Cuidemos el derecho al juego

El juego es un derecho fundamental, motivo por el cual debe ser respetado y otorgado en beneficio de la infancia. Jugar fomenta la resiliencia.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

El pasado 11 de junio se celebró, por primera vez, el Día internacional del juego, instituido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El tema sobresale porque se trata de una práctica indispensable en la formación de niñas y niños, ya que promueve el aprendizaje, las habilidades para la vida y el bienestar psicosocial.

El juego es un derecho fundamental, motivo por el cual debe ser respetado y otorgado en beneficio de la infancia. Jugar fomenta la resiliencia, infunde confianza y ayuda a niños y niñas a desenvolverse con mayor seguridad.

Su relevancia radica en que va más allá de una experiencia entretenida; es la oportunidad para adquirir conocimiento, mediante estrategias divertidas y constructivas.

De acuerdo con la ONU, esta celebración “servirá para destacar la importancia de preservar, promover y dar prioridad al juego para que todas las personas, especialmente los niños, puedan aprovechar sus beneficios y desarrollar todo su potencial […] Para los niños en especial, el juego ayuda a construir relaciones y mejora el control, la superación de traumas y la resolución de problemas. Les ayuda a desarrollar las habilidades cognitivas, físicas, creativas, sociales y emocionales que necesitan para prosperar en un mundo en constante cambio”.

Como se observa, las ventajas de alentar esta actividad son múltiples y en diferentes sentidos, sin embargo, desafortunadamente este derecho enfrenta varios retos, entre ellos la falta de tiempo para ejercerlo. Pese a que se estima que la aceptación del juego es de 97%, una tercera parte de las personas no tiene tiempo para jugar.

En este sentido, es necesario crear políticas públicas, capacitar y financiar iniciativas para integrar el juego en los entornos educativos y comunitarios. Sobre todo, hay que invertir en espacios de juego diversos, inclusivos y seguros, ampliando su acceso, especialmente a los niños y las niñas más vulnerables y marginados.

El juego ayuda en la salud mental, ya que enseña la gestión de emociones, reduce el estrés y estimula la socialización. Sin duda, niñas y niños pueden alcanzar su máximo potencial, si cuentan con el tiempo, el espacio y las condiciones adecuadas para jugar.

En Early Institute nos unimos a la celebración del Día internacional del juego e invitamos a los tomadores de decisiones a colaborar en el reconocimiento de esta práctica, a partir de varias acciones, como son: a) Invertir en el bienestar de los niños y las niñas al proteger su derecho a jugar; b) Proporcionar a los niños y las niñas más tiempo y oportunidades para jugar, incluso en los entornos escolares; c) Crear lugares seguros y accesibles, sobre todo para quienes tienen necesidades especiales; y d) Respetar las opiniones y las decisiones de niños y niñas en torno a su derecho a jugar. Hagamos que esta actividad sea promovida, accesible y cuidada.

La baja en la tasa de natalidad: un reto mundial

Pese a los esfuerzos de los gobiernos para alentar los nacimientos con la implementación de políticas públicas pronatalistas, aún no se ha reflejado un resultado positivo.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Últimamente, se ha registrado una baja en la tasa de natalidad a nivel mundial, lo que podría desencadenar importantes efectos en las economías y dinámicas sociales de los países. En un artículo publicado por el Wall Street Journal, se habla de que la fecundidad está registrando una significativa reducción en todo el mundo, lo cual se asocia a la participación de la mujer en los ámbitos laborales y educativos, entre otros factores.

Según el escrito, la caída de la natalidad está tomando a muchos por sorpresa aun cuando la situación es producto de varias décadas atrás. Por ejemplo, en los últimos años se ha visto una tendencia a la maternidad tardía y a la negación de las parejas por tener hijos. Sumado a esto, las crisis financieras y las exigencias laborales, que impactan en el tiempo dedicado a la crianza, han contribuido a la baja tasa de natalidad.

La preocupación ha escalado, ya que se considera que estamos muy cerca de perder el punto necesario para mantener constante la población.

Por ejemplo, en Estados Unidos se estima que el número de bebés que tiene cada mujer está por debajo de la tasa mundial de reemplazo, que es alrededor de 2.2. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) supuso que a finales de la década de 2020 la tasa de fertilidad sería de 2.4. Sin embargo, para 2021, concluyó que ya había bajado a 2.3, aproximándose a lo que los demógrafos consideran como tasa de reemplazo global, que es alrededor de 2.2. La tasa de reemplazo es la que mantiene estable a la población a lo largo del tiempo y su baja significa un deterioro en la dinámica generacional.

En cifras más concretas, en 2023 China reportó 9 millones de nacimientos, esto es, 16% menos de lo proyectado por la ONU. En Estados Unidos, también en 2023 nacieron 3.59 millones de bebés, es decir, 4% menos de lo proyectado por la ONU. En otros países menos desarrollados, el descenso es aún mayor: Egipto señaló tener 17% menos de nacimientos el año pasado y en 2022, Kenia reportó un 18% menos.

Pese a los esfuerzos de los gobiernos para alentar los nacimientos con la implementación de políticas públicas pronatalistas, aún no se ha reflejado un resultado positivo. Los apoyos van desde beneficios fiscales, licencias parentales, subsidios para la vivienda y pagos para la educación hasta la creación de bonos por bebés.

Especialistas señalan que esta situación podría significar una “segunda transición demográfica”, es decir, un descenso en la fecundidad que deriva en una reorientación de toda la sociedad hacia el individualismo, vulnerando la importancia del matrimonio y la paternidad.

Desde Early Institute buscamos visibilizar el panorama que enfrenta la población humana y que pudiera afectar diversas áreas a nivel global. Por ello, es importante promover políticas públicas que protejan la maternidad, incentivando que la decisión de tener hijos se vea acompañada de un apoyo integral en el que predomine el respeto a los derechos fundamentales en beneficio de un equilibrio demográfico.

Alerta por aumento de la violencia familiar en México

La tendencia alcista de la violencia familiar debe ser un asunto prioritario, porque el hogar y la familia son los principios de toda organización comunitaria.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

En los últimos años, en México se ha registrado una situación de alarma, ya que ha crecido sustancialmente la violencia familiar. Según la consultora TResearch International, hasta febrero del 2024, los registros oficiales sumaron un millón 238 mil 702 casos, en cinco años de esta administración.

Simplemente, el año 2023 cerró con 284 mil 133 denuncias, en tanto el último año del sexenio previo (2018) concluyó con 180 mil 185, en una trayectoria ascendente y preocupante que no se corresponde con el crecimiento poblacional.

De acuerdo con la agencia, las entidades federativas con mayor número de denuncias por violencia familiar y por millón de habitantes son: Colima (27,750); Coahuila (18,049); Ciudad de México (17,697); Nuevo León (16,961) y Chihuahua (16,812).

Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que casi 60 mil niñas y adolescentes fueron víctimas de violencia en 2022, siendo los delitos más cometidos: feminicidios, lesiones, abuso, acoso y hostigamiento sexual.

De acuerdo con el Instituto, un total de 4 mil 197 niñas de entre 10 a 14 años fueron violadas en ese año y la cifra total de violaciones registradas a niñas y adolescentes (de 0 a 17 años) fue de 8 mil 487.

Lastimosamente, los agresores son personas cercanas a las víctimas, pues del total de adolescentes que sufrieron violencia en su niñez, 20.8% refiere que el abuso lo cometió un tío; 17.4%, un primo; y 15.8% indica que fue algún vecino o conocido.

De acuerdo con las estadísticas, la violencia familiar se registra en todos los estratos sociales, aunque empeora en los más bajos y las principales víctimas son los niños y las niñas en su etapa de mayor indefensión, al igual que las mujeres de cualquier edad y los adultos muy mayores.

Es un hecho que las cifras son indicadores de un problema de mayor gravedad, ya que es sabido que solo una parte menor de las víctimas y sus familiares presenta denuncias. Existe una gran parte de la población que cohabita con las expresiones de violencia, a veces durante largo tiempo, provocando un profundo deterioro físico y emocional.

La violencia está asociada a carencias económicas en el seno familiar; al desconocimiento de las leyes; a la falta de programas educativos y de capacitación, escolares y extraescolares; y también a la pérdida de valores. El problema se agudiza si prevalece una ineficiencia burocrática de las autoridades que debieran proteger a la ciudadanía y no actúan con rapidez y contundencia. Esto incluye a los integrantes del sistema de justicia, ministerios públicos y jueces.

En particular, la violencia contra la mujer, si bien se le ubica como escándalo global, no se reconoce la misma dignidad que al varón, ya que las sociedades están todavía muy lejos de admitir que la mujer tiene idéntica dignidad y derechos que los varones.

En Early Institute insistimos en la atención a esta problemática que afecta al sector de la población más vulnerable. La tendencia alcista de la violencia familiar debe ser un asunto prioritario, porque el hogar y la familia son los principios de toda organización comunitaria. Es ahí donde se educa para la vida adulta y para vivir en sociedad y esa educación siempre debe tener como nutriente principal la protección de cada uno de sus miembros. El abuso hacia los más pequeños y el feminicidio son plagas sociales que no han sido suficientemente denunciadas, a pesar de que la mujer, sea madre o abuela, es el pilar de las sociedades y los niños y las niñas, nuestro presente y futuro. Paremos de una vez por todas estas prácticas, que son de las manifestaciones antisociales más dolorosas e inaceptables.

En México, hay miles de niñas y niños huérfanos tras la pandemia

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

La orfandad tiene consecuencias severas en el desarrollo de los niños y las niñas, principalmente en indicadores de bienestar económico, mental y de otro tipo, hasta la vida adulta.

Con el Informe de la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia de Covid-19 en México, recientemente publicado por un grupo multidisciplinario de investigadores y profesionales que se reunieron para estudiar la respuesta del gobierno de México en torno a la contingencia, se revela información preocupante.

Para empezar, se señala que de las más de 800 mil muertes por covid, casi cuatro de cada diez fueron por fallas en la gestión gubernamental; esto da como resultado que cerca de 300 mil personas perdieron la vida por dichas deficiencias.

Entre otras cifras, se destaca que se dio una tasa de 260.7 decesos por cada 100 mil habitantes durante toda la emergencia; los decesos del personal de salud ascendieron a 5 mil 800 durante el periodo de marzo de 2020 al 9 de mayo de 2023; se perdieron más de 10.6 millones de empleos en 2020; la pobreza aumentó en 3.8 millones durante 2020; y 215 mil niños y niñas quedaron en situación de orfandad.

Sobre este último dato, se estima que esta cifra es de las más altas del mundo, colocando a México entre los ocho países más afectados, junto con otros de población total mucho más grande como Indonesia, Nigeria y Estados Unidos.

Como dice el informe: “Atender esta realidad con medidas enfocadas a apoyar el desarrollo integral de los menores afectados es un reto mayúsculo, pero una de las mayores obligaciones colectivas que nos ha legado la pandemia”.

El estudio asocia la alta mortalidad de los adultos jóvenes con la orfandad de niños y niñas, sin embargo, la situación se agrava cuando si el mismo ejercicio de estudio se realiza para personas que fungían como cuidadores principales de los menores, es decir, casos en que la custodia era ejercida por personas diferentes a los padres, como abuelos u otros parientes. En ese sentido, la cifra podría ascender a poco más de 229 mil huérfanos y huérfanas.

Y si el espectro se amplía a cuidadores tanto primarios como secundarios (padres, abuelos o parientes a cargo de la custodia y/o abuelos que vivían con los niños y las niñas) hablamos de que al menos 318 mil menores de edad pudieron haber sufrido la pérdida de una figura adulta con la que vivían y que se encargaba de su cuidado.

Según el reporte, estudios científicos reconocen que la orfandad tiene consecuencias severas en el desarrollo de los niños y las niñas, principalmente en indicadores de bienestar económico, mental y de otro tipo hasta la vida adulta. Entre ellos se incluye una posibilidad más alta de abandono escolar, pobreza, problemas de salud física y mental, así como mayor vulnerabilidad a diversas carencias.

Si bien durante este difícil proceso algunas fundaciones llevaron a cabo programas de asistencia para menores en proceso de duelo, lo cierto es que, hasta la fecha, no existe una política pública del Estado mexicano que otorgue apoyo, acompañamiento y protección a los niños, las niñas y las familias afectadas.

Es por ello que el informe señala que resulta impostergable el diseño e implementación de una política nacional enfocada en proteger el bienestar y los derechos de los menores huérfanos en México y que contemple al menos los siguientes aspectos: acompañamiento psicológico y medidas de atención de la salud física y mental; asistencia económica; y medidas para evitar la deserción escolar y apoyar el aprendizaje.

En Early Institute coincidimos con la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia de Covid-19 en México en calificar la crisis de orfandad como “la pandemia escondida”, pues a pesar de que en nuestro país se han configurado exhortos desde el Congreso de la Unión y los congresos locales para que las instancias gubernamentales se hagan cargo del asunto, aún no se concretan acciones que protejan a este sector. De igual modo, hacemos un llamado a los gobiernos federal y estatales a poner a las niñas y los niños en el centro, especialmente a quienes requieren apoyos especiales y medidas de atención que aseguren la cobertura de sus necesidades. La magnitud del problema así lo demanda y es imperativo actuar.

 

Uso de teléfono celular a temprana edad

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

La tecnología es una herramienta que se enriquece con una aplicación adecuada y respetuosa y en el cuidado de las niñas y los niños no hay mejor medida que la vigilancia.

En un mundo donde la tecnología es clave en la interacción humana, el uso de los teléfonos celulares es inevitable, sin embargo, ¿a qué edad es recomendable que se empiece a utilizar este dispositivo?

Si bien se reconocen las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías, es un hecho que también hay amenazas que ponen en riesgo a los usuarios, en particular a los grupos más vulnerables.

Es por esto que hoy en día, padres y madres, se cuestionan sobre el momento más conveniente para que sus hijos e hijas comiencen a utilizar los dispositivos digitales más comunes, como lo es un teléfono móvil, el cual facilita también el acceso a internet y las redes. Pese a los esfuerzos por definir esta edad ideal, desafortunadamente no hay un acuerdo, en tanto los especialistas coinciden en que ello depende de las circunstancias en las que vive el niño o la niña y que podrían hacer pensar a sus padres que está listo o lista para asumir la responsabilidad sobre el uso del celular.

Lo anterior implica que no se puede generalizar, pues cada familia debe decidir según sus reglas y necesidades. Lo que sí hay son ciertos criterios que podrían orientar a los cuidadores de niños y niñas para dar inicio a esta práctica.

Al respecto, la especialista Leen d’Haenens, miembro de ySkills, un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea para maximizar el impacto positivo de las nuevas tecnologías en los jóvenes, señala que uno de estos parámetros tiene que ver con la madurez del posible usuario, es decir, qué tanto puede manejar su tiempo frente a las pantallas y resguardar su seguridad en línea. Otros criterios más se dirigen a plantearse la necesidad real de tener un teléfono para comunicarse con familiares o amigos, así como si se requiere para fines educativos. Un último criterio, de acuerdo con la investigadora, es definir si con el uso del celular su seguridad física está garantizada en caso de emergencia.

Estas son algunas pautas para decidir si ya es tiempo de dar un celular a los más jóvenes del núcleo familiar, sin olvidar la responsabilidad de los mayores en esta etapa. Es decir, hay que acompañar siempre a niños y niñas en el manejo de los dispositivos, empleando controles de seguridad y restricciones a ciertos contenidos.

Incluso la mayoría de las redes sociales han establecido como política que la apertura de una cuenta no sea por alguien menor de 14 años, lo que podría colaborar en la decisión de cuándo comenzar con un teléfono móvil.

En Early Institute sostenemos que la tecnología es necesaria para la dinámica social, motivo por el cual hay que alentar su uso responsable. Este tema sobre la edad idónea para proporcionar un teléfono celular a un niño o una niña es reciente y tiene que ver con el debate, a nivel global, de cara a la responsabilidad que tienen también las grandes empresas tecnológicas. Es indispensable la supervisión y la regulación en el manejo de los dispositivos móviles, ya que así como hay beneficios inigualables, hay a su vez daños irreparables que pudieran afectar profundamente a las personas. Sobre todo, hay que enfatizar que la tecnología es una herramienta que se enriquece con una aplicación adecuada y respetuosa y en el cuidado de las niñas y los niños no hay mejor medida que la vigilancia continua para prevenir experiencias que pudieran vulnerar su integridad física y emocional.

Indigna la indiferencia ante la creciente violencia infantil

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Se nota que las autoridades en materia de seguridad pública, así como las responsables de la impartición de justicia, han quedado rebasadas por la realidad.

En las últimas semanas, hemos conocido los terribles casos de dos niñas mexicanas que perdieron la vida de la manera más atroz. Hablo de Camila, una pequeña de 8 años residente del barrio La Florida, en el municipio de Taxco, Guerrero, quien fue reportada como desaparecida y, luego, encontrado su cuerpo en una carretera. La presunta responsable fue linchada por los vecinos, provocando su muerte y dos de sus hijos fueron también agredidos, pero rescatados para ser puestos a disposición de las autoridades.

El otro lamentable caso es el de Madelaine, una niña de tan solo dos años que sufrió de maltrato excesivo hasta causarle la muerte por parte de su madre y padrastro. Sucedió en Durango y se sabe que su abuela ya había denunciado los abusos extremos que sufría Madelaine en su entorno familiar, sin embargo, las autoridades no le brindaron la protección debida. Hoy los responsables ya fueron sentenciados por el delito de feminicidio agravado.

Es de verdad indignante saber que estas situaciones son cada vez más frecuentes en nuestro país, lo que evidencia el fracaso del Estado mexicano por brindar una esfera de protección integral a niñas, niños y adolescentes que les garantice una vida libre de violencia.

Según el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se registraron 47 mil 462 homicidios a nivel nacional, de los cuales contra niñas, niños y adolescentes fueron 2 mil 37.

Sin duda lo que está ocurriendo pone de manifiesto diversos aspectos que nos deberían preocupar y alertar, pues hay una clara ineficiencia en varias líneas. Para empezar, se nota que las autoridades en materia de seguridad pública, así como las responsables de la impartición de justicia, han quedado rebasadas por la realidad social. La ciudadanía se ha percatado de esta problemática y ha iniciado a ejercer justicia por su propia mano. Por otro lado, la legislación y los procesos de impartición de justicia han reflejado no estar a la altura de las circunstancias y necesidades, pues hay fallas visibles en sus procedimientos. La nula perspectiva de niñez que impera en los procesos judiciales provoca que en la posible comisión de delitos en contra de niñas, niños y adolescentes no se garantice su interés superior. Por último, hay omisión, revictimización y falta de especialización de autoridades. Así quedó demostrado con las declaraciones del extitular de la Secretaría de Seguridad municipal de Taxco, en las que señaló una responsabilidad parcial hacia la madre de Camila por “no cuidarla lo suficiente”.

Todo este escenario amerita una revisión profunda que va desde el fortalecimiento de la capacidad y eficiencia del sistema judicial en los casos que involucren una posible vulneración de derechos en contra de niñas, niños y adolescentes hasta la especialización de funcionarios públicos y una protección real e integral a las víctimas de delitos y a sus familiares.

En Early Institute externamos nuestra preocupación e indignación por las deficiencias observadas en el tratamiento de los casos de Camila y Madelaine, así como de otras niñas mexicanas que son víctimas de violencia. Sobre todo, nos preocupa el silencio que se ha notado en las distintas plataformas electorales que no abordan el tema de manera expresa. Hoy da miedo que surjan más episodios como los descritos, pero es más aterrador y doloroso la indiferencia que se está observando ante la grave violencia infantil.

Alabama, paradigma en Derechos Fundamentales

El Tribunal Supremo del estado de Alabama, en Estados Unidos, emitió un fallo que considera que los embriones congelados derivados de las Técnicas de Reproducción Asistida son niños, y, por lo tanto, sujetos de derechos y protección jurídica.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Hace poco, el Tribunal Supremo del estado de Alabama, en Estados Unidos, emitió un fallo que considera que los embriones congelados derivados de las Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) son niños, y, por lo tanto, sujetos de derechos y protección jurídica.

Esta decisión se dio por un caso ocurrido en 2020, en el que un paciente de una clínica de Alabama tiró por accidente una caja de Petri que contenía embriones críopreservados. Las parejas que perdieron a sus embriones optaron por demandar a la clínica por negligencia, apegándose a la Ley de Muerte por Negligencia de un Menor.

La clínica se defendió alegando que esa ley no aplicaba porque “no se podía equiparar la muerte de un embrión fuera del útero materno, con la de un menor”. Una primera sentencia desestimó la demanda, sin embargo, los afectados recurrieron al Máximo Tribunal de Alabama, el cual dio un paso trascendental en el tema del derecho a la vida.

De acuerdo con el órgano judicial: los embriones congelados son niños; su destrucción podría derivar en consecuencias jurídicas para quien los dañe y de acuerdo con la legislación vigente, el responsable sí podría ser demandado por muerte injusta. De hecho, esta decisión anuló otra de un tribunal inferior en la que se sostenía que “los embriones no encajaban en la definición de un niño”. La conclusión de uno de los jueces que intervino en el caso fue tajante: “la Ley de Muerte por Negligencia de un Menor se aplica a todos los niños no nacidos, independientemente de su ubicación”.

Con este fallo, se da un importante avance en el reconocimiento de niñas y niños por nacer como sujetos de derecho, y de igual manera, establece una seguridad jurídica para los embriones congelados resultantes de las TRA.

Esta determinación por parte de un Tribunal Supremo posibilita el replanteamiento de la creación y transferencia de embriones, ya que todavía en la práctica se crean varios embriones y se acude a la reducción embrionaria para eliminar a los “menos aptos” e implantar los de “mayor viabilidad” para desarrollar el embarazo.

Desde hace más de una década en Early Institute hemos impulsado una legislación que prohíba la destrucción o manipulación de embriones. De igual modo, hemos trabajado para que se consideren los potenciales problemas de salud de los niños concebidos mediante estas técnicas. Hemos buscado la dotación de información a los potenciales padres de los riesgos antes de iniciar cualquier procedimiento basado en una TRA; la promoción del uso de técnicas que puedan minimizar estos riesgos, o alternativas a las mismas; y la prevención y la articulación de instrumentos para abordar los potenciales litigios futuros que puedan derivarse de esta práctica.

Sin duda lo ocurrido en Alabama es un gran esfuerzo en materia de protección de niñas y niños por nacer, así como de los embriones congelados resultantes de las TRA y un aliciente para mantener el interés por seguir impulsando leyes que garanticen el respeto de los derechos de todas las personas empezando por el principal, que es la vida.

El uso de las pantallas deteriora el aprendizaje temprano

Un estudio reciente, encabezado por investigadores en Australia, ha identificado que estar expuestos a las pantallas en los primeros años de vida, puede interferir en las formas de interacción y las conversaciones que mantienen padres e hijos.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Por todos es sabido que la tecnología es un apoyo fundamental si se emplea adecuadamente. Sin embargo, su uso desde temprana edad está originando cambios importantes en el aprendizaje lingüístico, mismos que afectan el desarrollo de las niñas y los niños.

Un estudio reciente, encabezado por investigadores en Australia, ha identificado que estar expuestos a las pantallas (teléfonos móviles, tabletas, televisores y computadoras) en los primeros años de vida, puede interferir en las formas de interacción y las conversaciones que mantienen padres e hijos.

La investigación, que lleva por título Time and Parent-Child Talk When Children Are Aged 12 to 36 Months, da cuenta de los hallazgos obtenidos al estudiar a 220 familias australianas para analizar la comunicación de las niñas y los niños de uno a tres años con sus papás.

Los resultados hablan de que una exposición por más de tres horas frente a una pantalla limita las formas de interactuar de los infantes, ya que el desarrollo verbal y el aprendizaje de nuevas palabras se ve truncado.

Esta investigación es la primera que acentúa la relación que existe entre el uso de pantallas en niños y niñas de uno a tres años con el modo en que se comunican en dicha etapa, reconociendo que la tecnoferencia o interferencia de la tecnología podría incidir negativamente en las “oportunidades de conversación e interacción entre padres e hijos”.

Entre las conclusiones se destaca que el tiempo frente a las pantallas disminuye prácticas esenciales para el desarrollo lingüístico en los primeros años de vida, como son la escucha de palabras de los adultos, vocalizaciones e interacciones de ida y vuelta.

Finalmente, los investigadores hablan de los retos para enriquecer el lenguaje en el entorno del hogar, ante las afectaciones que propicia la exposición a los dispositivos tecnológicos.

Una vez más surge la necesidad de pensar en el uso de la tecnología de un modo que sea útil y no perjudicial en la vida humana. Este estudio nos invita a evaluar el hábito de emplear las pantallas para entretener a los niños y las niñas desde sus primeros años de vida, pues se aclara que los efectos dañan su proceso comunicativo.

En Early Institute reconocemos el valor de la tecnología como una herramienta que facilita ciertas tareas o áreas de la vida, sin embargo, consideramos que su empleo no debería reemplazar las interacciones humanas, en particular las que se efectúan en la primera infancia. Es en estos años cuando las personas experimentan un desarrollo incomparable y su cuidado es fundamental. Seamos responsables con los usos de los dispositivos para no comprometer el aprendizaje temprano del sector más vulnerable de la sociedad, limitando el contacto con las pantallas y ampliando otras formas de estimulación con el entorno.

Cuidados paliativos: atención digna a enfermos terminales

Los cuidados paliativos conciben a la muerte como un proceso normal, esto es, que no anticipan o alargan innecesariamente el término de la vida del paciente.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Cuando se padece una enfermedad terminal o crónico-degenerativa suele pensarse en cómo evitar el dolor o sufrimiento del paciente. Es aquí donde intervienen los cuidados paliativos, que se caracterizan por ser medidas dirigidas a mejorar la calidad de vida de los enfermos, en fase terminal, y sus familias.

Esto quiere decir que, con apoyo de un equipo multidisciplinario (conformado por médicos, psicólogos, trabajadores sociales, apoyo espiritual), se brinda una atención que ayude a mitigar la angustia y el dolor de los pacientes, respetando en todo momento el curso natural de la vida.

Los cuidados paliativos conciben a la muerte como un proceso normal, esto es, que no anticipan o alargan innecesariamente el término de la vida del paciente. De ningún modo, estos cuidados significan eutanasia o suicidio asistido, solo buscan garantizar a los enfermos en situación terminal su derecho a recibir una atención médica de calidad.

En México, la aplicación de los cuidados paliativos ha seguido una trayectoria importante, en la que Early Institute ha colaborado activamente. Se ha trabajado con la Secretaría de Salud para la emisión de normas oficiales que garanticen la atención médica a los enfermos terminales con estas formas de cuidado. También se ha participado en actualizaciones de guías y manuales que faciliten su aplicación. Asimismo, se ha contribuido en la difusión de su importancia y conocimiento mediante alianzas y campañas con instituciones de salud.

Actualmente, en el Senado de la República existen dos iniciativas en materia de cuidados paliativos, que siguen esperando su aprobación. Una es del senador Miguel Ángel Mancera (PRD) para reformar el artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a efecto de incorporar el acceso a los cuidados paliativos multidisciplinarios ante enfermedades de situación terminal y protegiendo la salud en condiciones de dignidad. La otra iniciativa es de la senadora Nestora Salgado García (Morena) para reformar diversas disposiciones de la Ley General de Salud sustentando, entre otros aspectos, que el tratamiento integral del dolor, como parte de la salubridad general, requiere acciones de carácter preventivo, curativo, paliativo y de rehabilitación.

En ese sentido, en Early Institute nos enfocamos a impulsar acciones que fortalezcan la adopción de los cuidados paliativos como un derecho de salud de todos los mexicanos. Para ello, apoyamos todas aquellas iniciativas federales y estatales que reconocen la importancia de los cuidados paliativos como política esencial en materia de salud. Principalmente, buscamos configurar los cuidados paliativos como una estrategia integral debidamente implementada dentro del Sistema Nacional de Salud e impulsar los cuidados paliativos pediátricos, visibilizando los derechos de niñas, niños y adolescentes. La atención de pacientes en situación terminal debe ser una muestra de respeto a sus valores individuales, sin excesos que produzcan daño y dolor, tanto en ellos como a sus familias.

 

 

El origen del vínculo de apego madre-hijo

El cerebro de la mujer se transforma para cobijar el crecimiento de su bebé, pues hay una liberación tal de hormonas que posibilita que su cuerpo se convierta en un espacio seguro.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Pensar en el inicio de la vida es fascinante, ya que ocurren fenómenos y procesos de una complejidad tan extraordinaria que nos permiten comprender su importancia. Uno de estos acontecimientos que llegan a maravillar es el vínculo de apego madre-hijo, el cual surge desde el momento de la fecundación.

Desde ese instante, el cuerpo de la mujer empieza a tener un diálogo con el hijo o la hija que nacerá. Esta comunicación se da a través de señales, que el propio cuerpo de la mujer comienza a brindar para que el embrión inicie su desarrollo. De acuerdo con la colaboradora de Early Institute, docente y divulgadora científica, Natalia López-Moratalla, en esta etapa “se da un intercambio molecular potente, empezando porque la madre reconoce que en su cuerpo hay algo distinto a ella, pero no es peligroso. De ahí que emite señales para que el embrión se implante y empiece a desarrollarse”.

Durante la gestación, el cerebro de la mujer se transforma para cobijar el crecimiento de su bebé, pues hay una liberación tal de hormonas que posibilita que su cuerpo se convierta en un espacio seguro para su hijo o hija.

De hecho, desde el principio, hay un intercambio celular entre madre e hijo que beneficia a ambos. Por un lado, la madre recibe células fetales que rejuvenecen su cuerpo, mientras que el bebé obtiene células que fortalecen su sistema inmunitario. Esta simbiosis genera un lazo afectivo y celular muy poderoso. Incluso, se está estudiando si las células fetales que recibe la madre podrían ayudar en el combate de ciertas enfermedades.

Por su parte, luego de que nace el bebé, también el contacto piel con piel fortalece este vínculo, de ahí la relevancia de la lactancia y contar con un entorno favorable que afiance la relación. El padre también es importante en esta ecuación, ya que si bien la conexión es mucho más profunda entre madre e hijo, el hombre colabora en el adecuado desenvolvimiento del niño o la niña en la sociedad. La diferencia es que la mujer disfruta ese apego desde el principio, en tanto que el hombre se lo va ganando con la convivencia.

Por si fuera poco, los beneficios van más allá. Para la especialista, “el cerebro materno potencia circuitos neuronales, que derivan en una mayor capacidad de atención en las mujeres, lo cual es una aportación a la sociedad”. Esto va de la mano con las ventajas de la maternidad en los ambientes laborales.

Sin duda, el vínculo afectivo madre-hijo es un proceso de un elevado grado significativo por la extraordinaria comunicación que se establece vía celular desde las primeras etapas del embarazo.

Por ello, en Early Institute reconocemos el valor de la maternidad y la importancia de proteger no solo a la mujer embarazada, sino también a su hijo o hija por nacer. Ante nuestro compromiso por favorecer entornos adecuados para el desarrollo de la primera infancia, un paso esencial es asegurar que el binomio madre-hijo se desenvuelva de la mejor manera posible y la evidencia científica forma parte de ese objetivo.