Cuidados paliativos en la contingencia

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Lo que estamos experimentando con la pandemia nos obliga a ver más allá de lo visible: el crecimiento de infectados por el Covid-19, las consecuencias económicas, el estado del sistema de salud, el aumento de muertes ocasionadas por las complicaciones del coronavirus, entre otros aspectos.

Uno de los temas que recobra importancia en este escenario es lo que ocurre con los cuidados paliativos, entendidos como el cuidado activo y total de las enfermedades que no tienen respuesta a tratamientos curativos, siendo su objetivo conseguir la mejor calidad de vida posible para los pacientes y sus familias.

¿Por qué es necesario hablar de estos cuidados? Porque hoy más que nunca es relevante enfatizar en la atención amorosa, compasiva y dedicada que deben recibir los enfermos con padecimientos terminales y sus familiares, en momentos de extrema precaución.

Los cuidados paliativos no aceleran ni retrasan el curso de la enfermedad, solo disminuyen los síntomas dolorosos y dan apoyo en aspectos físicos, psicológicos, familiares, espirituales y sociales. En sí, abarcan cuatro dimensiones: a) atención de paciente/familia; b) manejo de calidad de vida del paciente; c) control de síntomas, y d) duelo.

Hay que recordar que este tiempo delicado y excepcional exige extremar las medidas para evitar contagiar de Covid-19 a los sectores más vulnerables, como el integrado por aquellos cuyas enfermedades no tienen cura, pero que merecen tener una mejor calidad de vida hasta el último momento, salvaguardando su dignidad y sus derechos humanos.

En este sentido –sobre los tres primeros incisos– además de las atenciones esenciales, es fundamental que como cuidadores tomemos las medidas de higiene más meticulosas que eviten un posible contagio. Pero también es básico proveer apoyo espiritual. Según la Guía de manejo integral de cuidados paliativos, editada por el Consejo de Salubridad General (CSG), Early Institute y el Instituto Nacional de Cancerología, en 2018: “La espiritualidad, en particular la dimensión de la fe, puede ser un componente importante en el bienestar y calidad de vida del paciente en etapa terminal. […] La espiritualidad es el conjunto de pensamientos, valores, conceptos, ideas, ritos y actitudes a través de los cuales articulamos nuestra vida y buscamos el sentido, el propósito y la trascendencia de la vida impulsados por nuestro espíritu”.

En cuanto al duelo –en este tiempo de pandemia– se debe ser cauteloso. Si con la preparación para esta fase, el dolor por la pérdida de un ser querido es difícil, lo es más cuando nuestro familiar podría ser aislado por haber contraído el Covid-19, o bien, por no hacer una despedida social ante el confinamiento, como nos hubiera gustado.

Si esos fueran los casos, evitemos buscar culpables, ya que no podemos cambiar la situación. Mantengamos la calma y confiemos en que nuestro ser querido no se sintió abandonado en ningún instante. De igual modo, este trance no debe ser motivo para vivirlo en soledad, ya que hoy la tecnología permite estrechar lazos a través de llamadas y videollamadas; es indispensable hablar sobre nuestras emociones y expresar el dolor.

Sobre todo, sepamos que contamos con los recursos para afrontar un asunto de esta magnitud, que puede causarnos desaliento. Por ello, fortalezcamos nuestra esperanza y tengamos la certeza de que estamos actuando responsablemente, con pleno amor y conciencia para que –en cuanto se pueda– los abrazos venideros nos reconforten y vivamos un proceso de duelo adecuado.

Entre la amnistía y los reclamos urgentes

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

¿Qué tan necesario puede ser aprobar en estos momentos la Ley de Amnistía? ¿Qué tan positivo resulta legislar un asunto de esta relevancia al vapor? El sentido común precisa mayor responsabilidad para discutir las implicaciones de la amnistía, pero la urgencia por liberar delincuentes, ante la pandemia, parece tener mayor peso en México.

Ayer, en medio de una contingencia sanitaria, que reclama ser atendida por todos los niveles de gobierno, el Senado de la República estaba por aprobar la Ley de Amnistía. De hacerlo, se verían favorecidas las personas “en contra de quienes se haya ejercitado acción penal, hayan sido procesadas o se les haya dictado sentencia firme, ante los tribunales del orden federal, siempre que no sean reincidentes respecto del delito por el que están indiciadas o sentenciadas”, según la Minuta con Proyecto de Decreto por el que se expide la ley.

Si bien dicho ordenamiento ya fue avalado por la Cámara de Diputados, en 2019, para beneficiar a criminales relacionados con los delitos de aborto, homicidio en razón de parentesco, contra la salud, robo simple sin violencia, sedición y cualquier ilícito cometido por integrantes de pueblos indígenas que no hayan tenido un debido proceso, la premura por aprobarlo en el Senado y en los estados de la República Mexicana es inadmisible.

Sabemos que la modificación de leyes penales no permite decisiones a la ligera y que detrás de la tipificación de cualquier delito, se encuentran importantes valores sociales y de seguridad jurídica que el legislador debe analizar con absoluta responsabilidad y cautela.

En el caso del delito del aborto, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a nivel federal hay doce hombres privados de la libertad por cometerlo, ya sea por incurrir a una negligencia médica o por forzar a una mujer a practicarse un aborto. Incluso, no hay ninguna mujer privada de su libertad por el delito de aborto en términos del Código Penal Federal.

¿Qué significa que sean los varones quienes estén encarcelados por este delito? Algo muy sencillo: que en nuestra sociedad prevalece la violencia hacia la mujer embarazada y un nulo respeto por la vida humana, lo cual no justifica otorgar perdón del Estado en ese caso, pues no hay ninguna mujer sentenciada por abortar.

De liberarlos se abonaría a la violencia de género, en tanto se da libertad –mediante decreto– a quienes cometieron actos de violencia en contra de mujeres embarazadas, o a quienes obligaron a mujeres a terminar con su embarazo para desatender sus obligaciones de paternidad. Esto, sin duda, es un enorme retroceso social que no debe ni puede ser admitido o normalizado, y menos en un país tan violento y desigual como el nuestro.

En Early Institute buscamos crear entornos seguros desde los primeros días de vida, por lo que es fundamental evitar la promoción de una agenda basada en ideologías –como en el caso del aborto– antes que ocuparse de las dramáticas prioridades de salud, economía, seguridad y otros tantos problemas graves que afectan a los mexicanos y que se agudizan por la pandemia.

Hoy más que nunca es necesario proteger a los más vulnerables y no a los delincuentes. Hoy necesitamos cuidar a quienes son los más afectados por decisiones poco estudiadas, caprichosas y que atentan contra el valor de la vida, el derecho a la salud, a la seguridad y al trabajo.

 

 

La inversión en primera infancia, deuda pendiente

Por Cristian Acosta, Coordinador de Asuntos Públicos en Early Institute

Publicación original en ContraRéplica

 

Invertir en la primera infancia es la mejor estrategia que un país puede diseñar e implementar, así lo ha señalado James Heckman, economista estadounidense que, en el año 2000, gracias a sus aportaciones en la materia fue reconocido con el Premio Nobel de Economía.

La idea parece bastante obvia, si invertimos en la primera infancia -etapa de la vida que va desde los cero hasta antes de los 6 años- nuestras niñas y niños contarán con los elementos indispensables para desarrollar su máximo potencial a nivel social, físico, intelectual y psicológico.

Sin embargo, cabría preguntarnos ¿cuál es la situación de la niñez mexicana y qué políticas públicas hemos desarrollado para atenderla?

 

La realidad de la niñez en números

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), en México para 2019, 13.1 millones de niñas y niñas tenían menos de 6 años, entre 2020 y 2024 se espera tener un promedio anual de 12.9 millones de niños en esa edad, en la que se enfrentan a retos como la tasa de mortalidad, la desnutrición crónica, el sobrepeso y la obesidad, la anemia, los problemas de desarrollo, el rezago en alfabetización y en conocimientos numéricos, y el respeto a su derecho a la identidad, entre otros.

 

¿Qué hemos hecho para pagar nuestra deuda con la niñez en México?

Durante los últimos 30 años, como país hemos dado diversos pasos para visibilizar a la niñez. Entre ellos destacan:

  1. La aprobación y ratificación de la Convención de los Derechos del Niño en septiembre de 1990.

  2. La publicación de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en mayo del 2000.

  3. El reconocimiento constitucional de que el Estado debe velar y acatar el interés superior de la niñez en el diseño, ejecución y evaluación de sus políticas públicas, en el 2011.

  4. La publicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en diciembre del 2014, con la que se le dio vida al Sistema Integral de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), y se fortalecieron las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, encargadas de establecer mecanismos de restitución de derechos para niños vulnerados.

  5. La publicación del primer Programa Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes 2016-2018, en agosto de 2017, cuya finalidad fue establecer parámetros específicos de políticas públicas para este sector de la población.

  6. La reforma al artículo 3º constitucional en mayo de 2019, con la que se reconoció a la educación inicial como un derecho y la obligación del Estado de garantizarlo.

 

Principales deficiencias en la atención a niñas y niños

A pesar de contamos con un marco normativo sólido, hay deficiencias en la aplicación de las normas, pues, las propias autoridades, academia y sociedad civil reconocemos que:

  1. El enfoque de niñez en el diseño de políticas públicas es precario o nulo.

  2. La coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales es fragmentada o limitada.

  3. Se desconocen los alcances, derechos y principios establecidos en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescente.

  4. Existe poca capacitación en materia de niñez.

  5. Contamos con sistemas de información precarios y poco confiables.

  6. Hay limitaciones por el presupuesto asignado para los programas que benefician a la primera infancia.

 

La ENAPI como apuesta de visibilización e inversión a favor de la primera infancia

El 23 de marzo de 2020 el SIPINNA publicó en el Diario Oficial de la Federación la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI). Esta estrategia parte de la premisa de un cuidado cariñoso y sensible, el cual es un concepto desarrollado por la OMS, UNICEF y Banco Mundial para otorgar protección, seguridad, salud y nutrición con una atención sensible y receptiva que responde a los intereses y necesidades, alienta a explotar el entorno e interactúa con sus cuidadores y otros actores relevantes.

Así, la ENAPI identifica 5 áreas clave: buena salud, nutrición adecuada, oportunidades de aprendizaje temprano, protección y seguridad y atención y cinco estrategias:

1) Inversión intersectorial, esto quiere decir que las autoridades de todos los sectores deben trabajar de manera coordinada para atender a la niñez.

2) Crianza familiar, para enriquecer las prácticas que como sociedad damos a nuestras niñas y niños.

3) Fortalecer la atención, en servicios clave para la niñez, como lo son la educación, salud, cuidado y procuración.

4) Medir para mejorar, pues la carencia de sistemas de registro de información impide establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.

5) Corregir e innovar, con la finalidad de tener una estrategia flexible que permita advertir aciertos y deficiencias; que permitan identificar áreas de oportunidad para redireccionar las políticas públicas.

En conclusión, la ENAPI atiende a las premisas de James Heckman, pues por primera vez en nuestra historia moderna, hemos desarrollado una estrategia nacional que visibiliza a la primera infancia, además de obligar a las autoridades a invertir y actuar de manera coordinada para generar políticas públicas intersectoriales y corresponsables con mecanismos de atención y procuración de madres, padres, familia, autoridades educativas y sociedad en general.

Cabe destacar que tendremos que medir para mejorar y corregir para innovar los contenidos de cada estrategia, su implementación exige la correcta aplicación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, un enfoque de niñez que permee en la toma de decisiones y una coordinación efectiva entre las autoridades.

Así bajo una responsabilidad colectiva, en Early Institute, think tank mexicano especializado en primera infancia, aplaudimos y nos sumamos al trabajo colaborativo, pues sabemos que no aprovechar esta oportunidad, implicaría continuar con nuestra deuda hacia la primera infancia.

 

 

 

Violencia digital en tiempos de COVID-19

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo

 

En el cuaderno de investigación Abuso sexual infantil y otras formas de violencia hacia la niñez en México, Análisis de indicadores de incidencia delictiva –publicado en noviembre de 2019 por Early Institute a través del proyecto Alumbra–, se dio a conocer que el uso de nuevas tecnologías implica una ventana de riesgos para las niñas, niños y adolescentes.

En el documento se informa que, de acuerdo con cifras reportadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en el año 2017, 20 por ciento de los niños y adolescentes entre 12 y 17 años de edad que utilizaron internet, vivieron alguna forma de ciberacoso.

La cifra sin duda es preocupante, sobre todo si consideramos que esta problemática se agrava ante la actual crisis sanitaria que vivimos por el coronavirus COVID-19.

El pasado 23 de marzo, el Buró Federal de Investigaciones​ (FBI, por sus siglas en inglés) publicó un comunicado advirtiendo que, ante las medidas tomadas para combatir la pandemia –como el cierre de las escuelas y el distanciamiento social– niñas, niños y adolescentes extenderán el tiempo que pasan conectados, situación que incrementa el riesgo de ser víctimas de explotación sexual infantil.

Así, actividades como los juegos en línea y el uso de redes sociales los exponen a depredadores sexuales y al grooming, técnica empleada por una persona adulta para engañar a una niña, niño o adolescente y conseguir fotos, videos o incluso coordinar un encuentro con fines sexuales.

Ante los retos que trae esta contingencia, mamás, papás, cuidadores, especialistas, sociedad y autoridades, debemos estar más alerta que nunca, poner un alto definitivo a la violencia ejercida contra nuestra niñez y garantizar su bienestar físico y emocional.

De no actuar a tiempo condenaremos a toda una generación a sufrir daños irreparables, mismos que se extenderán en toda la sociedad.

Autoridades especializadas recomiendan tomar medidas como las siguientes: a) instalar un antivirus y un programa de control parental; b) reportar usuarios, perfiles, enlaces o foros con contenidos abusivos, sospechosos o inapropiados; y c) mantener aparatos electrónicos en espacios comunes de la casa.

También, crear conciencia en las niñas, los niños y los adolescentes sobre los riesgos que pueden enfrentar en internet, observar con mayor atención comportamientos extraños y tener un diálogo abierto con ellos, para que sepan que cuentan con el apoyo de su familia frente a cualquier situación, son herramientas efectivas para prevenir la violencia digital.

En caso de conocer o ser víctima de este tipo de violencia, rompe el silencio, llama al 088 y haz el reporte correspondiente.

Recuerda que la denuncia es anónima, ésta puede ayudar a identificar a los agresores, rescatar a otras víctimas, detener a los probables responsables y prevenir nuevos casos.

Hogares, ¿seguros?

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Ante la amenaza por acrecentar el contagio del COVID-19, se ha pedido permanecer en nuestras casas, partiendo de la premisa de que son los lugares más seguros y confiables. Sin embargo, para mucha gente no es así. Para muchos, es enfrentarse a una violencia intrafamiliar, que crece por la actual situación y cuyo combate exige acciones conjuntas en apoyo a los más vulnerables, como son niños, niñas y adolescentes (NNA).

Un hogar –que ya era violento– y en donde el estrés se incrementa por las implicaciones del confinamiento (falta de empleo, falta de alimentos, problemas económicos, angustia por contraer enfermedades, etcétera) es un sitio de riesgo para infantes y adolescentes.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en los primeros dos meses de 2020 se registraron 33 mil 645 delitos de violencia familiar a nivel nacional. Esto representa un incremento de 16 por ciento en este bimestre con respecto a los registrados en el primer bimestre de 2019.

De igual modo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, 44.6 por ciento de las mujeres de 15 años y más fue víctima de algún acto violento por parte de algún integrante de su familia, esposo o pareja.

Esto es tan solo una muestra del panorama que se vive en nuestro país y que se agrava en situaciones de mayor tensión como las de nuestros días.

De acuerdo con la Alianza para la Protección de Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria, en su Nota técnica: Protección de la niñez y adolescencia durante la pandemia del coronavirus, entre los riesgos que padecen NNA se ubican: maltrato físico y emocional; aumento del riesgo de explotación sexual; deterioro de los problemas preexistentes de salud mental; aumento de la explotación laboral; separación familiar; entre otros.

Dado que en Early Institute estamos convencidos de que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños; y que las situaciones que viven en sus primeros años, influyen en su futuro, es necesario que construyamos un entorno que asegure su bienestar integral.

Por ello, proponemos que para mitigar las afectaciones del confinamiento en un hogar con violencia intrafamiliar, las vías telefónicas de atención dispuestas al servicio de la protección de grupos vulnerables, pongan mayor énfasis en las llamadas que reciban de niños, niñas y adolescentes y reforzar el mensaje de que las líneas de ayuda están abiertas para atender este tipo de problemáticas, sin importar la edad.

Incluso, se requiere ampliar la difusión de todos los medios de contacto para atender cualquier forma de violencia, como es la habilitación de mensajes a través de Whatsapp u otros canales. Esto implica garantizar que los servicios de atención a la violencia funcionen con normalidad ampliando su capacidad, pues es sabido que, en contextos de emergencia nacional, se saturan.

Hoy más que nunca comprometámonos a seguir colaborando en la protección de niños, niñas y adolescentes. Asumamos la responsabilidad y vigilemos con mayor ahínco lo que ocurre a nuestro alrededor para actuar en consecuencia.

Unidos por la seguridad de las niñas y los niños

Por Valeria González Ruiz, Coordinadora de Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en ContraRéplica 

 

La violencia ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes es una realidad que carcome a nuestra sociedad, sin embargo, las actuales condiciones derivadas de la contingencia sanitaria tienden a agravarla. A pesar de que el aislamiento social es una medida necesaria para combatir la pandemia del Covid-19, es un factor que inevitablemente incrementa la exposición al riesgo de la población infantil, pues les impone convivir con sus agresores y los aleja de sus redes de apoyo.

Diversos análisis advierten que en situaciones de crisis —como la que se vive actualmente en todo el mundo por el Coronavirus— se exacerba la violencia. El estrés colectivo, la incertidumbre financiera y el deterioro o afectación de las condiciones de vida, son los principales detonantes.

En el caso de nuestro país, ya existen indicios que nos confirman lo anterior: según datos de la Fiscalía General de la Ciudad de México, en las fases 1 y 2 del Covid-19 creció 7.2 por ciento el número de detenidos por violencia doméstica; tan sólo del 9 al 25 de febrero se abrieron mil 581 carpetas de investigación; y la Red Nacional de Refugios reportó que del 17 al 28 de marzo pasaron de 60 a 160 el número de llamadas recibidas. Sin embargo, no tenemos que aceptar esta realidad, como sociedad y en lo individual, podemos poner un alto a la violencia e impedir que se replique generación tras generación.

Cuando planteo que estamos a tiempo de frenar y revertir esta problemática, lo hago con la convicción de que somos una sociedad unida, empática y comprometida con la niñez. Por ello, debemos actuar con firmeza y asumir la responsabilidad colectiva de proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes, especialmente en estos momentos de incertidumbre. Ahora es el mejor momento de dejar de lado la indiferencia y romper el silencio.

Cada uno de nosotros, desde nuestras respectivas trincheras, debemos de ayudarlos y asegurar su bienestar, como si fueran nuestros. Esto implica —entre otras cosas— advertir y señalar situaciones de riesgo que puedan afectar a una niña o niño, denunciar casos de violencia o agresiones en su contra y generar espacios seguros para su vida y desarrollo. Por nuestra parte y desde Alumbra —proyecto colaborativo de Early Institute que suma los esfuerzos, experiencia y conocimiento de la sociedad civil, agencias internacionales, autoridades gubernamentales e investigadores — trabajamos en la generación de información y en el diseño e implementación de estrategias para prevenir la violencia sexual cometida contra niñas, niños y adolescentes.

Finalmente, si estás en riesgo o eres víctima de violencia, recuerda que no estás sola, acá afuera hay un ejército de personas que queremos ayudarte. Puedes llamar a los Centros de Justicia para las Mujeres, ahí se concentran servicios de tipo legal, psicológico y médico, algunos cuentan con agentes del Ministerio Público y proporcionan refugio temporal u ofrecen ayuda para encontrarlo. También ten presente que la principal línea de emergencia es el 911, ahí pueden canalizarte con el servicio que necesites.

Leer, un apoyo emocional

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en

Con el exceso de estrés que se vive en los últimos días, en esta ocasión quisiera hablar de una actividad que podemos efectuar para mantener la tranquilidad y convivir en familia. Me refiero a la lectura. Decía el escritor José Saramago: “Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista tienes que leer”. Si bien el deporte es fundamental para nuestro bienestar, hoy la situación apremia que cuidemos nuestra salud emocional y leer puede ser una buena opción para dicho fin.

En México la lectura es un tema pendiente. Según el Módulo sobre Lectura 2019 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de cada 100 personas, 42 dijeron haber leído al menos un libro en un año. Es una práctica que exige varios retos para que sea adquirida como un hábito: uno, habría que motivar que su adopción se inicie en casa por medio de la convivencia familiar y hacer que la sociedad se involucre más en su ejercicio; dos, se tiene que propiciar que en las escuelas se brinden lecturas según los intereses y edades de los estudiantes; y, tres, hay que permitir que el lector se apropie de su experiencia, es decir, encuentre sus propios intereses.

En junio de 2019, el gobierno federal puso en marcha la Estrategia Nacional de Lectura con el objetivo de incentivar su hábito a través de tres ejes de acción: formativo, persuasivo y material.

El primero se refiere a la participación de las instancias educativas del país, encabezadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Para fortalecer el eje persuasivo se cuenta con el apoyo de los medios de comunicación públicos para difundir la lectura como una actividad placentera y significativa. El último eje –el material– busca asegurar la disponibilidad de libros y otros materiales a través del Fondo de Cultura Económica (FCE), principalmente.

Sin duda establecer una estrategia favorece el impulso del acto lector, pero la labor va más allá. Leer es una experiencia de vida, y como tal, es difícil imponer su práctica. Más bien se trata de facilitar y motivar a la gente para que la adopte, empezando por los más pequeños, quienes idealmente tendrían que ver un ejemplo en sus entornos más cercanos. Se sabe que el acercamiento a la lectura beneficia el desarrollo de los infantes y, precisamente, este tipo de atención al cuidado y a la educación de niñas y niños es una línea de acción de Early Institute para crear adecuados ámbitos familiares y sociales.

Por otra parte, hoy el lector tiene un abanico muy amplio con la era digital, ya que encuentra acceso a textos de variadas temáticas y preferencias en múltiples formatos y modalidades. En estos días, diversas editoriales y páginas electrónicas han puesto a nuestra disposición cientos de acervos en línea –para todas las edades– que podríamos aprovechar.

Es cierto que el fomento a la lectura es una tarea compleja, pero no inalcanzable y estoy convencida de que, si nos esforzamos, los niveles tan bajos que suelen reportar las estadísticas podrían modificarse. Ante todo, hagamos de la lectura una actividad placentera y permitámonos refugiarnos en ella para sentirnos un poco mejor en estos singulares momentos

Ser femenino

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Si algo podemos fortalecer a partir de las fechas conmemorativas, además de visibilizar las necesidades sociales, es la reflexión. El Día Internacional de la Mujer no es la excepción, sobre todo, si prevalece un ambiente en el que pareciera que hombres y mujeres compiten, cuando ambos poseemos capacidades que se complementan.

El 8 de marzo millones de mujeres salieron a las calles de todo el mundo. En México, el 9 de marzo se organizó un paro de mujeres en la vida pública. Esto para exigir respeto a sus derechos, como es la seguridad. La causa es válida, pero convendría hacer un alto para evitar caer en posturas radicales que nada aportan y sí dañan.

Hombres y mujeres nacimos diferentes, pero eso no implica superioridad. Esto viene al caso porque cada uno, con sus fortalezas y debilidades, abona a la dinámica social. Una mujer da vida, suele ser paciente, bondadosa, sensible, cuidadosa, tierna, con mayor capacidad para perdonar. Por supuesto no se puede generalizar o decir que los hombres no poseen algunas de estas características, sin embargo, hay mayor presencia de estos rasgos en el género femenino. Estas diferencias deberían impulsarnos para no pensar en masculinizarnos en beneficio de la igualdad social.

Las mujeres valemos por lo que somos y no es necesario emprender una batalla contra los hombres –o tratar de ser como ellos–, que también poseen su valor. Si reconocemos esto, podremos desarrollar nuestras capacidades en los distintos ámbitos y espacios del colectivo social, pero con una óptica peculiar.

Ya sea como policías, amas de casa, ingenieras, maestras, economistas, doctoras, abogadas, bomberas o cualquiera que sea nuestra labor, nuestra actividad se transforma en una experiencia de crecimiento al ejercerla con ese cúmulo de cualidades femeninas; en cambio, si pretendemos ser como ellos, la confrontación resulta agotadora y frustrante. Aprovechemos la oportunidad de alimentar nuestro ser femenino con nuestras propias herramientas.

Para Early Institute es indispensable que tanto mujeres como hombres vivan plenamente y en comunidad, reconociendo sus diferencias como elementos de complementariedad, de ahí que a través de su Programa Rumbo busque la formación de líderes que impulsen políticas públicas con una visión humanista. Rumbo es un programa integral y multidisciplinario que se basa en tres principios: la centralidad de la persona, el bien común y la participación social. Asimismo, busca un equilibrio en las capacidades de hombres y mujeres para construir un país mejor.

Hoy más que nunca estoy convencida que nuestra fuerza radica en la unión, empatía y solidaridad. Hombres y mujeres jugamos un papel fundamental para delinear nuestro futuro. Exploremos las aportaciones de cada género y pongámoslas al servicio del grupo social, pero con nuestro sello personal. Caminemos juntos y transmitamos esta visión a las nuevas generaciones para que abracemos nuestros rasgos y construyamos desde nuestra naturaleza, que es única.

Por una responsabilidad colectiva

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

Cada día confirmamos que las amenazas a niñas, niños y adolescentes están en todas partes, lo que nos provoca conmoción e indignación. En definitiva, las reacciones y los sentimientos son válidos, pero quizá no hemos reparado en un asunto vital; se trata de la responsabilidad colectiva. Es decir, ejercer un compromiso por mirarnos y responsabilizarnos por otros, pese a no ser próximos.

En el caso de la protección a la población infantil y adolescente, asumir una responsabilidad conjunta –que no sea exclusiva de los cuidadores inmediatos: padres, tutores, maestros– colaboraría no solo en la sensibilización, sino en la prevención, vigilancia y acción ante los riesgos que aquejan a este sector.

Lo que se propone es que asumamos un rol activo para cuidarlos, convertirnos en sus guardianes y evitemos situaciones que puedan dañar su salud física, mental y emocional, construyendo entornos sanos y confiables.

Un guardián es un agente prosocial, es decir, una persona que tiene una participación activa en la prevención de la violencia: da información clara, crea ambientes seguros y ayuda a reestablecer la confianza en los niños y las niñas. También conoce cuáles son los síntomas que alertan si alguien sufre una situación de violencia sexual. En caso de reconocer una posible situación de esta índole, por un lado, le cree a la víctima, le brinda apoyo emocional y lo orienta para que reciba la ayuda necesaria, tanto legal como psicológica. Por otro lado, al saber que el proceso de restauración es largo y difícil, transmite al entorno social la información adecuada para no ver y tratar a la víctima de un modo diferente, en beneficio de su recuperación. Un guardián no es omiso, actúa.

Por supuesto, es fundamental exigir al Estado el cumplimiento de las garantías que aseguren ambientes idóneos a los infantes, así como su pronta actuación cuando su integridad esté en peligro, pero es una labor conjunta propiciar su desarrollo y bienestar. Sobre todo, ahora que la propia dinámica social ha dejado de proveer escenarios seguros.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y The Lancet advirtieron en el informe ¿Qué futuro les espera a los niños del mundo? que la salud y el futuro de niñas, niños y adolescentes están comprometidos por aspectos como la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que originan el consumo de productos que los dañan.

Según la exprimera ministra de Nueva Zelanda y participante en el informe, Helen Clark: “Los países deben revisar sus enfoques de la salud de los niños y los adolescentes para garantizar que no solo cuidemos de nuestros niños hoy, sino que también protejamos el mundo que heredarán en el futuro”.

Aceptemos la corresponsabilidad, actuemos conscientemente y procuremos a las niñas, los niños y los adolescentes un ambiente más amable del que conocen. Dejemos a un lado la indiferencia y cooperemos en su cuidado. En suma, seamos sus guardianes.

 

 

Cultura de paz para la protección infantil

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

En la protección de nuestros niños y niñas es posible contribuir como agentes preventivos. Ellos lo merecen y nuestra participación haría una diferencia. Sin duda la intervención del Estado es fundamental, pero no es suficiente; por ello, en la medida en que los ciudadanos abonemos a su cuidado y atención, mediante una cultura de paz podrán gozar de una mejor calidad de vida.

Dicho esto, ¿cómo podemos ser constructores de paz para prevenir la violencia a la niñez? Un primer paso es establecer un compromiso para trabajar a su favor. Familia, educadores, autoridades, comunidad y demás cuidadores debemos sumar esfuerzos de manera conjunta.

Otra acción sería romper el silencio haciendo público las diversas problemáticas que afectan a la infancia. De nada sirve si ocultamos o si pasamos por alto las distintas formas de violencia que la amenazan.

Sacar a la luz pública es valerse de los espacios públicos, mediáticos, gubernamentales, entre otros, en los que se haga evidente la existencia de los daños que aquejan a los infantes. Visibilizar es sensibilizar sobre la importancia de combatir tal o cual situación que los pone en riesgo, lo que posibilita estar alertas, actuar en consecuencia y captar la atención de las autoridades.

Una acción más es fomentar la cultura de paz desde nuestros hogares. En este entorno es importante privilegiar el diálogo al interior del seno familiar, es decir, compartir entre nosotros sentimientos, deseos y reconocimientos, enalteciendo siempre los aspectos positivos que puedan darse entre quienes integramos el primer núcleo. Crear un ambiente sano con el uso de un lenguaje cordial y respetuoso; fomentar valores que ayuden al crecimiento de cada uno de los miembros de la familia, en particular de los menores; escuchar sus inquietudes con apertura y paciencia; atender sus dificultades con interés; propiciar un ambiente de confianza e impulsar la solidaridad y la empatía son tan solo algunas de las propuestas para prevenir posibles peligros en sus entornos cercanos. En este sentido, el ejemplo es vital, por lo que los adultos debemos estar conscientes de nuestros actos y ser guías responsables.

Procurar una convivencia pacífica –que emane desde el hogar– es clave en el tipo de relaciones que los niños y las niñas establecerán a lo largo de su vida.

Por último, en la protección de la niñez es relevante promover la reducción de las brechas sociales y no ser indiferentes a las preocupaciones de los menos favorecidos. Para ello, la congruencia debe permear todas nuestras acciones, es decir, hay que tratar del mismo modo a cualquier persona sin importar su condición física, social, religiosa, emocional, entre otras.

Evitemos la discriminación en todas sus expresiones y ayudemos, en la medida de lo posible, a todos aquellos que puedan verse limitados –y en desventaja– para lograr sus metas. No dejemos que la indiferencia nos gane y, ante todo, transmitamos esta cultura a los infantes para restaurar el tejido social a partir del trato igualitario.

Ser constructores de paz en favor de la protección de los niños y las niñas implica actuar con principios para contribuir a la disminución de los abusos a los que están expuestos. Definitivamente vale la pena colaborar para dotarlos de un desarrollo pleno, sano y armonioso.