo sin importancia que no les afectó”.

Esto refleja que, en múltiples ocasiones, la exposición continuada a la violencia provoca que la víctima no se perciba en una relación violenta, se culpe a si misma o a factores externos, dude de su percepción de la realidad, no sepa que lo que está sufriendo es violencia o simplemente no se identifique como una persona maltratada. Lo anterior es sumamente grave porque la violencia normalizada tiende a aumentar y a alcanzar dimensiones con consecuencias fatales.

Si notas que te estás volviendo mucho más crítica contigo misma, renuncias a tus propias opiniones, te sientes preocupada todo el tiempo, tienes miedo de cómo reaccionará tu pareja ante una situación y evitas decir algo para no molestarla, sientes que tienes que cuidar cada acción que realizas, te aíslas más y ves menos a familiares y amigos, es probable que estés en una relación abusiva y violenta.

Pide ayuda, busca redes de apoyo y haz un plan de seguridad o escape. Puedes llamar al Centro de Justicia para las Mujeres más cercano, a la Red Nacional de Refugios y, en caso de emergencia, al 911. ¡Recuerda que no estás sola, siempre habrá mucha gente dispuesta a ayudarte!

Y a toda la sociedad, tengamos presente que la violencia generalizada nos afecta a todos, por lo que debemos asumir la responsabilidad colectiva de combatirla, de lo contrario, se normalizará, aprenderá y reproducirá.

En la página de alumbramx.org podrán encontrar información útil para identificarla, prevenirla y ayudar a las víctimas, especialmente en esta contingencia, época en la que la exposición al riesgo de ser violentada en casa se incrementa.

Temen se duplique Violencia sexual infantil por contingencia

Por Luis Carlos Rodríguez y Jonathan Bautista
Publicación original en Contrareplica 
El hogar es donde se comete el 70% de los delitos de violencia sexual infantil, y se puede incrementar más con la contingencia porque los infantes tienen que estar ahí con sus agresores, considera la coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute, Valeria González Ruiz, quien también participa en la organización civil Alumbra.
“Si lo llevamos al plano de la contingencia vemos que es un problema real porque (las agresiones) se multiplican mucho más porque al mandar a las niñas y a los niños justo al hogar, donde se tiene estimado que ahí es donde se comete el porcentaje más grande de los delitos de violencia sexual infantil, por ejemplo, se estima que es el 70 por ciento, y ahora con todo el tema de la contingencia se incrementa porque los infantes tienen que estar ahí con sus agresores”, declaró en entrevista para ContraRéplica.
Agregó que “hay muchas cifras que nos dicen que los principales agresores de la violencia sexual infantil son familiares o personas muy cercanas que por lo general se encuentran en el núcleo de la familia”.
Apuntó que “hemos descubierto que, nadie trae el dato certero porque es un problema tan interno, tan de casa, de lo privado, que a la gente le incomoda hablar de eso, por lo que tener cifras certeras de lo que es el impacto de la violencia sexual infantil es sumamente complicado”.
Detalló que hace poco se dio a conocer que ya hay información en China, por ejemplo, donde con la pandemia por el Covid-19 han aumentado los casos de violencia familiar y violencia doméstica contra mujeres y niñas, donde si bien no es una caso de violencia sexual, en general la violencia se vuelve exponencial en la casa y en ambientes donde están confinados las personas.
La especialista explicó que “La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de Relaciones en los Hogares (Endireh), que es una encuesta que se toma en cuenta por parte del Inegi, también se habla que el 67 por ciento de los casos de violencia familiar contra mujeres ocurren dentro de la casa en el interior del hogar”.
“Estimamos que los hechos de violencia se van a incrementar”, añadió.
Sostuvo que “los agresores están con la presión económica y con la contingencia muchos viven al día y sus trabajos están suspendidos, e igual tienen que hacer más gastos de los que tenían contemplados, y muchos de ellos al sentir que se pierde el control económico empiezan a buscar la necesidad de controlar otros aspectos de la vida o a otras personas”.
Señaló que “por el lado de las posibles víctimas, las niñas, niños adolescentes y mujeres, que por lo general son las víctimas, existe también mucha inseguridad financiera, porque tienen también el problema económico debido a la contingencia y actualmente no tienen trabajo, o dependen de esta persona y no se pueden ir y están con la incertidumbre de quién les va a dar ahorita trabajo y eso vuelve más complicado el ambiente”.
“Es importante que las autoridades y en general cualquier persona que pueda atender este tipo de situaciones, cuando se trate de niñas y niños lo haga con perspectiva de niñas, ya que muchas veces se reciben llamadas de de menores con ciertas inquietudes y no se les da la atención adecuada y no se deben desestimar las inquietudes que los infantes tengan ante una llamada de ayuda”, expresó.
Al ser cuestionada sobre la estimación o en qué porcentaje se podría incrementar estos casos de violencia tanto para los niños en sus hogares como para las mujeres, respondió: “como tal es muy difícil mapear este tipo de hechos, incluso no estando en contingencia, porque se reservan mucho a lo privado y muchas veces no hay denuncias y es una cifra negra porque muchas veces no hay denuncias”.

Por una responsabilidad colectiva

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

Cada día confirmamos que las amenazas a niñas, niños y adolescentes están en todas partes, lo que nos provoca conmoción e indignación. En definitiva, las reacciones y los sentimientos son válidos, pero quizá no hemos reparado en un asunto vital; se trata de la responsabilidad colectiva. Es decir, ejercer un compromiso por mirarnos y responsabilizarnos por otros, pese a no ser próximos.

En el caso de la protección a la población infantil y adolescente, asumir una responsabilidad conjunta –que no sea exclusiva de los cuidadores inmediatos: padres, tutores, maestros– colaboraría no solo en la sensibilización, sino en la prevención, vigilancia y acción ante los riesgos que aquejan a este sector.

Lo que se propone es que asumamos un rol activo para cuidarlos, convertirnos en sus guardianes y evitemos situaciones que puedan dañar su salud física, mental y emocional, construyendo entornos sanos y confiables.

Un guardián es un agente prosocial, es decir, una persona que tiene una participación activa en la prevención de la violencia: da información clara, crea ambientes seguros y ayuda a reestablecer la confianza en los niños y las niñas. También conoce cuáles son los síntomas que alertan si alguien sufre una situación de violencia sexual. En caso de reconocer una posible situación de esta índole, por un lado, le cree a la víctima, le brinda apoyo emocional y lo orienta para que reciba la ayuda necesaria, tanto legal como psicológica. Por otro lado, al saber que el proceso de restauración es largo y difícil, transmite al entorno social la información adecuada para no ver y tratar a la víctima de un modo diferente, en beneficio de su recuperación. Un guardián no es omiso, actúa.

Por supuesto, es fundamental exigir al Estado el cumplimiento de las garantías que aseguren ambientes idóneos a los infantes, así como su pronta actuación cuando su integridad esté en peligro, pero es una labor conjunta propiciar su desarrollo y bienestar. Sobre todo, ahora que la propia dinámica social ha dejado de proveer escenarios seguros.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y The Lancet advirtieron en el informe ¿Qué futuro les espera a los niños del mundo? que la salud y el futuro de niñas, niños y adolescentes están comprometidos por aspectos como la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que originan el consumo de productos que los dañan.

Según la exprimera ministra de Nueva Zelanda y participante en el informe, Helen Clark: “Los países deben revisar sus enfoques de la salud de los niños y los adolescentes para garantizar que no solo cuidemos de nuestros niños hoy, sino que también protejamos el mundo que heredarán en el futuro”.

Aceptemos la corresponsabilidad, actuemos conscientemente y procuremos a las niñas, los niños y los adolescentes un ambiente más amable del que conocen. Dejemos a un lado la indiferencia y cooperemos en su cuidado. En suma, seamos sus guardianes.

 

 

Cuidado profundo en la infancia, una deuda social

 

Es claro que, si queremos construir un país más justo y equitativo, debemos partir por garantizar, no en el papel, sino en la vida cotidiana, los derechos de los niños y las niñas y erradicar todo tipo de violencia en sus vidas.

     De todo se ha dicho sobre la tragedia en el Colegio Cervantes. Hoy aún se da información para tratar de entender lo que sucedió en Torreón, Coahuila. A estas alturas, ¿importa saber si las armas que usó el menor eran de su abuelo o si su padre no vivía con él o si quiso imitar lo que ocurrió en Columbine? La respuesta es sí, porque todos somos corresponsables. Importa porque México es un país violento en el que la pérdida de vidas humanas, en circunstancias como éstas, nos debería indignar y obligar a ver qué está ocurriendo con la niñez mexicana.

     Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en México, niños, niñas y adolescentes son víctimas de toda clase de delitos. En 2018, de las 206 mil 285 víctimas, 12 mil 921 fueron menores de edad. En ese año se contaron dos mil 899 víctimas de homicidios menores de edad, que representaron el 5.7 por ciento del total. En cuanto a feminicidios, de los 920 registrados en 2018, 87 fueron niñas o adolescentes. Pero eso no es todo, la Secretaría de Salud indica que, en 2017, ocurrieron 630 suicidios de menores de edad, principalmente de entre 13 y 17 años.

     Evidenciar el panorama sirve para reconocer que este sector transita por graves dificultades para conducirse con plenitud. Por un lado, el deterioro social provoca un ambiente inadecuado que no cubre las garantías mínimas de seguridad y, por el otro, son deficientes los cuidados para proteger sus ámbitos personal y familiar.

     A su corta edad, el menor no sólo debió enfrentar la muerte de su madre sino la ausencia de su padre, quedando al resguardo de sus abuelos. Decir que sus acciones fueron motivadas por los videojuegos –como en un primer momento declaró Miguel Riquelme, gobernador de Coahuila– es minimizar la problemática.

     También de inmediato se habló de la importancia de programas como los de “Mochila Segura”, del que incluso Beatriz Gutiérrez Müller señaló: “Mamás, papás, tíos, abuelos y todos aquellos responsables de un menor: por favor, no den por hecho que sus hijos son ‘incapaces’ de hacer tal o cual cosa. […] Supervisen, constaten, revisen pero sobre todo, dialoguen con ellos y compréndanlos. Hagan todo por ellos. La seguridad comienza en casa. ‘Mochila Segura’ no hasta la escuela, sino desde el domicilio”.

     Por su parte, la Secretaría de Gobernación exhortó a los tres órdenes de gobierno a emprender acciones en contra de la violencia que tanto daña a la niñez y a la adolescencia. El impacto que tiene en sus vidas es incalculable; sus efectos no solo trascienden la esfera de sus derechos más fundamentales, sino que también afecta a familias y comunidades enteras.

     Sus hijos, nuestros hijos, requieren que en casa haya apoyos sólidos, desean que los veamos, que les dediquemos tiempo, los escuchemos y los entendamos, porque esa solidez es la que, en su tiempo, transmitirán a los suyos, también para protegerlos de las amenazas que, si bien no se pueden eliminar, sí se pueden prevenir. Procuremos su paz.

La importancia de romper los ciclos de violencia

En un contexto generalizado de inseguridad, como el que actualmente existe en México, debemos romper con los ciclos de violencia en los que desafortunadamente vivimos y nos desarrollamos.

Lamentamos los hechos ocurridos este viernes diez de enero en la ciudad de Torreón, Coahuila. Frente a este tipo de situaciones extremas, familia, sociedad civil y gobierno tenemos la obligación de educar a niñas y niños en un entorno favorable que los habilite para asumir una vida responsable, fomentando una cultura de paz, tolerancia y respeto por lo que requerimos de un trabajo real, eficiente y permanente.

Las guías de acción para casos como el presente consideran tres momentos específicos: prevención, detección y reacción:

  1. La prevención permite inculcar valores, actitudes y prácticas positivas dentro y fuera del plantel escolar, auspiciando un clima de alegría, respeto, integración, empatía hacia la diversidad, así como el buen manejo de los conflictos entre los miembros de la comunidad.

  2. La detección requiere de estrategias y medidas para advertir sobre la posesión, portación o uso de armas en las escuelas.

  3. La reacción se refiere a la atención de situaciones concretas por la posesión o uso de armas para resguardar la integridad de toda la comunidad escolar, todo ello sin criminalizar y respetando los derechos de niñas y niños.

Hoy más que nunca queda claro que debemos comprometernos más con el desarrollo integral de la infancia mexicana, tal como establece Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que promueve la generación de ambientes seguros y soluciones integrales que fomenten un equilibrio físico, mental, espiritual y emocional entre las dimensiones intelectuales, sociales y prácticas.