La primera presidenta y la exigencia de legitimarse

Seguramente la primera mujer que asumirá la presidencia de la República el mes próximo a estas alturas es plenamente consciente de que en México existen más de 67 millones de mujeres, de las cuales casi 40 millones son madres de familia.

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute
Publicación original de: Proceso

En ocasiones escribir sobre cuestionamientos públicos resulta una tarea compleja, más aún cuando el contexto de la agenda del país se encuentra inserto en una vorágine de coyunturas y hechos sin precedentes. La cantidad de temas abiertos desde la arena pública cada vez es mayor, como también lo es la polarización propiciada sin el menor recato y prudencia por los actores políticos del momento.

Lo cierto es que 2024 será un año para digerir y que con el paso del tiempo habrá de recordarse por las verdaderas dimensiones y el calado de las decisiones políticas tomadas desde el poder político, que en cierta medida a muchos nos retrotraen a la fotografía de aquel México controlado por un partido hegemónico que únicamente dialogaba consigo mismo y que dábamos ya por superado.

Entre la reforma al Poder Judicial de la Federación, la desaparición de organismos constitucionales autónomos, las tensiones entre las relaciones bilaterales con Estados Unidos y Canadá –tomando como ariete de los desencuentros la captura de criminales– así como el restablecimiento de un régimen centralizado en la agenda personal del presidente saliente, se avizora una transición inédita que inevitablemente colocará todos los reflectores y expectativas en los hombros de la presidenta Sheinbaum a partir del 1 de octubre.

A pesar de la agenda impuesta por su partido y la figura predominante de su predecesor –cuyas narrativas hasta ahora ha asumido como propias–, la doctora Claudia Sheinbaum contará con una oportunidad única para forjarse un estilo personal de gobernar a partir desde luego de sus credenciales técnicas que resultan innegables, pero también desde una cualidad que no debe desvanecerse a razón de los factores que la llevaron al poder y de la efervescencia del cierre de este gobierno.

Me refiero a no perder de vista que se tratará de la primera mujer en asumir la titularidad del Ejecutivo Federal en México y a que dicho bono debe significar un golpe de timón en la forma y sensibilidad para ejercer el poder político en un país tan históricamente desigual con las mujeres, adolescentes y niñas.

Claudia Sheinbaum representa naturalmente esta oportunidad porque –si así lo decide– su gobierno tendrá todas las herramientas políticas, normativas e institucionales para articular una agenda de desarrollo social profunda y transversal a favor de las mujeres. Ello invariablemente traerá aparejado también beneficios directos e inmediatos para millones de familias y en especial para la atención prioritaria de los derechos de la primera infancia cuya protección reforzada hemos apuntalado aquí de manera reiterada.

Sería una agenda profunda y de impacto si el nuevo gobierno logra superar el discurso de sus propios datos para, en su lugar, con el rigor científico de la información sustentada en evidencia, trazar planes sectoriales de nueva generación –con el apoyo de las nuevas tecnologías y sistemas de información– que permitan atender, orientar el gasto y medir el avance en temas cruciales para las mujeres y sus familias, como es el caso de la salud, nutrición, prevención de violencia e igualdad laboral.

Sería transversal si, del mismo modo, el gobierno federal capitaliza las inmejorables condiciones de cooperación federal que tendrá en sus manos para armonizar las políticas públicas con al menos 24 gobiernos estatales afines. Este escenario, más que un factor para la crítica política, representará para muchos analistas del federalismo mexicano una extraordinaria veta de oportunidad a la que habrá darse seguimiento con especial interés durante el próximo sexenio. Como nunca las condiciones estarán puestas para que la coordinación intergubernamental se ejecute de forma eficiente sin pretextos ni cortapisas.

Seguramente la primera mujer que asumirá la presidencia de la República el mes próximo a estas alturas es plenamente consciente de que en México existen más de 67 millones de mujeres, de las cuales casi 40 millones son madres de familia. Esta cifra, si bien genérica, abraza un dato de enorme significancia para el país, el cual no exige mayor interpretación técnica y que por sí mismo debería dar pie a la priorización de fuertes intervenciones de su gobierno para el beneficio de esta importante base social.

La reflexión es muy clara. México es un país mayoritariamente compuesto por mujeres que son madres, muchas de ellas sostén de familia y que viven en condiciones de vulnerabilidad al tiempo que representan el sustento para sus hogares y se esfuerzan por sacar adelante con dignidad a sus hijas e hijos.

Para ponerlo en lo cotidiano, un tema clave del tipo de impactos que podrían generarse si esta agenda es atendida y entendida de raíz por el gobierno entrante sería por ejemplo la atención de la salud materna. Hoy día, la salud de las madres, especialmente durante el embarazo, el parto y el postparto, es determinante para el bienestar de millones de niñas y niños durante la gestación y en edades tempranas.

Garantizar el acceso universal y gratuito a servicios de salud de calidad para todas las mujeres en edad reproductiva, con especial énfasis en mujeres embarazadas, particularmente en áreas rurales y comunidades marginadas, representaría una acción estratégica para el gobierno de Claudia Sheinbaum, a mi juicio sería el “programa de programas sociales” ahora que este tipo de forma de gobernar resulta tan rentable.

En este eje, por ejemplo, la prevención y atención de factores como la alta mortalidad materna en México –cuya razón anual hoy ronda en 34.55 muertes por cada 100 mil nacidos vivos– implicaría realizar mejoras sustanciales a los esquemas de atención prenatal, obstétrica y postnatal, pues la mortalidad materna está vinculada a factores prevenibles como hemorragias, hipertensión gestacional y sepsis, además de intervenciones estructurales en niveles de desigualdad socioeconómica, la falta de atención a emergencias obstétricas, la insuficiencia de infraestructura médica o la disparidad entre zonas urbanas y rural.

Si se realiza con orden y visión de Estado, la atención integral, sin ideologías y no fragmentada de temas como éstos, definitivamente representarían un cambio de paradigma hasta lo ahora realizado por cualquier gobierno federal del que se tenga registro.

Durante el mes de julio, en las rondas de presentación de su gabinete, una declaración de la presidenta electa me despertó la expectativa de que dicho escenario no sólo es factible, sino que es importante para la legitimidad de una mandataria y no resulta un disparate el proponerlo e idealizarlo desde estas líneas a pesar de la bruma que sugiere el encono político actual.

Es por ello que vale la pena citarla textualmente: "Históricamente quienes hemos hecho el trabajo del hogar, quienes hemos cuidado a los hijos, somos las mujeres. Ahora hay una visión que se llama el sistema de cuidados, en la idea de que el Estado también ayude a esos cuidados para que la mujer pueda salir a trabajar y que haya guarderías o centros de educación inicial, para que las mujeres podamos dejar a los hijos en un lugar bien cuidados y tengamos nuestra autonomía económica."

Que así sea. Por el bien de México tan castigado por la demagogia.

Reforma de AMLO propone desaparecer organismos autónomos

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

an comenzado las ya anunciadas reformas sobre la desaparición de organismos autónomos, la reforma judicial y la reforma electoral.

En particular, la primera de ellas, la relativa a la desaparición de organismos autónomos, fue aprobada en comisiones de la Cámara de Diputados para su posterior discusión en el pleno, con miras a ser enviada al Senado.

Entre los organismos a eliminar se encuentra el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), que hasta ahora ha operado de manera independiente de los poderes del gobierno.

Antes de su posible desaparición, es importante recordar que, durante muchos años, fue imposible conocer aspectos como el salario de diputados, senadores, ministros o del presidente de la República. De igual manera, resultaba ilusorio obtener información sobre los gastos de campañas o de las Secretarías de Estado.

Sin embargo, la transición de nuestro país hacia una vida democrática trajo consigo la necesidad de hacer accesible la información. Gracias al esfuerzo de académicos, intelectuales, periodistas y activistas, se impulsaron cambios que culminaron en la publicación de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental en 2002.

Así se estableció la estructura necesaria, con unidades de enlace, órganos internos de control y comités que conformaron el primer cuerpo del entonces IFAI, que con el tiempo se transformó en el INAI, ampliando su alcance.

Hoy, el INAI es esencial no solo para garantizar el acceso a la información del gobierno federal, sino también de los estados, municipios y un sinfín de organismos y entidades que reciben y ejercen recursos públicos.

La propuesta de transferir sus funciones a dependencias federales eliminaría su autonomía, lo cual representa un retroceso en términos de transparencia y rendición de cuentas, construidos con tanto esfuerzo por generaciones. Regresaríamos a los tiempos en los que la sociedad civil y los ciudadanos no podían dar seguimiento a las acciones del gobierno ni exigir cuentas.

Décadas atrás ya vivimos el error de concentrar el poder de la información en el Ejecutivo Federal. Quitar ese poder y entregarlo a los ciudadanos fue un avance de enormes proporciones.

Nuestro país necesita instituciones fuertes, independientes y comprometidas con el interés público. La eliminación de estos organismos pone en riesgo los avances logrados en la construcción de una nación más justa y mejor gobernada.

El INAI no es un instituto más; es un organismo que nos recuerda que la información es un bien público y que acceder a ella es un derecho que no debe ser condicionado por ningún gobierno. Es nuestra única arma, especialmente cuando el gobierno afirma tener "otros datos".

Procesos de #Adopción en #México

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

En los últimos datos disponibles, en México hay casi 22 mil niños, niñas y adolescentes viviendo en Centros de Asistencia Social. Las entidades con mayor número son Chihuahua, Baja California, Jalisco, Ciudad de México y Tamaulipas.

Aunque la ley establece que los Centros de Asistencia Social deben ser una medida temporal y de último recurso, la realidad muestra que muchos niños, niñas y adolescentes pasan años en estas instituciones, lo que afecta negativamente su desarrollo.

En este sentido, se observa que la adopción o reintegración familiar es sumamente compleja y varía significativamente entre estados, lo que resulta en un proceso fragmentado y descoordinado.

A pesar de la existencia de un marco regulatorio nacional, la falta de armonización efectiva complica el proceso de adopción y vulnera el derecho de las niñas, niños y adolescentes a vivir en un entorno familiar adecuado.

Esta situación se ve agravada por la intervención de múltiples actores, desde las Procuradurías de Protección hasta el Poder Judicial y otras autoridades civiles y familiares.

Sin lugar a dudas, la gran mayoría de estos Centros brindan un apoyo invaluable a niñas y niños que enfrentan situaciones dramáticas. Es claro que los largos periodos que muchos de ellos pasan en estos Centros no son convenientes.

La propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha señalado la falta de políticas públicas integrales que analicen de manera profunda la problemática de la institucionalización, identificando causas, factores de riesgo y las consecuencias para la vida de estos niños y niñas.

Frente a este escenario, es urgente que las autoridades fortalezcan la legislación y hagan más eficientes los procesos de adopción a nivel nacional. Se hace un llamado a los tomadores de decisiones para armonizar y fortalecer las normativas, mejorar la relación con los Centros de Asistencia y asegurar que todos los niños, niñas y adolescentes tengan la oportunidad de crecer en un entorno familiar seguro para su desarrollo.

2024; ruta en blanco para la agenda de niñas, niños y adolescentes

De acuerdo con datos recientes del Sistema de Indicadores de Primera Infancia de Early Institute, durante el año 2023, 368 niñas y niños de entre 0 y 5 años han desaparecido o no han sido localizados.

Por: R. Vincent Morfín Calvo, Ejecutivo de Asuntos Públicas de Early Institute
Publicación original de: El Heraldo de México

Nos encontramos a poco más de un mes del inicio del nuevo periodo de mandato de la presidenta electa, Claudia Sheinbaum Pardo, y nos corresponde a nosotros como ciudadanos ser los primeros en requerir a ella, a su gabinete y en lo general a nuestros nuevos gobernantes, los resultados que nos fueron prometidos en tiempos de campaña electoral.

Durante el aún actual gobierno encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, las niñas, niños y adolescentes enfrentaron grandes retos en cuanto a la defensa de sus Derechos Humanos.

De acuerdo con datos recientes del Sistema de Indicadores de Primera Infancia de Early Institute, durante el año 2023, 368 niñas y niños de entre 0 y 5 años han desaparecido o no han sido localizados, y durante el año 2022, se cometieron 43 feminicidios y 377 homicidios, al tiempo que se mantiene una cifra negra de delitos que no se denuncian de aproximadamente un 92%.

Adicionalmente, todos recordamos las manifestaciones de padres y madres de niños con cáncer que exigían en las calles de la Ciudad de México quimioterapias para sus hijas e hijos enfermos, así como el desabasto de medicamentos, con lo que, en la agenda de salud, tampoco podríamos considerar como un resultado exitoso.

Así mismo, los nuevos libros de texto gratuitos emitidos durante la presente administración, contenían desde su emisión errores ortográficos, gramaticales e incluso gráficos, con lo que, en materia educativa, los esfuerzos del gobierno federal también resultaron insuficientes, sobre todo cuando tomamos en consideración el rezago educativo ocasionado por la pandemia por COVID-19.

Sin entrar en mayores detalles, existieron diversas temáticas en las que no se logró proteger de una manera efectiva a niñas, niños y adolescentes mediante la atención de problemáticas de fondo, pero esto puede cambiar con la llegada de la nueva presidencia de la república, así como de los nuevos gobiernos estatales y las nuevas conformaciones de las legislaturas locales.

Con la contundente victoria del partido MORENA en la inmensa mayoría de cargos de elección popular, es innegable que la nueva administración tendrá condiciones muy favorables para guiar la agenda pública del país y que, de la misma manera, tendremos un “libro en blanco” para cambiar el curso de vida de la niñez y adolescencia mexicana en lo que refiere a sus Derechos Humanos y a sus garantías fundamentales. Como sociedad, solicitamos que el centro de las decisiones de las políticas públicas tenga como objetivo el fortalecimiento de los derechos de este grupo etario y que, al momento de la toma de decisiones, se tenga siempre en consideración su interés superior.

Nos permitimos recordar a la Dra. Sheinbaum que, durante su campaña electoral, el 22 de abril del 2024 firmó el Pacto por la Primera Infancia, comprometiéndose a trabajar en beneficio de 12.4 millones de niñas y niños de 0 a 6 años en todo el país, por lo que desde Early Institute le deseamos el mejor de los éxitos en su proyecto de nación y le requerimos una entrega total hacia la causa de los Derechos de niñas, niños y adolescentes.

 

A revisión, los procesos de adopción en México

Los procesos de adopción intervienen distintos actores, que abonan a que no haya una integración jurídica que agilice los tiempos y los trámites.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

En México, los procesos de adopción de niñas, niños y adolescentes (NNA) institucionalizados —es decir, que se encuentran en casas de asistencia social— son complejos y tardados, pues hay una variedad de criterios dependiendo del estado en que se efectúen.

Si bien existe una regulación nacional, que sirve de parámetro inicial, cada entidad federativa tiene una legislación específica, lo cual afecta notablemente el derecho de esta población a vivir en familia, vulnerando su desarrollo y crecimiento.

En 2020, en nuestro país se registraron 53 mil 862 NNA viviendo en instituciones de asistencia social. Esta cifra implicó un aumento de 62% con respecto a 2015, cuando se registraron 33 mil 118 niñas, niños y adolescentes habitando estos centros. Lo lamentable es que 70% de ellos permanece más de un año en las casas hogar y algunos pasan ahí toda su infancia y adolescencia. Las entidades con más NNA institucionalizados son Chiapas (4 ml 936), Jalisco (4 mil 88), Guerrero (3 mil 890), Chihuahua (3 mil 465) y Baja California (3 mil 154), de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En el caso de menores de edad, también en 2020 se registraron 21 mil 973 niños y niñas viviendo en instituciones de asistencia social.

Hay que señalar que en los procesos de adopción intervienen distintos actores, que abonan a que no haya una integración jurídica que agilice los tiempos y los trámites.

En cada proceso intervienen, por lo menos, las procuradurías de protección de niñas, niños y adolescentes; el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF); el Poder Judicial de la Federación, así como autoridades del ámbito civil o familiar y otros agentes más. En la mayoría de las ocasiones no hay personal suficiente para desahogar las cargas de trabajo, atrasando y haciendo más desgastante el curso de la adopción.

Sin duda, se han identificado varias áreas de oportunidad que podrían ser atendidas para lograr la integración de niñas, niños y adolescentes a un ámbito familiar. Por ejemplo: a) resulta necesario fortalecer las capacidades operativas y económicas de los actores involucrados en la materia; b) se requiere una mejora en la eficiencia de los aspectos procesales relativos a dicho proceso a efecto de reducir los tiempos de espera sin descuidar el análisis que cada caso exige y c) habría que emprender una revisión de fondo a la legislación vigente en las distintas entidades federativas con el objetivo de mejorar, de manera integral, sus procesos.

Para Early Institute es crucial el respeto a los derechos fundamentales de cada niña, niño y adolescente, razón por la cual trabajamos en la incidencia en políticas públicas para mejorar su calidad de vida. La situación de los NNA institucionalizados es un tema apremiante que demanda esfuerzos y voluntad para lograr que su derecho a vivir en familia sea plenamente otorgado en el menor tiempo posible. Una larga estancia en una casa hogar podría desencadenar una serie de problemas, llegando a ocasionar incluso un trauma. Es nuestra responsabilidad velar por sus intereses y colaborar activamente para concederles un verdadero proyecto de vida, que inicie con su acompañamiento familiar.

En riesgo el trabajo vital de las #OSC en México

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

Hace unos días, desde el Ejecutivo Federal se hizo la siguiente declaración:

“Estamos en tiempo de hacer algunas modificaciones, de presentar iniciativas de ley para que no sea con recursos del mismo pueblo que se lleven a cabo campañas en contra de los intereses de la mayoría de los mexicanos, porque cuando se deducen impuestos por donativos, son ingresos que no llegan a la Hacienda pública y que no pueden utilizarse para el desarrollo del país.”

Esta declaración se realizó en el marco de una extensa presentación en la que la Unidad de Inteligencia Financiera expuso, durante “la mañanera”, información fiscal de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

El titular de dicha Unidad, Pablo Gómez, reveló datos personales, incluyendo los ingresos de directivos, periodistas y colaboradores de esa organización. Sin embargo, no profundizaré en la evidente violación al derecho a la protección de datos personales que ocurrió durante la presentación de Pablo Gómez.

Me referiré más bien a las iniciativas mencionadas por el presidente que podrían resultar en la limitación de los donativos de las personas mediante la imposición de barreras para su deducibilidad.

Lo primero que debemos aclarar es que la deducibilidad de los donativos busca precisamente incentivar la contribución de particulares y empresas para resolver problemas sociales, educativos y de salud pública.

Desde hace más de un siglo, el llamado tercer sector se ha consolidado, y esto ha sucedido porque, como sociedad, hemos comprendido que en todas las naciones son necesarias organizaciones que, más allá de las capacidades del gobierno, contribuyen al bienestar de las personas.

Las organizaciones donatarias autorizadas, más de 10,000 en nuestro país, deben cumplir con requisitos legales y presentar al SAT los ingresos, egresos y resultados del uso de los recursos que reciben.

Estas organizaciones no son antagonistas ni contrapesos del gobierno, sino una forma en la que los ciudadanos nos sumamos a causas que nos interesan. Por ello, la política fiscal debe incentivar que las personas deseen aportar a través de ellas.

Hoy, las organizaciones de la sociedad civil, más que realizar campañas, trabajan por los migrantes, por las víctimas de la violencia, por niñas y niños que han sido abandonados, y también vigilan que las cuentas del gobierno sean claras. Por esta razón, su función es primordial para tener una sociedad más justa y democrática.

Niñas y niños: Derecho a la Identidad

La niñez tiene derecho a mantener su nombre y apellidos luego de un juicio de desconocimiento de paternidad, a fin de garantizar su derecho a la identidad

Por: Sandra Espinosa Rizo, Ejecutiva de Asuntos Públicos de Early Institute
Publicación original de: El Heraldo de México

El vínculo que se desarrolla con papá y mamá es fundamental cuando somos niñas, niños y adolescentes, ellos son quienes primordialmente nos dan cuidado, crianza, cariño e identidad. Sin embargo, ¿qué pasa con ese vínculo cuando se pone en duda la paternidad?

El pasado mes de julio, el Poder Judicial de la Ciudad de México publicó el comunicado No. 93/2024. A través de este, se informó que, de acuerdo con la Jueza Juana Érika Ordóñez Salazar, la niñez tiene derecho a mantener su nombre y apellidos luego de un juicio de desconocimiento de paternidad, a fin de garantizar su derecho a la identidad. Según la Jueza, aunque se demuestre que no existe el vínculo biológico, no se puede privar a niñas y niños de su identidad, teniendo derecho a conservar su nombre tal cual aparece en el acta de nacimiento.

Así, para los adultos cuestionar la paternidad significa un conflicto que puede resultar en situaciones como dejar de pagar una pensión alimenticia. Mientras que, para las niñas y niños involucrados puede tener efectos más profundos para el desarrollo de su vida y el ejercicio de sus derechos que es importante visibilizar.

El juicio por desconocimiento de paternidad es aquel que busca desvirtuar el vínculo biológico padre-hijo(a) que se presume en el acta de nacimiento, y que puede derivar en la emisión de una nueva acta que solo contenga el nombre de la madre y de los abuelos maternos.

Sobre este tema, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha señalado que en estos juicios al cuestionarse el vínculo biológico padre-hijo(a), es la niñez quien principalmente se ve afectada. A diferencia de un juicio en el que se reconoce la paternidad, cuyo efecto es establecer un vínculo, el desconocimiento de la paternidad tiene como resultado la disolución de este, sin involucrar el conocimiento del origen biológico.

Estos planteamientos resaltan la importancia de proteger el derecho fundamental a preservar la identidad de niñas, niños y adolescentes, reconocido en diversos instrumentos como la Convención sobre los Derechos del Niño, el artículo 4° de nuestra Constitución y la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Debemos visibilizar que la construcción de la identidad va más allá de contar con un nombre. El entorno en que niñas y niños se desarrollan, las personas con las que se relacionan y las experiencias que viven, en parte determinan quienes son.

En consecuencia, cuando niñas y niños, se enfrentan a procesos judiciales como lo es el de desconocimiento de paternidad, lidian con situaciones emocionales difíciles que afectan su bienestar y desarrollo.

Se hace evidente que los efectos de este tipo de juicios van más allá de la modificación de un nombre o del pago de alimentos. Detrás de cada procedimiento hay niñas y niños que pueden ver afectado su sentido de pertenencia, pues implica no sólo la pérdida de una figura parental, sino también de su identidad.

Es crucial enfatizar que no se trata de expedientes ni de asuntos de carácter judicial, sino de personas que por su carácter de niña, niño o adolescente se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.

Por ello, es que interpretaciones como la establecida por la Jueza Ordóñez Salazar, determinan medidas necesarias para proveer, a niñas y niños que se enfrentan a estos procesos, las condiciones suficientes para su desarrollo integral, considerando su bienestar emocional y proporcionando un entorno seguro y estable.

Corresponde a madres, padres, cuidadores, juzgadores y toda persona involucrada garantizar a través de una protección reforzada, el bienestar de niñas, niños y adolescentes, velando por que sea el interés superior de la niñez el principio rector en todas las decisiones que los involucra.

Familias mexicanas huyen de la violencia y el narcotráfico

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

En los últimos años, el desplazamiento forzado como consecuencia de la violencia, los conflictos armados y el narcotráfico se ha vuelto cada vez más común.

Se habla con frecuencia del desplazamiento forzado interno, en el cual las personas se ven obligadas a abandonar sus hogares para continuar su vida en otro estado de la república. Sin embargo, cuando estas personas cruzan una frontera, como en el caso reciente de cientos de familias chiapanecas desplazadas hacia Guatemala, se les conoce como refugiados.

De acuerdo con el gobierno federal, estas familias se refugiaron en Guatemala para evitar que las bandas criminales, que se disputan la zona, secuestren a sus hijos más jóvenes.

Si bien algunas familias han regresado, muchas otras prefieren quedarse en ese país y desplazarse entre fronteras debido al temor por la falta de protección.

Desde la Presidencia de la República, el problema se minimiza; se habla de poblaciones específicas, hechos concretos y se hace un llamado a no exagerar el tema.

Sigue sin reconocerse que el desplazamiento forzado por violencia y la presencia de grupos criminales es un problema sistémico que, aunque no es nuevo, se observa cada vez más en más estados, municipios y comunidades.

Esta vez ha llamado la atención que las familias mexicanas se desplacen hacia el sur, pero no podemos olvidar que hacia el norte llevamos muchos años viendo a miles de personas, no solo sudamericanas o centroamericanas, sino también mexicanas, que buscan refugio.

Ante la situación en Chiapas, la Secretaría de Gobernación comunicó que impulsará un plan de atención dirigido a los habitantes de las poblaciones afectadas, mediante programas sociales, atención a la salud y el despliegue de un "tianguis del bienestar" con apoyos para las comunidades afectadas.

Sin embargo, esta respuesta es insuficiente; parece no entenderse que el desplazamiento forzado es un fenómeno complejo que requiere una atención eficiente y transversal por parte de todas las autoridades y de los distintos niveles de gobierno.

Si una familia abandona todo por lo que ha trabajado durante años, es porque en su propio hogar se siente absolutamente desprotegida y vulnerable. Esto es lo que hoy viven cientos de familias mexicanas, ante lo cual no hay respuesta.

Abrumador, el gasto de las familias mexicanas en salud

Hay una urgencia por instaurar un sistema de salud que cubra a todos, que ayude a la economía familiar al disminuir el gasto de bolsillo.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

En México tenemos una severa crisis en materia de salud. Basta ver los efectos de la desaparición del Seguro Popular y los problemas en el abasto de medicinas en los servicios públicos, entre otros rezagos de infraestructura y cobertura. Esto significa que las familias gasten en atención privada, desembolsando importantes cantidades de su ingreso.

Al respecto, en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se estimó que entre 2018 y 2022, el gasto de los hogares en salud se incrementó 30%, dejando al descubierto necesidades básicas.

En el artículo Determinantes del gasto de los hogares en salud en México, las investigadoras Hada Sáenz y Ángela Guzmán hablan de los casos en que suelen incrementarse estos gastos: la presencia de menores de cinco años, de adultos mayores o algún miembro con discapacidad.

Asimismo, señalan la desigualdad en la atención y calidad de los servicios de salud en México y puntualizan el concepto de gasto catastrófico, al indicar que: “El gasto en salud se vuelve catastrófico cuando un hogar debe reducir su consumo básico por un periodo para hacer frente a los gastos en salud en un porcentaje mayor a un determinado umbral”.

Por su parte, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en su Estudio sobre el derecho a la salud 2023: un análisis cualitativo, declaró que: “En 2020, 4.6% de los hogares con ingresos por debajo de la Línea de Pobreza Extrema realizó un gasto catastrófico en salud; en contraste con 3.7% de los hogares considerados no vulnerables por ingresos que incurrieron en este tipo de gasto”.

Este hallazgo coincide con lo concluido por las investigadoras Sáenz y Guzmán, previamente mencionadas, al señalar que: “son los hogares más pobres y de zonas rurales los que presentan mayores tasas de gasto en salud”.

La salud es un derecho universal y en México está protegido por nuestra Constitución al configurarse como derecho a la protección de la salud. Pese a su relevancia, hoy el Estado mexicano no está cumpliendo con los elementos esenciales en su dotación. De hecho, cada vez nos acostumbramos más a asumir los costos desde nuestro bolsillo y la afectación es enorme, ya que no solo se trata del pago de las consultas, intervenciones médicas y medicamentos en el sector privado, sino los gastos de transporte, alimentos, hospedaje, entre otros.

En Early Institute nos parece relevante visibilizar lo que ocurre con uno de los rubros más importantes en el desarrollo social. Según la Organización Mundial de la Salud, los gastos de bolsillo en salud no deben exceder 20% de los ingresos de las familias y, como se ve, México está muy por encima de esa cifra.

Por lo anterior, hay una urgencia por instaurar un sistema de salud que cubra a todos, que ayude a la economía familiar al disminuir el gasto de bolsillo y coadyuve a que el ingreso se destine a otras áreas también esenciales.

 

La obesidad infantil alcanza niveles críticos

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

La obesidad infantil se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más urgentes de atender en México. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022, el sobrepeso y la obesidad en niñas, niños y adolescentes han aumentado entre un 5% y un 7%, dependiendo de la edad, en comparación con 2018.

Lo más preocupante es el aumento exponencial de prevalencias por edad: mientras el 7.7% de los niños y las niñas menores de 5 años presentan sobrepeso u obesidad, esta cifra se quintuplica en edades posteriores, ya que se presenta en el 37.3% de los niños y las niñas de 5 a 11 años y en el 41.1% de adolescentes de 12 a 19 años. Es decir sólo 6 de cada 10 adolescentes tienen un peso normal al entrar a la edad adulta, lo que presenta riesgos para su salud presente y futura.

Las consecuencias del sobrepeso y la obesidad en la salud física no deben pasar desapercibidas pues esta asociada con riesgos significativos de presentar enfermedades cardíacas, diabetes, cancer e incluso la muerte. Durante la pandemia del COVID 19 la obesidad y sobre peso fue considerado un factor significativo en la morbilidad y mortalidad.

De acuerdo con el estudio de BMJ Health titulado Impactos económicos del sobrepeso y la obesidad: estimaciones actuales y futuras para ocho países y publicado en 2021, los costos relacionados con la obesidad ascienden a aproximadamente 26 mil millones de dolares anuales. Estos costos incluyen gastos médicos directos, como hospitalizaciones y tratamientos, así como costos indirectos relacionados con la pérdida de productividad y el ausentismo laboral. Resulta preocupante que esta cifra equivale al 2.4% del producto interno bruto y se estima que para 2060 esta cifra casi se duplique alcazando el 4.14% del producto interno bruto de México.

La Alianza por la Salud Alimentaria, un grupo que agrupa a diversas organizaciones civiles y académicas, ha emitido un claro llamado de atención: si no se implementan medidas firmes para regular la venta de comida chatarra en las escuelas, medio millón de niños podría desarrollar obesidad en tan solo un año. Este incremento es atribuido en gran medida a la falta de regulación en los entornos escolares, donde se sigue permitiendo la venta de productos altos en azúcares y grasas.

Concretamente, la Ley General de Educación, especialmente en su artículo 75, establece que es responsabilidad de los directores y otras autoridades escolares asegurar el cumplimiento de las normativas sobre la venta de alimentos. Según la Ley, las cooperativas, tiendas escolares y comedores deben comprometerse a promover la salud y seguir las reglas establecidas, como la prohibición de la venta de comida chatarra. Además, se destaca la necesidad de fomentar estilos de vida saludables entre los estudiantes, promoviendo la activación física y una buena alimentación desde temprana edad.

Sin embargo, en la práctica la implementación de estos lineamientos ha sido deficiente por parte de las autoridades educativas. De acuerdo con la columna de opinion de Andrea Vega titulada Estiman Medio Millón de Niños Obesos en un Año por No Regular Venta de Chatarra en Escuela, la situación se agrava con el hecho de que, aunque existen lineamientos, estos no son de carácter obligatorio en todas las escuelas, lo que resulta en una aplicación inconsistente.

La resistencia de la industria alimentaria y de bebidas ha sido un obstáculo significativo para la implementación efectiva de estas políticas. Además, la regulación estipula que debe existir un Comité de Establecimientos de Consumo Escolar conformado mayoritariamente por madres y padres de familia. Sin embargo, en la gran mayoría de escuelas no está conformado este Comité.

Asimismo, existe una falta de recursos, supervisión y apoyo en las escuelas para implementar las normativas adecuadamente. Además, muchas instituciones educativas dependen de los ingresos generados por las cooperativas escolares, lo cual se vuelve un ciclo díficil de romper.

Desde Early Institute consideramos que las altas prevalencias en sobrepeso y obesidad en niñas, niños y adolescentes, así como la magnitud de los costos asociados subrayan la necesidad urgente de una acción coordinada.

Es imperativo que las autoridades educativas y de salud trabajen juntas para asegurar el cumplimiento de las regulaciones existentes y que se eduque a la comunidad escolar sobre la importancia de una alimentación saludable.

Desde la sociedad, es necesario incentivar el involucramiento de madres y padres de familia en el proceso y en los Comités escolares. Desde el gobierno también debe considerar políticas más integrales como incluir la implementación de impuestos a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados para desalentár su consumo. Asimismo, debe reducirse la dependencia de los ingresos generados por las cooperativas escolares que venden comida chatarra a través de una mayor inversión pública en las escuelas.

Los datos son claros, se requieren acciones urgentes para revertir las tendencias y que las niñas, niños y adolescentes no paguen las consecuencias.