Atendamos a la primera infancia mexicana que vive en pobreza

En México, son los niños y las niñas de primera infancia los más afectados por la pobreza. Es alarmante que estemos atestiguando que casi la mitad de este sector viva en estas condiciones.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

En semanas pasadas, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer cifras sobre la medición multidimensional de la pobreza en México. El informe comprende de 2018 a 2022, abarcando las afectaciones derivadas de la pandemia por Covid-19.

De los resultados que se ofrecen, destaca que en ese periodo el porcentaje de personas que sufrieron pobreza multidimensional pasó de 41.9 a 36.3 por ciento, es decir, que de cada 100 personas, 36 tenían al menos una privación en sus derechos sociales. Otra cifra importante se refiere a la pobreza extrema, que en 2018 registraba un porcentaje de 7.0 por ciento y en 2022 el total fue de 7.1 por ciento. Este dato en número de personas equivale a que 8.7 millones vivieron pobreza extrema en 2018 y aumentó a 9.1 millones de personas en 2022.

Para el Coneval: “La pobreza es un fenómeno multidimensional que comprende aspectos relacionados con las condiciones de vida que vulneran la dignidad de las personas, limitan sus derechos y libertades fundamentales, impiden la satisfacción de sus necesidades e imposibilitan su plena integración social”. En ese sentido, se puede decir que quienes sufren pobreza presentan serias deficiencias en el acceso a derechos como la educación, la salud, la alimentación de calidad, entre otros.

De los rezagos más profundos que registra el Coneval es el que se refiere al ámbito de la salud, al señalar que “el porcentaje de personas con carencia por acceso a los servicios de salud pasó de 16.2 por ciento a 39.1 por ciento entre 2018 y 2022, lo cual representa un cambio de 20.1 a 50.4 millones de personas en esta situación, respectivamente”.

Pero todavía hay una preocupación más. En México, son los niños y las niñas de primera infancia los más afectados por la pobreza. En 2018, 51.9 por ciento de este grupo social vivió en situación de pobreza, siendo que en 2022 el porcentaje de esta población alcanzó a ser de 48.1 por ciento. Si bien se habla de una disminución, es alarmante que estemos atestiguando que casi la mitad de este sector viva en estas condiciones.

Sin duda esto es lamentable, ya que son los primeros años de vida los más importantes en el desarrollo de cualquier persona y las deficiencias que presente en esa etapa serán determinantes en su calidad de vida futura.

Ante este escenario, el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), proyecto de Early Institute, propone una serie de recomendaciones para combatir la pobreza en la primera infancia. Algunas de ellas son: contar con un sistema de protección social con enfoque de derechos que posibilite la reducción de las brechas existentes; ampliar y mejorar la cobertura de los programas de protección social que benefician a la primera infancia, siendo uno de ellos las transferencias monetarias; crear un sistema de cuidados y mejora de educación inicial y preescolar que garantice la dotación de servicios de seguridad social y educativos e impulsar la equidad regional, es decir, asegurar una redistribución del ingreso para corregir la grave asimetría regional.

Para Early Institute, la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños, de ahí la necesidad de construir un entorno de políticas públicas y medidas que propicie su bienestar integral. Evitemos el abandono de las necesidades de este grupo social, cuya protección no solo se nutre de la voluntad de la sociedad, sino es indispensable contar con estrategias, planes y acciones que ayuden eficazmente a su salvaguarda.

Libros de texto gratuitos, en la ilegalidad

Los libros de texto gratuitos fueron hechos sin haberse tenido los planes y programas de estudio publicados en el Diario Oficial de la Federación, como lo marca la Ley General de Educación.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

En un acto de total ilegalidad, llegan los libros de texto gratuitos a las aulas de educación básica que comienzan el ciclo escolar 2023-2024. ¿Por qué se habla de ilegalidad? Por varias razones. Para empezar, los materiales fallaron a un proceso de elaboración que dicta la ley y en el que, entre otras cosas, contempla la participación de diversos actores de la sociedad —más allá de las autoridades educativas—, a través de la creación de los planes y programas de estudio.

De entrada, el diseño de dichos planes, y cuya importancia radica en sustentar las bases de los libros escolares, fue hecho sin el consenso debido y de un modo poco transparente. Hoy la información sobre la conformación de las asambleas que implicó la elaboración de los planes y programas de estudio está reservada por cinco años, según por contener datos personales susceptibles a ser vulnerados.

Otro punto a destacar es que los libros de texto gratuitos fueron hechos sin haberse tenido los planes y programas de estudio publicados en el Diario Oficial de la Federación, como lo marca la Ley General de Educación.

Aun sin los fundamentos esenciales para la conformación de los materiales educativos, la Secretaría de Educación Pública (SEP) convocó a los docentes a participar en la elaboración de los libros, quienes en muchos de los casos no vieron reflejadas sus propuestas didácticas en los trabajos finales.

La serie de inconsistencias que presentan los libros de texto gratuitos han detonado que especialistas, como la investigadora del Cinvestav, Alma Maldonado, propongan la creación de materiales adicionales para subsanar las fallas de los actuales, derivadas de la forma con la que se han hecho.

A pesar de que en el artículo tercero de nuestra Constitución se señala que “El Estado priorizará el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos”, es claro su incumplimiento ante la serie de irregularidades que están presentando los materiales que debieran ser las principales herramientas en la garantía del derecho a la educación.

Esto sin duda es un retroceso en materia educativa, pero todavía más grave en el desarrollo de toda una nación, y si bien distintos sectores de la sociedad mexicana han promovido que la distribución de estos materiales no se efectúe, las autoridades gubernamentales han decidido continuar con su entrega.

Para Early Institute —el único think tank mexicano con más de 17 años de experiencia en mejorar la salud, el cuidado, la educación, la seguridad y la protección de la vida de la primera infancia a través de la incidencia en políticas públicas— nos parece gravísimo que se atente contra uno de los derechos fundamentales de las niñas, los niños y los adolescentes, como lo es la educación.

En este caso se están cometiendo atropellos que exhiben la nula aplicación de la ley, la cual claramente expresa el modo para elaborar los materiales que son base en la educación mexicana. Así, hacemos un llamado a que se respeten cabalmente los lineamientos que establece nuestra Constitución y las leyes derivadas en un afán por proteger el interés superior de niñas, niños y adolescentes y no para privilegiar intereses privados o políticos.

Más de 50 mil niñas, niños y adolescentes en casas hogar

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

¿Cómo sabemos que la adversidad, la negligencia y el abandono tienen un impacto negativo en el desarrollo infantil? Uno de los estudios de caso más relevantes en esta materia es en niñas y niños institucionalizados en Rumania en la década de los 80s, los científicos descubrieron que en las casas hogar llenas de bebés reinaba un silencio y concluyeron que debido a que no hubo una interacción típica entre un cuidador y un niño, nunca se les atendió cuando lloraban y por ello optaron por permanecer en silencio. El estudio determinó causalidad entre negligencia y desarrollo infantil inadecuado y probó que el cuidado cariñoso y sensible puede atenuar los efectos de las adversidades a las que habían sido expuestas.

En México, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, hay 53,862 niñas, niños y adolescentes en los Centros de Alojamiento de Asistencia Social (CAAS) que, por diversas razones como la violencia, la pobreza, el crimen organizado, la migración, entre otras, no viven en un entorno familiar y se encuentran institucionalizados. Esta situación representa un desafío social de gran relevancia.

Lamentablemente en México, de acuerdo con el Coneval más del 10% de las niñas y niños están en pobreza extrema y alrededor de 1,780,000 que equivale al 6% de las niñas y niños de entre 1 y 14 años se les castiga con violencia severa semanalmente.

A lo largo de los años, se ha planteado la necesidad de evitar la institucionalización de niñas, niños y adolescentes, sobre todo, por el impacto negativo en el desarrollo de las niñas y niños por largos periodos de institucionalización. No obstante, es fundamental visibilizar que ante las realidades que existen en México, los Centros de Alojamiento de Asistencia Social (CAAS), si bien deben mejorar en muchos casos la calidad y condiciones de sus servicios, han jugado un papel clave en la vida de miles de niñas y niños como hogares de transición hacia una familia.

Sin duda, es esencial que estos CAAS sean un paso temporal para las niñas, niños y adolescentes y no un destino permanente. La meta debe ser que cada niña, niño o adolescente no regrese a entornos de violencia, pobreza y crimen, sino que transiten hacia la adopción o la reintegración familiar, proporcionándoles una vida de cuidado cariñoso y sensible y un cambio positivo en el corto y largo plazos.

Los CAAS albergan a miles de niñas, niños y adolescentes por lo que es fundamental que durante su estancia se les brinden las mejores condiciones posibles y asegurar que se cumplan sus derechos fundamentales como la educación, salud, nutrición, protección y sin dejar de lado su derecho a la recreación y al juego.

Sin embargo, existen diversas preocupaciones, por ejemplo, que un 21% de las niñas, niños y adolescentes institucionalizados no asistan a la escuela, y que este porcentaje sea aún más alto para la primera infancia, alcanzando un 38%, principalmente por la relevancia de esta etapa trascendental.

Estas cifras reflejan una realidad inquietante, pues lejos de poder disfrutar de un entorno familiar amoroso y estable, miles de niñas, niños y adolescentes institucionalizados pasan largos periodos de tiempo en las Casas hogar para menores de edad y no asisten a la escuela. Los datos muestran que solo el 31% de las niñas y niños reside en estos Centros por menos de 1 año, mientras que un 31% permanece entre 1 y 2 años, un 21% de 3 a 5 años y un alarmante 17% por 6 años o más.

Desde Early Institute, consideramos imperante redoblar esfuerzos para asegurar que las condiciones de estos Centros de alojamiento sean óptimas, y que sus estancias sean cortas, favoreciendo así procesos de adopción o reintegración eficientes que les permitan tener un cambio de trayectoria y lograr el desarrollo en un entorno familiar que les brinde cuidado cariñoso y sensible para atenuar los efectos adversos de su pasado. Se necesita de una colaboración interinstitucional de autoridades desde el ámbito legislativo y escolar, así como de instituciones y de la sociedad civil para mejorar la calidad en los servicios en beneficio del interés superior de cada niña o niño.

No dejemos que las niñas y niños que necesitan atención urgente y de calidad, reciban la peor. Debe ser nuestra prioridad cambiar la trayectoria de una niña o niño cuyos derechos han sido vulnerados y construir un futuro brillante que garantice el bienestar de la niñez mexicana. Logremos que las casas hogar se llenen de risas y juego.

Unir esfuerzos para terminar con la trata de personas

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

El combate a la trata de personas implica la colaboración de instancias públicas y privadas para identificar con precisión la actuación de los grupos criminales.

A nivel mundial, la trata de personas es uno de los problemas sociales con mayor impacto y que exige plantear soluciones colaborativas. En el más reciente Informe sobre trata de personas 2022. Hallazgos clave, editado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), destacan datos que ameritan ser evidenciados para combatir el fenómeno.

Según el reporte, “el número de víctimas detectadas desciende por primera vez en 20 años, ya que la pandemia limita las oportunidades y potencialmente desplaza a la trata de personas hacia la clandestinidad, al mismo tiempo que restringe la capacidad de las autoridades de aplicación de la ley para combatir el delito”. Desafortunadamente se contó con menor capacidad institucional para identificar el tráfico de personas y los grupos criminales hicieron uso de lugares más ocultos, lo que imposibilitó la detección de víctimas. En términos numéricos, “el número de víctimas detectadas se redujo en 11 por ciento respecto a 2019″.

Otro hallazgo habla de que “la guerra y los conflictos son terreno fértil para los tratantes”. Lo que significa que problemas bélicos como el de Rusia y Ucrania posibilitan que el desplazamiento sea una oportunidad para los traficantes de personas ante la vulnerabilidad en la que se encuentra la población.

Un hallazgo más se refiere a que “los niños y los hombres representan una mayor proporción de las víctimas detectadas a medida que surgen nuevas formas de explotación”. Según el reporte, las víctimas de este sector aumentaron en un 3.0 por ciento desde 2019 y que “durante la última década, se han detectado más hombres víctimas, tanto niños como adultos”.

En cuanto a la violencia ejercida por los grupos criminales, “las mujeres y la niñez sufren más violencia a manos de los tratantes. El análisis de los casos muestra que las mujeres son sometidas a violencia física o extrema a manos de tratantes en una proporción tres veces superior a la de los hombres, mientras que las niñas y los niños sufren violencia física o extrema casi dos veces más que los adultos”

Un dato más señala que “la detección de víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual se redujo en 24 por ciento con respecto a 2019″. La posible causa de esta reducción apunta al cierre de espacios públicos donde suelen cometerse los delitos “o también pudo haberse desplazado a lugares menos visibles y menos seguros, lo que hizo que esta modalidad quede más oculta y sea más difícil de detectar”.

El combate a la trata de personas implica la colaboración tanto de instancias del sector público como del privado para identificar con mayor precisión la actuación de los grupos criminales y la recuperación de las víctimas. Pese a los esfuerzos de la comunidad mundial, todavía hay mucho por hacer en tanto este delito es en un alto porcentaje llevado a cabo por una delincuencia cada vez más estructurada, organizada y actualizada.

Para Early Institute es fundamental evidenciar las problemáticas que afectan a niñas, niños y adolescentes y así impulsar rutas de acción que faciliten su erradicación. La trata de personas es uno de los delitos que representa mayor riesgo para este grupo social, lo que nos obliga a actuar oportunamente y con la mayor responsabilidad antes de que el problema adquiera una dimensión irreversible.

Pobreza intergeneracional: la crisis silenciosa que afecta a las niñas y niños en México

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

Lucía, una niña de 2 años en México, vive en situación de pobreza extrema. El ingreso en su hogar no es suficiente para poner alimento sobre su mesa. Su mamá y papá trabajan en el mercado informal, lo que les impide acceder a seguridad social, por ende a Lucía no puede asistir a una guardería; además no tiene acceso a la salud y tampoco servicios básicos en su vivienda como agua y drenaje. Como ella, existen 1 millón 261 mil 283 niñas y niños en situación de pobreza extrema en México.

Las evidencias neurocientíficas de la revista The Lancet de la serie de desarrollo infantil temprano, demuestran que la pobreza en la vida de una niña determina y define sus trayectorias a largo plazo. Vivir en condiciones económicas dispares afecta su desempeño cerebral, escolar, su trabajo, su salario y su salud en el futuro.

Lamentablemente, la pobreza ha aumentado en un 5% y la pobreza extrema en un 9% en 2020 con respecto a 2018, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). En términos de la vulneración de derechos sociales se observa un aumento severo en la carencia por acceso a la salud de niñas y niños de 0 a 5 años (77%), un incremento del 13% en el rezago educativo, y también subió un 2% la carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad.

Uno de los aspectos que más preocupa es que el 60% de las niñas y niños de la primera infancia no tienen acceso a la seguridad social porque sus cuidadores están en el mercado informal, lo cual repercute en que no tengan un lugar asegurado dentro de la educación inicial. De esta manera, el ciclo de pobreza perpetua de una generación a otra dejando un entorno no favorable para la movilidad social, además de marcar una brecha de desigualdad desde la primera infancia.

Aunado a esto, en México tenemos una franja que divide norte y sur con una desigualdad abismal. En el norte, 3 de cada 10 niñas y niños se encuentran en pobreza, en contraste con el sur donde se alcanzan niveles de 7 de cada 10 niñas y niños de 0 a 5 años en situación de pobreza.

Ante esta preocupante situación, Early Institute y el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI) han impulsado una mesa de discusión con expertos de Unicef, Coneval y el Pacto por la Primera Infancia, donde realizaron recomendaciones sustantivas para asegurar un mejor futuro para los niños desde su primera infancia.

Para combatir la pobreza, es recomendable ampliar la cobertura de programas de transferencias monetarias focalizadas. Estas políticas sociales han demostrado su efectividad en la reducción de la pobreza monetaria, el apoyo a la educación, la disminución del trabajo infantil, la mejora en la alimentación y la reducción de desigualdades de género.

Es esencial implementar estas políticas sociales con una perspectiva de crianza positiva en áreas con mayor desigualdad regional social. Además, se deben proporcionar servicios básicos complementarios, como vacunación, vigilancia del crecimiento y desarrollo, atención a la desnutrición, educación inicial y cuidado infantil, así como información sobre prevención de la violencia y crianza positiva.

El combate de la pobreza en la primera infancia es urgente y requiere políticas públicas efectivas para prevenir la pobreza intergeneracional. Las estadísticas son alarmantes, con más de la mitad de la población infantil viviendo en condiciones precarias y un cuarto experimentando carencias extremas en alimentación, salud, educación y vivienda. Necesitamos disminuir estos efectos adversos para que las niñas y niños puedan desarrollarse de manera adecuada.

 

Por la protección de la primera infancia mexicana

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

La pobreza y la violencia son dos de los rubros que afectan más a las niñas y los niños menores de 5 años

De cara a los procesos electorales en México, comienzan a definirse propuestas de los diversos actores políticos para ganar votos. Muchos temas empiezan a ser prioritarios en las agendas de los posibles candidatos a la Presidencia de la República, pero llama la atención la gran ausencia o el desinterés por la situación de la primera infancia.

Pese a la evidencia que demuestra lo fundamental que son los primeros años de vida de cualquier persona, pues en esta etapa se produce un desarrollo biológico, psicológico y social extraordinario, en México la población que va desde el vientre materno hasta los 5 años es casi olvidada.

Un ejemplo de esto es la poca inversión que se le da a la primera infancia en nuestro país. Según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en 2020, en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) los recursos destinados ascendieron a 174 mil 565 millones de pesos, lo cual representa 0.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Con esta cifra México se coloca en el segundo lugar más bajo de los países latinoamericanos.

Lamentablemente cuando no se invierte en la primera infancia se dan consecuencias sustanciales en la etapa adulta de la población, pues dadas las deficiencias en la temprana edad las pérdidas en salud y educación de las personas afectadas son cuantiosas. Según el informe del Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), un proyecto de Early Institute: “Se sabe que los países que dedican menos presupuesto gubernamental a programas de primera infancia están en riesgo de tener un desarrollo comprometido a causa de las problemáticas de sus entornos sociales y familiares”.

Hoy en día, la primera infancia mexicana se encuentra amenazada por diversos factores. La pobreza y la violencia son dos de los rubros que afectan más a las niñas y los niños menores de 5 años. En el caso de la pobreza, se habla de que 54.3 por ciento del total de esta población sufre carencias relacionadas con la falta de acceso a sus derechos más elementales: salud, educación y alimentación de calidad.

En cuanto a la violencia, hay datos que refieren que diariamente 6 niños y niñas en primera infancia sufren violencia sexual, siendo más afectadas las niñas (73 por ciento). Incluso, se identifica que en 2021 se registraron 22 mil 410 víctimas de violencia sexual infantil en México, y de 2020 a 2021 hubo un incremento del 3.0 por ciento en este delito.

Otro dato de alarma es saber que ocurren 12 o 13 decesos de niños y niñas en primera infancia por cada mil nacidos, lo cual es una tasa muy alta en comparación con otros países y es triste cuando se reconoce que estas muertes pueden ser totalmente prevenibles.

La inversión en la primera infancia es crucial. Por ello, en Early Institute hacemos un llamado a los candidatos y a las diversas plataformas electorales para que sea tomada en cuenta en sus propuestas y valoraciones como una prioridad. Se trata de darle la importancia que se merece, en tanto la calidad de vida de los primeros años determina las condiciones futuras de salud y bienestar no sólo de la población, sino de la sociedad mexicana en su conjunto.

En México, urge combatir la pobreza desde la primera infancia

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Las cifras tan altas de niñas, niños y adolescentes en situación de pobreza dan cuenta de que están siendo limitados en el ejercicio de sus derechos.

En la sexta mesa de análisis que organizó Early Institute, a través del Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), denominada “Retos y estrategias para combatir la pobreza desde la primera infancia”, especialistas abordaron la relevancia de mitigar los riesgos a los que se enfrentan niñas y niños cuando viven en situación de pobreza desde sus primeros años de vida.

Participaron Cecilia Berlanga Alessio Robles, Oficial de Política Social en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF); Alberto Sotomayor Avilés, Coordinador Nacional de Investigación del Pacto por la Primera Infancia; Alida Marcela Gutiérrez Landeros, Coordinadora de Análisis de Pobreza en el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), y Renata Díaz Barreiro, líder de SIPI México.

En su intervención, Alida Gutiérrez señaló que la pobreza infantil tiene efectos irreversibles, siendo el grupo con mayores carencias el que va de los 0 a los 5 años. Afirmó que 54.3 por ciento de niñas y niños en esta edad presenta situación de pobreza relacionada con la falta de acceso a sus derechos. En este sentido, se refirió a tres ámbitos con mayor problemática: educación, salud y alimentación de calidad.

Por su parte, Cecilia Berlanga refirió que sólo 16 por ciento de niñas, niños y adolescentes, en México, no tienen carencias, lo que significa una desigualdad social sustancial. Dijo que “la pobreza limita la capacidad de las familias para satisfacer las necesidades y restringe la calidad de interacción entre adultos y niños”. Estas características ponen en riesgo a la niñez y comprometen su desarrollo.

Para Alberto Sotomayor hablar de pobreza es hablar de una negación de derechos y, cuando se vive con ella desde la temprana edad, abre las posibilidades para que se continúe en esa situación en edad adulta. Señaló que de 2018 a 2020 se registró un incremento de la problemática, provocando que la primera infancia enfrente mayores niveles de carencias que el resto de la población.

Para el especialista las cifras tan altas de niñas, niños y adolescentes en situación de pobreza dan cuenta de que se trata de millones de personas que están siendo limitadas en el ejercicio de sus derechos, por lo que urgen intervenciones del Estado para afrontar este panorama.

En cuanto a las recomendaciones que ofrecieron los especialistas para combatir la pobreza desde la primera infancia, Cecilia Berlanga habló de los programas de protección social como herramientas eficaces para atender las carencias, refiriéndose en particular a las transferencias monetarias que han tenido significativos beneficios en torno a esta problemática. Para Alida Gutiérrez es fundamental contar con un sistema de protección social con enfoque de derechos que combata los riesgos en todo el curso de vida, principalmente en niños, niñas y adolescentes.

Alberto Sotomayor considera que es indispensable contar con estrategias y políticas públicas bien diseñadas, inteligentes, basadas en evidencia e integrales y, ante todo, dar peso a la primera infancia, ya que en la actualidad la oferta gubernamental dirigida a este sector de la población es escasa.

Con este tipo de reuniones, Early Institute apoya sus objetivos en cuanto a la construcción de políticas públicas y medidas de protección que aseguren el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes. La pobreza es una de las situaciones con mayor gravedad en el desarrollo infantil, por su alto grado de afectaciones que desencadena. Sin duda, es prioritario no sólo su conocimiento, sino también invertir en la atención a la problemática para dar mejores condiciones de vida desde el vientre materno.

 

Educar con más libertad y menos sobreprotección

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Fomentar la independencia de niños, niñas y adolescentes es fortalecer su autoestima, desarrollar habilidades sociales, que se sientan orgullosos de sí mismos, entre otros beneficios.

En la crianza de niñas, niños y adolescentes hay situaciones que nos inquietan como padres, como es dejar que se enfrenten a riesgos por sí solos o soltarlos. Hay evidencia que indica la importancia de alentar su libertad, evitando la sobreprotección y así dotarlos de herramientas para la vida, aunque esto signifique pasar por malos ratos y preocupaciones.

Cuando a un niño se le vigila constantemente o se le protege en exceso, se perjudica su desarrollo. Por supuesto estamos hablando de ir soltando gradualmente a nuestros hijos e hijas según su edad y capacidades. Nuestra tarea como padres es hacer que ellos cada vez nos necesiten menos y para lograrlo es indispensable dejar que se enfrenten a situaciones que los hagan crecer y fortalezcan su confianza y autoestima.

Lo grave del asunto es que muchas veces, como padres, no estamos dispuestos a permitirles experimentar por su cuenta, entorpeciendo etapas primordiales en su crecimiento. Dejar que asistan a una fiesta, que vayan a la tienda o cualquier otra actividad que, según los adultos, podrían representar escenarios riesgosos, son casos en los que se deben evaluar objetivamente los peligros para decidir su conveniencia, pero privilegiando las oportunidades de crecimiento que estas experiencias representan a nuestros hijos e hijas.

Hay explicaciones sobre porqué ahora es más difícil para los padres dejar que los niños, niñas y adolescentes se muevan con mayor independencia. Una, es que esta generación de padres tiene acceso a demasiada información y en muchas ocasiones, este exceso de datos altera la percepción de nuestra realidad, lo que hace que se tenga menos confianza en el exterior. Otra razón es que los vínculos entre los miembros de nuestra comunidad son más débiles; antes había más convivencia entre vecinos y, por tanto, seguridad de saber que alguien más podría auxiliar a nuestros hijos e hijas en caso de ser necesario. Por último, el abuso de las tecnologías de vigilancia crea una falsa idea de que si todo se ve, se puede controlar, lo que provoca que al no tener la supervisión permanente haya más preocupación.

El miedo a soltar a nuestros niños, niñas y adolescentes proviene en muchos casos de la ansiedad de los padres, sin embargo, con la sobreprotección estamos educando a personas que no saben decidir por sí mismas, ni saben actuar cuando se enfrentan a situaciones difíciles. Especialistas señalan algunas recomendaciones para aprender a soltar a nuestros hijos e hijas: 1) regular la ansiedad de los padres ante la incertidumbre; 2) brindar la confianza y enfocarse en lo positivo de los nuevos retos; 3) saber más sobre los beneficios de la autonomía de niños, niñas y adolescentes y educar en esa vía; 4) hablar con sinceridad sobre los posibles riesgos de las experiencias; 5) confiar en la capacidad personal de medir peligros, es decir, no exponerlos cuando haya suficientes pruebas de riesgo; y 6) confiar plenamente en la competencia y capacidad de nuestros hijos e hijas.

Fomentar la independencia de niños, niñas y adolescentes es fortalecer su autoestima, desarrollar sus habilidades sociales, contribuir a que sepan resolver problemas, crecer sus habilidades de liderazgo, hacer que se sientan orgullosos de sí mismos, entre muchos otros beneficios.

En Early Institute apoyamos todas las prácticas que favorezcan el desarrollo físico, mental y emocional de niñas, niños y adolescentes, siendo una de ellas ir dejando, poco a poco, que actúen por sí mismos. Sin caer en la negligencia, pero tampoco en la sobreprotección, es necesario alentarlos y permitirles que tengan vivencias en las que se defiendan por su cuenta. De esta manera estamos educándolos para enfrentar adversidades con el mayor número de recursos necesarios para su futuro.

La niñez mexicana ante la violencia sexual

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

México.- La violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes no es un secreto en México, sin embargo, actualmente no existe una fuente de información que permita saber cuántos agresores violentan de esta manera y a cuántas niñas, niños y adolescentes agreden.

Desde Alumbra, la comunidad colaborativa impulsada por Early Institute enfocada en la prevención de la violencia sexual infantil y adolescentes continúa con el monitoreo y análisis de este grave problema que vulnera los derechos de niñas y niños, por ello este junio 2023 lanza el Panorama estadístico de la violencia contra niñas, niños y adolescentes.

El informe arrojó que en 2021 se registraron 22 mil 410 víctimas de violencia sexual infantil en México, de acuerdo con datos del Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal, elaborado por el INEGI. Diariamente se cometieron 61 delitos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, de los cuales seis fueron niñas y niños menores de cinco años. Lo anterior, sin contar la cifra “oculta” de casos que no se denuncian.

Respecto al sexo, el 84% eran niñas y adolescentes del sexo femenino. El rango de edad con mayor frecuencia fueron niñas, niños y adolescentes de entre 10 y 14 años fueron el rango más afectado, también es importante visibilizar que casi el 10% fueron niñas y niños menores de 5 años lo cual equivale 2,070 víctimas de violencia sexual durante su primera infancia.

Por otro lado, en el estudio también se analizaron los reportes de información de niñas, niños y adolescentes acudiendo a hospitales por diferentes formas de violencia que se concentran en la Secretaría de Salud. Se observó un aumento del 43% en niñas, niños y adolescentes que acudieron a una unidad de médica por alguna forma de violencia (física, sexual, psicológica o abandono). La violencia física aumentó un 29%, la violencia psicológica 49%, la violencia económica 78% y el abandono o negligencia aumentó de 2020 a 2021 registrando un total de 27, 489 casos de violencia infantil y adolescente tan solo en 2021 diariamente esto equivale a 75 niñas, niños y adolescentes acudiendo a hospitales. De los cuales, 8,172 fueron exclusivamente casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, que implicó un aumento del 48% con respecto a lo registrado en 2020.

El informe “Panorama estadístico de la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes”, se analizó también la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh 2021), se encontró que 12 de cada 100 mujeres reportó haber sufrido alguna forma de violencia sexual antes de los 15 años.

Un dato muy revelador es que de 2016 a 2021, las niñas y mujeres que sufrieron algún tipo de violencia sexual pasó de 4 a millones 378 mil 40 casos a 6 millones 366 mil 948. Lo anterior equivale a un incremento de 45 por ciento en la violencia sexual sufrida durante la niñez y adolescencia, reportada por mujeres mexicanas. Además, 7 de cada 10 agresores de niñas y adolescentes son familiares; es decir las personas más cercanas a las niñas y adolescentes. Quienes ocupan los primeros lugares son los tíos y primos.

Para Alumbra, un proyecto colaborativo de Early Institute, es indispensable la generación y análisis periódico de indicadores de violencia sexual. Aunque se reconoce la labor de las fuentes de información, se enfatiza la necesidad de una encuesta nacional que permita cuantificar la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes.

Sólo en la medida que se cuente con información de calidad será posible mejorar el diseño, implementación, y evaluación de programas y políticas públicas para así lograr prevenir y erradicar la violencia que sufren millones de niñas, niños y adolescentes en México.

Resulta indispensable generar estrategias basadas en evidencia, orientadas a la prevención y el fomento de la cultura de denuncia de delitos y disminuir la “cifra oculta”. La problemática requiere de la responsabilidad colectiva, mantenerse informado y saber cómo prevenir la violencia sexual infantil. Visita la plataforma alumbramx.org, ahí encontrarás herramientas para proteger a la niñez mexicana.

Crece la violencia sexual infantil en México

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

El rango de edad más afectado fue de 10 y 14 años y cerca de dos mil víctimas corresponde a niñas y niños menores de cinco años.

En días recientes fue presentado el Panorama estadístico de la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes 2023, elaborado por Alumbra —una comunidad colaborativa impulsada por Early Institute— para dar cuenta de la dimensión de la problemática. Desafortunadamente los datos difundidos hablan de una situación preocupante y en crecimiento.

Para empezar, se identificó que en 2021 se registraron 22 mil 410 víctimas de violencia sexual infantil en México, y que de 2020 a 2021 hubo un incremento de 3.0 por ciento en este delito. El rango de edad más afectado fue de 10 y 14 años y cerca de 2 mil víctimas corresponde a niñas y niños menores de cinco años.

De acuerdo con el reporte, la fuente más importante para la obtención de información sobre violencia sexual es el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el cual señala que cuatro de cada diez delitos de esta índole se cometen en contra de niñas, niños y adolescentes.

En cuanto a las regiones geográficas de mayor incidencia, se señalan los siguientes estados: Chihuahua (161 casos), Querétaro (139), Nuevo León (134), Ciudad de México (123), Baja California (115) e Hidalgo (111).

Algunos otros datos relevantes que arroja el Censo 2021 son los referentes a los tipos de delitos con mayores denuncias, teniendo los siguientes porcentajes: abuso sexual (53 por ciento); violación (33 por ciento); otros delitos de violencia sexual (5.7 por ciento); acoso sexual (4.0 por ciento); estupro (3.6 por ciento); hostigamiento sexual (1.0 por ciento), e incesto (0.01 por ciento).

Según la misma fuente, de las 22 mil 410 víctimas, 18 mil 903 casos correspondieron a casos en contra de niñas y mujeres adolescentes, es decir, 84 por ciento de los casos involucra a este sector.

También el estudio informa sobre la inexistente homologación de delitos sexuales en los códigos penales estatales, lo que conduce a una confusión en conductas sancionadas e interpretaciones jurídicas que abren la puerta a la impunidad.

Para la edición del Panorama estadístico de la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes 2023, también se analizó la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh 2021), detectándose que 12 de cada 100 mujeres reportaron haber sufrido alguna forma de violencia sexual antes de los 15 años.

En otras fuentes analizadas para la elaboración del reporte, se ubica la base de datos de Lesiones 2020, publicada por la Dirección General de Información en Salud ( DGIS) de la Secretaría de Salud (SSA). Ahí se detalla que diariamente 75 niñas, niños y adolescentes acudieron a una unidad médica en busca de atención por diversas causas de violencia (física, sexual, psicológica, económica), abandono o negligencia. En tanto, 22 niñas, niños y adolescentes acudieron a las unidades médicas por haber sido víctimas de violencia sexual.

En Early Institute, a través de Alumbra, sabemos la importancia de visibilizar la magnitud de los asuntos que afectan a las niñas, los niños y adolescentes y como se observa, la violencia sexual infantil es una problemática que necesita ser atendida con urgencia. El monitoreo de lo que ocurre es una de las medidas para identificar hacia dónde dirigir los esfuerzos, pero hace falta mucho por hacer. La violencia sexual infantil deja graves consecuencias y sufrimientos por lo que es primordial garantizar entornos seguros a los más vulnerables, evitándoles a toda costa que vivan experiencias devastadoras y difíciles de superar.