Atención a violencia contra niñas, una solución de fondo

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.

Publicación original en 24 Horas 

El pasado 8 de marzo en el que se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, miles de ellas protestaron para exigir un alto a la violencia de género y a los feminicidios. La valla metálica que levantaron las autoridades para proteger el edificio de Palacio Nacional, fue convertida por colectivos feministas en un homenaje con flores, consignas y nombres de las víctimas de feminicidio.

Un factor relevante a mencionar es que la violencia en contra de las mujeres comienza desde la infancia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2016) 1 de cada 10 mujeres (4.4 millones) fue víctima de alguna forma de violencia sexual antes de cumplir 15 años. Los agresores sexuales más reportados por las mujeres son el tío(a) (43%), no familiar (34%), primo(a) (33%), desconocido (24%), hermano(a) (18%), otro familiar (13%), padrastro/madrastra (13%), otro (12%), padre (10%), abuelo(a) (8%), y madre (1%).

Además, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró un incremento a nivel nacional del 127% de 2015 a 2020 en la tasa de niñas víctimas de feminicidios por cada 100 mil mujeres menores de edad.

Particularmente, en 2020 cada 4 días se registra una víctima de feminicidio menor de edad en México. El 17% fue asesinada con un arma blanca, 9% con un arma de fuego, 69% con otro elemento, 5% no especificado.

Los estados que reportaron las tasas mas altas de víctimas de feminicidios de niñas menores de edad por cada 100 mil niñas fueron: Quintana Roo (1.14), Morelos (1), Nuevo León (0.98), Estado de México (0.87) y Sonora (0.86). Asimismo, resulta alarmante que casi la mitad de las víctimas de feminicidio menores de edad se concentran en estos 5 estados: Estado de México (22), Nuevo León (8), Puebla (8), Chiapas (8) y Veracruz (8).

Lo anterior, no solo implica que una niña fue asesinada, sino que además fue asesinada precisamente por ser mujer. Además, no siempre se adopta este término cuando se trata de niñas y adolescentes ya que actualmente en el Código Penal Federal Art. 325 no específica, de manera contundente, que el feminicidio se extiende a las niñas y adolescentes, ni se tipifica el feminicidio infantil, por lo que es posible que se invisibilice a las víctimas de feminicidio menores de edad. Si bien no todos los asesinatos de mujeres son feminicidios, el SESNSP en 2020 reportó que cada día se registra 1 niña víctima de homicidio menor de edad (529 anual).

Sin embargo, los casos anteriores se refieren únicamente a las víctimas de delitos que tienen una denuncia o una carpeta de investigación abierta, lo cual implica que no es posible dimensionar la problemática en toda su magnitud ya que de acuerdo con la ENVIPE 2020, el 93% de los delitos no son denunciados o no se abre una carpeta de investigación o averiguación previa. Lo anterior implica que muchos de los delitos cometidos quedan impunes.

Por un lado, es bien sabida la relevancia de denunciar cualquier violencia en contra de la infancia sobre todo por el grado de vulnerabilidad en el que se encuentran. Sin embargo, se debe subrayar también la urgencia de generar mecanismos, en nuestro sistema judicial, capaces de diferenciar grupos etarios en las tipificaciones penales y que cumplan con la identificación, investigación y sanción de estas conductas para que cualquier víctima tenga acceso a la justicia y el delito no quede impune.

Por lo anterior, y dadas las dimensiones de la problemática resulta fundamental visibilizar la situación de violencia, impunidad y desigualdad que persiste y que comienza desde la infancia de las mujeres. Debemos buscar construir una sociedad en la que las futuras generaciones no repliquen la violencia sistematizada en contra de niñas y trabajar en conjunto para garantizar su seguridad.

Lanza Alumbra campaña digital para prevenir la violencia en casa “Estamos Aprendiendo”

Ciudad de México, 1 de junio de 2020.- La Comunidad Alumbra lanzó la campaña digital Estamos Aprendiendo y puso en operación una línea sin costo de asesoría psicológica a nivel nacional, con el objetivo de contribuir a la prevención de la violencia familiar en el contexto de la emergencia sanitaria causada por el COVID-19, sobre todo cuando se ejerce en contra de niñas, niños y adolescentes.

Durante los últimos meses, organizaciones de la sociedad civil, instituciones gubernamentales, investigadores y agencias internacionales que participan en la iniciativa colaborativa de Alumbra, han adoptado este tipo de acciones conscientes de que el momento actual no sólo requiere de visibilizar las problemáticas que podemos enfrentar como sociedad, sino generar iniciativas positivas e integrales que ayuden a solucionarlas.

“En Alumbra no sólo creamos estas herramientas informativas y de atención personalizada a la población en condiciones de vulnerabilidad, en esta ocasión estamos apostando a salir al encuentro de las personas que más requieren atención y respaldo” agregó Annayancy Varas, Directora General de Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, promotor de la Comunidad Alumbra.

En el proceso de enfrentarnos a la “nueva normalidad” -incluyendo las consecuencias generadas por la contingencia-, todos y todas podemos aprender, contar con más elementos para mejorar la convivencia y conocer medidas de prevención de las violencias. Ese es el espíritu que impulsan tanto Estamos Aprendiendo como la línea de apoyo psicológico.

Estamos Aprendiendo es una campaña digital cuyo propósito es fomentar en los ciudadanos -principalmente madres, padres o cualquier persona encargada del cuidado de niñas, niños y adolescentes- la generación de entornos de no violencia, a través de retos familiares y el acceso a mensajes asertivos que nos hagan reflexionar sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia.

 

A través de contenidos digitales llamativos, un lenguaje claro, información validada por profesionistas de diversas áreas e innovadoras propuestas de interacción familiar, la campaña busca sensibilizar a la población de la importancia de dejar de ser “el país de la chancla”, de que en el diálogo con las niñas y niños no estemos permanentemente en “modo avión”, y de que la comunicación, empatía y construcción de confianza sí hacen posible vivir en “modo familia”.

Por lo que corresponde al call-center de Alumbra, se busca llegar a la población en situación de violencia o afectada por el estrés, ansiedad, la tensión y otro tipo de cargas emocionales que se han incrementado durante el periodo de distanciamiento social, para que sean atendidos de manera personalizada y con el seguimiento necesario según su situación particular.

“Esta línea no es una herramienta más, sino unespacio en donde las personas que han sufrido violencia, sobre todo nuestras niñas, niños y adolescentes, pueden recibir una ayuda efectiva, especializada y sin costo. Nuestra responsabilidad colectiva como sociedad es asegurar que la violencia no sea parte de su presente o de su futuro, su protección debe ir allá de las temporadas” agregó Annayancy Varas.

En el teléfono (55) 88 54 66 53, personal debidamente capacitado, así como un amplio grupo de psicólogos clínicos especializados en la atención, contención y apoyo a víctimas de violencia, ayudarán a todas las personas que lo requieran, en un horario de lunes a viernes, de las 8 am a las 8 pm.

También, la Directora General de Early Institute destacó que esta línea ofrecerá asesoría psicológica a los profesionales de la salud que viven bajo fuertes presiones derivadas de su labor frente al COVID-19, como una forma de corresponder todo lo que han hecho día a día para ayudar a las demás personas.

 

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Para conocer más sobre Estamos aprendiendo y la línea de apoyo psicológico, consulta el sitio estamosparendiendo.com y las redes sociales de Alumbramx, sigue las recomendaciones y comparte el contenido con tus contactos, para que también puedas colaborar en la prevención de la violencia.

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El camuflaje de la violencia

Por Valeria González, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo de México

 

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que las primeras culpables de la violencia familiar son las mujeres que la permiten? Parece lógico que, ante el peligro inminente de ser agredida, una persona huye del entorno de violencia, pero no siempre puede ser así.

Lo cierto es que la víctima nunca es culpable. El fenómeno de la violencia familiar es sumamente complejo: se esconde en contextos de desconocimiento, engaño, abuso psicológico, dependencia financiera, falta de autoestima, entre muchos otros. Estos dificultan identificarla y, en consecuencia, alejarse de ella.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 28.8% de las mujeres que reportaron haber sufrido agresiones físicas y/o sexuales de su actual o última pareja, contestaron que no presentaron una denuncia ni pidieron apoyo porque se trató de “algo sin importancia que no les afectó”.

Esto refleja que, en múltiples ocasiones, la exposición continuada a la violencia provoca que la víctima no se perciba en una relación violenta, se culpe a si misma o a factores externos, dude de su percepción de la realidad, no sepa que lo que está sufriendo es violencia o simplemente no se identifique como una persona maltratada. Lo anterior es sumamente grave porque la violencia normalizada tiende a aumentar y a alcanzar dimensiones con consecuencias fatales.

Si notas que te estás volviendo mucho más crítica contigo misma, renuncias a tus propias opiniones, te sientes preocupada todo el tiempo, tienes miedo de cómo reaccionará tu pareja ante una situación y evitas decir algo para no molestarla, sientes que tienes que cuidar cada acción que realizas, te aíslas más y ves menos a familiares y amigos, es probable que estés en una relación abusiva y violenta.

Pide ayuda, busca redes de apoyo y haz un plan de seguridad o escape. Puedes llamar al Centro de Justicia para las Mujeres más cercano, a la Red Nacional de Refugios y, en caso de emergencia, al 911. ¡Recuerda que no estás sola, siempre habrá mucha gente dispuesta a ayudarte!

Y a toda la sociedad, tengamos presente que la violencia generalizada nos afecta a todos, por lo que debemos asumir la responsabilidad colectiva de combatirla, de lo contrario, se normalizará, aprenderá y reproducirá.

En la página de alumbramx.org podrán encontrar información útil para identificarla, prevenirla y ayudar a las víctimas, especialmente en esta contingencia, época en la que la exposición al riesgo de ser violentada en casa se incrementa.

Ciberacoso y grooming contra niñas, niños y adolescentes en aumento por COVID-19

 

Ciudad de México, 18 de mayo 2020.- “Dentro del contexto del COVID-19, el aumento del uso de internet por parte de niños, niñas y adolescentes también provocó un incremento considerable en el riesgo de enfrentar violencia digital en forma de ciberacoso, la comisión de delitos y grooming”, alertó el Dr. Mario Arroyo, especialista de Early Institute en seguridad y prevención del delito.

En México, al menos 12 millones de niños, niñas y adolescentes utilizan diferentes aplicaciones y dispositivos para actividades como tomar clases virtuales o jugar en línea. Sin embargo, al estar constantemente conectados quedan en condición de vulnerabilidad, expuestos a ser víctimas de delitos vía internet.

“Según INEGI, durante el año 2019, el 27% de los usuarios de internet en México, de entre 12 y 17 años, reportó alguna situación de ciberacoso; niñas, niños y adolescentes fueron los más afectados” destacó el Dr. Arroyo “Además, dentro del grupo de usuarios de internet que tienen entre 12 y 17 años, el acoso fue mayor para las niñas (30%) que para los niños (24%).”

Las situaciones consideradas como ciberacoso, en el caso de las niñas, fueron principalmente: 1) Mensajes ofensivos (44%); 2) Insinuaciones o propuestas sexuales (35%); 3) Provocaciones para reaccionar negativamente (34%); y 4) Contacto mediante identidades falsas (32%).

En el caso de los niños, las principales conductas de ciberacoso fueron: 1) Mensajes ofensivos (44%); 2) Contacto mediante identidades falsas (30%); 3) Provocaciones para reaccionar negativamente (27%); y 4) Llamadas ofensivas (24%).

“Es importante crear conciencia sobre los riesgos que pueden enfrentar y tener un diálogo abierto, para que sepan que cuentan con una red apoyo frente a cualquier problema que puedan enfrentar al estar conectados” dijo Arroyo Juárez.

Recomendó que sean los padres de familia o los cuidadores quienes, en compañía de niños, niñas y adolescentes, tomen medidas para su protección, que van desde configurar el control parental de dispositivos móviles, asegurarse de que tengan antivirus instalados o establecer los controles de privacidad necesarios, entre otros.

“La forma en la que niñas, niños y adolescentes emplean internet debería depender de su nivel de desarrollo. Por ejemplo, de seis a doce años requieren supervisión parental total, además de límites claros tanto en el tiempo como en los lugares de la casa dentro de los que pueden usar la tecnología.”

El especialista también expresó que se debe fomentar la convivencia familiar en este periodo de confinamiento por COVID-19. Recomendó aplicar horarios de uso de dispositivos electrónicos y ocupar el tiempo en otro tipo de actividades que redunden en un mejor ambiente en el hogar.

El Dr. Arroyo agregó que en la web de Alumbra -iniciativa colaborativa de Early Institute para prevenir la violencia contra niñas, niños y adolescentes- www.alumbramx.org está disponible una guía para padres, madres, tutores o cuidadores, sobre el uso de dispositivos tecnológicos y diferentes plataformas digitales, para que puedan tener una navegación segura en la red.

Finalmente, detalló que los integrantes de la Comunidad Alumbra, como Guardianes, Fundación Juconi, el Instituto de Pediatría y la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos, trabajan conjuntamente para enfrentar de la mejor manera esta temporada de confinamiento por Covid-19.

Violencia digital en tiempos de COVID-19

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo

 

En el cuaderno de investigación Abuso sexual infantil y otras formas de violencia hacia la niñez en México, Análisis de indicadores de incidencia delictiva –publicado en noviembre de 2019 por Early Institute a través del proyecto Alumbra–, se dio a conocer que el uso de nuevas tecnologías implica una ventana de riesgos para las niñas, niños y adolescentes.

En el documento se informa que, de acuerdo con cifras reportadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en el año 2017, 20 por ciento de los niños y adolescentes entre 12 y 17 años de edad que utilizaron internet, vivieron alguna forma de ciberacoso.

La cifra sin duda es preocupante, sobre todo si consideramos que esta problemática se agrava ante la actual crisis sanitaria que vivimos por el coronavirus COVID-19.

El pasado 23 de marzo, el Buró Federal de Investigaciones​ (FBI, por sus siglas en inglés) publicó un comunicado advirtiendo que, ante las medidas tomadas para combatir la pandemia –como el cierre de las escuelas y el distanciamiento social– niñas, niños y adolescentes extenderán el tiempo que pasan conectados, situación que incrementa el riesgo de ser víctimas de explotación sexual infantil.

Así, actividades como los juegos en línea y el uso de redes sociales los exponen a depredadores sexuales y al grooming, técnica empleada por una persona adulta para engañar a una niña, niño o adolescente y conseguir fotos, videos o incluso coordinar un encuentro con fines sexuales.

Ante los retos que trae esta contingencia, mamás, papás, cuidadores, especialistas, sociedad y autoridades, debemos estar más alerta que nunca, poner un alto definitivo a la violencia ejercida contra nuestra niñez y garantizar su bienestar físico y emocional.

De no actuar a tiempo condenaremos a toda una generación a sufrir daños irreparables, mismos que se extenderán en toda la sociedad.

Autoridades especializadas recomiendan tomar medidas como las siguientes: a) instalar un antivirus y un programa de control parental; b) reportar usuarios, perfiles, enlaces o foros con contenidos abusivos, sospechosos o inapropiados; y c) mantener aparatos electrónicos en espacios comunes de la casa.

También, crear conciencia en las niñas, los niños y los adolescentes sobre los riesgos que pueden enfrentar en internet, observar con mayor atención comportamientos extraños y tener un diálogo abierto con ellos, para que sepan que cuentan con el apoyo de su familia frente a cualquier situación, son herramientas efectivas para prevenir la violencia digital.

En caso de conocer o ser víctima de este tipo de violencia, rompe el silencio, llama al 088 y haz el reporte correspondiente.

Recuerda que la denuncia es anónima, ésta puede ayudar a identificar a los agresores, rescatar a otras víctimas, detener a los probables responsables y prevenir nuevos casos.

Hogares, ¿seguros?

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Ante la amenaza por acrecentar el contagio del COVID-19, se ha pedido permanecer en nuestras casas, partiendo de la premisa de que son los lugares más seguros y confiables. Sin embargo, para mucha gente no es así. Para muchos, es enfrentarse a una violencia intrafamiliar, que crece por la actual situación y cuyo combate exige acciones conjuntas en apoyo a los más vulnerables, como son niños, niñas y adolescentes (NNA).

Un hogar –que ya era violento– y en donde el estrés se incrementa por las implicaciones del confinamiento (falta de empleo, falta de alimentos, problemas económicos, angustia por contraer enfermedades, etcétera) es un sitio de riesgo para infantes y adolescentes.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en los primeros dos meses de 2020 se registraron 33 mil 645 delitos de violencia familiar a nivel nacional. Esto representa un incremento de 16 por ciento en este bimestre con respecto a los registrados en el primer bimestre de 2019.

De igual modo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, 44.6 por ciento de las mujeres de 15 años y más fue víctima de algún acto violento por parte de algún integrante de su familia, esposo o pareja.

Esto es tan solo una muestra del panorama que se vive en nuestro país y que se agrava en situaciones de mayor tensión como las de nuestros días.

De acuerdo con la Alianza para la Protección de Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria, en su Nota técnica: Protección de la niñez y adolescencia durante la pandemia del coronavirus, entre los riesgos que padecen NNA se ubican: maltrato físico y emocional; aumento del riesgo de explotación sexual; deterioro de los problemas preexistentes de salud mental; aumento de la explotación laboral; separación familiar; entre otros.

Dado que en Early Institute estamos convencidos de que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños; y que las situaciones que viven en sus primeros años, influyen en su futuro, es necesario que construyamos un entorno que asegure su bienestar integral.

Por ello, proponemos que para mitigar las afectaciones del confinamiento en un hogar con violencia intrafamiliar, las vías telefónicas de atención dispuestas al servicio de la protección de grupos vulnerables, pongan mayor énfasis en las llamadas que reciban de niños, niñas y adolescentes y reforzar el mensaje de que las líneas de ayuda están abiertas para atender este tipo de problemáticas, sin importar la edad.

Incluso, se requiere ampliar la difusión de todos los medios de contacto para atender cualquier forma de violencia, como es la habilitación de mensajes a través de Whatsapp u otros canales. Esto implica garantizar que los servicios de atención a la violencia funcionen con normalidad ampliando su capacidad, pues es sabido que, en contextos de emergencia nacional, se saturan.

Hoy más que nunca comprometámonos a seguir colaborando en la protección de niños, niñas y adolescentes. Asumamos la responsabilidad y vigilemos con mayor ahínco lo que ocurre a nuestro alrededor para actuar en consecuencia.

Unidos por la seguridad de las niñas y los niños

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en ContraRéplica 

 

La violencia ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes es una realidad que carcome a nuestra sociedad, sin embargo, las actuales condiciones derivadas de la contingencia sanitaria tienden a agravarla. A pesar de que el aislamiento social es una medida necesaria para combatir la pandemia del Covid-19, es un factor que inevitablemente incrementa la exposición al riesgo de la población infantil, pues les impone convivir con sus agresores y los aleja de sus redes de apoyo.

Diversos análisis advierten que en situaciones de crisis —como la que se vive actualmente en todo el mundo por el Coronavirus— se exacerba la violencia. El estrés colectivo, la incertidumbre financiera y el deterioro o afectación de las condiciones de vida, son los principales detonantes.

En el caso de nuestro país, ya existen indicios que nos confirman lo anterior: según datos de la Fiscalía General de la Ciudad de México, en las fases 1 y 2 del Covid-19 creció 7.2 por ciento el número de detenidos por violencia doméstica; tan sólo del 9 al 25 de febrero se abrieron mil 581 carpetas de investigación; y la Red Nacional de Refugios reportó que del 17 al 28 de marzo pasaron de 60 a 160 el número de llamadas recibidas. Sin embargo, no tenemos que aceptar esta realidad, como sociedad y en lo individual, podemos poner un alto a la violencia e impedir que se replique generación tras generación.

Cuando planteo que estamos a tiempo de frenar y revertir esta problemática, lo hago con la convicción de que somos una sociedad unida, empática y comprometida con la niñez. Por ello, debemos actuar con firmeza y asumir la responsabilidad colectiva de proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes, especialmente en estos momentos de incertidumbre. Ahora es el mejor momento de dejar de lado la indiferencia y romper el silencio.

Cada uno de nosotros, desde nuestras respectivas trincheras, debemos de ayudarlos y asegurar su bienestar, como si fueran nuestros. Esto implica —entre otras cosas— advertir y señalar situaciones de riesgo que puedan afectar a una niña o niño, denunciar casos de violencia o agresiones en su contra y generar espacios seguros para su vida y desarrollo. Por nuestra parte y desde Alumbra —proyecto colaborativo de Early Institute que suma los esfuerzos, experiencia y conocimiento de la sociedad civil, agencias internacionales, autoridades gubernamentales e investigadores — trabajamos en la generación de información y en el diseño e implementación de estrategias para prevenir la violencia sexual cometida contra niñas, niños y adolescentes.

Finalmente, si estás en riesgo o eres víctima de violencia, recuerda que no estás sola, acá afuera hay un ejército de personas que queremos ayudarte. Puedes llamar a los Centros de Justicia para las Mujeres, ahí se concentran servicios de tipo legal, psicológico y médico, algunos cuentan con agentes del Ministerio Público y proporcionan refugio temporal u ofrecen ayuda para encontrarlo. También ten presente que la principal línea de emergencia es el 911, ahí pueden canalizarte con el servicio que necesites.

Por una responsabilidad colectiva

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

Cada día confirmamos que las amenazas a niñas, niños y adolescentes están en todas partes, lo que nos provoca conmoción e indignación. En definitiva, las reacciones y los sentimientos son válidos, pero quizá no hemos reparado en un asunto vital; se trata de la responsabilidad colectiva. Es decir, ejercer un compromiso por mirarnos y responsabilizarnos por otros, pese a no ser próximos.

En el caso de la protección a la población infantil y adolescente, asumir una responsabilidad conjunta –que no sea exclusiva de los cuidadores inmediatos: padres, tutores, maestros– colaboraría no solo en la sensibilización, sino en la prevención, vigilancia y acción ante los riesgos que aquejan a este sector.

Lo que se propone es que asumamos un rol activo para cuidarlos, convertirnos en sus guardianes y evitemos situaciones que puedan dañar su salud física, mental y emocional, construyendo entornos sanos y confiables.

Un guardián es un agente prosocial, es decir, una persona que tiene una participación activa en la prevención de la violencia: da información clara, crea ambientes seguros y ayuda a reestablecer la confianza en los niños y las niñas. También conoce cuáles son los síntomas que alertan si alguien sufre una situación de violencia sexual. En caso de reconocer una posible situación de esta índole, por un lado, le cree a la víctima, le brinda apoyo emocional y lo orienta para que reciba la ayuda necesaria, tanto legal como psicológica. Por otro lado, al saber que el proceso de restauración es largo y difícil, transmite al entorno social la información adecuada para no ver y tratar a la víctima de un modo diferente, en beneficio de su recuperación. Un guardián no es omiso, actúa.

Por supuesto, es fundamental exigir al Estado el cumplimiento de las garantías que aseguren ambientes idóneos a los infantes, así como su pronta actuación cuando su integridad esté en peligro, pero es una labor conjunta propiciar su desarrollo y bienestar. Sobre todo, ahora que la propia dinámica social ha dejado de proveer escenarios seguros.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y The Lancet advirtieron en el informe ¿Qué futuro les espera a los niños del mundo? que la salud y el futuro de niñas, niños y adolescentes están comprometidos por aspectos como la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que originan el consumo de productos que los dañan.

Según la exprimera ministra de Nueva Zelanda y participante en el informe, Helen Clark: “Los países deben revisar sus enfoques de la salud de los niños y los adolescentes para garantizar que no solo cuidemos de nuestros niños hoy, sino que también protejamos el mundo que heredarán en el futuro”.

Aceptemos la corresponsabilidad, actuemos conscientemente y procuremos a las niñas, los niños y los adolescentes un ambiente más amable del que conocen. Dejemos a un lado la indiferencia y cooperemos en su cuidado. En suma, seamos sus guardianes.

 

 

Fátima no es un caso aislado: en un México feminicida, cientos de niños y niñas son abusados sexualmente

Jorge Ávila / La Voz de Michoacán

 

Instituciones mexicanas e internacionales ubican a México en los primeros lugares de agresión hacia menores de edad y señalan la falta de políticas para revertir esta situación.

 

Morelia, Michoacán. El reciente caso de la niña Fátima Cecilia vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar los mecanismos de protección a los niños y las niñas, que son el sector más vulnerable frente a la violencia.

En torno al feminicidio de Fátima, se dio a conocer que Giovana se la llevó de la escuela para entregársela a Mario, su pareja sentimental, quien quería una “novia”, y por esa razón ya había amenazado a la mujer con abusar sexualmente de las hijas de ambos, así lo contó Irma Reyes Castañeda, tía de Mario N. que denunció a la pareja al enterarse por las noticias de lo que habían hecho.

“(Mario) quería una niña para hacerla su novia para toda la vida, quería un regalito o iba a agarrar a una de sus hijas, que no me iba a dejar entrar si no le llevaba una niña, y él estaba en la casa con mis hijas, dijo le hacía con la lengua…”, le contó la mujer a la tía de su esposo.

La tía le preguntó a Giovana: “¿Tú estabas presente?, y me dijo que sí, ¿lo permitiste? ‘Es que le tengo mucho miedo, cuando vimos que ya estaban buscándola, la matamos’”.

El 15 de febrero, la pareja y sus tres hijos pequeños llegaron a Isidro Favela, al ejido de Tlazala, en el Estado de México, donde la vivía la tía de Mario, quien, sin saber lo que había ocurrido, les ofreció un cuarto por unos días, y al enterarse de los hechos decidió denunciarlos. Los tres hijos de la pareja quedaron bajo custodia de la tía Irma.

Niñas, infancia victimizada

Según Mario Arroyo, investigador por parte del laboratorio de ideas mexicano Early Institute, las niñas mexicanas que sufren abusos sexuales suelen ser invisibles para las autoridades, pues se carece de información que permita documentar este delito y mejorar las estrategias para prevenirlo.

“Se necesita incluir la modalidad infantil en el registro del abuso sexual, así como el género de la víctima y la entidad federativa donde fue agredida. Además, es necesario conocer indicadores sobre los presuntos delincuentes presentados y sentenciados”, señaló.

Además, el Early Institute ha alertado sobre la necesidad de que se vigile desde el sector salud esta forma de violencia, de tal manera que los datos de las autoridades encargadas de la seguridad pública y procuración de justicia se crucen con los registros del sector salud a fin de tener información más puntual y precisa para atacar la problemática de la violencia sexual contra menores de edad.

El año pasado, la organización elaboró un diagnóstico sobre la violencia sexual contra la niñez en México. En el estudio se encontró que de 641 mil 417 hospitalizaciones de personas menores de 18 años de las que se tuvo registro en 2015, 309 fueron por abuso sexual infantil. De esos casos, el 87 por ciento fueron niñas, y de ellas, 43 víctimas tenían entre cero y 5 años de edad.

“Estas cifras revelan un dato contundente: la posibilidad de que una niña sea hospitalizada a causa de un abuso sexual es siete veces mayor que la de un niño”, agregó Arroyo.

En 2017 se registraron 36 mil 158 delitos sexuales, de los que el 44 por ciento fue de abuso sexual y 9 de cada 10 víctimas son mujeres.

El diagnóstico también arrojó que 60 por ciento de los delitos son cometidos en el hogar de la víctima, y 4 de cada 10 víctimas son menores de 15 años.

 

Agresiones sexuales, sin denuncia

Según datos recabados en 2019 por la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (Adivac), en México, 4.5 millones de niñas y niños padecen violencia sexual y sólo se denuncia el 10 por ciento de los delitos, y de las denuncias, sólo 1.5 por ciento de los casos llega a juicio.

Además, por cifras del INEGI se sabe que alrededor del 12 por ciento de las adolescentes de entre 15 y 17 años de edad ha sufrido alguna forma de violencia sexual en la escuela, que puede ir desde el acoso hasta las agresiones físicas. En cambio, en el entorno doméstico se cometen 6 de cada 10 actos de violencia sexual, y el 40 por ciento de las víctimas son menores de edad.

 

México, primer lugar en abuso sexual infantil

Con base en los datos anteriores, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ubica a México en el primer lugar mundial en delitos sexuales contra el sector infantil.

Sin embargo, el Colectivo parta el Maltrato y Abuso Sexual Infantil señala que la cifra es alejada de la realidad, ya que al denunciarse apenas el 1 por ciento de los delitos de esta naturaleza, la cifra negra podría ser mucho mayor.

“Estas cifras hablan del grave problema que estamos viviendo a escala nacional. Los principales agresores se encuentran en el seno familiar: padres biológicos, padrastros, hermanos, abuelos, tíos, sobrinos, primos… Los abusadores sexuales están en el seno de nuestras familias”, señaló en su momento la fundadora y directora de este colectivo, Lizzette Argüello Rocha, quien además fustiga que la inoperancia del sistema de justicia penal y civil ha provocado la revictimización de los niños.

 

El enemigo en casa

Según un estudio elaborado por el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, los principales agresores sexuales en contra de niñas y niños son familiares, le siguen maestros y después sacerdotes. Según el estudio, el 30 por ciento son abuelos o padrastros, el 13 por ciento, tíos; 11 por ciento, padres biológicos; 10, primos; 8, vecinos; 7, maestros, y 3 por ciento, hermanos.

Pero pese a esta problemática, México tiene los presupuestos más reducidos destinados al combate a este flagelo, puesto que solamente el 1 por ciento de los recursos para la atender a la infancia está enfocado a la prevención y protección contra el abuso sexual y la explotación, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Por otro lado, en la “Encuesta de cohesión social para la prevención de la violencia y la delincuencia”, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía registra que el delito de violación alcanza a mil 764 niñas, niños y adolescentes por cada 100 mil menores y adolescentes en un rango de edad de los 12 a 17 años, mientras los tocamientos ofensivos y manoseos llegan a 5 mil 089 casos por cada 100 mil menores y adolescentes.

Como ya se dijo, en el hogar es donde ocurre el 60 por ciento de las agresiones, y 4 de 10 son contra menores de 15 años.

Durante la adolescencia, de los 12 a los 17 años, las víctimas sufren agresiones sexuales el 80 por ciento de las veces ya en entornos sociales, como la vía pública, la escuela o fiestas.

Cuando los niños pequeños denuncian actos sexuales de adultos en su contra, están diciendo la verdad en 93 por ciento de las ocasiones. Cuando hay manipulación de alguno de los padres por casos de divorcio, la falta de veracidad alcanza un 30 por ciento. Sin embargo, en los procesos legales se desestima la declaración de los menores de edad por considerar que mezclan fantasía.

Según estadísticas, un agresor violenta a alrededor de 60 personas a lo largo de su vida, han calculado especialistas que trabajan con detenidos por delitos sexuales.

En tanto, el 4 de cada 10 agresores fueron violados en su infancia, mientras que uno de cada cinco niños violentados se convierte en agresor cuando crece.

 

Laxo, el marco legal

Activistas y especialistas han señalado que el marco legal mexicano aún está en deuda con las víctimas de abuso sexual infantil, y pese al aumento en casos de pederastia, sólo 8 de los 32 estados de la República han tipificado en su Código Penal la pederastia como un delito.

Los estados que aún no incluyen este delito son Michoacán, Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Chihuahua, Ciudad de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas. Esto pese a que una de cada 4 niñas y uno de cada 6 niños sufrieron abuso sexual antes de la mayoría de edad, y la mayor incidencia se concentra en Querétaro, Tlaxcala y Chihuahua.

Y es que, en el marco legal mexicano, lo que está tipificado es el abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, y no como un delito grave, además de que es difícil de comprobar y prescribe en poco tiempo, dado que muchas veces las denuncias se presentan años después de que ocurrió el abuso, cuando las víctimas alzan la voz en su mayoría de edad.

Por esa razón, la Comisión de Derechos de la Niñez y de la Adolescencia del Senado de la República presentará en el próximo periodo de sesiones, que arranca en septiembre, un paquete de reformas legales para combatir la situación.

Especialistas coinciden en que el abuso sexual contra niñas y niños es un delito con una enorme cifra negra en lo que toca a denuncias, lo que incide en que las autoridades no tengan cifras precisas por el temor de las víctimas a hablar, a la vergüenza ante el riesgo de sufrir escarnio social, lo que conlleva al ocultamiento de los casos.

Así, a un niño le toma en promedio 20 años poder hablar de la violación que sufrió, de acuerdo con psicólogos especialistas del tema. Pero los códigos penales de México permiten que este delito prescriba a los 5 o 10 años.

 

Las siguen matando

Mientras la atención de los medios y de la opinión pública estaba puesta en el caso de Fátima, la violencia feminicida y asesinatos de mujeres no se detuvieron.

En el Estado de México, un joven de 17 años que fue atrapado el miércoles 19 de febrero por haber abusado y asesinado a su hija de apenas 11 meses, quien había sido ingresada a un hospital del municipio Coyotepec por traumatismo craneoencefálico, pero además se detectaron señales de abuso sexual previo y síndrome del niño maltratado, por lo que se abrió la carpeta de investigación por el delito de violación.

Ese mismo día fue hallado el cadáver de Karol Nahomi Tobías, de 5 meses de edad, que supuestamente había sido arrebatada de los brazos de su madre el 18 de febrero en Saltillo, Coahuila; sin embargo, ya ante el fiscal, la mujer cayó en contradicciones al declarar y además se tuvo acceso a un video donde se ve a la mujer sosteniendo un bulto entre las manos y dejarlo justo en el lugar donde fue hallado el cadáver de la bebé.

El martes 18 de febrero, a las 14:30 horas, fue encontrado el cuerpo de una niña de 14 años en Zihuateutla, Puebla, dentro de su propia casa y con señales de haber sido atacada con un arma punzocortante, así como visibles huellas de violencia.

Conforme a los medios locales Central y Página Negra, de enero de 2020 con el feminicidio de la niña, suman 23 en Puebla.

También ese día, martes 18 de febrero, fue asesinada de varios balazos Bárbara Greco, locutora de radio de La Poderosa, afuera de su casa en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Su cuerpo fue encontrado sin vida entre las calles 20 de Noviembre y Honduras, en la colonia El Barreal. Aparentemente la mujer de 37 años de edad bajaba de una camioneta tipo pick up cuando fue atacada por arma de fuego, sufriendo una herida mortal en el oído. Las autoridades desconocen el móvil de la agresión, así como el paradero del asesino.

Michoacán no se ha quedado al margen en materia de crímenes de odio, asesinato de mujeres y agresiones sexuales contra menores de edad.

El martes 18 de febrero, una mujer trans fue encontrada sin vida en la colonia Guadalupe Victoria, de Uruapan. La víctima murió por los balazos que recibió, además de que tenía huellas de tortura.

Además, en Morelia se detuvo a Javier R., acusado de abuso sexual contra una niña de 9 años. Él era su instructor de taekwondo, situación que él aprovechó para abusar de ella en reiteradas ocasiones entre marzo y abril de 2019.

El 20 de febrero, un sujeto llamado Jaime también fue detenido por el abuso sexual en contra de su hija, de 14 años de edad, el 24 de junio de 2019.

En Jacona, el 19 de febrero, un niño de 12 años murió en un hospital luego de que sujetos armados le dispararan desde una camioneta blanca. El chico había buscado refugiarse adentro de una tabiquera y de ahí, los paramédicos se lo llevaron a un hospital, donde más tarde perdió la vida. Aunque en este caso no se trató de una agresión sexual, llama la atención por ser un asesinato cometido al estilo del crimen organizado, que recluta a personas cada vez de menor edad.

Pero la saña con la que se asesina a menores de edad tampoco es un hecho aislado. En 2019, 14 niñas fueron asesinadas con arma blanca y 124 con arma de fuego, de acuerdo con los últimos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional Seguridad Pública.

En 2018, unas 18 menores de edad murieron por heridas de arma blanca y 125 por arma de fuego.

Lo anterior es sólo un asomo a la realidad que mujeres y niñas enfrentan en México, pues en sólo 5 años prácticamente se incrementó el número de feminicidios.

En materia de homicidio doloso contra las mujeres, en 2015 se registraron 193, 169 en 2016, 218 en 2017, 219 en 2018 y 191 casos en 2019.

En cuanto al feminicidio, en 2015 se tuvo el registro de 50 casos, 54 en 2016, en 2017 llegó a 66, para subir a 88 en 2018 y cerrar 2019 con 98 feminicidios, un aumento del 96 por ciento sólo en ese periodo. Todo lo anterior según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad pública.

El incremento significativo de crímenes en el grupo etario de niñas y adolescentes de cero a 17 años se ha disparado, y el asesinato de Fátima es una lamentable evidencia. En las cifras oficiales que reporta el SESNSP no hay un solo mes durante 2018 y 2019 en el que no se haya cometido algún delito contra menores de edad.

Finalmente, en la República Mexicana, el peligro feminicida no sólo está presente en la vía pública, pues las agresiones a mujeres y niñas también se dan en sus propias casas, en el entorno próximo y muchos de ellos son perpetrados por familiares o conocidos, en estos casos el castigo para los feminicidas es hasta cierto punto laxo, y hay que considerar que en muchos de ellos se censura, criminaliza y revictimiza a la propia víctima.

La importancia de romper los ciclos de violencia

En un contexto generalizado de inseguridad, como el que actualmente existe en México, debemos romper con los ciclos de violencia en los que desafortunadamente vivimos y nos desarrollamos.

Lamentamos los hechos ocurridos este viernes diez de enero en la ciudad de Torreón, Coahuila. Frente a este tipo de situaciones extremas, familia, sociedad civil y gobierno tenemos la obligación de educar a niñas y niños en un entorno favorable que los habilite para asumir una vida responsable, fomentando una cultura de paz, tolerancia y respeto por lo que requerimos de un trabajo real, eficiente y permanente.

Las guías de acción para casos como el presente consideran tres momentos específicos: prevención, detección y reacción:

  1. La prevención permite inculcar valores, actitudes y prácticas positivas dentro y fuera del plantel escolar, auspiciando un clima de alegría, respeto, integración, empatía hacia la diversidad, así como el buen manejo de los conflictos entre los miembros de la comunidad.

  2. La detección requiere de estrategias y medidas para advertir sobre la posesión, portación o uso de armas en las escuelas.

  3. La reacción se refiere a la atención de situaciones concretas por la posesión o uso de armas para resguardar la integridad de toda la comunidad escolar, todo ello sin criminalizar y respetando los derechos de niñas y niños.

Hoy más que nunca queda claro que debemos comprometernos más con el desarrollo integral de la infancia mexicana, tal como establece Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que promueve la generación de ambientes seguros y soluciones integrales que fomenten un equilibrio físico, mental, espiritual y emocional entre las dimensiones intelectuales, sociales y prácticas.