Menos pobreza pero aumentan carencias sociales

La pobreza —y particularmente la pobreza durante la primera infancia— no puede medirse únicamente en función de los ingresos de los hogares. Limitarse a ese enfoque invisibiliza las carencias que enfrentan niñas y niños y que limitan sustancialmente su desarrollo integral a corto y largo plazos.

La metodología de pobreza multidimensional es, en ese sentido, una herramienta insustituible. No sólo cuantifica cuántas niñas y niños viven en pobreza, sino que revela en qué aspectos concretos se concentran sus carencias: alimentación, salud, educación, vivienda, saneamiento y acceso a la seguridad social.

Desde 2008 hasta 2022, esta tarea estuvo en manos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Con la reforma constitucional publicada en diciembre de 2024 y reglamentada en julio de 2025, sus atribuciones pasaron al Inegi, que ahora cuenta con la Coordinación General de Medición de Pobreza y Evaluación Integral de la Política de Desarrollo Social. La primera medición a cargo del instituto, a partir de la ENIGH 2024, se realizó bajo los mismos criterios que empleaba el Coneval, lo que permite dar continuidad a la serie histórica.

Los resultados muestran avances, pero también retos importantes. La pobreza durante la primera infancia (0-5 años), que había alcanzado 52.5 por ciento en 2018, subió en 2020 hasta 54.3 por ciento en el contexto de la pandemia. Desde entonces, ha mostrado una tendencia sostenida a la baja: 48.1 por ciento en 2022 y 41.9 por ciento en 2024. Esto implica una reducción neta de 10.6 puntos porcentuales respecto a 2018, equivalente a 20 por ciento menos. La pobreza extrema siguió una ruta similar: de 9.9 por ciento en 2018 a un pico de 11.8 por ciento en 2020, para cerrar en 8.8 por ciento en 2024, una disminución de 11 por cientp respecto a 2018.

En términos de derechos sociales, se observan reducciones importantes: carencia de alimentación (-25 por ciento), calidad y espacios de la vivienda (-22 por ciento), servicios básicos (-18 por ciento), rezago educativo (-11 por ciento) y seguridad social (-4 por ciento). Además, disminuyó la proporción de niñas y niños con al menos una carencia social (-7 por ciento) y quienes son vulnerables por ingresos (-17 por ciento). Sin embargo, las señales de alerta son claras: la carencia por acceso a servicios de salud se disparó (+115 por ciento) y aumentó la población infantil vulnerable por carencias sociales (+25 por ciento), así como quienes enfrentan tres o más carencias simultáneas (+8 por ciento).

Profundizando respecto a las carencias sociales, el número promedio de carencias por niña y niño de la primera infancia pasó de 2.2 en 2018 a 2.4 en 2024, lo que representa un aumento de 10 por ciento. Las entidades que han tenido mayores aumentos son Durango (de 1.7 a 2.4, +40 por ciento), Chihuahua (de 1.9 a 2.3, +19 por ciento), Zacatecas (de 1.7 a 2.0, +18 por ciento), Michoacán (de 2.1 a 2.5, +17 por ciento) y San Luis Potosí (de 1.9 a 2.3, +16 por ciento).

Como se puede observar, los avances en ingreso y en varias carencias conviven con un deterioro grave en el acceso a la salud y con la persistencia de más de tres carencias. La política social debe, por tanto, concentrar sus esfuerzos en cerrar esta brecha, con un enfoque territorial y de derechos.

A nivel territorial, la pobreza cayó en casi todos los estados entre 2018 y 2024. Los mayores descensos se observan en Tamaulipas (-15.3 pp), Chihuahua (-14.9 pp), Guanajuato (-14.4 pp), Tabasco (-12.9 pp) y Estado de México (-12.5 pp). Los menores descensos se observan en Durango (-2.3 pp), Quintana Roo (-2.9 pp), Coahuila (-3.5 pp), Aguascalientes (-3.1 pp) y Morelos (-4.0 pp).

Independientemente de los cambios entre 2018 y 2024 observamos que el sur-sureste sigue siendo el epicentro del problema: Chiapas (79 por ciento), Guerrero (72 por ciento) y Oaxaca (64 por ciento), Puebla (57 por ciento) y Veracruz (57 por ciento) mantienen los niveles más altos de pobreza, lo cual significa que aunque haya mejoras, en estas entidades más de 50 por ciento estan en situaciones de pobreza.

México avanza, pero no lo hace por igual. La infancia del norte experimenta mejoras mientras que en el sur persisten los problemas. El reto de la política pública es sostener el ritmo en las regiones donde ya se consolidan avances pero también atacar de raíz las desigualdades territoriales que mantienen a millones de niñas y niños en pobreza extrema.

El éxito no debe medirse sólo en estadísticas nacionales, sino en la capacidad de garantizar que nacer en Chiapas no signifique partir con tres veces más desventajas que hacerlo en Baja California.

Urge una mirada integral que de visibilidad a las desigualdades persistentes y es indispensable para diseñar políticas públicas que trasciendan el simple aumento del ingreso, y garanticen en cambio el pleno ejercicio de derechos, sentando las bases para romper los ciclos intergeneracionales de pobreza en nuestro país.

SEP reconoce haber fallado a niñas y niños víctimas de abuso sexual

La SEP reconoció —en agosto de 2025— que el Estado falló en cuidar y proteger a las niñas y los niños, y en garantizar que su escuela fuera un espacio libre de violencia, comprometiéndose a llevar a cabo acciones que eviten que vuelvan a ocurrir agresiones en los sitios educativos.

En un hecho sin precedentes, la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de su titular, Mario Delgado, ofreció una disculpa pública ante los lamentables sucesos ocurridos, en 2018, en el Jardín de Niños “Marcelino de Champagnat” (Ciudad de México), donde niñas y niños fueron víctimas de abuso sexual por parte de servidores públicos.

Tras las investigaciones y las sentencias judiciales correspondientes, la SEP reconoció —en agosto de 2025— que el Estado falló en cuidar y proteger a las niñas y los niños, y en garantizar que su escuela fuera un espacio libre de violencia, comprometiéndose a llevar a cabo acciones que eviten que vuelvan a ocurrir agresiones en los sitios educativos.

Después de que en 2021 se dictó la sentencia a uno de los acusados (ratificándose en 2023), es hasta 2025 cuando la dependencia gubernamental aceptó su responsabilidad. En este sentido, la SEP tuvo que reconocer y acatar las medidas que se le impusieron para evitar que sucedan casos de esta índole en los lugares donde se supone se cuida el bienestar de los educandos.

Como parte de las medidas de reparación, el pasado 8 de septiembre se organizó —a nivel nacional— la Jornada de Concientización sobre la Gravedad del Abuso Sexual y el Maltrato Infantil en las escuelas de educación básica. La intención es promover una cultura de cuidado y prevención de la violencia sexual y del maltrato en las escuelas, involucrando a toda la comunidad escolar.

Otro de los compromisos adoptados por la SEP fue la publicación de lineamientos para la prevención primaria, atención y medidas de no repetición para la erradicación de la violencia sexual en educación básica, donde se establecen obligaciones para las autoridades educativas de los tres niveles de gobierno, así como acciones de prevención, detección, intervención, notificación, canalización y seguimiento de casos, señalando con énfasis la coordinación interinstitucional.

Asimismo, se señala que las autoridades educativas deberán elaborar, emitir y difundir su respectivo protocolo que determine los procedimientos para la prevención, atención y medidas de no repetición de la violencia sexual en las escuelas de educación básica.

Finalmente, se estableció la urgencia por crear políticas públicas para establecer espacios seguros en los planteles escolares.

En Early Institute sabemos que la prevención es uno de los recursos más poderosos para evitar que las niñas, los niños y los adolescentes sean víctimas de abuso sexual y que lo reconocido por la primera instancia educativa del país es un paso sustancial para erradicar la violencia en las escuelas. Todavía hay mucho camino por recorrer en la creación de entornos escolares seguros, pero al menos lo logrado con estas acciones de prevención da luz a un tema que debe ser hablado y atendido por la sociedad en general.

Sobre la medición de la pobreza en México

Se habla de pobreza extrema cuando el ingreso mensual personal ni siquiera alcanza para la canasta básica alimentaria y se tienen tres o más derechos vulnerados.

En el campo de las políticas públicas es fundamental tener herramientas y datos que sustenten las intervenciones en apoyo a las problemáticas sociales. En México se cuenta con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el cual dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024. La encuesta está dando mucho de qué hablar por el tipo de hallazgos que mostró por primera vez; me refiero a la medición de la pobreza multidimensional, que de acuerdo con los indicadores disminuyó con relación a 2022. Esto es que en 2022 el número de mexicanos pobres fue de 46.8 millones y en 2024 fue de 38.5 millones.

Si bien estos resultados son favorables, hay que decir también que hay muchas aristas que contemplar y no solo considerar la cifra global. Es decir, según Claudia Maldonado, coordinadora general de Medición de Pobreza y Evaluación Integral de la Política de Desarrollo Social del INEGI, la medición de la pobreza en nuestro país es compleja, pues está vinculada a una serie de derechos sociales que contempla nuestra Carta Magna, situación que no ocurre en otros países. De ahí que, para empezar, no sea correcto comparar las cifras de México con las de otros lugares del mundo.

Los derechos que se consideran son: salud, educación, vivienda, alimentación y seguridad social. Los derechos que se consideran son: salud, educación, vivienda, alimentación y seguridad social.

De acuerdo con la especialista, se habla de pobreza multidimensional cuando el ingreso mensual personal no alcanza para adquirir una canasta básica alimentaria (alimentos mínimos requeridos) y una canasta básica no alimentaria (bienes esenciales no alimentarios) y que además presenta carencia en uno de los derechos mencionados. Por otro lado, se habla de pobreza extrema cuando el ingreso mensual personal ni siquiera alcanza para la canasta básica alimentaria y se tienen tres o más derechos vulnerados.

En este sentido, la ENIGH mide los ingresos y los gastos de la población mexicana, considerando no solo sus características laborales (que permiten determinar cierto porcentaje de los ingresos), sino también de tipo sociodemográfico, de vivienda y de alimentos que se consumen en los hogares. Lo que mostró la Encuesta es que en 2024 hubo 8.3 millones de personas menos en situación de pobreza multidimensional (como ya se dijo con relación a 2022), y 7 millones de mexicanos menos en pobreza extrema.

La realidad de las cosas, que también hay que señalar, es que, aun cuando tales indicadores son positivos, hay desigualdades sustanciales. Por ejemplo, los estados con un menor porcentaje de la población en pobreza son Baja California (9.9%), Baja California Sur (10.2%) y Nuevo León (10.6%), pero en las entidades que presentan mayores porcentajes se habla de un rezago terrible: Chiapas (66%), Guerrero (58.1%) y Oaxaca (51.6%). Lo mismo ocurre con los datos de la pobreza extrema. Los estados con un menor porcentaje de la población en dicha situación son Baja California (0.4%), Nuevo León (0.5%) y Aguascalientes (0.6%), y los de mayor porcentaje son Chiapas (27.1%), Guerrero (21.3%) y Oaxaca (16.3%).

Es visible que esta disparidad afecta el crecimiento del país y abre aún más las brechas en las oportunidades para un bienestar integral.

Como think tank enfocado en mejorar la salud, el cuidado y la educación, la seguridad y la protección de la primera infancia a través de la incidencia en políticas públicas en México, en Early Institute poseer esta clase de información es esencial. No solo ayuda a dimensionar los entornos en los que viven los niños, las niñas y los adolescentes de nuestro país y así definir medidas focalizadas que combatan las deficiencias visibilizadas, sino que también muestra tendencias que ayudan a entender las dinámicas de la sociedad mexicana. Hay que leer con atención este tipo de encuestas porque hay mucho más detrás de cada número y, aunque las interpretaciones iniciales son alentadoras, es necesario indagar en el panorama completo, que suele ser más revelador.

¿Es eficaz la repartición de dinero en beneficio de la primera infancia?

Los resultados del estudio Baby’s First Years cuestionan que las transferencias monetarias sean una medida eficaz para garantizar que las familias beneficiarias realmente contribuyan al desarrollo de los menores.

En apoyo al desarrollo adecuado de las niñas y los niños en sus primeros años de vida, se han implementado distintas políticas públicas alrededor del mundo. Una de ellas es la dotación de recursos económicos a las familias de menores ingresos, con el fin de mejorar la calidad de vida de los más pequeños en condiciones de pobreza.

Si bien el planteamiento es suponer que entre más dinero se tenga en el núcleo familiar habrá condiciones más favorables para que las niñas y los niños crezcan de manera óptima, la realidad es que la transferencia monetaria no suele mejorar sustancialmente el buen crecimiento infantil.

Así lo revelan los resultados de un estudio que inició hace 10 años llamado Baby’s First Years. El análisis se llevó a cabo en Estados Unidos y reunió a mil madres que fueron atendidas en 12 hospitales de cuatro ciudades. En su momento se recaudaron fondos del gobierno norteamericano y fundaciones para repartirlos entre las madres participantes, quienes permitieron que se les diera seguimiento a sus hijos e hijas durante cuatro años a partir de su nacimiento.

En el estudio participaron varios especialistas: neurocientíficos, economistas, etnógrafos y psicólogos, quienes analizaron cada aspecto del desarrollo infantil. De manera aleatoria dividieron a las madres en dos grupos: un grupo recibió un monto mensual de 333 dólares, en efectivo y sin restricciones; el otro grupo recibió un pago simbólico de 20 dólares por participar en el estudio. La rigurosidad del estudio se dio como ocurre en otros ensayos clínicos en los que a una muestra se le da el medicamento y a la otra, solo un placebo del mismo.

Se partió de la supuesta idea de que cuando se tiene más dinero, se pueden adquirir bienes que ayuden a las niñas y los niños a crecer de mejor forma, a la par que se reduce el estrés provocado por la falta de liquidez para atenderlos de modo óptimo.

Para medir si las niñas y los niños estaban siendo realmente apoyados en su desarrollo (con el dinero obtenido), se establecieron siete indicadores: vocabulario infantil, función ejecutiva, habilidades prelectoras, percepción espacial y evaluaciones hechas por las madres sobre el comportamiento social y emocional de sus hijos e hijas. Luego de cuatro años, las conclusiones fueron que no hubo mejora en ninguno de esos indicadores, siendo que las madres utilizaron responsablemente el apoyo mensual.

Esto sin duda cuestiona que las transferencias monetarias sean medidas eficaces para asegurar que las familias que las reciben realmente ayuden al desarrollo de los menores.

Es verdad también que el estudio fue llevado a cabo bajo circunstancias complicadas como lo fue la pandemia y las repercusiones económicas derivadas de ese contexto adverso; sin embargo, pensar que la dotación de efectivo por sí sola, sin más iniciativas que protejan a la población infantil, cambie radicalmente la situación de las niñas y los niños es un desatino.

En Early Institute —el único Think Tank dedicado a la primera infancia en México— reconocemos la importancia de difundir evidencia que busque mejorar el rumbo de las acciones encaminadas a la protección de las niñas y los niños en sus primeros años de vida, sobre todo cuando se encuentran en ambientes vulnerables. La relevancia de este tipo de estudios hace notar que hay apoyos insuficientes pese a la buena voluntad que los origina, de ahí la necesidad por seguir creando y alentando políticas públicas que aseguren resultados de mayor impacto y no se conviertan tan solo en cifras para reportar en informes oficiales. No hay que olvidar que el cuidado de la primera infancia exige prontitud, propuestas integrales y un compromiso genuino para garantizar su atención.

Guía para madres y padres; lo que nadie te cuenta al tener un hijo

Por: Rafel Vincent Morfín Calvo, Abogado del área de Asuntos Públicos de Early Institute.
Publicación original de: El Heraldo de México

Esta guía representa nuestro compromiso con la primera infancia, la niñez y la adolescencia, así como con los adultos que, al igual que hicieron mis padres, día con día dan lo mejor de sí para que niñas y niños puedan vivir una infancia plena y feliz

Me gustaría comenzar por dar un profundo, sincero y humilde agradecimiento a mi papá, a mi mamá y a mi abuelita, quienes con mucho esfuerzo, dedicación y compromiso, nos dieron a mi hermana y a mi una infancia plena, una educación admirable e inculcaron en nosotros valores y principios que nos acompañan durante nuestra adultez. Por todo su amor, cariño y apoyo, ¡muchas gracias!

Dicho lo anterior y viendo ahora la vida desde la etapa adulta, me admira aún más la firmeza y convicción con que los padres y madres mexicanos hacen una labor heroica para criar, educar y proteger a sus hijas e hijos, pues la toma de decisiones sobre la vida de un ser que depende completamente de ti, puede llegar a ser sumamente compleja y, a veces, hasta estresante.

Y es que no solo te enfrentas al dilema de cómo tus decisiones van a influir o a direccionar el curso de vida de tu hija o hijo, sino que muchas veces también te enfrentas a la duda y al cuestionamiento derivado de la “opinología” de muchas personas que, consideran, podrían realizar una acción mejor que tú o que cuentan con más experiencia para resolver determinadas problemáticas.

Lo cierto es que no existe un manual concreto de cómo ser una madre o un padre en el que se entreguen instrucciones detalladas para la crianza de hijas e hijos; nada tampoco te prepara para las situaciones particulares que enfrentarás en el día a día a lo largo de todas las etapas de crecimiento desde su niñez, adolescencia e incluso, en muchas ocasiones, también durante su etapa adulta.

Es por ello que desde Early Institute hemos desarrollado un documento ejecutivo pero con sentido práctico titulado Mis Derechos y Deberes como Padre y Madre, en la cual se explican a detalle los derechos y obligaciones que adquieres en el momento que tienes una hija o hijo en tópicos de gran relevancia como la crianza, la educación, la salud y la protección jurídica.

Por ejemplo, ¿sabías que tienes la obligación de proveer a tus hijas e hijos de educación, y que tienes el derecho de elegir el tipo de educación que consideres más adecuada para ellos? Parecería lógico, pero en más de una ocasión puedes llegar a cuestionarte si hacer caso a tus instintos parentales, o si escuchar las voces del exterior que tienen una opinión diversa.

Otro ejemplo, tal vez menos lógico que el anterior es, ¿sabías que como madre o padre tienes la obligación de administrar los bienes con que cuente o llegue a contar tu hija o hijo hasta los 18 años, y que para ello, puedes decidir respecto de la utilización de estos, siempre y cuando se realice de manera prudente y observando el mayor beneficio para ellos?

Habrá situaciones que te resulten intuitivas, lógicas y predecibles, pero habrá otras en las que descubras que tus derechos como madre o padre van más allá de lo que te hubieras podido imaginar, por lo que podrás poner en práctica una parentalidad plena e integral en beneficio de tu hija o hijo.

Adicionalmente, dentro de la guía preparamos para ti una sección con consejos prácticos para que tú, como madre, padre o persona que ejerce la patria potestad, guarda o custodia, puedas hacer valer tus derechos de una manera más efectiva.

Esta guía representa nuestro compromiso con la primera infancia, la niñez y la adolescencia, así como con los adultos que, al igual que hicieron mis padres, día con día dan lo mejor de sí para que niñas y niños puedan vivir una infancia plena y feliz y vivir un desarrollo en el que siempre se antepongan sus derechos en aras de su interés superior.

Para concluir, me gustaría invitarte a consultar y descargar de manera gratuita la guía en comento; puedes encontrarla en nuestra página de internet, staging.earlyinstitute.org/ donde también podrás conocer un poco más acerca de nuestro trabajo en favor de la vida de niñas, niños y adolescentes, la familia, las mujeres embarazadas y todo el ecosistema que interviene en la vida de las y los menores. Esperamos la disfrutes mucho y te sea de mucha utilidad para acompañar el presente y el futuro de la crianza de tus hijas e hijos.

Respetar el derecho humano al cuidado

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

Hoy el tema del cuidado se ha puesto al centro de la discusión pública con mayor fuerza. Recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el derecho al cuidado como un derecho humano autónomo en Latinoamérica, lo que significa que su ejercicio no depende de otras garantías ya establecidas como la salud o la educación.

De acuerdo con la resolución del Tribunal regional: “Este derecho protege tanto a las personas que reciben cuidados, como aquellas que los otorgan, y tiene tres dimensiones fundamentales: ser cuidado, cuidar y el autocuidado”, reiterando “que el cuidado constituye una necesidad humana universal y una condición indispensable para gozar de una existencia digna”.

En este sentido, México –en particular la Ciudad de México– ha puesto en la mira el resguardo de este derecho con dos propuestas presentadas por la actual jefa de gobierno, Clara Brugada. En el marco del foro “Justicia Social para las Mujeres, Ley del Sistema Público de Cuidados para la Ciudad de México”, la mandataria local informó que presentará al Congreso de la entidad una iniciativa de reforma a la Constitución Política de la Ciudad de México, así como impulsará la propuesta de Ley del Sistema Público de Cuidados.

El objetivo de estas acciones será reconocer el valor de las tareas de cuidado como un derecho humano universal, indivisible e indispensable para la sostenibilidad de la vida y la sociedad, empezando por la protección desde el vientre materno.

En el caso de la Constitución capitalina se pretende modificar el artículo 9 para consolidar el reconocimiento del cuidado como derecho humano en sus tres dimensiones: derecho a cuidar, ser cuidado y el autocuidado. De igual modo, establece un Sistema de Cuidados de la Ciudad de México que tendrá entre sus propósitos erradicar la división sexual del trabajo por ser un mecanismo que propicia la desigualdad entre los géneros.

Por otra parte, la propuesta de Ley del Sistema Público de Cuidados para la Ciudad de México abonaría a la prestación de servicios que garanticen la protección de diversos grupos sociales en un esquema de coordinación entre las 16 alcaldías. Por ejemplo, se habla de la instauración de servicios gratuitos como estancias para niñas y niños de seis meses a seis años; casas de día para personas adultas mayores; centros de rehabilitación para personas con discapacidad; lavanderías populares y comedores comunitarios, entre otros.

Incluso estipula un plazo de 30 años para lograr la mayor cobertura de infraestructura de cuidados en la capital, para niñas y niños, personas adultas mayores y personas con discapacidad y añade que cada año deberá establecerse un presupuesto suficiente para el sostenimiento, la ampliación y la mejora del sistema. La idea es que dicho recurso no sea menor al año previo.

La jefa de gobierno declaró que la ley plantea ser “un marco legislativo que busca consagrar el cuidado como un derecho humano en la Constitución local y redistribuir la carga de trabajo que ha recaído históricamente sobre las mujeres; porque el trabajo de cuidados no es una mercancía, tiene un valor”.

Así, se destaca que los trabajos de cuidados, del hogar y domésticos no remunerados son importantes para la producción social, de tal modo que su realización no debe estar determinada por roles de género, sino distribuirse entre las personas, el gobierno, y los sectores privado y social.

En particular para los niños y las niñas que residen en la capital mexicana estas propuestas los dotarían de una mejor calidad de vida, ya que alentaría la protección de sus derechos en diversas vertientes. Para empezar, al ser reconocido el cuidado como un derecho esencial obliga a las autoridades a diseñar y aplicar políticas públicas que garanticen que niñas y niños se desarrollen en las mejores condiciones para su bienestar integral desde el vientre materno. Esto, sin duda, resalta que el derecho a ser cuidado para la niñez significa recibir atenciones de calidad, suficientes y culturalmente apropiadas, que aseguren su bienestar físico, mental, emocional y social con pleno respeto a su dignidad.

De igual forma se asentaría la corresponsabilidad del Estado, la sociedad y la familia para vigilar que las niñas y los niños reciban la atención adecuada durante su desarrollo y según sus necesidades particulares.

En Early Institute —el único think tank mexicano especializado en el cuidado de la primera infancia— valoramos y reconocemos el esfuerzo por impulsar medidas como las anunciadas por el gobierno capitalino, ya que su adopción ayudaría a garantizar, de manera progresiva y efectiva, el acceso a servicios de cuidado en entornos seguros, inclusivos y con respeto a los derechos humanos en condiciones de igualdad y no discriminación.

Como organizaciones de la sociedad civil es primordial apoyar a que se consoliden iniciativas como estas, en un afán por confirmar la responsabilidad compartida, en un interés por elevar la calidad de vida de los más vulnerables y participando activamente en beneficio de una sociedad mejor.

El cuidado como reto institucional y cultural en la agenda de la 4T

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute
Publicación original de: Proceso

El cuidado visto como una responsabilidad compartida implica que el Estado asuma un papel activo en su facilitación, pero también fomentar que la ciudadanía participe en la distribución equitativa de las tareas de cuidado.

La creación del Sistema Nacional de Cuidados (SNC) en México representa una de las apuestas de mayor complejidad en cuanto a diseño, presupuestación e implementación de políticas sociales que enfrenta hoy la 4T.

A diferencia del impulso de otro tipo de programas sociales específicos, el Sistema Nacional de Cuidados constituye un reto mayúsculo tanto para el gobierno federal como los estatales, principalmente por el gran número de intervenciones, servicios y enfoques que deben implementarse para reducir las desigualdades y dotar de infraestructura a la atención de la población que requiere cuidados, así como visibilizar la importancia social de las personas que cuidan.

Foto ilustrativa de la nota titulada: México sin un Sistema Nacional de Cuidados que ofrezca atención integral a la población
México sin un Sistema Nacional de Cuidados que ofrezca atención integral a la población
Foto ilustrativa de la nota titulada: Para reducir brecha salarial, Herrera propone un sistema nacional de cuidados para niños y adultos mayores
Para reducir brecha salarial, Herrera propone un sistema nacional de cuidados para niños y adultos mayores
Hablar de un sistema nacional de esta naturaleza lleva implícito no sólo reconocer derechos desde la ley o el papel; su objetivo central es hacerlos operables y articular instituciones, políticas, programas y estrategias para ofrecer servicios de atención y cuidado de calidad, particularmente para la población más vulnerable. Si bien la tarea no es sencilla, desde la experiencia internacional se sugiere que la puesta en marcha de este tipo de políticas nacionales sólo puede alcanzarse de manera efectiva bajo criterios de progresividad, homologación de servicios y planeación fiscal de largo plazo.

Sin embargo, el cambio de paradigma respecto al cuidado en sus diversas nociones no sólo es normativo o institucional, también pasa por una fibra esencialmente cultural. El cuidado visto como una responsabilidad compartida implica que el Estado asuma un papel activo en su facilitación, pero también fomentar que la ciudadanía participe en la distribución equitativa de las tareas de cuidado en el ámbito comunitario y familiar, al tiempo que las empresas y fuentes de empleo adopten políticas para la conciliación de la vida laboral y familiar, con especial énfasis hacia las mujeres madres y en beneficio de la primera infancia.

Se trata entonces de un sistema que no exige únicamente al gobierno la habilitación de determinados servicios o políticas públicas, sino que en gran medida se nutre desde sinergia entre actores sociales, comunitarios y del sector privado para que sea eficaz. Pretender lo contrario sería negar que en México aún perviven barreras sociales –que van más allá de la publicación de decretos– y que representan desafíos latentes en el esfuerzo de instrumentar un sistema de derechos de esta envergadura.

Esta corresponsabilidad en la forma de entender los cuidados es crucial para dejar atrás la visión anacrónica e inequitativa que consideraba esta labor como una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Las mediciones más recientes del INEGI por desgracia confirman esta premisa. Las labores de cuidado en México siguen distribuidas en forma desproporcional hacia las mujeres y personas de escasos recursos.

De acuerdo con el reporte “Cuidados para la primera infancia: recomendaciones hacia la conformación del Sistema Nacional de Cuidados” elaborado por Early Institute, Ethos y el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), del total de las personas cuidadoras en México, el 75% son mujeres, según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC, 2022). De la misma forma, cuando se analizan los cuidados de la primera infancia, las mujeres son las principales cuidadoras (96.0%), en su mayoría madres (86.3%) y abuelas (7.6%), que dedican un promedio de horas superior al de los hombres para el cuidado directo de niñas y niños de 0 a 5 años.

A razón de estos datos, desde Early Institute hemos insistido que una de las claves para comenzar la arquitectura de dicho sistema la constituye precisamente el enfoque estratégico que representa el cuidado hacia la primera infancia. Este sector engloba casi el 10% de la población mexicana, por lo que garantizar el derecho al cuidado infantil, universal y de calidad, que fortalezca su educación, nutrición, salud, protección social y desarrollo integral, permitirá de manera simultánea reducir las brechas de desigualdad hacia las mujeres y familias de forma estructural.

En un México. donde sólo el 44% de los niños de 0 a 5 años en México accede a servicios de cuidado, educación inicial o preescolar -lo cual se traduce en que cerca de 6.8 millones de niñas y niños queden fuera de este tipo de atenciones- nos parece que la ruta del Sistema Nacional de Cuidados tiene un foco claro y prioritario que apuntalar sin mayor divergencia ni dilación.

En el inicio de su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que desde el IMSS y el DIF se comenzaría con la instrumentalización progresiva del Sistema Nacional de Cuidados a partir de una restructura de los centros de bienestar infantil para las mujeres más pobres, jornaleras agrícolas y para mujeres de ciertas industrias, como la maquila, específicamente en la región de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Tan sólo la semana pasada el director general del IMSS, Zoé Robledo, y la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, suscribieron un convenio de colaboración para el desarrollo de los Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI) anunciados por el gobierno federal en abril de este año. En paralelo, la Secretaría de Gobernación ha anunciado que durante las próximas semanas de agosto se espera la publicación del nuevo Programa Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Pronapinna) 2025-2030.

A juzgar por la expectativa generada de estos anuncios, pareciera que la decisión de instrumentar el Sistema Nacional de Cuidados es un hecho en la agenda de la 4T. No obstante, el segundo año de gobierno de la presidenta, que comenzará a partir de octubre próximo, será clave para medir la eficacia y profundidad de estas intenciones.

El cuidado contribuye al crecimiento

Por: Renata Díaz Barreiro, Investigadora de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

Históricamente, los estereotipos de género no solo han asignado roles diferenciados a hombres y mujeres, sino que también han jerarquizado dichos roles, otorgando menor valor a aquellos considerados “femeninos”.

Por ejemplo, el trabajo fuera del hogar ha gozado de mayor reconocimiento social y económico que el trabajo de cuidados y del hogar frecuentemente no remunerado. De forma similar, actividades asociadas a lo masculino, como el fútbol, han sido más valoradas que otras como la danza. No se trata únicamente de la asignación de tareas, sino del valor que se les otorga.

En la economía tradicional, lo que no se mide suele ignorarse. Las labores de cuidado y del hogar han sido asumidas como una responsabilidad natural de las mujeres, realizada gratuitamente y en el ámbito privado. Esta percepción fue recientemente reforzada por un futbolista que se refirió al cuidado como una simple “energía femenina”, reproduciendo una visión estereotipada y carente de reconocimiento real.

A pesar de ser invisibilizado el trabajo de cuidados y del hogar ha sido un motor indispensable para el funcionamiento de las sociedades. Según la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México (CSTNRHM), en 2023 estas labores representaron 18.8 por ciento del PIB, lo que equivale a más de ocho billones de pesos a precios corrientes. De esta cifra, 71.5 por ciento fue aportado por mujeres, evidenciando una carga desproporcionada.

Las consecuencias de esta desigualdad son visibles. De acuerdo con los datos de pobreza multidimensional del Coneval (2022), las mujeres enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad que los hombres: entre la población de 30 años, 39.6 por ciento de las mujeres viven en situación de pobreza, frente a un 30.8 por ciento de los hombres. Esta brecha coincide con los años de mayor carga de cuidado no remunerado, según lo señalado por la Enasic 2022. De hecho, 68 por ciento de las mujeres que desean trabajar y no pueden hacerlo, declaran que es porque no tienen con quién dejar a sus hijos e hijas.

Además, 96 por ciento de las personas que brindan cuidados son mujeres, principalmente mamás y abuelas. Esta realidad se traduce en una participación laboral femenina limitada: solo 46 por ciento de las mujeres mexicanas participa en el mercado laboral. En otras palabras, muchas mujeres están asumiendo simultáneamente múltiples roles —madres, trabajadoras, cuidadoras— sin recibir una remuneración justa ni el reconocimiento correspondiente.

Y aunque muchas lo hacen con amor, ello no justifica que su trabajo pueda seguir invisibilizado. La consecuencia directa de esta situación son trabajos informales, mal remunerados, sin derechos ni prestaciones. Incluso en el empleo formal, muchas mujeres enfrentan dobles o triples jornadas, al realizar jornadas de trabajo remunerado, de cuidado y de las labores del hogar, que deterioran su salud física y mental.

Hoy tenemos una oportunidad histórica: la presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado que el bienestar de mujeres, niñas y niños será una prioridad de su administración. Está ampliamente documentado que la niñez, particularmente en los primeros años de vida, requiere cuidado constante, afecto, presencia y estimulación. Por ello, a nivel internacional, el cuidado es reconocido como un derecho.

En este contexto, uno de los grandes pendientes del gobierno federal es el impulso del ahora llamado Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados (SNPC), integral y progresivo. Si bien existen avances la implementación con perspectiva de niñez ha alcanzado poca cobertura, solo 44 por ciento de las niñas y niños de 0 a 5 años tienen acceso a servicios de cuidado o educación, además, está fragmentada y no cuenta con asignaciones presupuestarias suficientes.

La transformación de México no será posible mientras el cuidado siga siendo visto como una “energía femenina” o un asunto privado. Se requiere una corresponsabilidad real, donde el Estado, el sector privado, las comunidades y las familias compartan esta tarea fundamental.

En el marco de un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados se debe:

Reconocer el cuidado como un derecho constitucional.

Ampliar la cobertura de centros de atención infantil y otros modelos de cuidado, garantizando estándares mínimos de calidad.

Impulsar políticas de corresponsabilidad familiar, laboral y social, incluyendo licencias parentales equitativas y horarios laborales flexibles.

Asignar un presupuesto suficiente, con ampliaciones progresivas y con visión de largo plazo.

El cambio estructural que necesitamos también exige una transformación cultural. Y esto incluye a quienes tienen voz pública: medios de comunicación, líderes de opinión y, también influencers y figuras del deporte. Cada mensaje que se transmite tiene el poder de reforzar o cuestionar los patrones culturales que perpetúan la desigualdad. Es necesario transformar las dinámicas familiares hacia modelos más equitativos, basados en la corresponsabilidad, la igualdad y libres de violencia.

Los antiguos moldes de masculinidad —basados en la represión emocional, el rol exclusivo de proveedores y la desvinculación del cuidado— ya no son sostenibles por los propios datos. No lo son para las mujeres, pero tampoco para los hombres.

Podemos seguir aferrándonos a ideas obsoletas, o podemos avanzar con decisión y reconocer que el cuidado no es un asunto femenino: es un acto profundamente humano. Y ha llegado el momento de que lo asumamos colectivamente como sociedad.

En México, ejercer la paternidad en solitario es un desafío

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Los permisos por paternidad siguen siendo garantías que deben afianzarse y requieren el total apoyo del Estado para beneficio de las niñas y los niños en sus primeros años de vida.

Cuando se trata de asuntos de crianza, en México hay un tema que, pese a los esfuerzos, sigue presentando una escasa atención. Me refiero a cuando se es padre soltero o lo que se conoce como paternidad autónoma. En un país como el nuestro, en donde se relaciona, con mayor contundencia, el cuidado de los hijos y las hijas por parte de la madre, hablar de la paternidad autónoma es referirnos a un fenómeno casi invisible.

En este sentido, habría que empezar por señalar los retos a los que se enfrentan los padres que han optado por hacerse cargo de sus hijos e hijas sin la colaboración de la madre. Uno de los principales desafíos es, según Leonardo Felipe Olivos Santoyo, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los replanteamientos en torno a la paternidad: “Este fenómeno no solo pone en cuestión estereotipos de género profundamente arraigados, sino que también invita a reflexionar sobre los desafíos, prejuicios sociales y realidades emocionales, legales y económicas que enfrentan los hombres que crían en solitario”.

Las reacciones que surgen con esta práctica llegan a producir burlas, cuestionamientos sobre el papel del hombre como proveedor, desacreditación, cuando más bien deberían reconocerse los prejuicios que se han formulado en torno al cuidado familiar y que afectan la participación activa de los padres.

“En ciertos contextos, ser un padre autónomo se puede percibir como un fracaso moral o personal”, dice el académico en Global Revista, una publicación de la UNAM. Si bien las cifras exponen a una escasa población de padres en esta situación, al menos logran “poner en evidencia la capacidad de los hombres para cuidar y educar”.

Un asunto de desigualdad entre madres y padres es la licencia por nacimiento y adopción. Según el documento Recomendaciones para implementar una política de permisos parentales en México, editado por Early Institute en 2019: “Actualmente, la mayoría de las mujeres y hombres mexicanos considera que el permiso por paternidad debería ser de la misma extensión que el permiso por maternidad. A casi cien años de que fue introducido el permiso por maternidad en la Constitución mexicana de 1917, el permiso por paternidad es incorporado en la Ley Federal del Trabajo en 2012 como un reflejo del cambio social y cultural en torno al rol de las madres y padres en el contexto actual”.

En definitiva, los permisos por paternidad siguen siendo garantías que deben afianzarse y requieren el total apoyo del Estado para beneficio de las niñas y los niños en sus primeros años de vida.

En Early Institute reconocemos la decisión de aquellos padres que cuidan a sus hijos e hijas sin la presencia activa de la madre y hacemos un llamado a la formulación y aplicación de políticas públicas que cubran los derechos tanto de los menores a ser cuidados como de los padres a cuidar de ellos. Sin duda, es fundamental mirar a este grupo, que merece tener las mejores condiciones para ejercer su paternidad de manera segura, afectiva y responsable.

Informarte como mamá o papá es cuidar mejor

Por: Sandra Espinosa Rizo, Abogada del área de Asuntos Públicos
Publicación original en El Heraldo de México

Conocer tus derechos como mamá o papá no solo te fortalece a ti, también protege a tus hijas e hijos. Por eso, hoy más que nunca, es momento de informarse, exigir y ejercer tu parentalidad con responsabilidad.

Convertirse en madre o padre transforma la vida, no implica solo la llegada de una nueva persona por amar, sino que también la adquisición de nuevos derechos y obligaciones fundamentales.

De acuerdo con los estándares de derechos humanos, se reconoce a la familia como el pilar fundamental de la sociedad, razón por la cual debe ser protegida desde los más altos niveles normativos tanto nacionales como internacionales. Dentro de los objetivos de la protección de la familia está garantizar que las niñas y niños que ahí se desarrollan lo hagan de manera adecuada, en vínculos sanos, de confianza y afecto por quienes integren su núcleo familiar.

Es por ello que, como mamá o papá, debes contar con toda la información sobre tus responsabilidades y derechos, no solo para cumplir de manera adecuada tu papel sino también para asegurarte que tus hijas e hijos crezcan de manera plena y con las herramientas necesarias para la vida.

Desde Early Institute, conscientes de la complejidad de lo que esto puede implicar, hemos diseñado una herramienta útil y sencilla, la guía: Mis derechos y deberes como madre y padre, pensada como un recurso práctico para el día a día de las familias.

En un contexto en el que diariamente surgen noticias sobre el reconocimiento de nuevos derechos y formas de protección para niñas, niños y adolescentes, es comprensible que te sientas confundido o incluso temeroso sobre qué puedes hacer y cuál es tu papel al respecto, por lo que es necesario contar con herramientas que respondan esas dudas con información clara y accesible.

Basados en el concepto de la responsabilidad parental, esta guía se encuentra dividida en cinco apartados clave: educación, cuidado y protección, crianza, salud y representación legal. El desarrollo de estos elementos se centra en lo que puedes y debes hacer para asegurar el bienestar de tus hijas e hijos. Por ejemplo, elegir la escuela, decidir sobre su formación, garantizar su alimentación y atención médica, o dar una representación adecuada ante cualquier autoridad. Todas estas acciones cotidianas que podrían parecen instintivas, tienen un marco legal que las respalda y que es importante las conozcas.

Además, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022, el panorama para la primera infancia en México sigue presentando retos urgentes. Más de la mitad (53.8%) de niñas y niños de 1 a 4 años ha sido sometida a métodos de disciplina violentos por parte de sus cuidadores; el 8.1% recibe cuidados inadecuados; el 7.7% presenta sobrepeso u obesidad y sólo el 42.6% de la niñez de edad menor a un año tiene completo su esquema de vacunación. A todo ello se suma que el 46% de niñas y niños menores de cinco años carecen de acceso a servicios de salud, esto último según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social de 2022.

Estas cifras reflejan una realidad alarmante que exige fortalecer las capacidades de todas las madres y padres, reconociendo que son por principio, quienes mejor conocen a sus hijas e hijas, y que tienen una relación de corresponsabilidad con el Estado que debe apoyar, orientar e intervenir cuando sea necesario, todo esto con el fin primordial de garantizar el bienestar integral de todas las niñas, niños y adolescentes.

Conocer tus derechos como mamá o papá no solo te fortalece a ti, también protege a tus hijas e hijos. Por eso, hoy más que nunca, es momento de informarse, exigir y ejercer tu parentalidad con responsabilidad. Te invitamos a consultar nuestra página web staging.earlyinstitute.org/ y descargar de manera gratuita la guía Mis derechos y deberes como madre y padre, para seguir construyendo un mejor presente y futuro para todas las niñas, niños y adolescentes.

Descarga gratis la guía Mis derechos y deberes como madre y padre aquí: https://bit.ly/4kOGsfb