La educación en la primera infancia: una agenda pendiente

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute
Publicación original de  El Financiero 

 

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) en 2018-2019, sólo el 24.32 por ciento de niños y niñas de 3 y 4 años tuvo un desarrollo adecuado en cuanto a alfabetización.

En México, la educación que se brinda a niños y niñas durante la primera infancia –en sus primeros 5 años de vida– enfrenta diversos retos. Uno de ellos es la falta de reconocimiento social, es decir, los padres y cuidadores no reconocen su importancia, cuando se trata de un aspecto esencial en el desarrollo integral de todo ser humano.

Así coincidieron las especialistas reunidas en la primera mesa de discusión “Educación en la primera infancia; retos y recomendaciones”, organizado por Early Institute, a propósito de los datos que concentra el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), herramienta social y estadística que da seguimiento al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En el panel participaron Irma Lilia Fuentes, subdirectora de Educación Inicial en la Dirección General de Desarrollo Curricular de la Secretaría de Educación Pública (SEP); Brenda González García, directora de Atención de Políticas de Primera Infancia del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes; y las investigadoras Katia Carranza Velázquez, de Mexicanos Primero e Ixchel Beltrán Revilla, del Pacto por la Primera Infancia.

De acuerdo con SIPI México, que a su vez se nutre de bases de datos oficiales, como el Sistema Educativo Nacional, la matrícula preescolar que va de 3 a 5 años tuvo una caída de 8.0 por ciento% de 2018 a 2021. En el ciclo escolar 2018-2019 se registró una inscripción de 71.8 por ciento; en el periodo 2019-2020 fue de 71.4 por ciento, y en el ciclo 2020-2021 bajó aún más, a 65.6 por ciento.

En cuanto a la tasa de escolarización de educación inicial (de 0 a 2 años) la baja fue de 18 por ciento en ese mismo periodo, ya que en el ciclo 2018-2019 se tuvo 4.1 por ciento; en el periodo 2019-2020 fue de 3.8 por ciento, y en el ciclo 2020-2021 fue de 3.1 por ciento.

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) en 2018-2019, sólo el 24.32 por ciento de niños y niñas de 3 y 4 años tuvo un desarrollo adecuado en cuanto a alfabetización y conocimientos numéricos.

Estas cifras hablan de un panorama poco alentador, sobre todo, en cuanto a educación inicial se refiere. Las expertas en la mesa de discusión vinculan este fenómeno con distintos aspectos: la necesidad de un cambio cultural; ampliar la cobertura; mejorar la calidad del servicio educativo; fortalecer a los agentes educativos con formación continua y adecuada; priorizar el interés superior de la infancia y poner al centro a los niños y las niñas en la construcción de las políticas públicas.

También hay que garantizar la implementación de la recientemente lanzada Política Nacional de Educación Inicial (PNEI) en cuanto a cobertura, calidad y trabajo con las familias. En este sentido, otra cifra que llama la atención es que 40 por ciento de las familias mexicanas no requiere del servicio, de acuerdo con datos compartidos por el Pacto por la Primera Infancia.

Se debe tener mayor presupuesto para impulsar la educación en primera infancia y garantizar un sano ejercicio de los recursos, así como alentar la coordinación entre los diversos sectores involucrados en esta etapa educativa.

En Early Institute afianzamos nuestro compromiso por contribuir en la mejora de la salud; el cuidado y la educación; la seguridad y la protección de la primera infancia y sabemos que la responsabilidad es compartida. SIPI México reúne datos para facilitar el análisis de la situación actual de las niñas y los niños de México, desde un enfoque estadístico, pero también de derechos, motivo por el cual las voces de especialistas ofrecen otra dimensión de entendimiento a lo que ocurre hoy en día en un ámbito educativo complejo y desigual. Los invito a consultar SIPI México en https://staging.earlyinstitute.org/sipimexico/

México y su inversión en primera infancia

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute
Publicación original de  El Financiero 

 

México enfrenta severos retos en inversión en primera infancia, presentando incluso porcentajes muy bajos de gasto público en comparación con el promedio de países en América Latina.

En días pasados, el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) dio a conocer la investigación Gasto para la primera infancia en 2021. Distribución en entidades federativas, con cifras referentes a la inversión en primera infancia durante 2021 y a la distribución de recursos en los diferentes estados de la República mexicana.

En primer lugar, el estudio señala que en ese año “el Gasto Exclusivo para Primera Infancia (GEPI) fue de 16 mil 120.4 millones de pesos (mdp), esto representó mil 247 pesos para la atención de cada niño o niña. En contraste, en 2022 el gasto en pensiones y costo de la deuda ascienden a 86 mil 830 y 6 mil 412 pesos per cápita respectivamente (CIEP 2022)”.

Sin duda, este primer dato da cuenta de la escasa importancia que se le brinda a la primera infancia mexicana, cuando debería ser un sector con mayor atención. Hay que recordar que esta etapa abarca de los cero a los cinco años, tiempo en el que niños y niñas observan un desarrollo cognitivo, social, emocional y motriz sustancial, en tanto su cerebro alcanza sus niveles máximos de crecimiento.

Pese a la relevancia de esta etapa, México enfrenta severos retos en inversión, presentando incluso porcentajes muy bajos de gasto público en comparación al promedio de países en América Latina.

De acuerdo con el CIEP: “El GEPI incluye cuatro programas presupuestarios que atienden exclusivamente a la primera infancia: servicios de guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); Estancias del Bienestar y Desarrollo Infantil (EBDI) del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE); el Programa Expansión de la Educación Inicial de la Secretaría de Educación Pública (SEP); y el Programa de Apoyo para el Bienestar de Niños, Niñas Hijos de Madres Trabajadoras (PABNNHMT) de la Secretaría del Bienestar. En conjunto, los cuatro programas representaron solo 0.21 por ciento del total del gasto ejercido en 2021″.

Cabe mencionar que tres de los cuatro programas ejercieron menos recursos de los asignados. “El programa de servicios de guardería del IMSS fue el que presentó un mayor subejercicio, gastó 2 mil 520 mdp menos que lo aprobado, en tanto que el programa EBDI del ISSSTE fue el único que presentó un sobreejercicio de 31 mdp”.

En cuanto a la distribución por entidad, el documento señala un ejercicio inequitativo: “La Ciudad de México fue la entidad que ejerció mayores recursos para atender a primera infancia, con un gasto per cápita de 4 mil 330 pesos. Le siguen las entidades de Chihuahua y Colima con gastos per cápita por arriba de 2 mil 500 pesos. En contraste, las entidades que ejercieron menores recursos per cápita destinados a la atención de la primera infancia fueron Hidalgo y Chiapas, quienes ejercieron menos de 300 pesos per cápita para primera infancia”.

Esta desigualdad favorece mayor pobreza y diferencia de oportunidades, lo que pone en riesgo a niños y niñas en primera infancia, quienes conforman casi 10 por ciento de la población total mexicana.

Con este estudio, se sigue evidenciando que en México se invierte poco en primera infancia, lo que compromete la igualdad social y económica del país.

En Early Institute hacemos un llamado a efectuar mayores esfuerzos para garantizar una protección integral a esta población, en tanto se sabe que los países que otorgan mayores presupuestos a su primera infancia reducen costos futuros en la vida adulta de sus ciudadanos. Asimismo, es necesaria una distribución equitativa que cierre las brechas de pobreza y garantice la igualdad de oportunidades a niñas y niños; además de que se aprovechen eficazmente los recursos públicos en beneficio de los más vulnerables.

¿Qué está pasando en los albergues?

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo de México

“Niña es quemada con alcohol y descargas eléctricas en albergue de Tonalá, Jalisco” “Desaparece otra niña de albergue del DIF en Acapulco; van 3 en quince días”

En últimos días, los albergues de México han sido el foco de atención por noticias escandalosas sobre lo que pasa en sus instalaciones.

El primer caso, el de una niña de 11 años que fue rociada con alcohol y posteriormente agredida con una pistola de descargas eléctricas por personal de un albergue, lo que provocó que se incendiara. Ella informó que en el interior de las instalaciones había más menores de edad en posible condición de riesgo y quienes presuntamente también eran víctimas de vejaciones.

El segundo, una niña de 11 años que -de acuerdo con las versiones de las autoridades- “escapó” y se encuentra en calidad de desaparecida. Pero no es la única, en menos de un mes han desaparecido dos niñas más. ¿En qué condiciones viven esas niñas para huir y, en el intento, poner su vida en riesgo?

Son casos independientes, pero definitivamente no aislados, se trata de una situación sistemática. Como ya lo ha observado la Comisión Nacional de Derechos Humanos en su “Informe Especial sobre la Situación de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en Centros de Asistencia Social y Albergues Públicos y Privados de la República Mexicana” de 2019, no son pocos los casos de violencia, abuso, negligencia y omisiones contra la población menor de edad residente en centros de asistencia social, cuyo origen ha radicado, generalmente, en la falta de regulación, supervisión y control estatal.

De acuerdo con el último “Censo de Alojamientos de Asistencia Social” del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (CAAS 2015), existen 875 casas hogar, albergues, refugios y otras modalidades de cuidado institucional. De éstos, solo 68 son financiados exclusivamente con recursos públicos, el resto se sostiene total o parcialmente con recursos privados. Es decir, también en este sentido, el Estado mexicano ha abandonado a la niñez y adolescencia, “delegando” -sin regulación, supervisión ni control- su responsabilidad en la sociedad civil.

Pero no basta saber cuántos centros son o cómo es su financiamiento, sino conocer las condiciones en las que operan y la situación concreta de 33,118 niñas, niños y adolescentes que se encuentran bajo su protección. Hoy más que nunca es de suma importancia prestar atención y exigir de las autoridades no solo la debida investigación y responsabilidad de las personas involucradas en los casos aquí mencionados, sino también sumar esfuerzos para cambiar la situación de niñas, niños y adolescentes institucionalizados en nuestro país.

Por ejemplo, demandar que cuenten con modelos de atención, recursos, personal suficiente y capacitado para garantizar sus derechos humanos. Así como mecanismos de supervisión adecuados que permitan evaluar que su operación atienda a los principios de no discriminación, interés superior de la niñez y adolescencia, derecho a la vida, al sano desarrollo y a expresar sus opiniones para que sean tomadas en cuenta de acuerdo con su edad y grado de madurez.

Recordemos que se trata de niñas, niños y adolescentes que vienen de contextos de violencia, desamparo y carencia, personas reales que por su condición de vulnerabilidad requieren una protección reforzada, pero en su lugar encuentran más indiferencia y abuso.

 

 

Detengamos la violencia sexual infantil en línea

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute
Publicación original de  El Financiero 

Durante la primera mitad de 2022, a nivel mundial se han creado 20 mil páginas web con imágenes de abuso sexual infantil.

En materia de abuso sexual infantil en línea, el mundo se enfrenta a severas amenazas, que no debemos ignorar. En un reciente informe de la asociación británica Internet Watch Foundation (IWF) se revela que esta práctica va en aumento de manera alarmante. La organización ha registrado que, durante la primera mitad de 2022, a nivel mundial se han creado 20 mil páginas web con imágenes de abuso sexual infantil, incluyendo cerca de 56 mil imágenes con contenido explícito generado por niños y niñas de 7 a 10 años de edad.

Este contenido autogenerado es producto de la manipulación o extorsión que llegan a sufrir los menores por parte de adultos, quienes aprovechan las herramientas digitales para convencerlos de producir material explícito transmitido ya sea en imágenes o videos.

El problema es de tal magnitud que se habla de un incremento de 360% en la creación de contenido autogenerado entre 2019 y 2021, lo que representa una alerta importante para las autoridades. Lamentablemente la manera con la que los delincuentes logran que niños y niñas se fotografíen o videograben por sí mismos es relativamente fácil al argumentar mayor aceptación social o recurrir a la extorsión. El riesgo aumenta ante la escasa vigilancia en el uso de los dispositivos digitales por parte de los cuidadores, logrando la proliferación de la violencia sexual en línea.

Internet Watch Foundation advierte que la tendencia es mundial y creció con mayor rapidez con la pandemia.

En México, además, hay evidencia de que los pederastas han encontrado en nuestro país un refugio privilegiado ante la falta de medidas de seguimiento y detención a redes mundiales dedicadas a cometer delitos sexuales en contra de niños, niñas y adolescentes.

Por su parte, el informe Análisis indicadores de violencia en internet contra adolescentes, publicado por Alumbra, una iniciativa de Early Institute que busca prevenir la violencia sexual infantil, señala que “la violencia a través de internet tiene consecuencias graves para las niñas, los niños y los adolescentes y en México continúa siendo preocupante pues casi 1 de cada 4 adolescentes reportó haber sufrido ciberacoso en el periodo de octubre 2019 a noviembre 2020″.

Como se ve, el fenómeno es un foco rojo y amerita tomar medidas para evitar las agresiones sexuales en contra de un grupo social que debiera estar totalmente protegido. En este sentido, en Early Institute hacemos un llamado a vigilar y estar atentos a la actividad de nuestros hijos e hijas en internet con acciones avaladas por organismos internacionales, siendo ellas: 1) conocer y hablar con niños, niñas y adolescentes sobre los riesgos que existen en internet; 2) mantenerse involucrado en su mundo digital; 3) conocer con quién interactúan en línea; 4) usar controles de privacidad y seguridad, y 5) bloquear y reportar a personas que los incomoden. Sobre todo, es necesario denunciar todo acto que vulnere la integridad física y emocional de los niños, las niñas y los adolescentes en el entorno virtual.

El cuidado de este sector es una responsabilidad que nos compete a todos y detener cualquier práctica que atente contra su vida y seguridad debe ser siempre la prioridad.

Lanzan sistema para incidir en políticas públicas de primera infancia

Por Renata Díaz Barreiro, investigadora de Early Institute.
Publicación original en El Sol de México

La primera infancia representa el 10% de la población y equivale a 12 millones 200 mil de niñas y niños, y sin embargo, en México se le da poca visibilidad a esta etapa. Es importante tener en cuenta a esta población porque durante esta etapa el desarrollo del cerebro es exponencial, las niñas y niños durante la primera infancia pueden crear hasta mil conexiones sinápticas por segundo lo cual determina prácticamente las habilidades que tendrán en la etapa adulta para aprender, resolver problemas y relacionarse con los demás.

Si bien existe evidencia científica de que la inversión en primera infancia podría tener retornos económicos de hasta 10 veces los costos, actualmente en México, de acuerdo con el Centro de Investigaciones Económicas y Presupuestarias (CIEP 2020) solamente se invierte el 0.7% de gasto del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB). Un porcentaje menor que países como Perú, Costa Rica, Honduras, Argentina, Paraguay, El Salvador, entre otros.

Dada su relevancia, desde Early Institute se lanza el Sistema de Indicadores de Primera Infancia México (SIPI México), la única herramienta que integra estadísticas de primera infancia para conocer exactamente la situación actual de las niñas y niños menores de 6 años en educación, salud, nutrición, seguridad, cuidado y pobreza.

El think tank Early Institute, durante el lanzamiento del SIPI, dio a conocer algunos resultados de sus más de 140 indicadores que permiten acercarse a la situación de la primera infancia en las principales áreas de desarrollo:

Identificar aquellas niñas y niños más vulnerables es una pieza clave para que los esfuerzos en el diseño e implementación de políticas públicas sean focalizados y ello permita cerrar brechas y reducir desigualdades sociales desde la primera infancia y no 20 años después.

Además, el SIPI México permite mostrar la situación de niñas, y niños en relación con el cumplimiento de sus derechos establecidos dentro de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y hacia su cumplimiento en los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia la Agenda 2030.

Dada la evidencia científica de la inversión en la primera infancia, resulta fundamental colocar esta etapa como una prioridad en la agenda pública y de gobierno. Por ello, se necesita promover políticas públicas y leyes con perspectiva de niñez que enfaticen el desarrollo de la primera infancia en nuestro país. Si invertimos hoy, mejoraremos la vida de millones de niñas y niños que lo necesitan y reduciremos sustancialmente los costos en educación y salud el día de mañana. La niñez no puede esperar.

Los niños varones también necesitan protección

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo

Testimonios de niños varones víctimas de violencia sexual recabados por Family for every child en la campaña Sombrillas azules, que tiene por objeto visibilizar las agresiones que sufren niños y adolescentes varones

“La mayor parte del tiempo sus padres no se preocupan mucho por ellos porque son niños varones y no tienen nada que perder. No como las niñas que pueden quedarse embarazadas o ser violadas”

“Mis papás me enseñaron a no hacer lo que hacen las niñas: no ser débil, sino a ser fuerte”

“Un asli mard (hombre de verdad) es aquél que aguanta sus lágrimas y consuela a todos […] Un hombre que cuida y protege la dignidad de las niñas, es un héroe”

*Testimonios de niños varones víctimas de violencia sexual recabados por Family for every child en la campaña Sombrillas azules, que tiene por objeto visibilizar las agresiones que sufren niños y adolescentes varones.

Tal como lo plantea Family for every child en esta campaña, por mucho tiempo la sociedad ha asumido que los niños y adolescentes varones son valientes, fuertes, independientes y los responsables de cuidar a las niñas; en ese sentido, les ha dado más “libertad” que a las mujeres y ha omitido brindarles una protección adecuada.

Como se puede observar en los testimonios aquí compartidos, reforzar estos estereotipos puede hacerles sentir vergüenza de pedir ayuda cuando la necesitan, creando un escenario propicio para hacerles daño sin que haya repercusiones.

De igual forma, propicia que ellos denuncien aún menos que las niñas y las adolescentes. De acuerdo con Optimus Foundation en su “Study on Child Abuse, Violence and Neglect in South Africa” de 2016, los niños varones tienden a denunciar menos la violencia sexual en comparación a las niñas, y sus experiencias no siempre se identifican como abusivas o dañinas.

Consecuentemente, a nivel global predomina una falta de información sobre la violencia sexual de niños y jóvenes varones, lo que ha llegado a generar una negación, trivialización o falsa percepción de la magnitud de esta problemática en la sociedad. Desgraciadamente México no es la excepción, existe carencia de fuentes de información oficiales que permitan medirla.

Por ejemplo, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 del INEGI -la encuesta que aporta más información sobre la violencia sexual infantil y adolescente en nuestro país- se realiza exclusivamente en mujeres. Otro ejemplo es el del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, fuente de referencia respecto de los delitos y las víctimas en nuestro país, cuyo reporte sobre denuncias hechas por delitos de violencia sexual ejercida en contra de niñas, niños y adolescentes no desagrega por sexo, de manera que no es posible conocer el impacto de este tipo de agresión en niños y adolescentes varones.

Solemos escuchar que las mujeres somos las principales agredidas sexualmente, pero en realidad no existen los elementos suficientes para afirmar o negar esta aseveración; primero, por falta de denuncia y, en segundo lugar, por la ausencia de herramientas adecuadas para su detección y medición.

Ante este escenario, no tenemos otra opción más que entender la problemática de fondo y combatir sus causas. Concretamente, ¿qué podemos hacer al respecto?

1. Visibilizar que niños y adolescentes varones también sufren violencia sexual y requieren protección adecuada.

2. Romper con la masculinidad tóxica, ésta los sitúa en una posición de riesgo.

3. Generar espacios seguros que impulsen a romper el silencio. La violencia sexual infantil es un fenómeno que socialmente se ha escondido en la esfera de lo “privado”, hay que luchar por sacarlo a luz, alumbrar el camino de todas aquellas personas que lo sufren.

4. Si deseas conocer más herramientas de prevención de violencia sexual infantil, acude a la plataforma alumbramx.org y a blueumbrelladay.org

Por la protección a la primera infancia mexicana

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute
Publicación original de El Financiero

El Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), es la primera herramienta social, en nuestro país, que permite conocer el estado actual de este grupo social desde el vientre materno

Aun cuando se sabe que la primera infancia es trascendental en la vida de las niñas y los niños e influye de manera significativa en su edad adulta, en México no se invierte en su protección, agravando su óptimo desarrollo y, por consecuencia, aumentando las desigualdades sociales y económicas en el país.

Una de las fallas sustanciales es la falta de información, ya que pese a los esfuerzos públicos y privados que se han efectuado para recabar algunos indicadores relacionados con la primera infancia, éstos carecen de una actualización constante, suelen ser poco exhaustivos o no cuentan con una alineación a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por estas razones, en Early Institute, en colaboración con Fundación Coppel, hemos desarrollado el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México), que integra 142 indicadores relativos a la salud, educación, alimentación, seguridad, protección, pobreza, talla, escolaridad, entre otros datos, de niños y niñas mexicanos de 0 a 5 años.

Se trata de la primera herramienta social, en nuestro país, que permite conocer el estado actual de este grupo social en diferentes rubros vitales para su desarrollo desde el vientre materno, mediante el monitoreo, análisis e incidencia basada en un marco conceptual y evidencia científica.

El objetivo es ofrecer un sistema que reúne datos para facilitar el análisis de la situación actual de las niñas y los niños de México, desde un enfoque estadístico, pero también de derechos, con miras al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

De este modo, se busca: a) Visibilizar, monitorear y dar seguimiento a los indicadores más relevantes de la primera infancia hacia el cumplimiento de la Agenda 2030; b)Transferir conocimiento sobre la primera infancia, en México, para contribuir al diseño e implementación de políticas públicas; c) Generar recomendaciones para organizaciones, instituciones y actores interesados en llevar a cabo acciones para el desarrollo de la primera infancia; y d) Incrementar las capacidades de tomadores de decisión para el impulso de iniciativas relacionadas con la primera infancia.

Hay que decir que el tema no es menor cuando la población de primera infancia representa casi el 10 por ciento de la población mexicana total, es decir, una de cada 10 personas son niños y niñas de entre 0 y 5 años. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México residen 12 millones 226 mil 266 niñas y niños en dicho rango de edad, siendo 50.6 por ciento del sexo masculino y 49.4 por ciento del femenino.

El Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México) es un proyecto a largo plazo y busca contribuir a mejorar las condiciones de vida de niñas y niños, grupo al cual se ha dejado de lado, pues solamente el 0.8 por ciento del Producto Interno Bruto, en el país, es destinado al gasto público requerido por esta población.

El Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI México) se puede consultar en www.earlyinstitute.org/sipimexico/ y con él, Early Institute y nuestros aliados reafirmamos nuestro compromiso en la atención y protección de la primera infancia nacional.

Combatir el vacío en la niñez

Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute
Publicación original de El Financiero

A los desafíos que nos presentan los tiempos actuales, se une otro más que lamentablemente ataca a niños, niñas y adolescentes. Se trata de la presencia del sentimiento de vacío, ante la carencia de atención de calidad por parte de sus padres y cuidadores.

Existen muchos factores que posibilitan que este grupo social se considere vacío, como lo señala el psicoterapeuta argentino, Lucas Raspall: “Son niños que tienen demasiado, pero que les falta lo más importante: madres y padres emocionalmente disponibles; límites claramente definidos; responsabilidades; nutrición equilibrada y un sueño adecuado; movimiento, especialmente al aire libre; espacios para el aburrimiento; menor distracción digital, y juego creativo e interacción social”.

La dotación de regalos materiales para entretenerlos y la sobreprotección son también prácticas que pueden desencadenar sentimientos de vacío en niños y niñas, que requieren más de lazos afectivos que de compensaciones externas.

“Se trata de niños sin deseos, con baja tolerancia a la espera y la frustración”, dice el también autor de varios libros sobre crianza positiva. ¿Qué hacer para evitar el sentimiento de vacío en la etapa infantil? Lo primero es convertirnos en padres y cuidadores presentes y disponibles para acompañarlos en su crecimiento; eso implica compromiso, brindar tiempo de calidad y asumir la responsabilidad de su cuidado físico, mental y emocional.

En particular hay que evitar emplear la tecnología como método para combatir el aburrimiento, en especial en edades muy tempranas, ya que al dotarlos de estímulos inmediatos estamos impidiendo que desarrollen sus propios recursos para ser creativos e imaginativos.

El sentimiento de vacío en niños y niñas, en palabras de Raspall, es una “tragedia silenciosa”, en tanto pareciera que va en aumento y su afectación es profunda. Es por ello que se invita a fortalecer su autoestima, fomentándoles seguridad en sí mismos mediante la atención de sus necesidades e intereses.

En Early Institute privilegiamos el interés superior de niños y niñas con el impulso de propuestas sobre su salud, educación, cuidado y protección. En este sentido, hacemos un llamado a que padres y cuidadores asumamos la responsabilidad por velar y garantizar un adecuado estado emocional de nuestros hijos e hijas, en tanto afecta su desarrollo y bienestar. Sin duda, el establecimiento de vínculos afectivos sólidos, así como nutrirlos en lo físico y en lo mental, son tareas compartidas para combatir el enraizamiento del vacío en la primera infancia y un paso para construir una sociedad más resiliente.

 

Salud Mental: un factor a considerar en el ámbito laboral.

Por: Vincent Morfín, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en Diario ContraRéplica

La alta importancia que se le concede a la salud física, ha relegado otro tema de gran importancia para las personas; la salud mental. Diariamente se nos recomienda ingerir como mínimo dos litros de agua al día, mantener una alimentación balanceada y saludable, ejercitarnos de manera regular y acudir a revisiones médicas de manera periódica. Sin embargo, entre dichas recomendaciones se omite la importancia del cuidado de nuestra mente.

Aunque indudablemente es necesario mantener nuestro cuerpo en buen estado, pocas veces prestamos atención al cuidado psicológico, un componente integral y esencial para lograr un estado de bienestar general.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud mental como el “estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”. En este sentido, la organización destaca la importancia de que todas las personas desempeñen actividades cotidianas en ambientes armónicos. No obstante, en la realidad esto no ocurre así.

Día a día, se ha normalizado y minimizado la importancia de padecer trastornos como la ansiedad, depresión, irritabilidad y falta de motivación, entre otros. Esta problemática se acentúa en el ámbito laboral.

Las y los trabajadores a menudo se enfrentan a un cúmulo de presiones derivadas de las comandas laborales y la creencia de que “se deben cubrir horas extra para superar las expectativas de nuestros superiores”; esto simplemente para poder “asegurar” o “mantener” nuestros puestos de trabajo y minimizar los riesgos de un posible despido; o también, por la expectativa de un crecimiento profesional y/o salarial.

Según datos de la OMS, México es la fuerza laboral “más estresada” del mundo con un 75% de prevalencia de estrés, posicionándonos por encima de países como China, con 73%, y Estados Unidos, con 59%. Así mismo, las consecuencias del deterioro en la salud mental de las personas trabajadoras también pueden impactar en la salud física; los principales padecimientos son dolores de cabeza, irritabilidad, cansancio constante y prolongado, ansiedad, malestar estomacal, falta de motivación, tensión o dolores musculares, insomnio, cambios en el peso corporal, falta de concentración, problemas en la piel y depresión.

Si bien han existido esfuerzos por mejorar esta situación, como el caso de la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018 “Factores de riesgo psicosocial en el trabajo-identificación, análisis y prevención”, estos no han resultado suficientes para mantener un balance entre las exigencias laborales y un bienestar pleno de nuestra salud física y mental. En diversos momentos, se han adoptado políticas públicas para contrarrestar los efectos negativos causados por las situaciones previamente mencionadas; también, han existido esfuerzos de diversas legisladoras y legisladores para incorporar en la normativa vigente, propuestas que aborden de fondo la problemática y mejorar el contexto laboral en general, sin embargo, es evidente que al día de hoy continuamos sufriendo de los efectos negativos que dichos problemas ocasionan.

El llamado a la acción debe de ser, en primer lugar hacia legisladoras, legisladores y personas tomadoras de decisiones, para que, en la esfera de sus competencias, planteen e impulsen las reformas necesarias a la legislación laboral para abordar los estragos ocasionados por la falta de mecanismos de atención de la salud mental; esto con el fin de que las trabajadoras y trabajadores mexicanos puedan desempeñar sus labores en ambientes que les resulten plenos y en los cuales se sientan física y mentalmente confortables. Por otro lado, también es necesario que las personas encargadas de vigilar la correcta aplicación y cumplimiento de lo dispuesto por las políticas públicas vigentes y venideras, prevengan de manera efectiva las situaciones que propician el deterioro de la salud mental de las personas trabajadoras.

Combatir los trastornos en la salud mental de las personas, contribuirá de manera directa en la lucha contra otros problemas que afectan a nuestra sociedad; por ejemplo, al tener personas con un mejor estado de salud mental, también tendremos personas con mejor salud física, lo que disminuiría costos en los tratamientos de padecimientos relacionados a este ámbito; por otra parte, también se proporcionaría una reducción a gran escala en los grados de estrés, lo cual, a su vez, contribuirá a la disminución de índices de diversos tipos de violencia, principalmente la familiar, brindando una esfera de protección adicional a hijas e hijos, así como a todos los que conviven en el núcleo familiar.

Por nuestra parte, los ciudadanos no debemos desestimar la atención que necesita nuestra salud mental, ya que un cuidado pobre de esta, tarde o temprano nos traerá consecuencias en diversos ámbitos de nuestra vida, por ejemplo, un deterioro de nuestra salud física. Así mismo, debemos solicitarles a las y los servidores públicos que atiendan desde la legislación laboral, las causas que originan los altos índices de estrés en las personas trabajadoras.

El otro 10 de mayo

Por: Valeria González, Vinculación e Incidencia en Políticas Públicas de Early Institute

Publicación original en El Heraldo 

“Desde que informé sobre mi embarazo comencé a sufrir acoso, humillaciones, violencia verbal y psicológica por parte de mi superior inmediato.

En una ocasión expresamente me dijo que no pedí permiso para embarazarme, que me fastidiaría hasta que yo tomara la decisión de irme y que estaba muy decepcionado, ya que tenía proyectos conmigo en la empresa, pero por haberme embarazado no iba a ser posible que participara en ellos, por lo que me cambiaría de puesto y no tendría más oportunidad de crecimiento.

El día de las madres se ha convertido en un día para agradecer a todas aquellas mujeres que nos han cuidado, guiado y amado a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, este digno reconocimiento también exige que día con día se visibilicen y cuestionen todas aquellas prácticas que las rechazan por ejercer ese rol.

Un común ejemplo de estas adversidades es la discriminación laboral por embarazo, tipo de violencia que se manifiesta de diversas formas y que se incentiva por un conjunto de prejuicios sobre el embarazo en el espacio laboral; la cual se propaga y perpetúa aún después del parto.

De acuerdo con Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Persona (FEVIMTRA), de enero de 2012 a julio de 2021, la discriminación en el ámbito laboral ejercida en contra de mujeres por razón de género o embarazo representó el 69% del total de las denuncias por discriminación presentadas ante ella. Sin embargo, a pesar de ser un porcentaje ya de por sí alto y de que existen múltiples leyes y mecanismos institucionales que tienen por objeto sancionar las conductas de discriminación laboral por embarazo, así como atender y proteger a las mujeres que han sido víctimas, la realidad es que estas prácticas poco se denuncian porque no existen mecanismos de denuncia adecuados (anónimos y efectivos) dentro de los centros de trabajo ni autoridades sensibilizadas y capacitadas para atender estos casos.

Lógicamente, las mujeres embarazadas prefieren no denunciar por temor a ser despedidas o a ser revictimizadas en un procedimiento de denuncia que no cuenta con los elementos necesarios para brindarle acceso a la justicia ni a medidas de protección. Mientras conserven su trabajo, las mujeres embarazadas soportan malos tratos, humillaciones, hostigamiento, descuentos de sus licencias médicas, incluso negación de la posibilidad de ir al baño o de sentarse. Todo con tal de tener acceso a la seguridad social al momento del parto o estabilidad económica para que sus bebés estén bien, ¿cuántos casos similares no conocemos?

En ese sentido, en tanto no exista una política pública integral para brindar protección reforzada al embarazo y la maternidad que contemple, entre otras cosas, medidas cautelares ante diversos supuestos de discriminación laboral por embarazo -no solo el despido- y protocolos efectivos que permitan llevar un registro completo e investigar los hechos con perspectiva de género, no podremos saber el número real de casos de violencia ejercida en contra de las mujeres trabajadoras en razón del embarazo.

En tanto en los espacios laborales no se impulsen acciones y estrategias que mejoren el clima organizacional para las mujeres embarazadas y faciliten la maternidad, mientras no se fomente la conciliación entre la vida familiar y laboral de las y los empleados, no cesará la realidad del rechazo a la maternidad en los espacios laborales de la que aquí hemos hablado. Realidad que es totalmente opuesta a lo que se vive en el día de celebración -prácticamente nacional- a las madres.

Si tú que me estás leyendo atraviesas por una situación similar es importante que sepas que no estás sola, que esto que te está pasando no es normal, busca apoyo. Early Intitute tiene convenios con varios bufetes jurídicos gratuitos que te pueden brindar asesoría jurídica, pregunta en este link: https://staging.earlyinstitute.org/discriminacion-laboral-por-embarazo/