La crisis silenciosa: niñez huérfana por COVID-19
Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.
Publicación original en 24 Horas
De acuerdo a las estadísticas diarias de COVID-19 se sabe que México ocupa el 4 lugar respecto a la cantidad de muertes causadas por el virus, ya que se han pérdido a más de 266,000 personas durante la pandemia. Adicionalmente a estas lamentables pérdidas humanas, poco se visibiliza la crisis que miles de niñas, niños y adolescentes viven al quedarse sin sus cuidadores más queridos y protectores, su mamá, papá o ambos.
De acuerdo con un estudio publicado recientemente por la revista científica The Lancet, a nivel internacional hasta marzo de este año, más de 1,134,000 niñas, niños y adolescentes sufrieron la muerte de al menos uno de sus cuidadores primarios: mamá, papá o abuelos con custodia.
Particularmente México, se encuentra dentro de los países que presentan las tasas más altas en América Latina, y registró más de 131,000 niñas, niños y adolescentes que han perdido a sus cuidadores primarios. Esta cifra se eleva a 203,549 si se incluyen las pérdidas también de un cuidador secundario como sus abuelos o personas que vivían dentro de su hogar.
Los datos son preocupantes porque la pandemia esta dejando a miles de niñas y niños desprotegidos. La muerte llega en cuestión de días o semanas, las familias tienen muy poco tiempo, si no es que nulo, para preparar a las niñas y niños del trauma que experimentan cuando una persona tan importante en su vida muere.
Adicionalmente a perder a sus seres más queridos, las niñas y niños en situación de orfandad frecuentemente enfrentan consecuencias adicionales como son la pérdida de ingresos, pobreza, abuso y/o institucionalización lo cual vulnera severamente sus derechos fundamentales.
Lo que hace unos meses preocupaba sobre los efectos secundarios del COVID-19 se ha vuelto una realidad y lo más alarmante es que la orfandad continuará creciendo en la medida en la que el virus continúe propagándose. Por lo anterior, es necesario viibilizar estas consecuencias y pasadas por alto que son sumamente perjudiciales para la niñez mexicana.
Si bien en abril de 2021, en el Senado de la República, los integrantes de la Comisión de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, estimaron que en el país había 185,000 niñas, niñas, niños y adolescentes huérfanos por COVID, aún no se observa, ante la magnitud del problema, interés nacional para mitigar el impacto directo contra la orfandad en nuestro país.
Al respecto, el estudio citado alerta sobre la necesidad de respuesta ante el COVID-19 que además de prevenir, detectar y responder es de suma importancia el cuidado de niñas y niños por lo antes mencionado. Y es por ello que, desde Early Institute, se hace un llamado para fortalecer el aparato público a través de medidas urgentes de atención a poblaciones vulneradas, apoyos económicos, apoyos terapéuticos para auxiliar a las familias a la crianza y evitar en gran medida niñez institucionalizada.
Estamos a tiempo de actuar, es de vital importancia que las políticas públicas reflejen el interés superior de la niñez en México, las niñas y niños son la apuesta para nuestro futuro sostenible. Si no actuamos hoy, esta crisis silenciosa, con el paso de los años, nos va a cobrar factura.
Por: Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en: El Financiero
A nivel mundial, uno de los temas que generan preocupación por sus diversas implicaciones es el de la pobreza. En México, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) es el órgano encargado de medir la pobreza y genera información para la toma de decisiones sobre la materia. Precisamente fue el Coneval quien dio a conocer la última medición multidimensional de la pobreza 2018-2020, arrojando cifras que hay que considerar. Para empezar, se debe decir que de acuerdo con el Coneval: “la pobreza es un fenómeno multidimensional que comprende aspectos relacionados con las condiciones de vida que vulneran la dignidad de las personas, limitan sus derechos y libertades fundamentales, impiden la satisfacción de sus necesidades e imposibilitan su plena integración social”.
En este sentido, no se trata de una medición dirigida exclusivamente al nivel de ingresos en los hogares, sino que abarca más dimensiones relacionadas con la educación, la salud, la seguridad, la alimentación, los servicios básicos de vivienda, por mencionar algunas.
En nuestro país, entre 2018 y 2020, se han identificado rezagos importantes en varios de los rubros. Por ejemplo, en materia de salud hubo un aumento en el porcentaje de la población con carencia por acceso a los servicios de salud al pasar de 16.2 por ciento (en 2018) a 28.2 por ciento (2020). Esto significa que en 2018 había 20.1 millones de personas en estas condiciones y en 2020 fueron 35.7 millones de personas.
Por otro lado, a nivel nacional, en ese mismo periodo, el porcentaje de la población con la carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad se mantuvo en niveles similares al pasar de 22.2 a 22.5 por ciento. Esto significa un incremento de un poco más de un millón de personas en esta situación.
En cuanto a la educación, el porcentaje de la población con rezago educativo se mantuvo en niveles similares, pero con un ligero aumento al pasar de 19.0 a 19.2 por ciento, es decir, incrementó de 23.5 a 24.4 millones de personas.
Ahora bien, entre 2018 y 2020, el porcentaje de la población en situación de pobreza aumentó de 41.9 a 43.9 por ciento. Esto es, que el número de personas en esta situación pasó de 51.9 a 55.7 millones de personas, de los cuales 19.5 millones son menores de 18 años.
Asimismo, el porcentaje de la población en situación de pobreza extrema se incrementó de 7.0 a 8.5 por ciento en ese mismo periodo. Es decir, el número de personas en situación de pobreza extrema aumentó de 8.7 a 10.8 millones de personas, de los cuales 3.9 millones son menores de 18 años.
Todos estos datos, pero en particular los últimos, nos hablan de la urgencia por responder a lo que está ocurriendo en nuestro país. Es cierto que la pandemia por Covid-19 y sus efectos sociales y económicos contribuyeron a la desestabilización, pero también es cierto que el gobierno mexicano enfrenta serios desafíos para implementar medidas que erradiquen las carencias sociales de manera eficaz.
En Early Institute sabemos que la pobreza en la niñez puede desencadenar otros problemas que afectan su bienestar integral. De ahí que reconocemos la importancia por contar con la suficiente información que dé cuenta del contexto en el que viven niñas, niños y adolescentes para formular políticas públicas que garanticen el respeto a sus derechos y protejan su sano desarrollo.
Por: Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en: El Financiero
Con el inicio del ciclo escolar, las interrogantes para volver a las clases presenciales en México siguen en el aire. Por la trascendencia, retomaré algunas de las preguntas que, sin duda, nos hemos planteado para definir lo que será mejor para nuestros hijos e hijas, pero es un hecho que el momento de regresar a las aulas ha llegado.
Para empezar, ¿cuáles son las principales afectaciones que han sufrido niños, niñas y adolescentes durante el confinamiento? Se puede decir que son varias y muy importantes: han sufrido daños en su desarrollo emocional ante la falta de socialización. Recordemos que somos seres sociales y la privación de la libertad ha generado cansancio emocional, evidenciado por desinterés; cambios de humor; alteraciones en el sueño; y apego ansioso, por mencionar algunos trastornos. La sociabilidad es un músculo que hay que ejercitar. Otro daño es su derecho a la educación. En este punto se habla de que en nuestro país más de 5 millones de estudiantes no se inscribirán, siendo 3 millones niños y niñas. Una consecuencia más es la exposición a la creciente violencia familiar, que afecta de manera profunda todo su crecimiento.
Así, ¿cuáles son los beneficios de regresar a las aulas? Se recupera un adecuado desarrollo socio-emocional de niños, niñas y adolescentes; se alienta a la adaptación del mundo que les ha tocado vivir; se respeta el derecho a la educación; y se advierte la presencia de casos de violencia, que podrían ser atendidos de manera integral.
¿Qué es lo mejor para ellos? Ante todo, hay que escucharlos y tomar en cuenta su opinión. Es notorio que hoy se enfrentan a escenarios adversos, pero con las herramientas adecuadas podrán aprender a minimizar los riesgos. Hay que reconocer que nunca hay un escenario de cero riesgo, de ahí la importancia por enfatizar en la salud física y emocional, motivar su resiliencia y fortalecer la responsabilidad colectiva.
¿Qué podemos hacer ante el regreso a clases? La psicóloga Julia Borbolla propone varios puntos para hacer frente a la situación: primero hay que analizar los propios frenos por los que se decide no llevar a niños, niñas y adolescentes a la escuela (miedo, culpa, control, duelos no tratados, etcétera); capacitarlos para hacer frente a la contingencia dándoles consignas, tomando en cuenta que son ya una generación con mayor conciencia en materia ambiental; reforzar sus conductas de autocuidado (uso de cubrebocas, lavado frecuente de manos y sana distancia); fortalecer sus conductas de responsabilidad social (además de cuidarse, ayudar a que otros no se contagien); e involucrarlos en el problema (motivar a que los niños grandes cuiden a los pequeños, por ejemplo). También se recomienda pedir a la escuela protocolos de seguridad y verificar que se cumplan; participar en las labores escolares que garanticen los cuidados de prevención, es decir, hoy más que nunca hay que ser y hacer comunidad con el colegio; confiar en los profesionales de la salud y de la educación, y sobre todo, confiar en los propios hijos e hijas. Este punto es crucial, ya que implica creer en ellos y confiar en su capacidad para cuidarse y adaptarse. En la medida en que confiemos en ellos se fortalecerá su confianza en sí mismos; las niñas y los niños son lo que les decimos qué son.
En Early Institute sabemos que construir un entorno que asegure el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes es una responsabilidad compartida y la socialización en la escuela es parte fundamental en su desarrollo. Trabajemos para establecer las condiciones de regreso a las aulas y protejamos a las nuevas generaciones desde la comunicación, la confianza y el respeto a sus derechos.
Más allá de la vacunación
Por: Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en: El Financiero
Desde el inicio de la pandemia por Covid-19, la información va y viene. De repente nos vimos inundados por una avalancha de malas noticias y miles de datos, entre los que destacan las medidas para evitar el contagio, los daños generados y la aparición de una vacuna que aparentemente salvaría la situación. Lo cierto es que hoy pese al suministro de los biológicos, el panorama sigue siendo incierto.
Precisamente en este tema se han dado múltiples escenarios que vale la pena reflexionar ante la polarización de la sociedad y la incertidumbre que ha surgido en los últimos meses.
El manejo de esta pandemia es algo inédito, ya que en una cuarentena, se aísla a los enfermos y no a las personas sanas. Cuando alguien tiene varicela o sarampión, lo pones en cuarentena, ¿por qué seguir confinando a los sanos? Hasta el día de hoy pareciera que todos los esfuerzos para hacer frente a la contingencia sanitaria se han centrado en la vacuna y, desafortunadamente, se ha comprobado que la inmunidad sigue muy lejana. La propagación del virus sigue presente tanto en personas vacunadas como en quienes no lo están. En este sentido, se está viendo que la gran solución no está en ellas sino en las medidas de detección temprana, protocolos de atención médica a quienes enferman y el seguimiento a los cuidados preventivos: uso de cubrebocas, lavado de manos frecuente, higiene, distanciamiento social de los enfermos, evitar aglomeraciones y ventilación de espacios, principalmente.
El asunto ahora es la obligatoriedad de las vacunas cuando deberíamos centrarnos en la detección de la enfermedad a tiempo y en la atención de la misma porque, dicho sea de paso, nos vamos a seguir enfermando. Lamentablemente con el virus que nos aqueja, los esfuerzos por contar con una detección temprana son incipientes, cuando debería ser primordial disponer de pruebas confiables para identificar la aparición de la enfermedad y proceder al aislamiento.
Obligar a las personas a vacunarse y reflejarlo en pases sanitarios ha sido causa de enojo en diferentes partes del mundo, como Francia e Italia, sobre todo porque de no contarse con dicha muestra no se tiene acceso a lugares públicos como museos, restaurantes, gimnasios, parques, transporte, entre otros, incluso, abarcaría centros de trabajo y escuelas.
La aparición de estos pasaportes sanitarios se está convirtiendo en una tendencia global, lo que podría vulnerar distintos derechos humanos como son: no discriminación, libre desarrollo de la personalidad, libertad de conciencia, interés superior de la niñez, libertad de tránsito, derecho de reunión, derecho a la educación, derecho al trabajo, derecho al acceso a la cultura y derecho al esparcimiento.
En definitiva, la vacunación obligatoria no es el antídoto cuando sí tendría mayor valor el fortalecimiento de protocolos de atención y de prevención para evitar contagios, el impulso a la ciencia para obtener una medicina que garantice la inmunidad y, primordialmente, proveer los recursos para una correcta y temprana detección de la enfermedad.
Todavía más importante es hablar de lo que podemos hacer en nuestro entorno inmediato como la relevancia de practicar deportes para activar las hormonas que producen bienestar; cuidar nuestros pensamientos; y fortalecer nuestros vínculos personales para combatir lo que está generando el aislamiento. En sí, hay que proteger nuestra mente y cuerpo y tener la confianza de que podremos salir adelante cuidándonos como se debe.
Vocación docente: ejemplo de convicción, entrega y fortaleza
Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en El Financiero
Con la emergencia sanitaria provocada por Covid-19 nuestras dinámicas sociales tuvieron que ser modificadas. Uno de los procesos que fue ajustado radicalmente fue el de la enseñanza-aprendizaje y, con ello, los docentes transformaron sus métodos para asegurar la continuidad escolar.
La labor no ha sido fácil. Maestras y maestros han enfrentado desafíos importantes no sólo en lo que se refiere a su actividad sino en sus distintos roles, lo cual ha sido una tarea titánica.
A propósito de la recién celebración del Día del Maestro, me parece vital reconocer su papel durante todo este periodo de confinamiento, pero sobre todo visibilizar algunos de los retos y las satisfacciones que han experimentado a lo largo de este tiempo.
En muchos de los casos –si no es que en todos– los docentes tuvieron que reinventarse. La modalidad en línea exigió varios aprendizajes en materia tecnológica, pero en esencia requirió un cambio de mentalidad que posibilitara: uno, aceptar la realidad; dos, incursionar en el ámbito digital; y tres, confirmar su interés por educar. Estas modificaciones de fondo han significado profundos retos para la comunidad escolar en cualquier nivel educativo.
Otro desafío fue identificar las necesidades reales de cada uno de los alumnos y repensar la agenda diaria, en tanto se sabe que lo que le puede funcionar a alguien no precisamente aplica para todos. Si mantener la atención en un salón de clases para algunos estudiantes puede ser difícil, a través de la pantalla es aún más complicado. Para atender esta circunstancia, los docentes tuvieron que hacer uso de todo tipo de recursos, lo que demandó más tiempo, esfuerzo y creatividad.
En este punto sí es muy importante resaltar la vocación que distingue a los verdaderos docentes, ya que sin importar las formas, quien la posee siempre encuentra la manera de conectar con sus alumnos para transmitir no solamente conocimiento e información, sino también valores y experiencias de vida. La vocación docente es una poderosa cualidad que ha mantenido a maestros y maestras a flote en esta nueva realidad y ha sido satisfactorio reafirmarla y fortalecerla.
Aunado a los cambios en su práctica, los responsables de la educación también se enfrentaron a las implicaciones de tener en un mismo espacio su centro de trabajo, su familia, y, posiblemente, sus propios negocios. Cada una de estas dimensiones solicitaron su atención, haciendo que sus actividades se multiplicaran según las necesidades. Si bien alguien fungía como docente, también debía cumplir como mamá o papá; esposa o esposo; hija o hijo; responsable de las compras de la casa; cuidador; etcétera. Y si debió haber atendido a alguien enfermo, la situación sin duda, fue más delicada.
Lo anterior es un breve panorama de lo que ha tenido que enfrentar quien está al frente de un aula y es muy probable que haya muchos más escenarios que los que aquí describo. Por ello, quienes formamos parte de Early Institute reconocemos y agradecemos a todos los docentes que han puesto su empeño y su corazón en beneficio de nuestros hijos. Su adaptación, dedicación y entrega son ejemplo de que cuando se ejerce la profesión con pasión y convicción los retos se convierten en grandes oportunidades de crecimiento e inspiración.
Reapertura de planteles educativos, medida apremiante
Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute
Publicación original en El Heraldo
De acuerdo con un reporte de la UNESCO, el COVID-19 ha traído consigo la mayor interrupción simultánea de servicios educativos de la historia reciente a nivel global y ha afectado a más de 90% de la población mundial de estudiantes, desde la educación preescolar hasta la superior.
Desgraciadamente, con la educación a distancia han llegado también grandes costos. Las restricciones socioeconómicas y las brechas digitales son factores que condicionan el acceso a internet y la disponibilidad de equipo de cómputo, elementos ahora esenciales para el ejercicio del derecho a la educación. Situación que incrementa el grado de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos estudiantes y la brecha que separa a las poblaciones más marginadas.
Además de la pérdida de aprendizajes y la desvinculación educativa, existen otros factores que afectan principalmente a la niñez: las escuelas aportan mucho más que solo formación académica, en ellas niñas y niños desarrollan su personalidad, habilidades para la vida y, en muchas ocasiones, su estado de salud. Ante su ausencia, el acceso a la salud -física y emocional-, alimentación y protección social se ha visto obstruido.
Por un lado, el aislamiento social ha traído consecuencias psicosociales y de salud mental para niñas y niños; sin interacciones, amistades, cuidadores responsables y las redes de apoyo que representan las escuelas, se encuentran “aislados” y desmotivados para aprender. Según los reportes de Alumbra Contigo -centro de apoyo psicológico para atender a niñas, niños y adolescentes en situaciones de violencia y crisis emocionales-, la depresión es la causa principal para pedir ayuda en menores de edad desde que comenzó la pandemia.
Por otra parte, los centros educativos también representan acceso a alimentos nutritivos para muchas niñas y niños de escasos recursos, UNICEF ha reportado que desde que comenzó la pandemia, se han perdido más de 39.000 millones de comidas escolares en todo el mundo debido al cierre de las escuelas.
Por desgracia, el regreso a las aulas parece todavía incierto y lejano para la mayoría de las y los estudiantes de México. Paralelamente, el porcentaje de deserción escolar se ha incrementado abruptamente. Ante la falta de todos los beneficios que los planteles educativos brindan y frente a los obstáculos que la educación a distancia ha traído, las y los estudiantes se han visto orillados a suspender sus estudios. Tan solo por nombrar un ejemplo, de acuerdo con la investigación de varios medios periodísticos, hubo un incremento del 229% en la suspensión de estudios del alumnado de bachillerato y licenciatura de la UNAM en el último año.
En definitiva, la decisión de reabrir las escuelas es apremiante e implica un gran reto: exigirá un mayor esfuerzo en la planificación y asignación adecuada de recursos para el sector educativo, pero valdrá la pena con tal de disminuir las consecuencias negativas que ha traído consigo la educación a distancia.
Atención a la educación emocional
Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en El Financiero
¡Cuántos desafíos está evidenciando la presencia del Covid-19! Por donde quiera que se le vea, esta vivencia produce huellas y afectaciones de todo tipo. Una de carácter primordial es la dimensión socioemocional, que se ha visto todavía más vulnerada en personas de todas las edades.
En el caso de los niños y las niñas, el aislamiento en el que han tenido que acoplar sus procesos educativos al hogar ha provocado cambios drásticos no sólo en sus rutinas, sino también en las de sus cuidadores o padres.
En este sentido, las adaptaciones han involucrado a todo el colectivo escolar integrado por niños, niñas, jóvenes, maestros y padres de familia. Pero el tema no es que haya un cambio de dinámicas, sino que esto ha ocasionado tensión en los hogares derivada de tales ajustes, pero también de la angustia, la situación laboral, el temor a un contagio, la interacción con la tecnología o, quizá, por la pérdida de seres queridos.
Ante la posibilidad de un regreso a la escuela –que requerirá precauciones y cuidados particulares para evitar contraer la enfermedad– es necesario estar alertas a las señales que pudiera expresar la población infantil después del confinamiento o, incluso, durante el mismo.
Si un niño se muestra irritable, es agresivo, no quiere jugar, no tiene hambre, está inquieto, comienza a presentar conductas ya superadas (como querer dormir acompañado cuando ya lo hacía solo) es muy probable que requiera ayuda para canalizar sus emociones. La circunstancia se agrava cuando vive en un entorno donde hay violencia, la cual desafortunadamente está creciendo en este aislamiento social. Otras de las señales que pudieran significar la necesidad de apoyo emocional es si los niños están constantemente alertas, pasivos o retraídos, nerviosos o maltratan a los animales.
Dice Ana Serrano, directora del Proyecto DEI: “el desarrollo no espera, por lo que es fundamental actuar en cuanto se identifique una señal de alarma en los niños y no hasta que se regrese a la escuela. Es a los papás a quienes nos toca poner orden en la casa. Es impresionante que, al poner un poco de estructura con horarios para levantarnos, para dormirnos, para comer, además de dar avisos o pequeñas certezas a los niños, se les da un marco de seguridad. Sobre todo, hay que emplear un lenguaje y pensamiento positivos. Esto implica dar las gracias, reconocer lo positivo (aunque sea poquito) de lo que se está viviendo y cambiar el enfoque de que estamos aislados no para evitar morir sino para cuidarnos a nosotros y a los demás”.
Para ayudar a los niños a enfrentar esta pandemia es esencial que los padres y cuidadores se encuentren en óptimas condiciones emocionales, por lo que si sienten que la situación los desborda deben buscar ayuda para aprender a autorregularse. Ante esto, varias organizaciones ofrecen herramientas para la apropiación y gestión de las emociones, cuya protección hoy es mayúscula.
Por estas razones, en Early Institute buscamos que el diálogo en el que transiten propuestas que beneficien el desarrollo de niñas y niños considere la salud emocional como uno de los puntos sustanciales en su bienestar integral.
La responsabilidad está en nuestras manos. Actuemos colectivamente para asegurar que nuestros niños y niñas se vean fortalecidos no solamente tras esta experiencia, sino en las futuras.
Hacia la nueva normalidad
Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute
Publicación original en El Financiero
En las últimas semanas hemos escuchado que deberemos adoptar una nueva normalidad, derivada de la pandemia que nos afecta. En materia de salud entendemos que se trata del seguimiento de medidas de higiene para evitar el contagio de covid-19. Pero el concepto va más allá.
La nueva normalidad es una invitación a la reinvención, al cambio de hábitos en apoyo a nuestro bienestar. Uno de ellos es, precisamente, el cuidado de la salud que no sólo se enfoca a la higiene personal y limpieza. Es necesario procurar tener una salud integral con alimentación adecuada, activación física, descanso reparador, atención a nuestras emociones y convivencia sana. Con la pandemia, quizá nuestra salud reflejó ciertas deficiencias y este momento nos puede impulsar a cuidar nuestro cuerpo, mente y vida espiritual de manera más consciente y activa.
Otro aspecto de consideración es la ausencia de una cultura de ahorro. Según las estimaciones del centro de investigación BBVA Research basadas en la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018 de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 32.2 por ciento de los mexicanos no ahorra. Esto, inevitablemente, impacta en la tranquilidad del hogar cuando se dan circunstancias como las que estamos viviendo. La educación financiera es fundamental en la estabilidad personal y familiar, razón por la cual tendríamos que integrarla a nuestras vidas para evitar angustias o, al menos, reducirlas.
También la nueva normalidad exige una mayor responsabilidad social en varias dimensiones, pero que al final recae en el modo como nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros y con el medio ambiente. Asimismo, es una revisión a la manera en que usamos los recursos, incluyendo la tecnología.
Con la actual restricción de movilidad, hemos sido testigos de las maravillas de la naturaleza, la cual hemos dañado seriamente. Esto nos obliga a replantear la relación que hemos construido con nuestro planeta, pero también entre seres humanos. Tal vez es el tiempo para reflexionar si nuestros lazos son profundos, desinteresados, empáticos, transparentes, honestos y sensibles en los distintos círculos que integramos: familia, escuela, trabajo, social, etcétera. Es, quizá, el tiempo para cuestionarnos si tratamos cordialmente a nuestros semejantes y los respetamos. Si los tratamos como nos gusta que nos traten o, por el contrario, somos hipócritas, deshonestos, superficiales o mezquinos y utilizamos a los demás sólo para nuestra conveniencia sin tomar en cuenta las consecuencias de nuestros actos en sus vidas.
En todo este panorama, es indiscutible el compromiso que tenemos con nuestros niños, niñas y adolescentes. Ellos son esenciales para el tránsito hacia mejores formas de convivencia y socialización, pero también conforman un grupo de alta vulnerabilidad. En este sentido, Early Institute al saber que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños, apuesta por construir un entorno que asegure su bienestar integral, buscando mejorar aspectos de su salud, educación y seguridad. Asumamos la responsabilidad de considerarlos nuestra prioridad, protegerlos y acompañarlos en estos procesos.
La nueva normalidad nos lleva a la reflexión y a la acción; es un tiempo de ajustes, adaptación y flexibilidad para valorar lo importante. La pandemia trajo escenarios de preocupación, pero también nos ha dado la posibilidad de mirarnos para reconocer aciertos y fallas. Seamos capaces de cambiar conductas nocivas y fortalezcamos a los más jóvenes para que su futuro no se vea opacado por la incertidumbre y la transmisión de prácticas dañinas que sólo les causarán miedo e inseguridad personal. Sobre todo, alimentemos nuestra confianza y convirtámonos en agentes de cambio para mejorar nuestra calidad de vida en todas sus expresiones.
Por Cristian Acosta, Coordinador de Asuntos Públicos de Early Institue
Publicación original en ContraRéplica
Miremos por unos segundos hacia atrás y pensemos en cómo era nuestra convivencia a inicios de marzo: despertar, levantarnos, acudir a la escuela, al trabajo, a los gimnasios, saludar amigos, compañeros, conocidos, abrazar a aquellas personas importantes en nuestras vidas, utilizar el transporte público o el auto y pasar horas en el tráfico al trasladarnos para regresar a casa con nuestras familias.
Ahora sabemos que esos días ya no serán iguales, pues hoy el Covid-19 está cada vez más cerca de nuestro entorno y ya no solo en las noticias, de alguna u otra manera sabemos que un conocido, familiar o amigo ha padecido esta nueva enfermedad; en el mejor de los casos se ha recuperado y, en un escenario adverso, no hemos tenido la posibilidad de despedirnos ni de acompañar en su dolor a aquellas personas que queremos. Si a ello le agregamos que ahora un dolor de cabeza es motivo de preocupación; las noches de insomnio; que la actividad económica ha disminuido en perjuicio de nuestro bolsillo; y que no sabemos en qué momento el semáforo pasará de rojo a verde, se genera un caldo de cultivo perfecto para las preocupaciones que derivan en problemas de ansiedad, estrés, adicciones, violencia familiar y depresión.
Para nuestras niñas, niños y adolescentes el esquema no es tan diferente, pues su rutina diaria también ha cambiado y sufren los efectos de la pandemia. Tristemente la semana pasada en Río Bravo, Tamaulipas, un alumno de 13 años de la secundaria “Moisés Sáenz Garza” considerado por sus maestros como un joven ejemplar por su aprovechamiento y participación, se quitó la vida poco después de concluir sus clases en línea.
Para tratar de mitigar estos riesgos el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), publicó el pasado martes 26 de mayo una serie de acciones indispensables para procurar la atención y protección de este sector poblacional.
Entre los mecanismos destaca la difusión de la crianza positiva proporcionando información precisa, amigable y accesible sobre el Covid-19 para prevenir accidentes y enfermedades; el optimizar el funcionamiento de líneas de emergencia y ayuda para atender la violencia familiar coordinadas con el 911, sin desestimar las llamadas que puedan hacer niñas, niños y adolescentes; apoyar la operación de refugios para víctimas de violencia; así como identificar y atender casos de violencia o abuso sexual.
Hoy nos damos cuenta de que todos, sin importar nuestra edad, sexo, religión, nacionalidad, ideología o estatus social tenemos nuevas dinámicas de vida y convivencia y que hoy más que nunca, nuestra salud mental juega un papel fundamental.
Por ello, como parte de este proceso de resiliencia desde Early Institute, hemos decidido poner en marcha la línea de atención psicológica 55-88-54-66-53 a la que la población en general, así como niñas, niños y adolescentes, pueden acercarse para recibir orientación, canalización y seguimiento personalizado por ansiedad, estrés, depresión o incluso en los casos de violencia familiar, pues estamos aprendiendo que juntos podemos superar esto.
Lanza Alumbra campaña digital para prevenir la violencia en casa “Estamos Aprendiendo”
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Por medio de distintas plataformas digitales, buscan ayudar a prevenir violencia familiar, sobre todo en contra de niñas, niños y adolescentes.
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Alumbra brindará asesoría a través de una línea de apoyo psicológico de violencia para todo el país, que también atenderá personal sanitario afectado por la Covid 19.
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Annayancy Varas, directora de Early institute: Salimos al encuentro de las personas que más requieren apoyo en estos momentos.
Ciudad de México, 1 de junio de 2020.- La Comunidad Alumbra lanzó la campaña digital Estamos Aprendiendo y puso en operación una línea sin costo de asesoría psicológica a nivel nacional, con el objetivo de contribuir a la prevención de la violencia familiar en el contexto de la emergencia sanitaria causada por el COVID-19, sobre todo cuando se ejerce en contra de niñas, niños y adolescentes.
Durante los últimos meses, organizaciones de la sociedad civil, instituciones gubernamentales, investigadores y agencias internacionales que participan en la iniciativa colaborativa de Alumbra, han adoptado este tipo de acciones conscientes de que el momento actual no sólo requiere de visibilizar las problemáticas que podemos enfrentar como sociedad, sino generar iniciativas positivas e integrales que ayuden a solucionarlas.
“En Alumbra no sólo creamos estas herramientas informativas y de atención personalizada a la población en condiciones de vulnerabilidad, en esta ocasión estamos apostando a salir al encuentro de las personas que más requieren atención y respaldo” agregó Annayancy Varas, Directora General de Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, promotor de la Comunidad Alumbra.
En el proceso de enfrentarnos a la “nueva normalidad” -incluyendo las consecuencias generadas por la contingencia-, todos y todas podemos aprender, contar con más elementos para mejorar la convivencia y conocer medidas de prevención de las violencias. Ese es el espíritu que impulsan tanto Estamos Aprendiendo como la línea de apoyo psicológico.
Estamos Aprendiendo es una campaña digital cuyo propósito es fomentar en los ciudadanos -principalmente madres, padres o cualquier persona encargada del cuidado de niñas, niños y adolescentes- la generación de entornos de no violencia, a través de retos familiares y el acceso a mensajes asertivos que nos hagan reflexionar sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia.

A través de contenidos digitales llamativos, un lenguaje claro, información validada por profesionistas de diversas áreas e innovadoras propuestas de interacción familiar, la campaña busca sensibilizar a la población de la importancia de dejar de ser “el país de la chancla”, de que en el diálogo con las niñas y niños no estemos permanentemente en “modo avión”, y de que la comunicación, empatía y construcción de confianza sí hacen posible vivir en “modo familia”.
Por lo que corresponde al call-center de Alumbra, se busca llegar a la población en situación de violencia o afectada por el estrés, ansiedad, la tensión y otro tipo de cargas emocionales que se han incrementado durante el periodo de distanciamiento social, para que sean atendidos de manera personalizada y con el seguimiento necesario según su situación particular.
“Esta línea no es una herramienta más, sino unespacio en donde las personas que han sufrido violencia, sobre todo nuestras niñas, niños y adolescentes, pueden recibir una ayuda efectiva, especializada y sin costo. Nuestra responsabilidad colectiva como sociedad es asegurar que la violencia no sea parte de su presente o de su futuro, su protección debe ir allá de las temporadas” agregó Annayancy Varas.
En el teléfono (55) 88 54 66 53, personal debidamente capacitado, así como un amplio grupo de psicólogos clínicos especializados en la atención, contención y apoyo a víctimas de violencia, ayudarán a todas las personas que lo requieran, en un horario de lunes a viernes, de las 8 am a las 8 pm.
También, la Directora General de Early Institute destacó que esta línea ofrecerá asesoría psicológica a los profesionales de la salud que viven bajo fuertes presiones derivadas de su labor frente al COVID-19, como una forma de corresponder todo lo que han hecho día a día para ayudar a las demás personas.
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Para conocer más sobre Estamos aprendiendo y la línea de apoyo psicológico, consulta el sitio estamosparendiendo.com y las redes sociales de Alumbramx, sigue las recomendaciones y comparte el contenido con tus contactos, para que también puedas colaborar en la prevención de la violencia.
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