Redes sociales dañan a infancia y adolescencia

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

En un mundo cada vez más interconectado por las redes sociales, la reciente demanda colectiva presentada por fiscales de 41 Estados y el Distrito de Columbia en Estados Unidos contra Meta, la empresa detrás de Facebook, WhatsApp e Instagram entre otros destaca un tema crucial: el impacto de las redes sociales en la salud mental de niñas, niños y adolescentes.

Esta demanda no es un caso aislado. En el documento del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. recientemente publicado Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory se refleja que aunque existen beneficios de las redes sociales como la conexión con comunidades, el acceso a información importante, y el apoyo social, no se puede dejar de lado la existencia de riesgos graves para la salud mental de niñas, niños y adolescentes, incluyendo depresión, ansiedad, así como, problemas relacionados con la imagen corporal y la salud física.

Según dicho estudio, pasar más de tres horas diarias en línea, duplica el riesgo de ansiedad o depresión. Además de que el uso frecuente de redes sociales puede estar asociado con cambios en el cerebro y aumentar la sensibilidad a recompensas y castigos sociales.

El problema se agrava por la falta de control por parte de proveedores de servicios y plataformas de redes sociales, así como también de la escasa supervisión parental. Por un lado, la edad mínima de 13 años para usar estas plataformas es una barrera fácilmente evitable. Por otra parte, el dominio digital por parte de las niñas, niños y adolescentes, la escasa alfabetización digital por parte de cuidadores y las tácticas de inteligencia artificial de las plataformas para mantener a las niñas, niños y adolescentes enganchados, dificulta enormemente la supervisión parental. Por ejemplo, el contenido es tan personalizado que incluso si una mamá, papá o cuidador quisiera monitorear el contenido al que accede su hija o hijo, no lograría llegar al mismo algoritmo que un niño, niña o adolescente cuando navega en redes sociales.

El tema es de la mayor relevancia también para México pues, de acuerdo con el INEGI, el 75% de las niñas y niños entre 6 y 11 años, y el 90% de los adolescentes de 12 a 17 años son usuarios activos de internet. Además, niñas y niños pasan más de 3 horas en internet diariamente, y los adolescentes más de 5 horas en promedio.

Frente a este escenario, la reciente firma del Pacto Nacional de Ciberseguridad en el Senado de la República representa un paso en la dirección correcta, donde actores públicos y privados se comprometen a poner mayores esfuerzos para brindar espacios seguros en el mundo digital. Sin embargo, queda la pregunta: ¿es suficiente?

La velocidad a la que evoluciona el mundo digital supera la capacidad de respuesta de nuestras leyes y regulaciones, es urgente priorizar la salud mental sobre todo en este grupo poblacional tan vulnerable.

Para proteger realmente la salud mental de nuestras niñas, niños y adolescentes, se necesita un enfoque multisectorial. Las empresas de redes sociales deben asumir una responsabilidad mayor en la protección de sus usuarios niñas, niños y adolescentes. Es urgente la implementación de alfabetización o educación digital para madres, padres y cuidadores y también la conciencia social sobre el tema debe formar parte fundamental de nuestro sistema educativo.

Es imperativo que reflexionemos como sociedad para evaluar nuestra capacidad de protección de las niñas, niños y adolescentes. La triste realidad es que nuestros esfuerzos han sido insuficientes, y si no logramos ser personas proactivas en la construcción de un entorno digital más seguro estaremos comprometiendo la salud mental no solo en el futuro sino en el día a día de niñas, niños y adolescentes.

El cuidado en México ¿responsabilidad de mujeres o del Estado?

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

La reciente publicación de los resultados de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), arroja luz sobre temas cruciales que frecuentemente son subestimados en México: el trabajo no remunerado del cuidado, la falta de responsabilidad del Estado y la brecha de género en este ámbito. La ENASIC 2022 presenta una valiosa radiografía de la situación actual y plantea desafíos significativos que merecen atención.

Uno de los hallazgos más destacados es que en México, de los 58.3 millones de personas susceptibles de recibir cuidado, el 64.5% lo reciben de una persona de su hogar o de otro hogar. Esta estadística refuerza la noción de que el cuidado en México está fuertemente arraigado en las dinámicas familiares y se ha dejado de lado por parte del Estado.

Además, se señala que la mayor cobertura de cuidado está destinada a la primera infancia, niñas y niños de 0 a 5 años en comparación con personas con discapacidad y adultos mayores. En línea con ello, es importante mencionar que en recientes años, el cuidado durante los primeros años es considerado en el nivel de educación inicial, el cual es también un derecho constitucional. Sin embargo, es poco alentador observar que el 91.5% de las niñas y niños de 0 a 2 años no asiste a ningún centro de educación inicial/ guarderías y el 25% de las niñas y niños de 3 a 5 años a un centro de educación preescolar, el principal motivo señalado se refiere para no llevar a niños y niñas a es considerar a las niñas y niños muy pequeños para entrar a la escuela.

Los datos de la Encuesta también confirman el poco reconocimiento social que existe en la educación inicial. En cuanto a la percepción sobre los cuidados, es preocupante que el 42.7% de las personas de 15 a 60 años esté en desacuerdo con llevar a la población infantil a educación inicial, guardería o estancia infantil. Esto sugiere la existencia de percepciones arraigadas sobre el papel de la familia en el cuidado de las niñas y niños y delega por completo la labor del Estado.

Un aspecto preocupante que revela la Encuesta es la brecha de género en el cuidado no remunerado. Del total de personas que brindan cuidados, el 75.1% son mujeres. Esto refleja una desigualdad persistente en la distribución de la responsabilidad del cuidado, que sigue recayendo en gran medida en las mujeres.

Además, las mujeres dedicaron en promedio 37.9 horas a la semana en labores de cuidado, en comparación con las 25.6 horas de los hombres, esta diferencia de más de 12 horas semanales no solo subraya la carga desproporcionada que enfrentan las mujeres, sino también el potencial impacto negativo en su participación económica, en su calidad de vida y en su salud mental.

Resulta sorprendente que a pesar de las horas exhaustivas que dedican las mujeres al cuidado exista una tasa de participación económica de las mujeres de 15 a 60 años que brindan cuidados del 56.3%.

Desde Early Institute aplaudimos la labor del INEGI pues esta encuesta proporciona una visión detallada de los desafíos que enfrenta México en el ámbito de los cuidados.

Consideramos que para avanzar hacia la consolidación de un sistema de cuidados equitativo y eficiente, es fundamental abordar la brecha de género en el trabajo no remunerado de cuidado, garantizar el acceso a la educación inicial para todas las niñas y niños y promover una comprensión más amplia y positiva de la educación inicial y el cuidado institucional.

Más de 50 mil niñas, niños y adolescentes en casas hogar

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

¿Cómo sabemos que la adversidad, la negligencia y el abandono tienen un impacto negativo en el desarrollo infantil? Uno de los estudios de caso más relevantes en esta materia es en niñas y niños institucionalizados en Rumania en la década de los 80s, los científicos descubrieron que en las casas hogar llenas de bebés reinaba un silencio y concluyeron que debido a que no hubo una interacción típica entre un cuidador y un niño, nunca se les atendió cuando lloraban y por ello optaron por permanecer en silencio. El estudio determinó causalidad entre negligencia y desarrollo infantil inadecuado y probó que el cuidado cariñoso y sensible puede atenuar los efectos de las adversidades a las que habían sido expuestas.

En México, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, hay 53,862 niñas, niños y adolescentes en los Centros de Alojamiento de Asistencia Social (CAAS) que, por diversas razones como la violencia, la pobreza, el crimen organizado, la migración, entre otras, no viven en un entorno familiar y se encuentran institucionalizados. Esta situación representa un desafío social de gran relevancia.

Lamentablemente en México, de acuerdo con el Coneval más del 10% de las niñas y niños están en pobreza extrema y alrededor de 1,780,000 que equivale al 6% de las niñas y niños de entre 1 y 14 años se les castiga con violencia severa semanalmente.

A lo largo de los años, se ha planteado la necesidad de evitar la institucionalización de niñas, niños y adolescentes, sobre todo, por el impacto negativo en el desarrollo de las niñas y niños por largos periodos de institucionalización. No obstante, es fundamental visibilizar que ante las realidades que existen en México, los Centros de Alojamiento de Asistencia Social (CAAS), si bien deben mejorar en muchos casos la calidad y condiciones de sus servicios, han jugado un papel clave en la vida de miles de niñas y niños como hogares de transición hacia una familia.

Sin duda, es esencial que estos CAAS sean un paso temporal para las niñas, niños y adolescentes y no un destino permanente. La meta debe ser que cada niña, niño o adolescente no regrese a entornos de violencia, pobreza y crimen, sino que transiten hacia la adopción o la reintegración familiar, proporcionándoles una vida de cuidado cariñoso y sensible y un cambio positivo en el corto y largo plazos.

Los CAAS albergan a miles de niñas, niños y adolescentes por lo que es fundamental que durante su estancia se les brinden las mejores condiciones posibles y asegurar que se cumplan sus derechos fundamentales como la educación, salud, nutrición, protección y sin dejar de lado su derecho a la recreación y al juego.

Sin embargo, existen diversas preocupaciones, por ejemplo, que un 21% de las niñas, niños y adolescentes institucionalizados no asistan a la escuela, y que este porcentaje sea aún más alto para la primera infancia, alcanzando un 38%, principalmente por la relevancia de esta etapa trascendental.

Estas cifras reflejan una realidad inquietante, pues lejos de poder disfrutar de un entorno familiar amoroso y estable, miles de niñas, niños y adolescentes institucionalizados pasan largos periodos de tiempo en las Casas hogar para menores de edad y no asisten a la escuela. Los datos muestran que solo el 31% de las niñas y niños reside en estos Centros por menos de 1 año, mientras que un 31% permanece entre 1 y 2 años, un 21% de 3 a 5 años y un alarmante 17% por 6 años o más.

Desde Early Institute, consideramos imperante redoblar esfuerzos para asegurar que las condiciones de estos Centros de alojamiento sean óptimas, y que sus estancias sean cortas, favoreciendo así procesos de adopción o reintegración eficientes que les permitan tener un cambio de trayectoria y lograr el desarrollo en un entorno familiar que les brinde cuidado cariñoso y sensible para atenuar los efectos adversos de su pasado. Se necesita de una colaboración interinstitucional de autoridades desde el ámbito legislativo y escolar, así como de instituciones y de la sociedad civil para mejorar la calidad en los servicios en beneficio del interés superior de cada niña o niño.

No dejemos que las niñas y niños que necesitan atención urgente y de calidad, reciban la peor. Debe ser nuestra prioridad cambiar la trayectoria de una niña o niño cuyos derechos han sido vulnerados y construir un futuro brillante que garantice el bienestar de la niñez mexicana. Logremos que las casas hogar se llenen de risas y juego.

Pobreza intergeneracional: la crisis silenciosa que afecta a las niñas y niños en México

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

Lucía, una niña de 2 años en México, vive en situación de pobreza extrema. El ingreso en su hogar no es suficiente para poner alimento sobre su mesa. Su mamá y papá trabajan en el mercado informal, lo que les impide acceder a seguridad social, por ende a Lucía no puede asistir a una guardería; además no tiene acceso a la salud y tampoco servicios básicos en su vivienda como agua y drenaje. Como ella, existen 1 millón 261 mil 283 niñas y niños en situación de pobreza extrema en México.

Las evidencias neurocientíficas de la revista The Lancet de la serie de desarrollo infantil temprano, demuestran que la pobreza en la vida de una niña determina y define sus trayectorias a largo plazo. Vivir en condiciones económicas dispares afecta su desempeño cerebral, escolar, su trabajo, su salario y su salud en el futuro.

Lamentablemente, la pobreza ha aumentado en un 5% y la pobreza extrema en un 9% en 2020 con respecto a 2018, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). En términos de la vulneración de derechos sociales se observa un aumento severo en la carencia por acceso a la salud de niñas y niños de 0 a 5 años (77%), un incremento del 13% en el rezago educativo, y también subió un 2% la carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad.

Uno de los aspectos que más preocupa es que el 60% de las niñas y niños de la primera infancia no tienen acceso a la seguridad social porque sus cuidadores están en el mercado informal, lo cual repercute en que no tengan un lugar asegurado dentro de la educación inicial. De esta manera, el ciclo de pobreza perpetua de una generación a otra dejando un entorno no favorable para la movilidad social, además de marcar una brecha de desigualdad desde la primera infancia.

Aunado a esto, en México tenemos una franja que divide norte y sur con una desigualdad abismal. En el norte, 3 de cada 10 niñas y niños se encuentran en pobreza, en contraste con el sur donde se alcanzan niveles de 7 de cada 10 niñas y niños de 0 a 5 años en situación de pobreza.

Ante esta preocupante situación, Early Institute y el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI) han impulsado una mesa de discusión con expertos de Unicef, Coneval y el Pacto por la Primera Infancia, donde realizaron recomendaciones sustantivas para asegurar un mejor futuro para los niños desde su primera infancia.

Para combatir la pobreza, es recomendable ampliar la cobertura de programas de transferencias monetarias focalizadas. Estas políticas sociales han demostrado su efectividad en la reducción de la pobreza monetaria, el apoyo a la educación, la disminución del trabajo infantil, la mejora en la alimentación y la reducción de desigualdades de género.

Es esencial implementar estas políticas sociales con una perspectiva de crianza positiva en áreas con mayor desigualdad regional social. Además, se deben proporcionar servicios básicos complementarios, como vacunación, vigilancia del crecimiento y desarrollo, atención a la desnutrición, educación inicial y cuidado infantil, así como información sobre prevención de la violencia y crianza positiva.

El combate de la pobreza en la primera infancia es urgente y requiere políticas públicas efectivas para prevenir la pobreza intergeneracional. Las estadísticas son alarmantes, con más de la mitad de la población infantil viviendo en condiciones precarias y un cuarto experimentando carencias extremas en alimentación, salud, educación y vivienda. Necesitamos disminuir estos efectos adversos para que las niñas y niños puedan desarrollarse de manera adecuada.

 

La niñez mexicana ante la violencia sexual

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

México.- La violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes no es un secreto en México, sin embargo, actualmente no existe una fuente de información que permita saber cuántos agresores violentan de esta manera y a cuántas niñas, niños y adolescentes agreden.

Desde Alumbra, la comunidad colaborativa impulsada por Early Institute enfocada en la prevención de la violencia sexual infantil y adolescentes continúa con el monitoreo y análisis de este grave problema que vulnera los derechos de niñas y niños, por ello este junio 2023 lanza el Panorama estadístico de la violencia contra niñas, niños y adolescentes.

El informe arrojó que en 2021 se registraron 22 mil 410 víctimas de violencia sexual infantil en México, de acuerdo con datos del Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal, elaborado por el INEGI. Diariamente se cometieron 61 delitos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, de los cuales seis fueron niñas y niños menores de cinco años. Lo anterior, sin contar la cifra “oculta” de casos que no se denuncian.

Respecto al sexo, el 84% eran niñas y adolescentes del sexo femenino. El rango de edad con mayor frecuencia fueron niñas, niños y adolescentes de entre 10 y 14 años fueron el rango más afectado, también es importante visibilizar que casi el 10% fueron niñas y niños menores de 5 años lo cual equivale 2,070 víctimas de violencia sexual durante su primera infancia.

Por otro lado, en el estudio también se analizaron los reportes de información de niñas, niños y adolescentes acudiendo a hospitales por diferentes formas de violencia que se concentran en la Secretaría de Salud. Se observó un aumento del 43% en niñas, niños y adolescentes que acudieron a una unidad de médica por alguna forma de violencia (física, sexual, psicológica o abandono). La violencia física aumentó un 29%, la violencia psicológica 49%, la violencia económica 78% y el abandono o negligencia aumentó de 2020 a 2021 registrando un total de 27, 489 casos de violencia infantil y adolescente tan solo en 2021 diariamente esto equivale a 75 niñas, niños y adolescentes acudiendo a hospitales. De los cuales, 8,172 fueron exclusivamente casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, que implicó un aumento del 48% con respecto a lo registrado en 2020.

El informe “Panorama estadístico de la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes”, se analizó también la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh 2021), se encontró que 12 de cada 100 mujeres reportó haber sufrido alguna forma de violencia sexual antes de los 15 años.

Un dato muy revelador es que de 2016 a 2021, las niñas y mujeres que sufrieron algún tipo de violencia sexual pasó de 4 a millones 378 mil 40 casos a 6 millones 366 mil 948. Lo anterior equivale a un incremento de 45 por ciento en la violencia sexual sufrida durante la niñez y adolescencia, reportada por mujeres mexicanas. Además, 7 de cada 10 agresores de niñas y adolescentes son familiares; es decir las personas más cercanas a las niñas y adolescentes. Quienes ocupan los primeros lugares son los tíos y primos.

Para Alumbra, un proyecto colaborativo de Early Institute, es indispensable la generación y análisis periódico de indicadores de violencia sexual. Aunque se reconoce la labor de las fuentes de información, se enfatiza la necesidad de una encuesta nacional que permita cuantificar la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes.

Sólo en la medida que se cuente con información de calidad será posible mejorar el diseño, implementación, y evaluación de programas y políticas públicas para así lograr prevenir y erradicar la violencia que sufren millones de niñas, niños y adolescentes en México.

Resulta indispensable generar estrategias basadas en evidencia, orientadas a la prevención y el fomento de la cultura de denuncia de delitos y disminuir la “cifra oculta”. La problemática requiere de la responsabilidad colectiva, mantenerse informado y saber cómo prevenir la violencia sexual infantil. Visita la plataforma alumbramx.org, ahí encontrarás herramientas para proteger a la niñez mexicana.

La niñez ante un sistema de salud inaccesible

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

La pandemia ha puesto foco a una de las necesidades más básicas de cualquier niña o niño y revalorizar la importancia de su salud y bienestar. Desgraciadamente, en México el panorama de la salud es complicado y poco alentador.

Durante la mesa de discusión: “Obstáculos y soluciones para la salud de la primera infancia”, organizada por Early Institute, el Dr. Héctor Hernández Bringas, investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) comentó sobre el tema de la salud durante la primera infancia.

De acuerdo con datos encontrados en la plataforma SIPI México del CONEVAL, de 2018 a 2020 aumentó en 77% la carencia por acceso a la salud en la primera infancia pasando de 17.6% de niñas y niños menores de 6 años a 31.2% con esta carencia en 2020. En estados como Chiapas, Estado de México y Michoacán las cifras superan el 40%.

La salud de la primera infancia pone el foco sobre binomio madre e hijo, pues durante esta etapa es fundamental que las madres tengan una atención de calidad durante el embarazo, parto y puerperio. Por ser un momento crucial para niñas y niños es indispensable llevar a cabo las consultas de niño sano continuamente para evitar problemas en el desarrollo, en la nutrición, en la salud y en el aprendizaje temprano.

Sin embargo, la atención en salud no es prometedora, al analizar algunos de los indicadores clave del SIPI México, plataforma dedicada al monitoreo, análisis e incidencia en políticas públicas de la primera infancia; se observa que en México el 20 por ciento de niñas y niños de la primera infancia no se están desarrollando adecuadamente, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT, 2021). En esta misma encuesta se refleja que el 60 por ciento de las niñas y niños fueron al menos a una “consulta de niño sano”, un índice bajo porque se recomiendan dos consultas para el neonato, seis consultas para las y los menores de 1 año y 2 consultas al año hasta que se cumplen los 4 años.

En tanto, con información de la Secretaría de Salud, en 2022 se registró una razón de mortalidad materna de 30 defunciones maternas por cada cien mil nacimientos vivos. Es decir, México no ha alcanzado la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que debía cumplirse en 2015, de 22 defunciones.

Ante el panorama, el Dr. Bringas explicó que no se ha logrado incidir en las barreras estructurales: “Se ha hecho algo en dar antibióticos y el esquema de vacunaciones, pero no se ha hecho nada en las causas estructurales como desigualdad, pobreza y acceso a servicios de salud, a medicamentos, además en materia de combate a la desnutrición”, remarcó ante representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil.

Durante la mesa, se discutió respecto a que el acceso a la salud y seguridad social está ligado al empleo formal y la falta de ellos conduce a la vulnerabilidad. Con el retiro del Estado y el aumento de la informalidad, el 60% de la población no tiene acceso a estos servicios. En las zonas rurales, la situación es aún más difícil debido a la falta de recursos y la discriminación étnica y social. La necesidad de garantizar el acceso universal a la salud y seguridad social es crucial para proteger a la población vulnerable.

El especialista de la UNAM abogó porque haya una reforma integral al sector salud. Sin embargo, vaticinó que por ahora ese cambio de fondo es imposible, por las condiciones presupuestales y de organización institucional que prevalecen. Hay un sesgo ideológico, una negación a aceptar lo que en el pasado sí funcionó, como lo fue, con sus limitantes o fallas, el Seguro Popular.

Necesitamos caminar hacia la universalización del acceso a los servicios de salud haciendo ajustes significativos para evitar la duplicidad de esfuerzos y el desperdicio de recursos. El Dr. Héctor Bringas señala que en “América Latina, gran parte de la inversión en salud se financia de forma individual; se debe decidir si es mejor transferir recursos a personas o fortalecer las organizaciones de salud, la segunda opción parece más conveniente”.

Dadas las carencias y urgencias en servicios de salud, desde Early Institute consideramos imperante priorizar la salud y atención que requieren las madres, y las niñas y niños de la primera infancia. Nos lo dice la evidencia científica, si invertimos hoy en la primera infancia tendremos menos costos en salud, educación, en el sistema de justicia penal y disminuyen las desigualdades sociales. La primera infancia no puede esperar, necesita ser priorizada.

Aprueban iniciativa sobre pensiones alimentarias

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

La reciente reforma a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en México ha sido una medida necesaria para garantizar el cumplimiento de las pensiones alimentarias a las niñas, niños y adolescentesa este sector. Esta iniciativa ha sido aprobada por unanimidad en el pleno del Senado de la República el pasado 22 de marzo, y busca fortalecer el cumplimiento de este derecho en todo el país.

La pensión alimentaria es un derecho de las hijas e hijos en caso de separación o divorcio de las madres y padres, ya que la responsabilidad de una persona de procurar el bienestar y su sano desarrollo, de sus hijas e hijos es independiente al estado de su matrimonio. Sin embargo, la realidad es que muchas veces se presentan situaciones en las que los padres evaden esta responsabilidad y no cumplen con esta obligación, dejando sin protección a las y los miembros más vulnerables de la familia., las niñas, niños y adolescentes.

Sobra decir, que las niñas, niños y adolescentes necesitan tener cuidadores que les brinden amor y cuidado y que, además, provean los aspectos básicos para poder desarrollarse, tal es el caso comode una vivienda, ropa, atención médica, educación, actividades recreativas y, por supuesto, una alimentación diversa y balanceada.

Según los datos brindados por legisladores, entre el 70 y 80% de las pensiones alimentarias decretadas por los tribunales de familia son incumplidas, y en 9 de cada 10 casos, las demandantes son mujeres.

Además, es importante señalar que los juicios frecuentemente toman tanto tiempo que las madres tienen que criar a sus hijas e hijos con pocos recursos, aunque el padre tenga suficientes recursos para aportar. Lamentablemente, en diversas ocasiones cuando se dicta la sentencia, las niñas, niños y adolescentes ya han crecido.

Esta reforma es una buena noticia, pues establece la creación de un Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias, con el objetivo de concentrar la información de personas deudoras alimentarias.

Este registro permitirá que las autoridades de los tres órdenes de gobierno dispongan de la información necesaria para establecer como requisito la presentación del certificado de no inscripción en el mismo, para realizar procedimientos y trámites como: a) licencias y permisos de conducir, b) pasaportes o documentos de identidad de viaje, c) trámites realizados ante notario público como la compraventa de inmuebles, d) para participar en cargos de elección popular, e) e incluso se requerirá el certificado en las solicitudes para contraer matrimonio, y el oficial del Registro Civil deberá hacer del conocimiento de los contrayentes en caso de que alguno se encuentre inscrito en dicho registro.

Es imprescindible recalcar que la falta de pago de la pensión alimenticia es un delito cuando se cuentan con los recursos suficientes, y no se proporciona. La pensión alimenticia busca garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes y fomentar la responsabilidad parental.

Sin duda, estas reformas son necesarias para fortalecer el cumplimiento de las pensiones alimentarias y garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes.

Desde Early Institute, vemos con buenos ojos este tipo de medidas que buscan proteger a los niños y niñas más vulnerables de nuestra sociedad. Deseamos que éestas medidas sean efectivas para fortalecer el cumplimiento de las pensiones alimentarias y que se logre proteger a las niñas, niños y adolescentes. Es necesario seguir trabajando para garantizar el cumplimiento de los derechos de la infancia y promover una cultura de responsabilidad parental para avanzar en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria y justa. para las personas.

Infancia quieta y encerrada, el gran desafío

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

El día de hoy te vengo a contar una historia. Hacía unos años en un pueblo mexicano, las calles estaban llenas de niñas y niños corriendo y jugando sin preocupaciones. Jugaban a las escondidas, quemados, un palo se volvía juguete, contemplaban catarinas e imaginaban escenarios llenos de diversión.

Sin darnos cuenta en qué momento, la libertad de las niñas y niños se volvió limitada. Ya no juegan tanto tiempo en la calle, sino que se están cada vez más encerrados en “cajas”. La escuela se convirtió en un espacio para permanecer quietos, así como la casa, otra caja en la que están encerrados gran parte del tiempo, viendo televisión o navegando en sus celulares.

La realidad es que la niñez, en los últimos años, ha estado perdiendo la oportunidad de interactuar con el mundo real y experimentar con sus cinco sentidos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública 2021, el 62% de las y los cuidadores no dejaron salir a niñas, niños y adolescentes fuera de su hogar por la percepción de inseguridad pública. En estados como Tabasco este dato llega al 84% de niñas y niños.

Además, según la Encuesta Nacional sobre la Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2020, en México, 75% de la población de 12 años y más utilizó Internet en cualquier dispositivo. Es común que las niñas y los niños, desde edades tempranas, pasen gran parte de su tiempo en internet, lo que puede tener efectos negativos en su desarrollo y salud si no se controla adecuadamente.

Este tema se conecta a uno muy importante, y es que en México tenemos altos índices de obesidad infantil. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021, en México el 7.8% de la primera infancia (niñas y niños menores de 5 años) tiene sobrepeso u obesidad y esto da un brinco alcanzando en promedio el 40% cuando hablamos de niñas y niños de 5 a 12 años y también de adolescentes de entre 13 a 17 años.

Sin lugar a dudas, la obesidad infantil es multifactorial y está relacionada con las bebidas azucaradas, alimentos procesados, malos hábitos alimenticios poca actividad física, la percepción de inseguridad de los cuidadores, y la sobre exposición a dispositivos electrónicos. Y qué nos dicen estos datos, que nuestra niñez esta encerrada, pegada al celular y con una mala nutrición.

Durante los primeros años, es esencial exponer a las niñas y los niños a contextos y actividades de calidad que promuevan un desarrollo óptimo del cerebro. Algunos ejemplos en los cuales se puede visibilizar un entorno positivo para el desarrollo infantil son a través de la actividad física, el fomentar el juego y la exploración en la naturaleza, ya que esto puede proporcionar una experiencia de aprendizaje y un ambiente saludable para el desarrollo.

El contacto con la naturaleza ha probado enormes efectos positivos en la salud, además de la reducción de la prevalencia en obesidad infantil, reduce casos de depresión, aumenta la esperanza de vida, mejora la calidad del sueño y de visión. Además, los estudios demuestran que la presencia de áreas verdes reduce las tasas de violencia y aumenta la asistencia escolar, especialmente en las comunidades más vulnerables.

Por ello, desde Early Institute, think tank especializado en primera infancia, consideramos de suma relevancia promover ambientes seguros y espacios verdes para incentivar la actividad física, esto es una necesidad comunitaria, si no hay parques y espacios de interacción, no hay comunidad.

Finalmente, se hace un llamado a las madres, padres y cuidadores a establecer límites en el uso de internet y animar a los niños y las niñas a participar en actividades físicas y en entornos naturales que promuevan un desarrollo saludable. Solo en la medida en la que seamos adultos conscientes de nuestros hábitos podremos cambiar y ser un ejemplo para las niñas, niños y adolescentes.

Siete de cada 10 agresores sexuales están en la familia

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.
Publicación original en El Sol de México

Siete de cada 10 agresores sexuales están en la familia

Sin lugar a dudas, las niñas y niños están viviendo diversas formas de violencia desde su primera infancia. La violencia está tan normalizada que nos alejamos de lo que debería estar sucediendo, que niñas y niños se desarrollen dentro de un cuidado cariñoso y sensible.

Una de las formas de violencia que más preocupa y que nos hemos enfocado en analizar desde Alumbra, una iniciativa de Early Institute, es la violencia sexual. Esta compromete y tiene afectaciones severas en el desarrollo social, emocional y físico, no solo durante la primera infancia, sino también a largo plazo.

Gracias a diversas fuentes de información como el Inegi, hoy podemos acercarnos a la magnitud de la violencia sexual que existe en México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2021, el 12.6% de las mujeres reportaron haber sufrido alguna forma de violencia sexual durante su infancia y casi 7 de cada 10 reportaron como agresores sexuales a familiares, por lo que sabemos que el enemigo está en casa.

Además, desde el enfoque de denuncias y carpetas de investigación dentro del Censo Nacional de Procuración y Justicia Estatal 2021, es posible conocer que la violencia comienza desde la primera infancia, es decir niñas y niños que no han cumplido 6 años. Diariamente alrededor de 6 niñas y niños de la primera infancia sufren violencia sexual lo cual equivale a 2,078 carpetas de investigación abiertas, de las cuales el 73% son del sexo femenino.

Desde Alumbra, observamos grandes retos para proteger a las niñas y niños de la violencia sexual. En primer lugar, se observa una enorme cifra oculta y silencio alrededor del problema, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública el 95% de los delitos sexuales no se denuncian.

Respecto a esto, desgraciadamente mamás, papás y cuidadores tienen capacidades deficientes de prevención. Primeramente porque existen bajos niveles de educación sexual al interior del núcleo familiar, son temas “tabú” y además, se desconocen aspectos esenciales respecto al problema como el hecho de que los principales agresores se encuentran en la familia.

Lo anterior me lleva al tercer punto, y es que el problema comúnmente se le atribuye al ámbito familiar. La protección de niñas y niños no solamente es responsabilidad de la familia, es una responsabilidad colectiva. Frecuentemente docentes, personal de salud, y personal de justicia no se encuentran capacitados y sensibilizados sobre el tema y cuando niñas y niños acuden a estas instancias, no saben cómo atender. Por poner un ejemplo, en 2021, 441 niñas y niños de la primera infancia acudieron a una unidad de salud requiriendo atención médica.

Está demás decir que una niña o niño no puede llegar a un hospital o a su escuela y que una violencia no sea detectada, resulta indispensable que actuemos y que tengamos políticas públicas enfocadas en la prevención y atención de la violencia contra niñas y niños.

Desde Early Institute, consideramos imperante atender y enfrentar todos los casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes para garantizar su protección. Por ello recomendamos continuar generando conocimiento para poder erradicarla, el acceso a la información es clave para prevenir y sobre todo para diseñar estrategias e incidir en política pública con esfuerzos focalizados. Además, consideramos indispensable fortalecer las capacidades de prevención de cuidadores, sobre todo porque sabemos que la educación sexual debe comenzar desde la primera infancia para que desde ahí comience el desarrollo de habilidades para la protección. Por último, es urgente ampliar las capacidades de diagnóstico, detección y atención sobre todo en el ámbito de salud y el escolar, debido a que particularmente para la prevención en la primera infancia, son aliados imprescindibles.

Debemos comprender la importancia de la primera infancia y entender que todas y todos tenemos una corresponsabilidad para su protección. La violencia contra niñas y niños debe ser erradicada en todas sus formas, como sociedad tenemos que ser guardianes de nuestra niñez mexicana y su protección tiene que ser un tema prioritario en la agenda pública.

Investigadora en Early Institute

La pandemia, retroceso educativo para la primera infancia

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.
Publicación original en El Sol de México

Especialistas con años de experiencia en materia de educación inicial y preescolar se reunieron para identificar los retos y recomendaciones en la mesa de discusión de sobre educación del Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México) impulsada por Early Institute.

En el panel participaron Irma Luna Fuentes, subdirectora de Educación Inicial en la Dirección General de Desarrollo Curricular de la Secretaría de Educación Pública (Sep); Brenda González García, directora de Atención de Políticas de Primera Infancia del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna); y las investigadoras Katia Carranza Velázquez, de Mexicanos Primero e Ixchel Beltrán Revilla, del Pacto por la Primera Infancia.

Inicialmente se dieron a conocer datos oficiales y validados disponibles dentro del SIPI en materia educativa, en los cuales se expusieron decrementos sustanciales durante la pandemia en las cifras de educación inicial y preescolar correspondientes a los periodos escolares 2019/2020 y 2020/2021.

La matriculación preescolar – de niñas y niños de entre 3 y 5 años- decreció en 8% en 2020/2021 con respecto al periodo anterior. Aún más preocupante que la tasa de escolarización de educación inicial – niñas y niños de entre 0 y 2 años 11 meses- cayó en 18%. Sin lugar a dudas, la pandemia tuvo un impacto en la educación de la primera infancia, la cual se refiere a niñas y niños de entre 0 y 5 años.

Las reconocidas especialistas en el tema visibilizaron los retos importantes que obstaculizan el impulso de la educación de la primera infancia: asegurar la calidad en los procesos, el reconocimiento social de la educación inicial y preescolar, así como, mayor y mejor asignación presupuestal.

Reconocimiento social

Comúnmente la educación inicial se percibe como el lugar en donde se dejan a las niñas y niños mientras los padres o tutores se trabajan, debido a que el término guardería ha sido muy posicionado. No obstante, existe un gran desconocimiento respecto a los centros educativos, que a través del juego y del fortalecimiento de vínculos afectivos impulsan el desarrollo infantil temprano.

El impacto post pandemia por no llevar a niñas y niños a las escuelas en tiempo puede tener consecuencias brutales. Según lo expuesto, ya se alcanzan a ver y en estos próximos años se visibilizarán aún más los efectos de años previos, puesto que debido a que niñas y niños que no se han relacionado con más personas porque debido a que nunca han dejado a sus cuidadores, por lo que el cambio abrupto puede afectar su desarrollo social, emocional, cognitivo y , físico.

Resulta fundamental difundir que las niñas y niños de entre 0 y 5 años deben asistir a centros educativos, o incluso las modalidades no escolarizadas como lo son los centros comunitarios que hay en cada localidad, porque en estos centros es dónde aprenden y se desarrollan.

Calidad de los procesos

Las especialistas destacaron retos importantes respecto a la necesidad de una regulación con estándares mínimos de calidad en los procesos educativos. Actualmente existen diversos “servicios”, “modalidades”, “guarderías” y “centros educativos” que no necesariamente están incorporados a la SEP y que además, no cumplen con estándares mínimos de calidad.

Además, Lla falta de capacitación de agentes educativos en temas de primera infancia es evidente. De acuerdo a datos oficiales disponibles en el SIPI, el 20% del personal docente no tiene la formación mínima para impartir preescolar. Es necesario que en la educación se fortalezcan las capacidades entorno al marco del cuidado cariñoso y sensible y que se valore el capital humano de agentes educativos que ya están capacitados sin que influyan cambios gubernamentales en su rotación.

Asignación presupuestal

Coincidentemente, el bajo presupuesto en la educación de la primera infancia fue otro gran desafío planteado por las especialistas. Necesitamos una mejor asignación presupuestal en la primera infancia con progresividad y maximización de recursos. Invertir mejor e identificar los aspectos de atención prioritaria.

Desde Early Institute el think tankEarly Instituteconsideramos imperante atender estos aspectos prioritarios. Se necesita difundir sobre la importancia de la educación inicial y preescolar, que no son lugares para guardar a las y los niños mientras se trabaja. Los centros educativos logran a través del juego y vínculos afectivos, apoyarles en su aprendizaje y educación lo cual marcará los cimientos para su desarrollo social, emocional, físico y cognitivo para toda la vida.

Por otra parte, se hace un llamado a las autoridades de los niveles más altos a mejorar la asignación presupuestaria de la primera infancia con progresividad y maximización de recursos. Necesitamos invertir más en la calidad de los procesos educativos sobre todo a través de la capacitación continua de agentes educativos. Las niñas y niños son sujetos de derechos y aprendices competentes y necesitamos garantizar su derecho a la educación.