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	<title>Constitución &#8211; Early Institute</title>
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		<title>Un distanciamiento crítico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adalia Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2020 16:20:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Abraham Madero]]></category>
		<category><![CDATA[Infobae]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis legislativo]]></category>
		<category><![CDATA[Constitución]]></category>
		<category><![CDATA[Early Institute]]></category>
		<category><![CDATA[Estado de derecho]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute Publicación original en Infobae &#160; Han pasado poco más de 3 años desde que se conmemoró el centenario<span class="excerpt-hellip"> […]</span>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute</p>
<p>Publicación original en <a href="https://www.infobae.com/america/mexico/2020/06/30/un-distanciamiento-critico/">Infobae</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Han pasado poco más de 3 años desde que se conmemoró el centenario de la Constitución Política de México vigente desde 1917. Tanto el foro jurídico como la academía, han opinado que el texto constitucional, producto de las frecuentes reformas y la avidez del legislador que todo quiere introducir a la carta magna, <b>se ha convertido en un ordenamiento carente de estructura, con un desorden temático manifiesto y sumamente extensa, difícil de entender.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">A pesar de que en 2017, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM realizó un estudio para proponer el reordenamiento del texto constitucional buscando lograr una mejor estructura; ninguna de las propuestas fueron tomadas en cuenta por el Congreso de la Unión. <b>Seguimos con el mismo documento que se integra por más de 4 mil párrafos y poco más de 135 mil palabras</b> – incluyendo sus disposiciones transitorias – que regulan los aspectos esenciales de la vida de México.</h3>
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<div id="america/mexico/nota/inline" class="america/mexico/nota/inline arcad" data-google-query-id="CJODqenkruoCFaQqAQod5dkP_A">
<h3 class="font_tertiary paragraph"><b>El problema no es estrictamente de carácter técnico</b>. El desorden constitucional es también un reflejo del funcionamiento coyuntural de las instituciones – con especial énfasis en los poderes ejecutivos y legislativos – y la baja calidad de nuestras políticas públicas que carecen de un enfoque sistémico y se encuentran desarticuladas.</h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Como espiral, desde la Constitución hasta un buen número de leyes y ordenamientos generales, se reproducen los vicios de un derecho exageradamente escrito y <i>sobre regulador</i>, <b>lo cual además de volverlo inaccesible a los ciudadanos, genera problemas estructurales que se relacionan con la falta de implementación y la ausencia de presupuestos viables para hacer funcionar a las instituciones, mecanismos o figuras que las propias normas contemplan.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">La situación se agudiza cuando la producción normativa se multiplica por 32. En una suerte de tendencia, los estados de la república e incluso los municipios, muchas veces replican &#8211; casi de manera literal &#8211; las leyes que se expiden a nivel federal. <b>El caos es evidente.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">En los países de América Latina, mucho se cuestiona sobre la fragilidad del llamado <i>Estado de derecho</i> y la lejanía que impera entre lo dicho por las leyes y los problemas que enfrentan las comunidades, regiones y los ciudadanos en el día a día. <b>Son muchas las preguntas que caben en la discusión de este asunto, lo cierto es que los operadores del derecho hemos abonado poco a la solución de este problema que, insistimos, no es menor.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Las leyes, el lenguaje formal que estas poseen, su excesiva especialización y la politización que engloban los procesos para su elaboración, <b>han contribuido al deterioro de una ciudadanía poco informada de los asuntos públicos y de sus derechos, indicador por demás peligroso para la salud de cualquier democracia.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Insistir en la reordenación de nuestra máxima ley debe ser un asunto del máximo interés y prioridad nacional que no puede quedar <b>en manos únicamente de los </b><i><b>expertos</b></i><b> o del gremio jurídico que estudia el fenómeno.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Las consecuencias de contar con un sistema jurídico desarticulado y anacrónico – desde su norma fundamental – son devastadoras e impactan directamente en el funcionamiento y la estabilidad de las instituciones sociales, especialmente en temas neurálgicos como <b>la violencia, desigualdad, la atención prioritaria de la infancia y la falta de calidad de servicios en materia educativa o de salud, </b>por mencionar tan solo algunos ejes.</h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Por paradójico que esto resulte, el llamado no debe dirigirse al gobernante ni al legislador. <b>Las actividades de estos actores políticos se rigen, desafortunadamente, siguiendo los tiempos del calendario electoral.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Son las barras de abogados, las universidades, escuelas de derecho y los operadores judiciales, quienes deben alzar la voz, diseñar y adelantar métodos y soluciones innovadoras para acercar a la ciudadanía a los contenidos jurídicos, en un lenguaje cada vez más accesible con el apoyo de los recursos tecnológicos, por ejemplo, haciendo uso de esquemas para clarificar el contenido y <b>la estructura de las leyes, fomentar más la técnica legislativa como asignatura obligada, la oralidad y las habilidades de comunicación escrita como herramientas útiles e infaltables en la formación de los futuros abogados.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Asimismo, las autoridades educativas desde el nivel básico deben replantearse desde ya su papel en la importancia de la enseñanza del derecho y su asimilación desde las etapas más tempranas. <b>En este rubro el sector educativo ha demostrado en meses recientes que es posible innovar aun los tiempos de crisis</b>, lo cual puede emplearse también para la renovación de los contenidos cívicos y potencializar los recursos formativos que permitan a generaciones por venir un mejor entendimiento de la legalidad, no como un tema de especialización, sino como una auténtica forma de vida.</h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">La Constitución y sus leyes deben ser vistas como un patrimonio social. <b>El distanciamiento entre los ciudadanos y sus normas es una patología crítica que poco abona a la solución de los problemas globales que hoy enfrentamos.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph">Parafraseando a Sartori, es claro que <i>constituciones e instituciones</i> no pueden por sí solas <i>hacer milagros, </i>pero si podemos cambiar el curso de los vientos si los sabemos dirigir a tiempo y a quien corresponda, y por ello,<b> la apuesta al cambio debe estar en quienes nos siguen, los poco más de 40 millones de niñas, niños y adolescentes que existen en México.</b></h3>
<h3 class="font_tertiary paragraph"><b>*</b><i>Abogado. Maestro en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. Candidato a Doctor en derecho por la Universidad Panamericana. Especialista en análisis y diseño de políticas públicas transversales y sistemas federales. Director Ejecutivo del Think Tank mexicano Early Institute.</i></h3>
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		<title>Reformar o no reformar la Constitución</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adalia Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Mar 2021 23:18:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Acosta]]></category>
		<category><![CDATA[Diario Contra Réplica]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Columna Cristian Acosta]]></category>
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		<category><![CDATA[Poder Judicial]]></category>
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		<category><![CDATA[reformas a la constitución]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Cristián Acosta de Asuntos Públicos de Early Institute Publicación original en ContraReplica Todos tenemos preguntas sobre la forma en que nos organizamos como sociedad: identificar qué<span class="excerpt-hellip"> […]</span>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Cristián Acosta de Asuntos Públicos de Early Institute</p>
<p>Publicación original en <a href="https://www.contrareplica.mx/nota-REFORMAR-O-NO-REFORMAR-LA-CONSTITUCION202124311">ContraReplica</a></p>
<h4>Todos tenemos preguntas sobre la forma en que nos organizamos como sociedad: identificar qué le toca hacer al Presidente, a la Suprema Corte, a los Diputados o Senadores, a órganos autónomos como el INE, a las entidades federativas y a los municipios; cómo aprovechamos determinados recursos y qué derechos humanos se nos reconocen. Pues bien, estas preguntas se responden con la Constitución Política.</h4>
<h4>Así, la Constitución, como si se tratase de las reglas de un tablero de ajedrez, define lo que puede hacer cada pieza, cómo se divide el poder y los ámbitos de gobierno. En ese sentido, jugadores y espectadores deben respetar esas reglas para no perder la jugada. Nuestra Constitución se públicó hace 104 años, el 5 de febrero de 1917 y cuenta con 246 decretos que han modificado las reglas del juego; la última reforma es del 11 de marzo de 2021 y se realizó precisamente para fortalecer las actividades del encargado de hacerla respetar: el Poder Judicial.</h4>
<h4>Resulta irónico advertir que el mismo día que entró en vigor esa reforma, el Presidente, pieza clave en nuestro tablero, manifestara que el Poder Judicial se excedía, que probablemente los jueces atendían a intereses económicos y que por lo tanto debían ser investigados y sancionados, pues habían puesto “en pausa” las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica, una de las más impulsadas por el Gobierno en turno.</h4>
<h4>Lo cierto es que, más allá del discurso y su pieza favorita en el tablero, cada Presidente ha moldeado la Constitución para hacerla acorde a las políticas públicas que quiere impulsar. Para ello, se han realizado 2 o 3 movimientos estratégicos: el primero, para impulsar reformas a la Constitución (siempre que se cuente con los votos necesarios) y así, obligar a los demás jugadores a seguir las nuevas reglas; el segundo, crear las leyes que permitan ejercer de manera legítima esas nuevas facultades.</h4>
<h4>El gran problema al que nos enfrentamos en esta ocasión es que el Presidente optó por una “jugada rápida”, consistente en reformar las leyes, emitir acuerdos, reglamentos, lineamientos y cualquier otra norma que se imagine, pero sin reformar la Constitución, lo que le ha permitido al Poder Judicial detener todos esos movimientos.</h4>
<h4>Si a ello le sumamos la existencia de compromisos y tratados internacionales en materia económica, la situación se vuelve más compleja, pues ya no sólo tenemos que advertir las reglas internas, sino también atender a los compromisos adquiridos con otros países y factores económicos, así como las consecuencias respectivas del incumplimiento.</h4>
<h4>Mientras dura esta partida con todos sus blancos y negros, y no se presente una reforma constitucional que pase por el proceso específico, nos corresponde valorar si las reglas vigentes se respetan, así como el grado de autonomía e independencia del Poder Judicial frente al Presidente.</h4>
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