Estamos aprendiendo: acciones contra la violencia familiar

Por Annayancy Varas, Directora General de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

La pandemia nos está dejando experiencias y enseñanzas de todo tipo, empezando por el reforzamiento de la higiene y el cuidado de la salud física, pero también ha generado sentimientos, emociones y conductas, derivados del confinamiento. En muchos de los casos, la falta de herramientas para afrontar los nuevos escenarios motiva que seamos presas fáciles del estrés, ansiedad, violencia o angustia.

En México, la violencia doméstica está aumentando por la tensión en el hogar, debido a diversos aspectos, como puede ser la falta de empleo, el cambio de rutinas, el miedo a lo desconocido, miedo a contraer el covid-19, la presencia de la enfermedad misma en casa, la pérdida de un familiar, etcétera.

Ante esta situación y como una medida de corresponsabilidad la comunidad Alumbra —una iniciativa de Early Institute— ha implementado una estrategia emergente de prevención y atención de la violencia familiar, en la que pone a disposición sus recursos humanos, informativos y tecnológicos.

Así, ha lanzado la campaña Estamos aprendiendo para fomentar la sana convivencia en familia y evitar las agresiones y actos de violencia en casa.

La campaña se da en dos vertientes. Por un lado, brinda información y consejos a madres, padres y cuidadores para mejorar la convivencia y prevenir la violencia familiar. Y por el otro, ofrece una línea gratuita de apoyo psicológico para la contención, atención y canalización de casos de violencia. Los especialistas han sido capacitados no sólo para atender los casos de violencia sino también a quienes, por esta coyuntura, viven situaciones de estrés, crisis, ira, ansiedad o depresión.

Es importante decir que se ha puesto especial interés en dar soporte psicoemocional al personal de salud y a sus familias, que son grupos vulnerables en estos momentos.

Estamos aprendiendo parte de que ninguno de nosotros estaba preparado para enfrentar esta circunstancia y es muy posible que sintamos miedo, tensión, desesperanza, angustia, incertidumbre. Incluso, quizá, experimentemos ciertos desequilibrios emocionales o se incrementen.

Por supuesto no es malo sentir estas emociones o cambios de comportamiento y no nos debemos sentir culpables por presentarlos. Lo que sí es nuestra responsabilidad es buscar ayuda para manejar esa lluvia de emociones que nos agobia y esta campaña es una opción para contar con la atención adecuada, a través de especialistas que escuchan, acompañan, asesoran, contienen y canalizan a quien lo necesite.

En particular se busca reducir el impacto negativo y el incremento de riesgo en que se encuentran niñas, niños y adolescentes, por lo que es un apoyo a madres, padres y cuidadores para el mejor manejo de sus emociones.

Todos estamos juntos en esto y estamos aprendiendo, por lo que te invito a compartir la línea de atención psicológica sin costo para toda la República Mexicana (55 8854 6657), sumarte a la campaña #EstamosAprendiendo (alumbramx.org) y conoce los recursos que Early Institute, junto con los integrantes de la comunidad Alumbra, ponemos a su alcance para hacer frente a la violencia familiar en esta contingencia sanitaria.

Maternidad subrogada: una violación a los derechos de los niños

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Con la pandemia de Covid-19 nuestra movilidad se ha limitado, pero la vida sigue y se dan casos que demandan nuestra atención y acción. Uno de ellos es la situación de los bebés nacidos por vientre de alquiler, que están varados en un hotel de Ucrania. La noticia nos ha conmocionado y nos motiva a levantar la voz por las implicaciones de abuso y explotación que se manifiestan en diversas vertientes.

Ucrania es uno de los pocos países europeos donde legalmente se puede efectuar la subrogación comercial. La práctica está prohibida en lugares como Tailandia y la India; en tanto, en México se han puesto candados legislativos para controlar su operación con fines de lucro. Debido a las prohibiciones, Ucrania se ha posicionado como la “Meca de la subrogación”, donde se estima que casi dos mil 500 niños y niñas nacen por esta vía anualmente.

La maternidad subrogada genera riesgos. De acuerdo con el Comité para los Derechos de las Mujeres y la Equidad de Género del Parlamento Europeo, “constituye una objetivación tanto de los cuerpos de las mujeres como de los niños y representa una amenaza a la integridad corporal y a los derechos humanos de las mujeres” (2013).

Pero no sólo las mujeres se ven afectadas, sino que también los derechos fundamentales de niños y niñas son vulnerados. Ejemplo de ello es el confinamiento, en Ucrania, de decenas de bebés debido al cierre de la frontera estipulado por su presidente, Volodymyr Zelensky, y que originó que no los pudieran “recoger” las parejas solicitantes.

Sin duda, esta ausencia de perspectiva de la niñez en la práctica de la subrogación comercial posibilita que los niños se conviertan sólo en un objeto de deseo, fabricados bajo pedido y mercantilizados por intermediarios sin las debidas medidas de protección.

En los últimos días, el comisionado presidencial para los derechos del niño en Ucrania, Mykola Kuleba, ha dicho que la maternidad subrogada en su país viola los derechos de los niños. Así lo expresa en sus redes sociales: “La comercialización y el permiso para recibir dicho ‘servicio’ en Ucrania contribuyen a la venta incontrolada de niños ucranianos en el extranjero. La situación con los bebés en el hotel, que se ha hecho pública, muestra una vez más la privación de derechos de los hijos nacidos de madres sustitutas. El nacimiento de un hijo lejos de la madre no es natural. De esta forma, Ucrania simplemente se convierte en una tienda internacional en línea de venta de bebés […] La subrogación es la explotación de las mujeres para obtener ingresos de empresas privadas y satisfacer las necesidades de los adultos. Pero es una que viola los derechos del niño”.

Sin duda a pesar de la legislación que rige la práctica, contingencias como la que estamos viviendo ponen en riesgo y desprotegen a los niños y a las niñas en un mayor grado.

En un esfuerzo por visibilizar los conflictos derivados de la maternidad subrogada, en Early Institute buscamos procurar el interés superior de la niñez y evitar cualquier práctica que atente contra sus garantías, vida y dignidad, como ésta que trata a niños y niñas como productos que se obtienen por encargo mediante un proceso similar al de una fábrica.

El duelo en los niños durante la pandemia

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Si en algo se puede coincidir en este tiempo de confinamiento, es en la necesidad de tratarnos y tratar al otro de forma amorosa y cuidadosa para abordar situaciones delicadas. Tal es el caso de la manera en que se habla de la pérdida de un ser querido a los más pequeños de la familia, sobre todo, cuando se seguía un proceso de cuidados paliativos en el seno del hogar.

Estos cuidados se aplican a pacientes cuyas enfermedades no responden a tratamientos curativos. No aceleran ni retrasan el curso de la enfermedad, pero sí disminuyen los síntomas dolorosos y dan apoyo en aspectos físicos, psicológicos, familiares, espirituales y sociales.

En condiciones del Covid-19, se deben extremar las precauciones para evitar contagios al paciente terminal, sin embargo, es muy probable que ante su fallecimiento no se efectúe una despedida como suele darse.

El propósito de los cuidados paliativos es conseguir la mejor calidad de vida posible para los pacientes y sus familias y en ese marco, un aspecto fundamental es el duelo.

En otras circunstancias, esta etapa suele ser una fase de dolorosa, pero de entendimiento; sin embargo, con la emergencia sanitaria, el proceso varía, en particular el que viven los niños y las niñas.

Para aliviar un poco la etapa del duelo en los más pequeños, hay que privilegiar la comunicación. Permitamos que se expresen y digan todo lo que sienten sin limitarlos. Por nuestra parte, compartamos con ellos nuestro sentir, es decir, seamos empáticos con sus sentimientos y correspondamos a su confianza en el mismo sentido.

A la par, construyamos un ambiente en el que sean capaces de preguntar lo que deseen para que aquellas inquietudes que los aquejan se disipen y no se conviertan en motivo de ansiedad. Expliquemos con claridad lo que se está viviendo para que se entienda que la situación es excepcional, pero no por ello menos triste y significativa.

En Early Institute sabemos que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños. Las situaciones que viven en sus primeros años influyen en su futuro, por lo que es necesario construir un entorno que asegure su bienestar integral. En este sentido, explicar, por un lado, las razones del aislamiento y, por el otro, la pérdida de un ser querido requiere calma, paciencia y mucho amor.

Durante el duelo acompañemos a nuestros niños y niñas y aseguremos su estabilidad al mantener las rutinas ya establecidas en las últimas semanas por el confinamiento.

Sobre todo, estemos alertas a los cambios que podrían experimentar en su conducta y en la propia. Según el Protocolo de atención a pacientes en situación de gravedad o últimos días y éxitos en la crisis del Covid-19 del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, España, para el manejo de esta situación se debe: “Garantizar la atención y el afecto. Si los padres están muy afectados y no pueden asumir sus responsabilidades es necesario que pidan ayuda profesional. Durante este tiempo es importante buscar una figura significativa que garantice las atenciones necesarias mientras los padres se recuperan emocionalmente”.

Seamos responsables y aceptemos ayuda cuando la necesitemos para que podamos apoyar a nuestros niños y niñas en una experiencia de esta naturaleza.

Finalmente, tengamos la confianza de que seremos capaces de cobijarlos para que transiten por esta fase de la mejor forma posible y respetemos, con la mayor sensibilidad, sus espacios y tiempos para sobrellevarla.

Cuidados paliativos en la contingencia

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Lo que estamos experimentando con la pandemia nos obliga a ver más allá de lo visible: el crecimiento de infectados por el Covid-19, las consecuencias económicas, el estado del sistema de salud, el aumento de muertes ocasionadas por las complicaciones del coronavirus, entre otros aspectos.

Uno de los temas que recobra importancia en este escenario es lo que ocurre con los cuidados paliativos, entendidos como el cuidado activo y total de las enfermedades que no tienen respuesta a tratamientos curativos, siendo su objetivo conseguir la mejor calidad de vida posible para los pacientes y sus familias.

¿Por qué es necesario hablar de estos cuidados? Porque hoy más que nunca es relevante enfatizar en la atención amorosa, compasiva y dedicada que deben recibir los enfermos con padecimientos terminales y sus familiares, en momentos de extrema precaución.

Los cuidados paliativos no aceleran ni retrasan el curso de la enfermedad, solo disminuyen los síntomas dolorosos y dan apoyo en aspectos físicos, psicológicos, familiares, espirituales y sociales. En sí, abarcan cuatro dimensiones: a) atención de paciente/familia; b) manejo de calidad de vida del paciente; c) control de síntomas, y d) duelo.

Hay que recordar que este tiempo delicado y excepcional exige extremar las medidas para evitar contagiar de Covid-19 a los sectores más vulnerables, como el integrado por aquellos cuyas enfermedades no tienen cura, pero que merecen tener una mejor calidad de vida hasta el último momento, salvaguardando su dignidad y sus derechos humanos.

En este sentido –sobre los tres primeros incisos– además de las atenciones esenciales, es fundamental que como cuidadores tomemos las medidas de higiene más meticulosas que eviten un posible contagio. Pero también es básico proveer apoyo espiritual. Según la Guía de manejo integral de cuidados paliativos, editada por el Consejo de Salubridad General (CSG), Early Institute y el Instituto Nacional de Cancerología, en 2018: “La espiritualidad, en particular la dimensión de la fe, puede ser un componente importante en el bienestar y calidad de vida del paciente en etapa terminal. […] La espiritualidad es el conjunto de pensamientos, valores, conceptos, ideas, ritos y actitudes a través de los cuales articulamos nuestra vida y buscamos el sentido, el propósito y la trascendencia de la vida impulsados por nuestro espíritu”.

En cuanto al duelo –en este tiempo de pandemia– se debe ser cauteloso. Si con la preparación para esta fase, el dolor por la pérdida de un ser querido es difícil, lo es más cuando nuestro familiar podría ser aislado por haber contraído el Covid-19, o bien, por no hacer una despedida social ante el confinamiento, como nos hubiera gustado.

Si esos fueran los casos, evitemos buscar culpables, ya que no podemos cambiar la situación. Mantengamos la calma y confiemos en que nuestro ser querido no se sintió abandonado en ningún instante. De igual modo, este trance no debe ser motivo para vivirlo en soledad, ya que hoy la tecnología permite estrechar lazos a través de llamadas y videollamadas; es indispensable hablar sobre nuestras emociones y expresar el dolor.

Sobre todo, sepamos que contamos con los recursos para afrontar un asunto de esta magnitud, que puede causarnos desaliento. Por ello, fortalezcamos nuestra esperanza y tengamos la certeza de que estamos actuando responsablemente, con pleno amor y conciencia para que –en cuanto se pueda– los abrazos venideros nos reconforten y vivamos un proceso de duelo adecuado.

Entre la amnistía y los reclamos urgentes

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

¿Qué tan necesario puede ser aprobar en estos momentos la Ley de Amnistía? ¿Qué tan positivo resulta legislar un asunto de esta relevancia al vapor? El sentido común precisa mayor responsabilidad para discutir las implicaciones de la amnistía, pero la urgencia por liberar delincuentes, ante la pandemia, parece tener mayor peso en México.

Ayer, en medio de una contingencia sanitaria, que reclama ser atendida por todos los niveles de gobierno, el Senado de la República estaba por aprobar la Ley de Amnistía. De hacerlo, se verían favorecidas las personas “en contra de quienes se haya ejercitado acción penal, hayan sido procesadas o se les haya dictado sentencia firme, ante los tribunales del orden federal, siempre que no sean reincidentes respecto del delito por el que están indiciadas o sentenciadas”, según la Minuta con Proyecto de Decreto por el que se expide la ley.

Si bien dicho ordenamiento ya fue avalado por la Cámara de Diputados, en 2019, para beneficiar a criminales relacionados con los delitos de aborto, homicidio en razón de parentesco, contra la salud, robo simple sin violencia, sedición y cualquier ilícito cometido por integrantes de pueblos indígenas que no hayan tenido un debido proceso, la premura por aprobarlo en el Senado y en los estados de la República Mexicana es inadmisible.

Sabemos que la modificación de leyes penales no permite decisiones a la ligera y que detrás de la tipificación de cualquier delito, se encuentran importantes valores sociales y de seguridad jurídica que el legislador debe analizar con absoluta responsabilidad y cautela.

En el caso del delito del aborto, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a nivel federal hay doce hombres privados de la libertad por cometerlo, ya sea por incurrir a una negligencia médica o por forzar a una mujer a practicarse un aborto. Incluso, no hay ninguna mujer privada de su libertad por el delito de aborto en términos del Código Penal Federal.

¿Qué significa que sean los varones quienes estén encarcelados por este delito? Algo muy sencillo: que en nuestra sociedad prevalece la violencia hacia la mujer embarazada y un nulo respeto por la vida humana, lo cual no justifica otorgar perdón del Estado en ese caso, pues no hay ninguna mujer sentenciada por abortar.

De liberarlos se abonaría a la violencia de género, en tanto se da libertad –mediante decreto– a quienes cometieron actos de violencia en contra de mujeres embarazadas, o a quienes obligaron a mujeres a terminar con su embarazo para desatender sus obligaciones de paternidad. Esto, sin duda, es un enorme retroceso social que no debe ni puede ser admitido o normalizado, y menos en un país tan violento y desigual como el nuestro.

En Early Institute buscamos crear entornos seguros desde los primeros días de vida, por lo que es fundamental evitar la promoción de una agenda basada en ideologías –como en el caso del aborto– antes que ocuparse de las dramáticas prioridades de salud, economía, seguridad y otros tantos problemas graves que afectan a los mexicanos y que se agudizan por la pandemia.

Hoy más que nunca es necesario proteger a los más vulnerables y no a los delincuentes. Hoy necesitamos cuidar a quienes son los más afectados por decisiones poco estudiadas, caprichosas y que atentan contra el valor de la vida, el derecho a la salud, a la seguridad y al trabajo.

 

 

Hogares, ¿seguros?

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Ante la amenaza por acrecentar el contagio del COVID-19, se ha pedido permanecer en nuestras casas, partiendo de la premisa de que son los lugares más seguros y confiables. Sin embargo, para mucha gente no es así. Para muchos, es enfrentarse a una violencia intrafamiliar, que crece por la actual situación y cuyo combate exige acciones conjuntas en apoyo a los más vulnerables, como son niños, niñas y adolescentes (NNA).

Un hogar –que ya era violento– y en donde el estrés se incrementa por las implicaciones del confinamiento (falta de empleo, falta de alimentos, problemas económicos, angustia por contraer enfermedades, etcétera) es un sitio de riesgo para infantes y adolescentes.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en los primeros dos meses de 2020 se registraron 33 mil 645 delitos de violencia familiar a nivel nacional. Esto representa un incremento de 16 por ciento en este bimestre con respecto a los registrados en el primer bimestre de 2019.

De igual modo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, 44.6 por ciento de las mujeres de 15 años y más fue víctima de algún acto violento por parte de algún integrante de su familia, esposo o pareja.

Esto es tan solo una muestra del panorama que se vive en nuestro país y que se agrava en situaciones de mayor tensión como las de nuestros días.

De acuerdo con la Alianza para la Protección de Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria, en su Nota técnica: Protección de la niñez y adolescencia durante la pandemia del coronavirus, entre los riesgos que padecen NNA se ubican: maltrato físico y emocional; aumento del riesgo de explotación sexual; deterioro de los problemas preexistentes de salud mental; aumento de la explotación laboral; separación familiar; entre otros.

Dado que en Early Institute estamos convencidos de que la primera infancia es clave para el desarrollo físico, mental y emocional de niñas y niños; y que las situaciones que viven en sus primeros años, influyen en su futuro, es necesario que construyamos un entorno que asegure su bienestar integral.

Por ello, proponemos que para mitigar las afectaciones del confinamiento en un hogar con violencia intrafamiliar, las vías telefónicas de atención dispuestas al servicio de la protección de grupos vulnerables, pongan mayor énfasis en las llamadas que reciban de niños, niñas y adolescentes y reforzar el mensaje de que las líneas de ayuda están abiertas para atender este tipo de problemáticas, sin importar la edad.

Incluso, se requiere ampliar la difusión de todos los medios de contacto para atender cualquier forma de violencia, como es la habilitación de mensajes a través de Whatsapp u otros canales. Esto implica garantizar que los servicios de atención a la violencia funcionen con normalidad ampliando su capacidad, pues es sabido que, en contextos de emergencia nacional, se saturan.

Hoy más que nunca comprometámonos a seguir colaborando en la protección de niños, niñas y adolescentes. Asumamos la responsabilidad y vigilemos con mayor ahínco lo que ocurre a nuestro alrededor para actuar en consecuencia.

Leer, un apoyo emocional

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

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Con el exceso de estrés que se vive en los últimos días, en esta ocasión quisiera hablar de una actividad que podemos efectuar para mantener la tranquilidad y convivir en familia. Me refiero a la lectura. Decía el escritor José Saramago: “Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista tienes que leer”. Si bien el deporte es fundamental para nuestro bienestar, hoy la situación apremia que cuidemos nuestra salud emocional y leer puede ser una buena opción para dicho fin.

En México la lectura es un tema pendiente. Según el Módulo sobre Lectura 2019 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de cada 100 personas, 42 dijeron haber leído al menos un libro en un año. Es una práctica que exige varios retos para que sea adquirida como un hábito: uno, habría que motivar que su adopción se inicie en casa por medio de la convivencia familiar y hacer que la sociedad se involucre más en su ejercicio; dos, se tiene que propiciar que en las escuelas se brinden lecturas según los intereses y edades de los estudiantes; y, tres, hay que permitir que el lector se apropie de su experiencia, es decir, encuentre sus propios intereses.

En junio de 2019, el gobierno federal puso en marcha la Estrategia Nacional de Lectura con el objetivo de incentivar su hábito a través de tres ejes de acción: formativo, persuasivo y material.

El primero se refiere a la participación de las instancias educativas del país, encabezadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Para fortalecer el eje persuasivo se cuenta con el apoyo de los medios de comunicación públicos para difundir la lectura como una actividad placentera y significativa. El último eje –el material– busca asegurar la disponibilidad de libros y otros materiales a través del Fondo de Cultura Económica (FCE), principalmente.

Sin duda establecer una estrategia favorece el impulso del acto lector, pero la labor va más allá. Leer es una experiencia de vida, y como tal, es difícil imponer su práctica. Más bien se trata de facilitar y motivar a la gente para que la adopte, empezando por los más pequeños, quienes idealmente tendrían que ver un ejemplo en sus entornos más cercanos. Se sabe que el acercamiento a la lectura beneficia el desarrollo de los infantes y, precisamente, este tipo de atención al cuidado y a la educación de niñas y niños es una línea de acción de Early Institute para crear adecuados ámbitos familiares y sociales.

Por otra parte, hoy el lector tiene un abanico muy amplio con la era digital, ya que encuentra acceso a textos de variadas temáticas y preferencias en múltiples formatos y modalidades. En estos días, diversas editoriales y páginas electrónicas han puesto a nuestra disposición cientos de acervos en línea –para todas las edades– que podríamos aprovechar.

Es cierto que el fomento a la lectura es una tarea compleja, pero no inalcanzable y estoy convencida de que, si nos esforzamos, los niveles tan bajos que suelen reportar las estadísticas podrían modificarse. Ante todo, hagamos de la lectura una actividad placentera y permitámonos refugiarnos en ella para sentirnos un poco mejor en estos singulares momentos

Ser femenino

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Si algo podemos fortalecer a partir de las fechas conmemorativas, además de visibilizar las necesidades sociales, es la reflexión. El Día Internacional de la Mujer no es la excepción, sobre todo, si prevalece un ambiente en el que pareciera que hombres y mujeres compiten, cuando ambos poseemos capacidades que se complementan.

El 8 de marzo millones de mujeres salieron a las calles de todo el mundo. En México, el 9 de marzo se organizó un paro de mujeres en la vida pública. Esto para exigir respeto a sus derechos, como es la seguridad. La causa es válida, pero convendría hacer un alto para evitar caer en posturas radicales que nada aportan y sí dañan.

Hombres y mujeres nacimos diferentes, pero eso no implica superioridad. Esto viene al caso porque cada uno, con sus fortalezas y debilidades, abona a la dinámica social. Una mujer da vida, suele ser paciente, bondadosa, sensible, cuidadosa, tierna, con mayor capacidad para perdonar. Por supuesto no se puede generalizar o decir que los hombres no poseen algunas de estas características, sin embargo, hay mayor presencia de estos rasgos en el género femenino. Estas diferencias deberían impulsarnos para no pensar en masculinizarnos en beneficio de la igualdad social.

Las mujeres valemos por lo que somos y no es necesario emprender una batalla contra los hombres –o tratar de ser como ellos–, que también poseen su valor. Si reconocemos esto, podremos desarrollar nuestras capacidades en los distintos ámbitos y espacios del colectivo social, pero con una óptica peculiar.

Ya sea como policías, amas de casa, ingenieras, maestras, economistas, doctoras, abogadas, bomberas o cualquiera que sea nuestra labor, nuestra actividad se transforma en una experiencia de crecimiento al ejercerla con ese cúmulo de cualidades femeninas; en cambio, si pretendemos ser como ellos, la confrontación resulta agotadora y frustrante. Aprovechemos la oportunidad de alimentar nuestro ser femenino con nuestras propias herramientas.

Para Early Institute es indispensable que tanto mujeres como hombres vivan plenamente y en comunidad, reconociendo sus diferencias como elementos de complementariedad, de ahí que a través de su Programa Rumbo busque la formación de líderes que impulsen políticas públicas con una visión humanista. Rumbo es un programa integral y multidisciplinario que se basa en tres principios: la centralidad de la persona, el bien común y la participación social. Asimismo, busca un equilibrio en las capacidades de hombres y mujeres para construir un país mejor.

Hoy más que nunca estoy convencida que nuestra fuerza radica en la unión, empatía y solidaridad. Hombres y mujeres jugamos un papel fundamental para delinear nuestro futuro. Exploremos las aportaciones de cada género y pongámoslas al servicio del grupo social, pero con nuestro sello personal. Caminemos juntos y transmitamos esta visión a las nuevas generaciones para que abracemos nuestros rasgos y construyamos desde nuestra naturaleza, que es única.

Por una responsabilidad colectiva

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

 

Cada día confirmamos que las amenazas a niñas, niños y adolescentes están en todas partes, lo que nos provoca conmoción e indignación. En definitiva, las reacciones y los sentimientos son válidos, pero quizá no hemos reparado en un asunto vital; se trata de la responsabilidad colectiva. Es decir, ejercer un compromiso por mirarnos y responsabilizarnos por otros, pese a no ser próximos.

En el caso de la protección a la población infantil y adolescente, asumir una responsabilidad conjunta –que no sea exclusiva de los cuidadores inmediatos: padres, tutores, maestros– colaboraría no solo en la sensibilización, sino en la prevención, vigilancia y acción ante los riesgos que aquejan a este sector.

Lo que se propone es que asumamos un rol activo para cuidarlos, convertirnos en sus guardianes y evitemos situaciones que puedan dañar su salud física, mental y emocional, construyendo entornos sanos y confiables.

Un guardián es un agente prosocial, es decir, una persona que tiene una participación activa en la prevención de la violencia: da información clara, crea ambientes seguros y ayuda a reestablecer la confianza en los niños y las niñas. También conoce cuáles son los síntomas que alertan si alguien sufre una situación de violencia sexual. En caso de reconocer una posible situación de esta índole, por un lado, le cree a la víctima, le brinda apoyo emocional y lo orienta para que reciba la ayuda necesaria, tanto legal como psicológica. Por otro lado, al saber que el proceso de restauración es largo y difícil, transmite al entorno social la información adecuada para no ver y tratar a la víctima de un modo diferente, en beneficio de su recuperación. Un guardián no es omiso, actúa.

Por supuesto, es fundamental exigir al Estado el cumplimiento de las garantías que aseguren ambientes idóneos a los infantes, así como su pronta actuación cuando su integridad esté en peligro, pero es una labor conjunta propiciar su desarrollo y bienestar. Sobre todo, ahora que la propia dinámica social ha dejado de proveer escenarios seguros.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y The Lancet advirtieron en el informe ¿Qué futuro les espera a los niños del mundo? que la salud y el futuro de niñas, niños y adolescentes están comprometidos por aspectos como la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que originan el consumo de productos que los dañan.

Según la exprimera ministra de Nueva Zelanda y participante en el informe, Helen Clark: “Los países deben revisar sus enfoques de la salud de los niños y los adolescentes para garantizar que no solo cuidemos de nuestros niños hoy, sino que también protejamos el mundo que heredarán en el futuro”.

Aceptemos la corresponsabilidad, actuemos conscientemente y procuremos a las niñas, los niños y los adolescentes un ambiente más amable del que conocen. Dejemos a un lado la indiferencia y cooperemos en su cuidado. En suma, seamos sus guardianes.

 

 

Cultura de paz para la protección infantil

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

En la protección de nuestros niños y niñas es posible contribuir como agentes preventivos. Ellos lo merecen y nuestra participación haría una diferencia. Sin duda la intervención del Estado es fundamental, pero no es suficiente; por ello, en la medida en que los ciudadanos abonemos a su cuidado y atención, mediante una cultura de paz podrán gozar de una mejor calidad de vida.

Dicho esto, ¿cómo podemos ser constructores de paz para prevenir la violencia a la niñez? Un primer paso es establecer un compromiso para trabajar a su favor. Familia, educadores, autoridades, comunidad y demás cuidadores debemos sumar esfuerzos de manera conjunta.

Otra acción sería romper el silencio haciendo público las diversas problemáticas que afectan a la infancia. De nada sirve si ocultamos o si pasamos por alto las distintas formas de violencia que la amenazan.

Sacar a la luz pública es valerse de los espacios públicos, mediáticos, gubernamentales, entre otros, en los que se haga evidente la existencia de los daños que aquejan a los infantes. Visibilizar es sensibilizar sobre la importancia de combatir tal o cual situación que los pone en riesgo, lo que posibilita estar alertas, actuar en consecuencia y captar la atención de las autoridades.

Una acción más es fomentar la cultura de paz desde nuestros hogares. En este entorno es importante privilegiar el diálogo al interior del seno familiar, es decir, compartir entre nosotros sentimientos, deseos y reconocimientos, enalteciendo siempre los aspectos positivos que puedan darse entre quienes integramos el primer núcleo. Crear un ambiente sano con el uso de un lenguaje cordial y respetuoso; fomentar valores que ayuden al crecimiento de cada uno de los miembros de la familia, en particular de los menores; escuchar sus inquietudes con apertura y paciencia; atender sus dificultades con interés; propiciar un ambiente de confianza e impulsar la solidaridad y la empatía son tan solo algunas de las propuestas para prevenir posibles peligros en sus entornos cercanos. En este sentido, el ejemplo es vital, por lo que los adultos debemos estar conscientes de nuestros actos y ser guías responsables.

Procurar una convivencia pacífica –que emane desde el hogar– es clave en el tipo de relaciones que los niños y las niñas establecerán a lo largo de su vida.

Por último, en la protección de la niñez es relevante promover la reducción de las brechas sociales y no ser indiferentes a las preocupaciones de los menos favorecidos. Para ello, la congruencia debe permear todas nuestras acciones, es decir, hay que tratar del mismo modo a cualquier persona sin importar su condición física, social, religiosa, emocional, entre otras.

Evitemos la discriminación en todas sus expresiones y ayudemos, en la medida de lo posible, a todos aquellos que puedan verse limitados –y en desventaja– para lograr sus metas. No dejemos que la indiferencia nos gane y, ante todo, transmitamos esta cultura a los infantes para restaurar el tejido social a partir del trato igualitario.

Ser constructores de paz en favor de la protección de los niños y las niñas implica actuar con principios para contribuir a la disminución de los abusos a los que están expuestos. Definitivamente vale la pena colaborar para dotarlos de un desarrollo pleno, sano y armonioso.