¿Los trapos sucios se lavan en casa?

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo 

Por un lado, es cierto: Según los resultados que arroja la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 76% de las mujeres que dijeron haber sufrido violencia sexual antes de los 15 años reportaron que sus agresores eran familiares o conocidos. Solo el 24% reportó que se trataba de un desconocido. Así pues, dentro de esta estadística y considerando que en varios casos las mujeres fueron abusadas por más de una persona, el 43% lo ocupa el tío, el 33% un primo y el 18% un hermano.

Sin embargo, el hecho de que las personas agresoras en su mayoría se encuentran en la familia o cerca de ella no convierte a la violencia sexual ejercida contra niñas, niños y adolescentes un problema “de familia”; todo lo contrario, el primer error en el que caemos como sociedad es creer que se trata de temas que se deben de resolver en la esfera de lo privado.

¿Qué justicia podemos esperar para la víctima si el agresor es juez y parte?

Desgraciadamente, la violencia sexual infantil en muchas ocasiones se ejerce en un ambiente de complicidad, confianza “ciega”, coerción y/o dependencia económica que protege a la persona agresora y mantiene su agresión en secreto generación tras generación.

Entonces, ¿cómo debemos actuar ante sospecha o conocimiento de este tipo de violencia?

En primer lugar, se trata de un delito que debe ser denunciado ante las autoridades competentes para que el agresor sea sancionado y evitar que continúe ejerciendo violencia y/o violentando a más personas. A la par, se le debe brindar apoyo psicológico a la víctima para que pueda iniciar su proceso de reparación y entienda que ese acto o actos ejercidos en su contra no la definen.

La violencia sexual ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes es un problema de orden público, que nos atañe a todas las personas. Debemos involucrarnos, asumir este problema como nuestro y exigir la intervención de las autoridades. No permitamos que el secreto familiar encubra agresores sexuales.

Si nuestra niñez está sufriendo de este tipo de violencia, si no les estamos protegiendo, en unos años toda la sociedad vivirá las secuelas de su omisión.

Los gobernadores y su tarea frente a la infancia

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute

Publicación original en: El Sol de México 

Hace 3 años, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) publicó el Diagnóstico sobre los Derechos de la Infancia y Adolescencia en México, documento que además de brindar un panorama sociodemográfico sobre cómo viven las niñas y niños mexicanos desde la primera infancia, la etapa escolar y la adolescencia, dio a conocer una serie de recomendaciones para avanzar en la protección efectiva de sus derechos.

Una de las conclusiones del diagnóstico enfatizaba la necesidad de mejorar el acceso y calidad de los servicios que afectan especialmente a los niños de los hogares más pobres y marginados del país en políticas como salud, alimentación, educación y prevención de la violencia.

Si bien la recomendación de UNICEF admite amplísimos márgenes de acción, es evidente que la prestación de servicios sociales de calidad hacia la infancia y adolescencia devela - en el fondo - que es imperativo fortalecer la coordinación entre las autoridades de los tres niveles de gobierno, al tiempo que asegurar la dotación de recursos suficientes para emprender políticas públicas de alto nivel, especialmente en los estados y municipios.

Sería ingenuo pensar que por el simple hecho de estar previstos en la ley, los Sistemas Nacional, Estatales y Municipales de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, funcionan por arte de magia y de manera automática. En la práctica se ha comprobado que su puesta en marcha requiere poco más que la voluntad legislativa y la participación de los colectivos sociales.

La realidad es que a 7 años de haberse creado los mecanismos de protección previstos en la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y las leyes estatales, su funcionamiento y efectividad ha sido precario e intermitente; en algunas regiones del país prácticamente es nulo.

Revertir esta situación no solo es tarea de la federación y las políticas centrales. Creemos, existe un actor clave que puede ser factor determinante para superar esta especie de “inacción pública” que se observa en la protección integral de la infancia mexicana. Nos referimos a los gobernadores de los estados.

El gobernador de cualquier entidad federativa es una pieza clave en el engranaje del sistema político nacional como responsable de los intereses generales de los estados y de la población en las localidades; posee el carácter de mandatario del mismo y funge también como un líder de gestión y dirección de asuntos de diversa índole que se hacen valer ante la Federación, los municipios, congresos y otras instituciones o personas jurídicas públicas o privadas.

Además de sus funciones esencialmente políticas, en la práctica los gobernadores cuentan con atribuciones suficientes para articular e imprimir dinamismo entre su gabinete y demás actores sociales involucrados en los sistemas de coordinación locales, como es el caso de los sistemas y procuradurías de protección de niñas, niños y adolescentes.

De los gobernadores depende, en buena medida, que dichos espacios dejen de ser meras figuras decorativas o burocracias adicionales, para convertirse en auténticas mesas de trabajo con el impulso presupuestal suficiente desde las cuales se diseñen, implementen y evalúen las políticas orientadas a la protección de la infancia.

En pocas semanas, 15 entidades de la república habrán de elegir precisamente a sus nuevos gobernadores, casi la mitad del gobierno territorial del país. Con ello se abre una nueva oportunidad de replantear las prioridades y la configuración de las agendas públicas.

Quienes estamos convencidos de que 40 millones de niñas, niños y adolescentes representan la mejor inversión para México, habremos de depositar en esta nueva generación de ejecutivos estatales un voto de confianza, pero al mismo tiempo, un margen de fiscalización ciudadana a su acción de gobierno si esta agenda no es atendida.

Son tiempos en donde se requiere volver a lo esencial y las nuevas generaciones nos necesitan, quizá, más que nunca.

Combatir la violencia sexual infantil en línea

Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Una de las tantas preocupaciones que se ha acentuado, en los últimos años, ante el uso de la tecnología es la violencia sexual en línea contra niñas, niños y adolescentes. El tema se está agravando y es necesario actuar para erradicarlo, sobre todo porque las actividades digitales se han vuelto vitales con la emergencia sanitaria.

Hoy, uno de cada tres usuarios de internet son niños, niñas o adolescentes, a nivel mundial y según la International Association of Internet Hotlines (INHOPE) en 2017 se registraron 88 mil reportes de violencia sexual infantil, mientras que en 2019 fueron 183 mil. De los reportes, 2.0 por ciento de las víctimas tenía entre 0 y 2 años; 8.0 por ciento era de 14 a 17 años, y 90 por ciento tenía entre 3 y 13 años. En cuanto al género, las niñas son las más afectadas (91 por ciento).

Por su parte, de acuerdo con la División Científica de la Guardia Nacional, México es el quinto lugar en consumir y transmitir pornografía infantil; India tiene el primer lugar y le siguen Pakistán, Irak e Indonesia. Incluso se habla de que, en nuestro país, se incrementó 73 por ciento el consumo y la búsqueda de pornografía infantil en marzo y abril de 2020, y de julio a agosto de ese mismo año, el aumento de reportes de pornografía infantil fue de 430 por ciento.

Esta breve radiografía revela que la problemática debe ser atendida de manera urgente y para ello hay que entender que existen diferentes formas de violencia sexual infantil en línea, lo que facilitará tomar medidas para su combate. Por ejemplo, un modo común es el sexting, que son imágenes o videos en los que aparecen niñas, niños o adolescentes desnudos o semidesnudos y son transmitidos por medios digitales. Hay sextorsión, que es el chantaje o amenaza de publicar contenido audiovisual de la víctima. También existen el ciberacoso, que es el hostigamiento en línea; el happy slapping, que es la grabación de agresiones para ser difundidas; y el online grooming, que es el acoso y abuso sexual online. Otras formas son la exposición involuntaria a material sexual o violento, así como la incitación a conductas dañinas y violencia online en la pareja o expareja.

La afectación de estas expresiones de violencia sexual en línea tiene alcances profundos y daña diferentes ámbitos de la integridad física y emocional de niños, niñas y adolescentes. Ser víctima de estas prácticas puede llegar a producir: depresión, ansiedad, desconfianza, descenso de autoestima, bajo rendimiento escolar, aislamiento social, cambios de humor repentinos y bruscos y, en casos muy extremos, el suicidio.

Conscientes de la gravedad de la situación, Alumbra –iniciativa de Early Institute, que reúne a más de 40 aliados en una comunidad de conocimiento– ofrece cinco pasos a los cuidadores de niños, niñas y adolescentes para detener este tipo de amenazas. Las propuestas son: 1) conocer y hablar con nuestros hijos e hijas sobre los riesgos en internet; 2) mantenerse involucrado en el mundo digital de niños, niñas y adolescentes; 3) conocer con quién se conectan; 4) usar controles de privacidad y seguridad, y 5) bloquear y reportar a personas que los incomodan.

Además de estar permanentemente atentos a lo que ocurre en el entorno digital en el que se desenvuelve este sector es muy importante reportar a las autoridades cualquier forma de violencia. También hay que alentar a que niños, niñas y adolescentes expresen sin temor lo que les está pasando. Esto implica que la comunicación sea un hábito al interior de los núcleos familiar y escolar para que tengan la confianza y se sientan seguros al momento de señalar si están viviendo una experiencia de esta naturaleza. Seamos responsables, informémonos y actuemos, pero también recordemos proteger a niños, niñas y adolescentes con delicadeza, amor, respeto y comprensión.

Que no caigan en sus redes

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.

Publicación original en 24 Horas 

El acceso a internet, especialmente durante la pandemia y dadas las medidas restrictivas sanitarias para contener la propagación del virus, ha abierto muchas puertas que incrementan el riesgo de niñas, niños y adolescentes de ser víctimas de alguna forma de violencia sexual infantil.

De acuerdo a INHOPE, organización internacional que conjunta a líneas nacionales para el reporte de material de violencia sexual infantil, actualmente existen más de 46 millones de imágenes o videos únicos de abuso sexual infantil (CSAM por sus siglas en inglés). La propia organización estima que alrededor de 750,000 agresores en algún punto han buscado conectar con un niño, niña o adolescente a través de internet con un propósito sexual.

De acuerdo con la Guardia Nacional, México ocupa el quinto lugar en consumo, y transmisión de pornografía infantil. En primer sitio está India, seguido de Pakistán, Irak e Indonesia. La pornografía infantil es solo una de las diversas formas de violencia sexual infantil que deja ver la gravedad del problema en el país, el que además, ha crecido durante la pandemia. Según la propia Guardia Nacional en agosto del 2020 se registró un incremento de 430 por ciento de conductas y delitos en agravio de niñas, niños y adolescentes, a través de la red, en comparación con el mes de julio del mismo año.

Además, la edad de las víctimas es cada vez menor ya que de acuerdo con cifras de National Center for Missing and Exploited Children (NCMEC) en 2019, el 90% de las víctimas menores de edad tenían entre 3 y 13 años, 2% entre 0 y 2 años y 8% entre 13-17 años. Además, el 91% de las víctimas eran del sexo femenino.

La raíz de la producción, distribución y almacenamiento de material infantil de índole sexual, puede suceder a partir en casos de trata de personas, prostitución y explotación sexual infantil. Sin embargo, también es necesario visibilizar que existen otras formas de violencia sexual que implican riesgos para niñas, niños y adolescentes como lo es el grooming, un conjunto de técnicas que utilizan los depredadores sexuales para captar a las niñas, niños y adolescentes a través de perfiles falsos con el objetivo de obtener una imagen o video, o el sexting, una nueva práctica extendida entre adolescentes en la que se intercambia imágenes o videos de contenido sexual que puede ser compartido a innumerables personas sin la autorización de la víctima.

Por lo anterior, la Comunidad de Conocimiento y Práctica Alumbramx.org, integrada por más de 50 organizaciones, lanzó la campaña nacional de prevención de la violencia sexual en línea en contra de niñas, niños y adolescentes “#QueNoCaiganEnSusRedes”.

La campaña subraya la importancia de que madres y padres apliquen 5 pasos claves para la prevención y la protección de los niños en internet: 1) Conoce y habla con tus hijas e hijos sobre los riesgos en internet, 2) Mantente involucrado en su mundo digital, 3) Conoce con quién se conectan, 4) Usa controles de privacidad y seguridad y 5) Bloquea y reporta a personas que los incomoden.

Un problema de tales dimensiones apela a la responsabilidad colectiva y a actuar como guardianes, especialmente de niños, niñas y adolescentes que requieren de protección. Es de vital importancia que los padres, madres y cualquier persona responsable del cuidado de una niña, niño o adolescente se esfuerce en una mayor alfabetización digital que les permita acercarse a sus hijas e hijos, y así protegerlos de los agresores y reportar cualquier situación de violencia sexual en su contra. Prevenir e identificar una violencia sexual infantil a tiempo es toda la diferencia #QueNoCaiganEnSusRedes.

Los derechos de la niñez en el entorno digital

Por: Cristián Acosta de Asuntos Públicos de Early Institute

Publicación original en ContraReplica

Las redes sociales, videoconferencias, correos, chats, buscadores, plataformas de streaming, tienen un rol preponderante en nuestras actividades cotidianas, y con independencia de nuestra edad, estamos inmersos en el entorno digital en el que debemos visibilizar y advertir sobre las obligaciones de autoridades como el SIPINNA, el IFT, el INAI, la PROFECO, Fiscalías de Justicia, Guardia Nacional o nuestros legisladores cuando los usuarios son niñas, niños o adolescentes.

Según la la Encuesta Nacional para la Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares de 2019 (ENDITUH) del INEGI el 70.1% de la población de seis años o más es usuaria de Internet, ese número de conformidad con la Asociación de Internet MX (AIMX), aumentó en un 5.4% durante lo que llevamos de pandemia.

En este contexto, el Comité de los Derechos del Niño, como máximo especialista e interprete mundial, acaba de emitir su observación general número 25 sobre los derechos del niño en el entorno digital.

Los temás son variados y van más allá de permitir o no el uso del internet que, después de un año de pandemia, está practicamente fuera del debate para aquellos que no sufren brecha digital, sino en visibilizar los alcances de un entorno que no conoce fronteras.

La observación pone énfasis en varios rubros: el derecho a la privacidad, la protección de datos, el derecho a opinar e informarse, la alfabetización digital, el derecho a la educación a través del mobile learning, el acceso a la cultura, el esparcimiento; la necesidad de invertir en infraestructura educativa digital así como las oportunidades que se presentan para niñas y niños con discapacidad.

El Comité también nos propone panoramas en los que cabe preguntarnos: ¿Cuántas veces su hijo, sobrina, conocido, le ha dicho que quiere, necesita, desea una aplicación, un producto con costo específico que vio en internet? Pues bien, esa petición no es espontánea, sino consecuencia de lo que se denomina: neuromarketing, análisis emocional y publicidad inmersiva que tiene como población objetivo a niñas, niños y adolescentes. El Comité es contudente, pues señala que esas acciones deben prohibirse por los Estados cuando van dirigidas a la niñez.

Más allá del ánimo consumista, el entorno digital también abre la puerta a distintas formas de violencia: ciberagresiones, acoso, abusos, explotación económica o sexual, trabajo infantil, su participación en actividades criminales, la realización de retos peligrosos, conductas suicidas o desordenes alimenticios que deben ser atendidas por los gobiernos con una coordinación internacional con el apoyo de la sociedad civil, padres y cuidadores así como por los propios niños, niñas y adolescentes.

Finalmente, el Comité nos recuerda que el entorno digital es un complemento, una oportunidad para ejercer derechos, pero que de ninguna manera suple las interacciones sociales entre los propios niños, con sus familias y la comunidad en general.

Reforzar el cuidado integral ante la pandemia

Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute

Publicación original en El Financiero

A un año de que en México se declarara confinamiento social por la emergencia sanitaria de Covid-19, la situación parece estancarse. Si bien la aplicación de vacunas da un respiro a nivel mundial, todavía hay que seguir con las medidas de protección y de distanciamiento para evitar la propagación del coronavirus. En todo este tiempo, es evidente el desgaste en varios sentidos. Gran parte de la sociedad se vio afectada en la salud, otra en el aspecto laboral, otra más ha sido alcanzada por la violencia y muchos hemos perdido seres queridos. Sin irnos más lejos, el simple hecho de modificar nuestra rutina ha sido cansado y, a veces, causa de malestar y frustración.

Ya sea por una o varias razones, la contingencia ha dejado profundas huellas que llevarán su propio tiempo de sanación. La constante ahora es seguir cuidándonos y participar activamente porque la amenaza continúa y no se sabe con certeza por cuánto más (al menos en estas condiciones). Debemos seguir con las recomendaciones básicas del lavado de manos, el uso de cubrebocas, la ventilación de espacios, la desinfección de áreas comunes en casa y oficina y, sobre todo, evitar reuniones sociales o actividades que impliquen concentraciones masivas. A un año, ya hemos atestiguado los alcances del contagio, pero también las ventajas de las protecciones sugeridas por los especialistas.

En estos momentos sigue siendo fundamental el cuidado físico, no sólo en el ámbito de la limpieza sino en todo lo que tiene que ver con una buena alimentación, el ejercicio, la atención oportuna en caso de enfermedad, el descanso y el contacto personal. Pero también es una prioridad la salud emocional: vigilar que nuestras emociones sean canalizadas y que recibamos la orientación necesaria si requerimos apoyo psicológico. Ansiedad, estrés, depresión y tristeza son afectaciones que se han incrementado en el último año en personas de todas las edades, por eso es importante estar al tanto de los estados de ánimo y las conductas de cada uno de los integrantes de la familia. En este sentido debe privilegiarse la comunicación para identificar lo que está sucediendo y actuar en consecuencia. Para eso debe crearse un entorno de empatía, amor y respeto para que todos puedan expresarse con total libertad.

Además de los cuidados físicos y emocionales, hay un tercer ámbito que se ha vuelto primordial, me refiero al espiritual. Afianzarnos a nuestras creencias y fortalecerlas nos da aliento para afrontar lo que está sucediendo, pero también para encontrar un sentido a estas vivencias que no han sido nada fáciles. Más allá de la expresión religiosa, la dimensión espiritual es un modo de hallar bienestar a través de valores y actitudes que nos ayudan a asimilar y dar significado a lo que ocurre, sobre todo en los momentos más complejos.

En Early Institute reconocemos la relevancia de los aspectos físico, emocional y espiritual en distintas circunstancias y etapas de la vida como elementos integrales del ser humano y con la pandemia es más apremiante su atención. No dejemos que el agotamiento nos nuble y sigamos atendiéndonos, en especial a los más desprotegidos, reforzando las acciones. Te invito a retomar la disciplina y ser solidarios porque en la medida que continuemos con los cuidados, tendremos mayores posibilidades de restaurar nuestra dinámica personal, familiar y social.

Cuidar a niños, niñas y adolescentes de violencia sexual en línea

Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute

Publicación original en El Financiero

En un esfuerzo por proteger a niños, niñas y adolescentes de violencia sexual en línea, la comunidad de conocimiento y práctica, Alumbra, lanza la campaña #QueNoCaiganEnSusRedes, en la que participan instituciones públicas y privadas para evitar riesgos por el uso de internet en ese sector.

Alumbra es una iniciativa de Early Institute y su objetivo es prevenir la violencia sexual infantil en México. Este organismo reúne a más de 50 aliados y hoy actúa ante los altos índices de violencia sexual en línea que se han registrado en nuestro país en los últimos años y que han aumentado por el confinamiento sanitario.

En 2019, en México alrededor de 12 millones de niños, niñas y adolescentes utilizaron diferentes plataformas en línea y 27 por ciento de los usuarios entre 12 y 17 años reportaron ciberacoso, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). De igual modo, alarma saber que, de acuerdo con la División Científica de la Guardia Nacional, incrementó 73 por ciento el consumo y la búsqueda de pornografía infantil, en marzo y abril de 2020.

Hay que decir que las formas de violencia sexual en línea van desde el acoso hasta la obligación a efectuar acciones en perjuicio de su integridad física y emocional e, incluso, su captación para redes de explotación sexual.

Por ello, la campaña #QueNoCaiganEnSusRedes busca erradicar estos peligros a través de cinco pasos: a) hablar sobre los riesgos en internet, lo que implica tener una comunicación franca y directa con niños, niñas y adolescentes; b) involucrarse en su mundo digital, lo que equivale a pasar tiempo con ellos y conocer sus hábitos en línea; c) conocer con quién se conectan, es decir, asegurarse de que sus contactos sean quienes dicen ser; d) usar controles de privacidad y seguridad que los mantengan a salvo de contenidos inapropiados, y e) bloquear y reportar a personas que los incomoden, es decir, hay que actuar en cuanto se identifique algún riesgo y avisar a las autoridades.

Hay también algunas señales que pudieran indicarnos si ya están sufriendo alguna forma de violencia sexual en línea. Si presentan depresión, ansiedad, desconfianza, descenso de autoestima, bajo rendimiento escolar, aislamiento social o cambios de humor repentinos y bruscos acércate para conocer lo que está ocurriendo. Este acercamiento debe ser amoroso, cuidadoso y respetuoso para que haya apertura y la víctima pueda confiar sin temor alguno.

Por otro lado, si se ha comprobado que se ha dado un acto de violencia sexual es necesario acudir a especialistas para determinar el grado de afectación y las medidas a seguir para reparar los daños físicos, psicológicos y emocionales.

Con la campaña nacional #QueNoCaiganEnSusRedes, en Early Institute hacemos un llamado a toda la sociedad mexicana a proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes sobre todo porque seguimos en emergencia sanitaria, se continuará conviviendo en el entorno virtual y debemos alejarlos de experiencias que dejan heridas profundas. Te invito a visitar el sitio https://alumbramx.org/protegelos/; compartir y asumir la responsabilidad en la prevención de este tipo de amenazas y participar en las acciones que ayuden a detener esta terrible problemática.

Tiempo en familia, la respuesta

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.

Publicación original en 24 Horas 

Dadas las medidas restrictivas sanitarias para contener la propagación del COVID-19, las familias permanecen más tiempo en casa. No obstante, ello no implica que en realidad los padres, madres y cuidadores estén pasando tiempo de calidad con las niñas, niños y adolescentes.

De acuerdo con la Consulta Infantil y Juvenil 2018 del INE, al abordar el tema se ponen en evidencia diferencias sustantivas entre edades y sexo, ya que únicamente el 62% de las niñas y el 62.1% de los niños de entre 6 y 9 años reportó realizar actividades de recreación y esparcimiento cuando no están en la escuela, cifra que es aún menor para el grupo de 10 a 13 años (50.6% de las niñas y 59.9% de los niños) y de 68.7% y 71.1%, respectivamente, para adolescentes de entre 14 y 17 años.

Respecto a las bajas estadísticas de actividades recreativas y de esparcimiento, resulta fundamental evidenciar que el juego constituye un elemento básico para el desarrollo integral y el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes.

De acuerdo con la UNESCO, el juego en la infancia es vital ya que fomenta un desarrollo armonioso del cuerpo, la inteligencia y la afectividad en los menores. Asimismo, de acuerdo con la serie The Lancet sobre desarrollo infantil, el juego contribuye al desarrollo físico, cognitivo, socioemocional y de lenguaje, además de que incentiva la creatividad e imaginación.

Además, el juego es una excelente oportunidad para que madres, padres y cuidadores puedan conocer mejor a sus hijos, porque a través de este, es posible observar si el niño manifiesta una perturbación del desarrollo afectivo, psicomotor e intelectual, así como también descubrir su manera de pensar, las creencias, experiencias y aspiraciones de los pequeños. Incluso, el juego permite detectar abusos o violencias a las que pudiera estar expuestos niñas, niños o adolescentes.

Especialmente durante la pandemia, el juego en familia resulta fundamental para romper con las actividades cotidianas, y “apartar” un espacio reservado para pasar tiempo de calidad y disfrutar con los menores, y así mitigar algunos de los efectos generados por el confinamiento, como la depresión, la ansiedad, y el estrés.

Si bien la pandemia ha cerrado las puertas de convivencia al exterior, también ha abierto una ventana de oportunidad en la que, a través del juego, es posible desconectarse de redes sociales y cualquier distracción, para formar vínculos afectivos e interactuar a través de actividades, dinámicas y conversaciones en familia.

Por lo anterior, Alumbra, una iniciativa de Early Institute, desarrolló una web app llamada Modo Familia modofamilia.alumbramx.org, que permite contabilizar el tiempo que dedican las madres, padres con sus hijos, así como sugerencias de juegos que no solo son divertidos, sino que contribuyen al aprendizaje a reforzar los lazos familiares.

Esta herramienta está al alcance de todos, porque solo basta con conectarse a internet y en un solo sitio podrán encontrar consejos, actividades y juegos que incentivan la crianza positiva, mismos que han sido validados por organismos internacionales. Modo Familia brinda elementos para mejorar la convivencia, la comunicación, empatía y fortalecer los vínculos afectivos entre madres, padres e hijos, a través de un espacio libre de violencia en el que no se permite discutir, pelear o generar ningún tipo de estrés entre los participantes, y en el cual no existen, críticas, burlas o bullying.

El juego no es un extra, no es un premio que se da por haber hecho bien los deberes. El juego, no solo para los niños, sino también para lo adultos, es una necesidad que contribuye al desarrollo integral de los seres humanos. Es necesario que los niños saquen esa luz que llevan dentro, y el juego es un excelente mecanismo para lograrlo. Para conmemorar el día de la familia, que en México se celebra el primer domingo de marzo, los invitamos a convivir con sus seres queridos, utilizando esta WEBAPP, que es totalmente gratuita. Solo busquen en internet modofamilia.alumbramx.org

La niñez importa

Por: Cristián Acosta de Asuntos Públicos de Early Institute

Publicación original en ContraReplica

Imagine que es dueño de un equipo deportivo y solicita formar parte de una contienda mundial. Los requisitos son muchos, los parámetros y la capacidad de los contrincantes, bastante alta, pero a pesar de ello, decide hacer su solicitud y es admitido.

El desempeño de su equipo es promedio, sus números y forma de juego lo posicionan a mitad de la tabla. Después de una trayectoria de 25 años formando parte de la liga, llega el momento de impulsar una reestructura en su equipo, generar nuevas estrategias, directivos y jugadores para estar a la altura en la contienda contra los equipos referentes del mundo.

Sus estrategias y sus números mejoran, tiene mayor control y soporte, más reconocimiento nacional e internacional, el juego se visibiliza cada vez más, se hace popular y es replicado en todo el país, los estados y municipios, haciendo ver que aquello que está en juego importa, e importa mucho.

A pesar de los avances, después de 5 años se empieza a dudar del equipo y del camino recorrido, se comenta que la estrategia no sirve, que es vaga, que es mejor eliminar la estructura, economizar, quitar al directivo y entregarle las actividades a otro equipo que, si bien tiene actividades similares, no juega el mismo deporte.

En esta contienda se juegan las políticas públicas que inciden en más de 38 millones de niñas, niños y adolescentes; su salud, nutrición, seguridad, educación, vida libre de violencia y sano desarrollo, entre muchos otros derechos.

Desde 1990 México decidió formar parte de la “liga universal” denominada “Convención de los Derechos del Niño” con el objetivo de impulsar y tener como principal referente de sus actuaciones a la niñez. Sólo después de 24 años, en 2014, logró impulsar de manera efectiva este torneo con la creación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes que da origen al “Director Técnico”, que es el SIPINNA (Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes), capaz de promover, defender y coordinar las acciones de todos los jugadores.

A 5 años de su existencia, el SIPINNA se ha replicado en las 32 entidades federativas del país y en más de mil 800 municipios, lo que ha implicado una labor de coordinación sustantiva con actores públicos, privados y sociales y el reconocimiento internacional de actores clave como Unicef o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Hoy, tenemos mensajes encontrados que nos hacen pensar que la niñez ya no importa, que el interés superior de niñas, niños y adolescentes pasa a segundo término y, en un afán de concentración de actividades en unas pocas dependencias, se corre el riesgo de desaparecer órganos especializados que sí funcionan.

Al final, el torneo en el que nos jugamos el bienestar de la niñez mexicana sigue su curso, pero corremos el riesgo de perder los avances que como país nos tomaron más de 30 años.

Reapertura de planteles educativos, medida apremiante

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo 

De acuerdo con un reporte de la UNESCO, el COVID-19 ha traído consigo la mayor interrupción simultánea de servicios educativos de la historia reciente a nivel global y ha afectado a más de 90% de la población mundial de estudiantes, desde la educación preescolar hasta la superior.

Desgraciadamente, con la educación a distancia han llegado también grandes costos. Las restricciones socioeconómicas y las brechas digitales son factores que condicionan el acceso a internet y la disponibilidad de equipo de cómputo, elementos ahora esenciales para el ejercicio del derecho a la educación. Situación que incrementa el grado de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos estudiantes y la brecha que separa a las poblaciones más marginadas.

Además de la pérdida de aprendizajes y la desvinculación educativa, existen otros factores que afectan principalmente a la niñez: las escuelas aportan mucho más que solo formación académica, en ellas niñas y niños desarrollan su personalidad, habilidades para la vida y, en muchas ocasiones, su estado de salud. Ante su ausencia, el acceso a la salud -física y emocional-, alimentación y protección social se ha visto obstruido.

Por un lado, el aislamiento social ha traído consecuencias psicosociales y de salud mental para niñas y niños; sin interacciones, amistades, cuidadores responsables y las redes de apoyo que representan las escuelas, se encuentran “aislados” y desmotivados para aprender. Según los reportes de Alumbra Contigo -centro de apoyo psicológico para atender a niñas, niños y adolescentes en situaciones de violencia y crisis emocionales-, la depresión es la causa principal para pedir ayuda en menores de edad desde que comenzó la pandemia.

Por otra parte, los centros educativos también representan acceso a alimentos nutritivos para muchas niñas y niños de escasos recursos, UNICEF ha reportado que desde que comenzó la pandemia, se han perdido más de 39.000 millones de comidas escolares en todo el mundo debido al cierre de las escuelas.

Por desgracia, el regreso a las aulas parece todavía incierto y lejano para la mayoría de las y los estudiantes de México. Paralelamente, el porcentaje de deserción escolar se ha incrementado abruptamente. Ante la falta de todos los beneficios que los planteles educativos brindan y frente a los obstáculos que la educación a distancia ha traído, las y los estudiantes se han visto orillados a suspender sus estudios. Tan solo por nombrar un ejemplo, de acuerdo con la investigación de varios medios periodísticos, hubo un incremento del 229% en la suspensión de estudios del alumnado de bachillerato y licenciatura de la UNAM en el último año.

En definitiva, la decisión de reabrir las escuelas es apremiante e implica un gran reto: exigirá un mayor esfuerzo en la planificación y asignación adecuada de recursos para el sector educativo, pero valdrá la pena con tal de disminuir las consecuencias negativas que ha traído consigo la educación a distancia.