El camuflaje de la violencia

Por Valeria González, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo de México

 

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que las primeras culpables de la violencia familiar son las mujeres que la permiten? Parece lógico que, ante el peligro inminente de ser agredida, una persona huye del entorno de violencia, pero no siempre puede ser así.

Lo cierto es que la víctima nunca es culpable. El fenómeno de la violencia familiar es sumamente complejo: se esconde en contextos de desconocimiento, engaño, abuso psicológico, dependencia financiera, falta de autoestima, entre muchos otros. Estos dificultan identificarla y, en consecuencia, alejarse de ella.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 28.8% de las mujeres que reportaron haber sufrido agresiones físicas y/o sexuales de su actual o última pareja, contestaron que no presentaron una denuncia ni pidieron apoyo porque se trató de “algo sin importancia que no les afectó”.

Esto refleja que, en múltiples ocasiones, la exposición continuada a la violencia provoca que la víctima no se perciba en una relación violenta, se culpe a si misma o a factores externos, dude de su percepción de la realidad, no sepa que lo que está sufriendo es violencia o simplemente no se identifique como una persona maltratada. Lo anterior es sumamente grave porque la violencia normalizada tiende a aumentar y a alcanzar dimensiones con consecuencias fatales.

Si notas que te estás volviendo mucho más crítica contigo misma, renuncias a tus propias opiniones, te sientes preocupada todo el tiempo, tienes miedo de cómo reaccionará tu pareja ante una situación y evitas decir algo para no molestarla, sientes que tienes que cuidar cada acción que realizas, te aíslas más y ves menos a familiares y amigos, es probable que estés en una relación abusiva y violenta.

Pide ayuda, busca redes de apoyo y haz un plan de seguridad o escape. Puedes llamar al Centro de Justicia para las Mujeres más cercano, a la Red Nacional de Refugios y, en caso de emergencia, al 911. ¡Recuerda que no estás sola, siempre habrá mucha gente dispuesta a ayudarte!

Y a toda la sociedad, tengamos presente que la violencia generalizada nos afecta a todos, por lo que debemos asumir la responsabilidad colectiva de combatirla, de lo contrario, se normalizará, aprenderá y reproducirá.

En la página de alumbramx.org podrán encontrar información útil para identificarla, prevenirla y ayudar a las víctimas, especialmente en esta contingencia, época en la que la exposición al riesgo de ser violentada en casa se incrementa.

Ciberacoso y grooming contra niñas, niños y adolescentes en aumento por COVID-19

 

Ciudad de México, 18 de mayo 2020.- “Dentro del contexto del COVID-19, el aumento del uso de internet por parte de niños, niñas y adolescentes también provocó un incremento considerable en el riesgo de enfrentar violencia digital en forma de ciberacoso, la comisión de delitos y grooming”, alertó el Dr. Mario Arroyo, especialista de Early Institute en seguridad y prevención del delito.

En México, al menos 12 millones de niños, niñas y adolescentes utilizan diferentes aplicaciones y dispositivos para actividades como tomar clases virtuales o jugar en línea. Sin embargo, al estar constantemente conectados quedan en condición de vulnerabilidad, expuestos a ser víctimas de delitos vía internet.

“Según INEGI, durante el año 2019, el 27% de los usuarios de internet en México, de entre 12 y 17 años, reportó alguna situación de ciberacoso; niñas, niños y adolescentes fueron los más afectados” destacó el Dr. Arroyo “Además, dentro del grupo de usuarios de internet que tienen entre 12 y 17 años, el acoso fue mayor para las niñas (30%) que para los niños (24%).”

Las situaciones consideradas como ciberacoso, en el caso de las niñas, fueron principalmente: 1) Mensajes ofensivos (44%); 2) Insinuaciones o propuestas sexuales (35%); 3) Provocaciones para reaccionar negativamente (34%); y 4) Contacto mediante identidades falsas (32%).

En el caso de los niños, las principales conductas de ciberacoso fueron: 1) Mensajes ofensivos (44%); 2) Contacto mediante identidades falsas (30%); 3) Provocaciones para reaccionar negativamente (27%); y 4) Llamadas ofensivas (24%).

“Es importante crear conciencia sobre los riesgos que pueden enfrentar y tener un diálogo abierto, para que sepan que cuentan con una red apoyo frente a cualquier problema que puedan enfrentar al estar conectados” dijo Arroyo Juárez.

Recomendó que sean los padres de familia o los cuidadores quienes, en compañía de niños, niñas y adolescentes, tomen medidas para su protección, que van desde configurar el control parental de dispositivos móviles, asegurarse de que tengan antivirus instalados o establecer los controles de privacidad necesarios, entre otros.

“La forma en la que niñas, niños y adolescentes emplean internet debería depender de su nivel de desarrollo. Por ejemplo, de seis a doce años requieren supervisión parental total, además de límites claros tanto en el tiempo como en los lugares de la casa dentro de los que pueden usar la tecnología.”

El especialista también expresó que se debe fomentar la convivencia familiar en este periodo de confinamiento por COVID-19. Recomendó aplicar horarios de uso de dispositivos electrónicos y ocupar el tiempo en otro tipo de actividades que redunden en un mejor ambiente en el hogar.

El Dr. Arroyo agregó que en la web de Alumbra -iniciativa colaborativa de Early Institute para prevenir la violencia contra niñas, niños y adolescentes- www.alumbramx.org está disponible una guía para padres, madres, tutores o cuidadores, sobre el uso de dispositivos tecnológicos y diferentes plataformas digitales, para que puedan tener una navegación segura en la red.

Finalmente, detalló que los integrantes de la Comunidad Alumbra, como Guardianes, Fundación Juconi, el Instituto de Pediatría y la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos, trabajan conjuntamente para enfrentar de la mejor manera esta temporada de confinamiento por Covid-19.

La inversión en primera infancia, deuda pendiente

Por Cristian Acosta, Coordinador de Asuntos Públicos en Early Institute

Publicación original en ContraRéplica

 

Invertir en la primera infancia es la mejor estrategia que un país puede diseñar e implementar, así lo ha señalado James Heckman, economista estadounidense que, en el año 2000, gracias a sus aportaciones en la materia fue reconocido con el Premio Nobel de Economía.

La idea parece bastante obvia, si invertimos en la primera infancia -etapa de la vida que va desde los cero hasta antes de los 6 años- nuestras niñas y niños contarán con los elementos indispensables para desarrollar su máximo potencial a nivel social, físico, intelectual y psicológico.

Sin embargo, cabría preguntarnos ¿cuál es la situación de la niñez mexicana y qué políticas públicas hemos desarrollado para atenderla?

 

La realidad de la niñez en números

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), en México para 2019, 13.1 millones de niñas y niñas tenían menos de 6 años, entre 2020 y 2024 se espera tener un promedio anual de 12.9 millones de niños en esa edad, en la que se enfrentan a retos como la tasa de mortalidad, la desnutrición crónica, el sobrepeso y la obesidad, la anemia, los problemas de desarrollo, el rezago en alfabetización y en conocimientos numéricos, y el respeto a su derecho a la identidad, entre otros.

 

¿Qué hemos hecho para pagar nuestra deuda con la niñez en México?

Durante los últimos 30 años, como país hemos dado diversos pasos para visibilizar a la niñez. Entre ellos destacan:

  1. La aprobación y ratificación de la Convención de los Derechos del Niño en septiembre de 1990.

  2. La publicación de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en mayo del 2000.

  3. El reconocimiento constitucional de que el Estado debe velar y acatar el interés superior de la niñez en el diseño, ejecución y evaluación de sus políticas públicas, en el 2011.

  4. La publicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en diciembre del 2014, con la que se le dio vida al Sistema Integral de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), y se fortalecieron las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, encargadas de establecer mecanismos de restitución de derechos para niños vulnerados.

  5. La publicación del primer Programa Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes 2016-2018, en agosto de 2017, cuya finalidad fue establecer parámetros específicos de políticas públicas para este sector de la población.

  6. La reforma al artículo 3º constitucional en mayo de 2019, con la que se reconoció a la educación inicial como un derecho y la obligación del Estado de garantizarlo.

 

Principales deficiencias en la atención a niñas y niños

A pesar de contamos con un marco normativo sólido, hay deficiencias en la aplicación de las normas, pues, las propias autoridades, academia y sociedad civil reconocemos que:

  1. El enfoque de niñez en el diseño de políticas públicas es precario o nulo.

  2. La coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales es fragmentada o limitada.

  3. Se desconocen los alcances, derechos y principios establecidos en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescente.

  4. Existe poca capacitación en materia de niñez.

  5. Contamos con sistemas de información precarios y poco confiables.

  6. Hay limitaciones por el presupuesto asignado para los programas que benefician a la primera infancia.

 

La ENAPI como apuesta de visibilización e inversión a favor de la primera infancia

El 23 de marzo de 2020 el SIPINNA publicó en el Diario Oficial de la Federación la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI). Esta estrategia parte de la premisa de un cuidado cariñoso y sensible, el cual es un concepto desarrollado por la OMS, UNICEF y Banco Mundial para otorgar protección, seguridad, salud y nutrición con una atención sensible y receptiva que responde a los intereses y necesidades, alienta a explotar el entorno e interactúa con sus cuidadores y otros actores relevantes.

Así, la ENAPI identifica 5 áreas clave: buena salud, nutrición adecuada, oportunidades de aprendizaje temprano, protección y seguridad y atención y cinco estrategias:

1) Inversión intersectorial, esto quiere decir que las autoridades de todos los sectores deben trabajar de manera coordinada para atender a la niñez.

2) Crianza familiar, para enriquecer las prácticas que como sociedad damos a nuestras niñas y niños.

3) Fortalecer la atención, en servicios clave para la niñez, como lo son la educación, salud, cuidado y procuración.

4) Medir para mejorar, pues la carencia de sistemas de registro de información impide establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.

5) Corregir e innovar, con la finalidad de tener una estrategia flexible que permita advertir aciertos y deficiencias; que permitan identificar áreas de oportunidad para redireccionar las políticas públicas.

En conclusión, la ENAPI atiende a las premisas de James Heckman, pues por primera vez en nuestra historia moderna, hemos desarrollado una estrategia nacional que visibiliza a la primera infancia, además de obligar a las autoridades a invertir y actuar de manera coordinada para generar políticas públicas intersectoriales y corresponsables con mecanismos de atención y procuración de madres, padres, familia, autoridades educativas y sociedad en general.

Cabe destacar que tendremos que medir para mejorar y corregir para innovar los contenidos de cada estrategia, su implementación exige la correcta aplicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, un enfoque de niñez que permee en la toma de decisiones y una coordinación efectiva entre las autoridades.

Así bajo una responsabilidad colectiva, en Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, aplaudimos y nos sumamos al trabajo colaborativo, pues sabemos que no aprovechar esta oportunidad, implicaría continuar con nuestra deuda hacia la primera infancia.

 

 

 

Violencia digital en tiempos de COVID-19

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo

 

En el cuaderno de investigación Abuso sexual infantil y otras formas de violencia hacia la niñez en México, Análisis de indicadores de incidencia delictiva –publicado en noviembre de 2019 por Early Institute a través del proyecto Alumbra–, se dio a conocer que el uso de nuevas tecnologías implica una ventana de riesgos para las niñas, niños y adolescentes.

En el documento se informa que, de acuerdo con cifras reportadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en el año 2017, 20 por ciento de los niños y adolescentes entre 12 y 17 años de edad que utilizaron internet, vivieron alguna forma de ciberacoso.

La cifra sin duda es preocupante, sobre todo si consideramos que esta problemática se agrava ante la actual crisis sanitaria que vivimos por el coronavirus COVID-19.

El pasado 23 de marzo, el Buró Federal de Investigaciones​ (FBI, por sus siglas en inglés) publicó un comunicado advirtiendo que, ante las medidas tomadas para combatir la pandemia –como el cierre de las escuelas y el distanciamiento social– niñas, niños y adolescentes extenderán el tiempo que pasan conectados, situación que incrementa el riesgo de ser víctimas de explotación sexual infantil.

Así, actividades como los juegos en línea y el uso de redes sociales los exponen a depredadores sexuales y al grooming, técnica empleada por una persona adulta para engañar a una niña, niño o adolescente y conseguir fotos, videos o incluso coordinar un encuentro con fines sexuales.

Ante los retos que trae esta contingencia, mamás, papás, cuidadores, especialistas, sociedad y autoridades, debemos estar más alerta que nunca, poner un alto definitivo a la violencia ejercida contra nuestra niñez y garantizar su bienestar físico y emocional.

De no actuar a tiempo condenaremos a toda una generación a sufrir daños irreparables, mismos que se extenderán en toda la sociedad.

Autoridades especializadas recomiendan tomar medidas como las siguientes: a) instalar un antivirus y un programa de control parental; b) reportar usuarios, perfiles, enlaces o foros con contenidos abusivos, sospechosos o inapropiados; y c) mantener aparatos electrónicos en espacios comunes de la casa.

También, crear conciencia en las niñas, los niños y los adolescentes sobre los riesgos que pueden enfrentar en internet, observar con mayor atención comportamientos extraños y tener un diálogo abierto con ellos, para que sepan que cuentan con el apoyo de su familia frente a cualquier situación, son herramientas efectivas para prevenir la violencia digital.

En caso de conocer o ser víctima de este tipo de violencia, rompe el silencio, llama al 088 y haz el reporte correspondiente.

Recuerda que la denuncia es anónima, ésta puede ayudar a identificar a los agresores, rescatar a otras víctimas, detener a los probables responsables y prevenir nuevos casos.

Hogares, ¿seguros?

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Ante la amenaza por acrecentar el contagio del COVID-19, se ha pedido permanecer en nuestras casas, partiendo de la premisa de que son los lugares más seguros y confiables. Sin embargo, para mucha gente no es así. Para muchos, es enfrentarse a una violencia intrafamiliar, que crece por la actual situación y cuyo combate exige acciones conjuntas en apoyo a los más vulnerables, como son niños, niñas y adolescentes (NNA).

Un hogar –que ya era violento– y en donde el estrés se incrementa por las implicaciones del confinamiento (falta de empleo, falta de alimentos, problemas económicos, angustia por contraer enfermedades, etcétera) es un sitio de riesgo para infantes y adolescentes.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en los primeros dos meses de 2020 se registraron 33 mil 645 delitos de violencia familiar a nivel nacional. Esto representa un incremento de 16 por ciento en este bimestre con respecto a los registrados en el primer bimestre de 2019.

De igual modo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, 44.6 por ciento de las mujeres de 15 años y más fue víctima de algún acto violento por parte de algún integrante de su familia, esposo o pareja.

Esto es tan solo una muestra del panorama que se vive en nuestro país y que se agrava en situaciones de mayor tensión como las de nuestros días.

De acuerdo con la Alianza para la Protección de Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria, en su Nota técnica: Protección de la niñez y adolescencia durante la pandemia del coronavirus, entre los riesgos que padecen NNA se ubican: maltrato físico y emocional; aumento del riesgo de explotación sexual; deterioro de los problemas preexistentes de salud mental; aumento de la explotación laboral; separación familiar; entre otros.

Dado que en Early Institute estamos convencidos de que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños; y que las situaciones que viven en sus primeros años, influyen en su futuro, es necesario que construyamos un entorno que asegure su bienestar integral.

Por ello, proponemos que para mitigar las afectaciones del confinamiento en un hogar con violencia intrafamiliar, las vías telefónicas de atención dispuestas al servicio de la protección de grupos vulnerables, pongan mayor énfasis en las llamadas que reciban de niños, niñas y adolescentes y reforzar el mensaje de que las líneas de ayuda están abiertas para atender este tipo de problemáticas, sin importar la edad.

Incluso, se requiere ampliar la difusión de todos los medios de contacto para atender cualquier forma de violencia, como es la habilitación de mensajes a través de Whatsapp u otros canales. Esto implica garantizar que los servicios de atención a la violencia funcionen con normalidad ampliando su capacidad, pues es sabido que, en contextos de emergencia nacional, se saturan.

Hoy más que nunca comprometámonos a seguir colaborando en la protección de niños, niñas y adolescentes. Asumamos la responsabilidad y vigilemos con mayor ahínco lo que ocurre a nuestro alrededor para actuar en consecuencia.

Unidos por la seguridad de las niñas y los niños

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en ContraRéplica 

 

La violencia ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes es una realidad que carcome a nuestra sociedad, sin embargo, las actuales condiciones derivadas de la contingencia sanitaria tienden a agravarla. A pesar de que el aislamiento social es una medida necesaria para combatir la pandemia del Covid-19, es un factor que inevitablemente incrementa la exposición al riesgo de la población infantil, pues les impone convivir con sus agresores y los aleja de sus redes de apoyo.

Diversos análisis advierten que en situaciones de crisis —como la que se vive actualmente en todo el mundo por el Coronavirus— se exacerba la violencia. El estrés colectivo, la incertidumbre financiera y el deterioro o afectación de las condiciones de vida, son los principales detonantes.

En el caso de nuestro país, ya existen indicios que nos confirman lo anterior: según datos de la Fiscalía General de la Ciudad de México, en las fases 1 y 2 del Covid-19 creció 7.2 por ciento el número de detenidos por violencia doméstica; tan sólo del 9 al 25 de febrero se abrieron mil 581 carpetas de investigación; y la Red Nacional de Refugios reportó que del 17 al 28 de marzo pasaron de 60 a 160 el número de llamadas recibidas. Sin embargo, no tenemos que aceptar esta realidad, como sociedad y en lo individual, podemos poner un alto a la violencia e impedir que se replique generación tras generación.

Cuando planteo que estamos a tiempo de frenar y revertir esta problemática, lo hago con la convicción de que somos una sociedad unida, empática y comprometida con la niñez. Por ello, debemos actuar con firmeza y asumir la responsabilidad colectiva de proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes, especialmente en estos momentos de incertidumbre. Ahora es el mejor momento de dejar de lado la indiferencia y romper el silencio.

Cada uno de nosotros, desde nuestras respectivas trincheras, debemos de ayudarlos y asegurar su bienestar, como si fueran nuestros. Esto implica —entre otras cosas— advertir y señalar situaciones de riesgo que puedan afectar a una niña o niño, denunciar casos de violencia o agresiones en su contra y generar espacios seguros para su vida y desarrollo. Por nuestra parte y desde Alumbra —proyecto colaborativo de Early Institute que suma los esfuerzos, experiencia y conocimiento de la sociedad civil, agencias internacionales, autoridades gubernamentales e investigadores — trabajamos en la generación de información y en el diseño e implementación de estrategias para prevenir la violencia sexual cometida contra niñas, niños y adolescentes.

Finalmente, si estás en riesgo o eres víctima de violencia, recuerda que no estás sola, acá afuera hay un ejército de personas que queremos ayudarte. Puedes llamar a los Centros de Justicia para las Mujeres, ahí se concentran servicios de tipo legal, psicológico y médico, algunos cuentan con agentes del Ministerio Público y proporcionan refugio temporal u ofrecen ayuda para encontrarlo. También ten presente que la principal línea de emergencia es el 911, ahí pueden canalizarte con el servicio que necesites.

COVID-19: recomendaciones para madres, padres, tutores y cuidadores

Por Adalia Contreras

Subdirectora de Contenido y Relaciones Institucionales de Early Institute

 

Frente a la contingencia sanitaria que se está viviendo a nivel mundial derivada del COVID-19, es necesario que tomemos una serie de medidas preventivas para evitar el contagio, como un adecuado higiene de manos, evitar el contacto física con otras personas y no salir de los hogares a menos de que sea una necesidad, entre otras. Sin embargo, la salud psicológica y emocional también requiere de consideraciones especiales.

La imposibilidad de salir, el paro de actividades en diferentes sectores laborales, la cancelación de clases en los distintos niveles educativos y el impacto económico que esto causará en la vida de las personas, sumados también al constante flujo de información en distintos medios de comunicación, pueden detonar estrés, miedo y ansiedad, tanto en adultos como en niñas, niños y adolescentes (CDC, 2020).

Niñas, niños y adolescentes responden a estas emociones de diversas formas, por ejemplo, mostrándose más dependientes, enfadados, preocupados, deprimidos o agitados, teniendo actitudes más agresivas o de aislamiento (OMS, 2020). Como responsables de su cuidado, protección y formación, es importante que tomemos medidas para asegurar su bienestar integral.

Diversas agencias y organizaciones -tanto nacionales como internacionales- han desarrollado una serie de recomendaciones que se pueden aplicar para facilitar la forma en la que se enfrentan a esta contingencia, que se pueden englobar en distintos aspectos:

 

  1. Procurar tiempo de convivencia y actividades

En situaciones difíciles, niñas, niños y adolescentes necesitan el amor y la atención de los adultos encargados de su cuidado (OMS, 2020). El tiempo que se les dedique, puede hacer la diferencia frente a una crisis, al ayudarlos a sentirse más amados y seguros (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020) a pesar de la confusión en su entorno.

Los expertos sugieren que, además de tener espacios de convivencia uno a uno-importante para los casos en los que vivan con dos o más niños o adolescentes-, se implementen diferentes actividades que ayuden tanto al entretenimiento de niñas, niños y adolescentes, como a mejorar la relación que se tenga con ellos, como hacer un rompecabezas, jugar juegos de mesa, desarrollar proyectos artísticos, artesanales o científicos, entre otros (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020; OMS, 2020; Child Mind Institute, 2020).

Algunas actividades recomendadas

Fuente: UNICEF, Parenting for Lifelong Health (2020)

Es importante que también se les escuche, al preguntarles qué quieren o necesitan hacer, siempre respetando las indicaciones de las autoridades del país específico. En caso de que su propuesta no vaya de acuerdo con los parámetros de distanciamiento físico o de aislamiento que estén establecidos, se sugiere platicar con ellos y explicarlo de una forma que les ayude a comprender la situación para generar una nueva propuesta (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020).

 

  1. Implementar prácticas de crianza positiva

Lo ideal es que -incluso en épocas de crisis- se mantenga un estilo de crianza positiva y enfoques saludables para la disciplina(American Academy of Pediatrics, 2020). Los adultos referentes tienen la responsabilidad de guiar a los niños y niñas para que aprendan a manejar sus emociones y resolver los conflictos con responsabilidad y respeto a las normas (UNICEF, 2014), más allá de cualquier tipo de situación que se pueda enfrentar en el contexto actual.

Emplear palabras positivas cuando se quiera explicar a niñas, niños y adolescentes qué se espera que hagan, usar un tono de voz tranquilo, tomar una pausa antes de reaccionar, tener expectativas realistas de sus comportamientos, reconocer cuando hayan hecho algo bueno y mostrarse comprensivo ante sus reacciones, tendrá un mejor efecto tanto en su comportamiento y actitud frente a la contingencia, en comparación con el uso de métodos agresivos o actitudes violentas (OMS, 2020; UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020).

Además, es importante recordar que aunque los adultos puedan sentirse inquietos o preocupados por su realidad actual (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020) la forma en la que niñas, niños y adolescentes aprecian la situación actual puede ser diferente, algunos incluso pueden verlo como un descanso (Child Mind Institute, 2020). Más allá de regaños, es importante validar esa sensación de emoción y usarla para ayudar a los niños a mantenerse tranquilos y felices, en la medida de lo posible (Child Mind Institute, 2020). 

Dale a niñas, niños y adolescentes trabajos, responsabilidades e instrucciones claras y que puedan hacer, y reconoce su esfuerzo en cuanto lo logren, para motivarlos a continuar con esa conducta

Fuente: UNICEF, Parenting for Lifelong Health (2020)

 

  1. Mantener una estructura.

El COVID-19 implicó un cambio en las rutinas tanto de los adultos como de niñas, niños y adolescentes, situación que puede ser complicada para todos los involucrados, por eso, los expertos recomiendan que se consideren dos opciones:

  1. Tratar de mantener los horarios habituales, en la medida de lo posible y de acuerdo con las actividades que puedan implementar (OMS, 2020; CDC, 2020; Child Mind Institute, 2020).

  2. Crear una nueva rutina, que considere tanto espacios para actividades escolares o laborales, como espacios para ejercicio, diversión y relajación (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020; OMS, 2020; CDC, 2020).

Crear una rutina diaria flexible pero consistente, en la que también se escuche la voz de niños y adolescentes, los ayudará a sentirse más seguros, a darles estructura y un sentido de vuelta a la normalidad (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020; UNICEF, 2020). Lo anterior puede generar beneficios también para los adultos.

Dentro de esta rutina, es importante que también se incluyan las recomendaciones y medidas preventivas sugeridas por las autoridades, como el mantener distancias seguras y el lavado constante de las manos (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020).Para estas recomendaciones, es necesario recordar que los niños y adolescentes -sobre todo los de menor edad- aprenden nuevas conductas al imitar a sus modelos a seguir, por lo que muy importante, que los adultos pongan el ejemplo (UNICEF, 2020; UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020).

Al final de cada día, también es aconsejable que los adultos tomen un minuto para pensar sobre el día, y compartir con niñas, niños o adolescentes, una cosa positiva o divertida que hicieron, para ayudar a todos a mantener una mejor actitud durante la contingencia

Fuente: UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020

 

  1. Manejar el estrés.

El COVID-19 ha generado una serie de situaciones estresantes y complicadas para todos. En momentos difíciles, niños y adolescentes buscarán apoyo y tranquilidad en su familia, por eso deben ser escuchados cuando compartan cómo se sienten, para después mostrarse comprensivos ante sus reacciones, evitar invalidar sus sentimientos, ser comprensivo y darles consejo, cuando lleguen a necesitarlo (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020; OMS, 2020).

Además, la percepción que niñas, niños y adolescentes tienen del mundo se ve influenciada por la forma en la que lo perciben los adultos responsables de su cuidado (UNICEF, 2020).

Es muy importante que se conserve la calma y también procuren su propia salud física y psicológica (Child Mind Institute 2020; UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020), tomando descansos, procurando dormir bien, haciendo ejercicio, buscando ayuda en caso de que lo necesite, manteniendo tanto una buena alimentación como una conexión con sus amigos o familiares (CDC, 2020; American Academy of Pediatrics, 2020).

 

Fuente: UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020

 

  1. Dar información clara.

En la actualidad, a través de los medios de comunicación tradicionales (como radio, impresos o televisión) y digitales (como redes sociales, servicios de mensajería, diferentes portales de noticias o videos), adultos, niñas, niños y adolescentes están al tanto del avance del COVID-19.

Para no dejar a niños y adolescentes con datos que pueden ser confusos, falsos, generarles miedo o que vayan más allá de su comprensión, se debe establecer un diálogo abierto, honesto y constante (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020), con información clara y suficiente para facilitar su entendimiento (OMS; 2020) o responder las preguntas que lleguen a tener.

Está bien no saber todo: en caso de que como adulto no sea posible responder una de sus dudas, es mejor decirlo de forma abierta. Así se puede aprovechar la oportunidad para aprender algo nuevo de la mano de niñas, niños y adolescentes

Fuente: UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020

También, pueden aclarar algunos puntos para ayudar a niñas, niños y adolescentes a lidiar con situaciones más complicadas, como el caso hipotético de que ellos mismos o un miembro de su familia puedan ser contagiados (OMS, 2020).

En caso de que llegue a ser necesario -por la sobresaturación o la generación de temor y ansiedad gracias al constante flujo de noticias-, se puede limitar la exposición a este tipo de contenidos (Child Mind Institute, 2020, UNICEF, 2020). Estar informados es importante, pero su salud tanto física como mental, debe de ser prioritaria.

Finalmente, para ayudar a la salud emocional no sólo de los menores de edad, sino de los adultos responsables de su cuidado, también se recomienda buscar historias de personas que trabajan para detener el brote, generan iniciativas para apoyar a los que más lo necesitan en medio de la contingencia y cuidan a los enfermos (UNICEF, Parenting for Lifelong Health, 2020), para que todos podamos recordar que la suma de nuestros esfuerzos nos ayudará a salir adelante como sociedad.

 

 

 

 

 

Fuentes:

Organización Mundial de la Salud, OMS (2020). Brote de enfermedad por coronavirus (COVID-19): orientaciones para el público. Cómo ayudar a los niños a gestionar el estrés durante el brote de COVID-19. Recuperado de https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public

Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC (2020). Maneje la ansiedad y el estrés. Recuperado de https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/prepare/managing-stress-anxiety-sp.html

UNICEF, Parenting for Lifelong Health (2020). Tips for parenting during the coronavirus (COVID-19) outbreak. Recuperado de https://www.unicef.org/coronavirus/covid-19-parenting-tips

UNICEF (2014). Herramientas para la crianza. Recuperado de https://unicef.org.mx/storage/app/media/Guia-crianza-MX-Sep14.pdf

UNICEF (2020). Apoyo emocional para niños y niñas ante el Covid-19 [en línea]. Recuperado de https://www.unicef.org/mexico/media/3161/file/Consejos%20de%20salud%20mental%20para%20ni%C3%B1as%20y%20ni%C3%B1os.pdf

Child Mind Institute (2020). Cómo apoyar a los niños durante la crisis del coronavirus. Recuperado de https://childmind.org/article/como-apoyar-a-los-ninos-en-la-crisis-del-covid-19/

American Academy of Pediatrics (2020). Positive Parenting & COVID-19: 10 Tips to Help Keep the Calm at Home. Recuperado de https://www.healthychildren.org/English/family-life/family-dynamics/communication-discipline/Pages/Positive-Parenting-and-COVID-19_10-Tips.aspx

El efecto de la presencia paterna en el desarrollo infantil

Por Mtra. Adalia Contreras, Coordinadora de Comunicación de Early Institute

Publicado originalmente en la revista Selecciones 

 

Cuando llega un hijo(a) a casa, toda la dinámica familiar se transforma. Por eso es importante que en los primeros días la familia pueda estar unida y vivir, tanto como sea posible, esa nueva experiencia.

      Para que madres y padres que trabajan fuera de casa disfruten esta dinámica, existen las licencias o permisos de maternidad y paternidad, que son periodos remunerados que se otorgan para el cuidado de hijos recién nacidos o adoptados.

      En México, la licencia de maternidad es sumamente conocida y se ha ido consolidando como un derecho para toda mujer que tiene un empleo formal.

      En contraste, la licencia de paternidad sigue siendo poco conocida, por eso muchos padres creen que acceder a ésta y pasar unos días en casa con su hijo(a) recién nacido o adoptado no hará una gran diferencia. No obstante, la relación que un padre tiene con su hijo o hija genera un impacto profundo y de gran alcance, que se verá reflejado durante toda la vida del menor.

      Diversos estudios han mostrado una serie de beneficios para los niños cuando su padre está presente de forma activa en su crianza desde su nacimiento, destacan los siguientes:

  1. División más equitativa del cuidado de los hijos entre hombres y mujeres.

  2. Reducción de las tasas de violencia contra los niños, ejercida tanto por las madres como por los padres.

  3. Contribuye al desarrollo de la autoestima de los niños, así como en su autorregulación conductual y emocional.

  4. Mejor desempeño académico del menor, beneficiando sobre todo a las niñas.

  5. Mejora en la salud y el desarrollo físico y cognitivo, además de presentar mayores índices de bienestar y felicidad.

      Pese a que los beneficios generados por la presencia activa de un padre son claros, aunado a que cada vez hay más hombres que están plenamente interesados en involucrarse en la crianza de sus hijos, en países como México aún se enfrentan importantesobstáculos, entre los que se encuentran:

  1. Modelos de comportamiento social en los que el padre sólo tiene el rol de proveedor, encasillándolo como el generador de ingresos.

  2. Los programas y políticas públicas destinados a apoyar a los padres de familia son insuficientes o limitados.

      La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce que es responsabilidad de los gobiernos formular políticas públicas adecuadas que permitan equilibrar mejor las responsabilidades laborales y familiares, entre las que se encuentran las licencias de paternidad, también destaca que se debe aumentar su duración de forma pertinente y prever incentivos para que los hombres las puedan aprovechar.

      Es importante resaltar que estas políticas, además de beneficiar a los padres, deben de estar planteadas para fomentar un impacto positivo en el desarrollo y bienestar de los niños. Es decir, que la situación laboral de los padres no condicione el derecho del menor a ser cuidado.

Por una responsabilidad colectiva

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

Cada día confirmamos que las amenazas a niñas, niños y adolescentes están en todas partes, lo que nos provoca conmoción e indignación. En definitiva, las reacciones y los sentimientos son válidos, pero quizá no hemos reparado en un asunto vital; se trata de la responsabilidad colectiva. Es decir, ejercer un compromiso por mirarnos y responsabilizarnos por otros, pese a no ser próximos.

En el caso de la protección a la población infantil y adolescente, asumir una responsabilidad conjunta –que no sea exclusiva de los cuidadores inmediatos: padres, tutores, maestros– colaboraría no solo en la sensibilización, sino en la prevención, vigilancia y acción ante los riesgos que aquejan a este sector.

Lo que se propone es que asumamos un rol activo para cuidarlos, convertirnos en sus guardianes y evitemos situaciones que puedan dañar su salud física, mental y emocional, construyendo entornos sanos y confiables.

Un guardián es un agente prosocial, es decir, una persona que tiene una participación activa en la prevención de la violencia: da información clara, crea ambientes seguros y ayuda a reestablecer la confianza en los niños y las niñas. También conoce cuáles son los síntomas que alertan si alguien sufre una situación de violencia sexual. En caso de reconocer una posible situación de esta índole, por un lado, le cree a la víctima, le brinda apoyo emocional y lo orienta para que reciba la ayuda necesaria, tanto legal como psicológica. Por otro lado, al saber que el proceso de restauración es largo y difícil, transmite al entorno social la información adecuada para no ver y tratar a la víctima de un modo diferente, en beneficio de su recuperación. Un guardián no es omiso, actúa.

Por supuesto, es fundamental exigir al Estado el cumplimiento de las garantías que aseguren ambientes idóneos a los infantes, así como su pronta actuación cuando su integridad esté en peligro, pero es una labor conjunta propiciar su desarrollo y bienestar. Sobre todo, ahora que la propia dinámica social ha dejado de proveer escenarios seguros.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y The Lancet advirtieron en el informe ¿Qué futuro les espera a los niños del mundo? que la salud y el futuro de niñas, niños y adolescentes están comprometidos por aspectos como la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que originan el consumo de productos que los dañan.

Según la exprimera ministra de Nueva Zelanda y participante en el informe, Helen Clark: “Los países deben revisar sus enfoques de la salud de los niños y los adolescentes para garantizar que no solo cuidemos de nuestros niños hoy, sino que también protejamos el mundo que heredarán en el futuro”.

Aceptemos la corresponsabilidad, actuemos conscientemente y procuremos a las niñas, los niños y los adolescentes un ambiente más amable del que conocen. Dejemos a un lado la indiferencia y cooperemos en su cuidado. En suma, seamos sus guardianes.

 

 

Aumento a licencia de paternidad: el problema es quién paga los días de ausencia laboral

Por Viridiana / Forbes México

 

Ante la posibilidad de que la licencia de paternidad se amplíe de 5 a 15 días, surge la pregunta de quién debe fondear la ausencia de los trabajadores

 

Cuando una mujer está por dar a luz, tiene derecho a ausentarse 84 días de sus labores. Esta licencia, si bien representa la ausencia de una colaboradora, no constituye un problema contable para las empresas, pues el salario de la madre es otorgado a manera de subsidio por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), de tal modo que, para las compañías, la ausencia se contabiliza como “días sin goce de sueldo”. En el caso de los padres, desde 2012 la Ley Federal del Trabajo contempla una licencia de paternidad de cinco días hábiles con goce de sueldo, el cual debe ser cubierto por el empleador.

En octubre del año pasado, la senadora Citlalli Hernández anunció que la Comisión del Trabajo y Previsión Social de la Cámara Alta había aprobado extender las licencias de paternidad de cinco a 15 días, con goce de sueldo, las cuales se incrementarían progresivamente hasta llegar a 20 días.

La medida, votada en la sesión del 8 de octubre de 2019, formaría parte de los cambios contenidos en los dictámenes de la reforma a la Ley Federal del Trabajo. Asimismo, hay otra iniciativa que planea incrementar los salarios vencidos ante el supuesto de un despido injustificado, de uno a dos años. Sin embargo, estos cambios todavía no han sido publicados en el Diario Oficial de la Federación (DOF).

Ante este panorama, se vuelve imperativo preguntarse qué implica para México una licencia de paternidad de 15 o hasta de 20 días. En primera instancia, el país tomaría el primer lugar en América Latina en número de días otorgados al padre ante el nacimiento de un hijo, con lo que daría un paso hacia la equidad en las condiciones de trabajo para hombres y mujeres. Por otro lado, la medida trae consigo un debate acerca de quién deberá cubrir el pago de los días de ausencia por paternidad.

Un estudio publicado por el Early Institute detalla que, entre 2012 y 2018, se discutieron 93 iniciativas de ley presentadas en la Cámara de Diputados y el Senado relacionadas con permisos parentales. La discusión de estos proyectos de ley logró que se otorgaran licencias en caso de adopciones; sin embargo, 39 de estas iniciativas se quedaron en la “congeladora”.

“En el contexto mexicano, de las propuestas de ley analizadas llama la atención que sólo una pretendió que el permiso de paternidad sea financiado por la seguridad social”, expone el informe“Retos de las políticas de permisos parentales en México”.

Por un lado, la carga del pago de licencias de paternidad por parte del gobierno es una tarea compleja, pues en 2018 se dio a conocer que el IMSS tiene garantizada viabilidad financiera hasta 2030 y es difícil tener espacio para generar nuevas partidas dentro de su presupuesto, que es fondeado en 87% por cuotas obrero-patronales. No obstante, visto desde la carga financiera para las empresas, el mayor reto lo tendrán las empresas que realizan operaciones más pequeñas.

“En el esquema de financiamiento actual, cualquier propuesta de extensión de licencia de paternidad podría ser particularmente sensible para las micro, pequeñas y medianas empresas, que generan siete de cada 10 empleos. No hay elementos para concluir que el financiamiento exclusivo por el empleador sea aconsejable, menos aun si se pretende igualar la duración de este permiso con el permiso de maternidad”, explica Cándido Pérez Hernández, coordinador de Investigación del Early Institute.

Dicho de otro modo: una empresa pequeña, de menos de 10 colaboradores, podría verse presionada para afrontar financieramente la ausencia (pagada) de uno de ellos durante un periodo prolongado. Para Stephanie Rodas, directora de Operaciones de la plataforma Aequales en México, la solución al impacto sobre las pequeñas empresas puede venir por el lado de la política pública.

“Para las empresas pequeñas, hay muchas cosas que son críticas; pero, si el gobierno está comprometido con la equidad de género, debería promover incentivos para que todas las empresas puedan costear estas ausencias”.

 

Las alternativas

Desde el punto de vista de la consultora Mercer, las firmas pueden implementar modelos similares a los que existen en otros países. Por ejemplo, en Canadá, el permiso de paternidad es por un año; sin embargo, no todo el año es pagado: más bien, la empresa  se compromete a que el trabajador pueda reincorporarse a su puesto.

“Si el tema se aborda desde las compañías, es más sencillo de resolver. Algunas empresas están muy interesadas en mantener este tipo de prestaciones. Esto es porque lo ven como una inversión: financian uno, dos o tres meses para conservar un talento que es crítico. Las firmas caminan más en esa dirección. México tiene una buena oportunidad para revisar sus sistemas”, dice André Maxnuk, ceo de Mercer México y América Latina.

En 2018, se reportaron 279,999 permisos de maternidad por parte de la seguridad social, pero sólo se tiene registro de 8,170 licencias de paternidad otorgadas, pues no es obligatorio realizar un reporte cuando un trabajador ejerce el beneficio.

Para Stephanie Rodas, existe un reto en la cultura de las organizaciones, no sólo para otorgar las licencias a los hombres, sino para que éstos las ejerzan y generen vínculos con sus hijos.

“Se tiene la idea de que los primeros cuidados son trabajo exclusivo de la madre; pero sí hay empresas que están  sensibilizando a hombres y mujeres en cuanto a masculinidades positivas. Cuando una compañía se convence de que una licencia de paternidad extendida o incluso igualitaria, es el futuro del trabajo, se enfrenta al reto de sensibilizar a sus colaboradores para que sí la tomen”.

 

Licencia de paternidad: enfocarse en los niños y no en los padres

Pérez Hernández, del Early Institute, sugiere que la discusión vaya más allá de los permisos de paternidad y se enfoque en la generación de un sistema de cuidados para que los niños reciban atención adecuada en los primeros años de vida.

“Este tipo de esquemas unifica los sistemas de cuidado, como guarderías y permisos, y tendría que estar fondeado por un esquema que forme parte del gran paraguas. Otros países lo han intentado con fondos conjuntos entre las empresa privadas, los empleados y los gobiernos”.

Según el reporte de Early Institute, en México, 60% de la población económicamente activa está fuera de cualquier sistema de cuidados tempranos que implique beneficios para sus hijos, ya sea porque es el padre (y no la madre) el que trabaja, o porque sus ocupaciones se inscriben en el mercado informal.

Es ahí donde Cándido Pérez sugiere que debe existir un enfoque legislativo relacionado con el desarrollo de la niñez, pues, independientemente de que el padre y la madre puedan tomar una licencia tras el nacimiento, el cuidado de los menores en los meses siguientes aún es una asignatura pendiente.

Para la empresaria Heike Söns, fundadora de la comunidad de madres emprendedoras Momzilla, el gran reto en las empresas es darle valor a la crianza de los hijos con la licencia de paternidad

“Escuchamos mucho sobre licencias de maternidad y paternidad, pero poco sobre la importancia de que los niños crezcan sanos y que la crianza sea equilibrada. Es muy común que las empresas y los colaboradores generen estigmas sobre los padres que toman estas licencias, porque creen que se trata de un periodo de descanso. En realidad, son periodos muy cortos que no son suficientes. La economía y las empresas no están pensadas para apoyar la crianza”, afirma.