Cuidemos el derecho al juego

El juego es un derecho fundamental, motivo por el cual debe ser respetado y otorgado en beneficio de la infancia. Jugar fomenta la resiliencia.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

El pasado 11 de junio se celebró, por primera vez, el Día internacional del juego, instituido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El tema sobresale porque se trata de una práctica indispensable en la formación de niñas y niños, ya que promueve el aprendizaje, las habilidades para la vida y el bienestar psicosocial.

El juego es un derecho fundamental, motivo por el cual debe ser respetado y otorgado en beneficio de la infancia. Jugar fomenta la resiliencia, infunde confianza y ayuda a niños y niñas a desenvolverse con mayor seguridad.

Su relevancia radica en que va más allá de una experiencia entretenida; es la oportunidad para adquirir conocimiento, mediante estrategias divertidas y constructivas.

De acuerdo con la ONU, esta celebración “servirá para destacar la importancia de preservar, promover y dar prioridad al juego para que todas las personas, especialmente los niños, puedan aprovechar sus beneficios y desarrollar todo su potencial […] Para los niños en especial, el juego ayuda a construir relaciones y mejora el control, la superación de traumas y la resolución de problemas. Les ayuda a desarrollar las habilidades cognitivas, físicas, creativas, sociales y emocionales que necesitan para prosperar en un mundo en constante cambio”.

Como se observa, las ventajas de alentar esta actividad son múltiples y en diferentes sentidos, sin embargo, desafortunadamente este derecho enfrenta varios retos, entre ellos la falta de tiempo para ejercerlo. Pese a que se estima que la aceptación del juego es de 97%, una tercera parte de las personas no tiene tiempo para jugar.

En este sentido, es necesario crear políticas públicas, capacitar y financiar iniciativas para integrar el juego en los entornos educativos y comunitarios. Sobre todo, hay que invertir en espacios de juego diversos, inclusivos y seguros, ampliando su acceso, especialmente a los niños y las niñas más vulnerables y marginados.

El juego ayuda en la salud mental, ya que enseña la gestión de emociones, reduce el estrés y estimula la socialización. Sin duda, niñas y niños pueden alcanzar su máximo potencial, si cuentan con el tiempo, el espacio y las condiciones adecuadas para jugar.

En Early Institute nos unimos a la celebración del Día internacional del juego e invitamos a los tomadores de decisiones a colaborar en el reconocimiento de esta práctica, a partir de varias acciones, como son: a) Invertir en el bienestar de los niños y las niñas al proteger su derecho a jugar; b) Proporcionar a los niños y las niñas más tiempo y oportunidades para jugar, incluso en los entornos escolares; c) Crear lugares seguros y accesibles, sobre todo para quienes tienen necesidades especiales; y d) Respetar las opiniones y las decisiones de niños y niñas en torno a su derecho a jugar. Hagamos que esta actividad sea promovida, accesible y cuidada.

Falta de políticas públicas para madres embarazadas privadas de la libertad en México: una realidad que discrimina la maternidad

Por: Damaris Espinosa, Aboga del Área de Asuntos Públicos de Early Institute
Publicación original de: El Heraldo de México

La dificultad de maternar en prisión refleja una profunda falla en el sistema penitenciario y la ausencia de políticas públicas adecuadas que aborden estas necesidades específicas.

En México, la población penitenciaria femenina se enfrenta a desafíos sistémicos que van desde la discriminación hasta la falta de acceso a servicios básicos, especialmente para aquellas mujeres que están embarazadas o son madres.

La dificultad de maternar en prisión refleja una profunda falla en el sistema penitenciario y la ausencia de políticas públicas adecuadas que aborden las necesidades específicas de estas mujeres, por ello, es fundamental analizar la magnitud del problema y proponer soluciones concretas para garantizar la maternidad y el desarrollo de la primera infancia que se desarrolla en las cárceles del país.

Según la estadística penitenciaria nacional de enero 2024, que emite el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, en México existen 13,297 mujeres privadas de la libertad en centros penitenciarios federales y estatales, esta cifra representa una parte significativa de la población carcelaria y subraya la necesidad de prestar atención a las condiciones específicas que enfrentan las mujeres en prisión.

Un dato preocupante es el porcentaje de mujeres embarazadas al ingresar a prisión, estimado entre el 2% y el 5% del total de mujeres privadas de libertad, esta situación plantea desafíos adicionales en términos de atención médica y condiciones de vida durante el embarazo, el parto y la crianza durante los primeros años.

Asimismo, no podemos ignorar a un gran número de mujeres en prisión que ya son madres, puesto que un 30% tienen hijos menores de 18 años, – estas cifras destacan aún más la importancia de considerar el impacto del encarcelamiento en la unidad familiar y el bienestar de los hijos e hijas de estas mujeres –.

Las mujeres embarazadas y madres en prisión enfrentan múltiples formas de discriminación y dificultades para acceder a servicios básicos, por ejemplo, uno de los problemas más urgentes es la atención médica y de calidad durante el embarazo, el parto y el posparto, ya que las mujeres no reciben la atención médica adecuada y ello pone en riesgo su salud y la de sus bebés, además, las condiciones de hacinamiento e insalubridad en las cárceles mexicanas representan un peligro adicional para presentar complicaciones médicas graves, incluyendo partos prematuros y bajo peso al nacer.

El sistema penitenciario tampoco brinda el apoyo necesario para la crianza de los hijos de las mujeres encarceladas, tanto durante su reclusión como tras su liberación, lo que dificulta que estas madres puedan criar a sus hijos de manera saludable y segura. Esta falta de programas de educación y cuidado infantil también impacta negativamente en los hijos, quienes enfrentan un mayor riesgo de problemas emocionales, sociales y educativos, afectando su desarrollo y su capacidad para alcanzar su máximo potencial en la vida.

Es importante, no dejar de lado esta fracción de la sociedad, que si bien se encuentran en espacios que como sociedad no vemos en el día a día, la falta de políticas públicas adecuadas para las mujeres embarazadas y madres en prisión tiene un costo significativo para la sociedad, pues la falta de acceso a servicios básicos, la violencia y la discriminación dentro de los centros penitenciarios contribuye a la perpetuación de ciclos de pobreza y marginalización y esto genera un impacto negativo en el desarrollo social y económico del país.

Ante esta situación alarmante, es evidente la necesidad de implementar políticas públicas específicas que aborden las necesidades de las mujeres embarazadas y madres en prisión, estas medidas deben garantizar el acceso a atención médica prenatal, parto y posparto de calidad, así como mejorar las condiciones de higiene y habitabilidad en las cárceles.

Además, es fundamental establecer mecanismos para prevenir y atender la violencia contra las mujeres en prisión, incluyendo la capacitación de personal penitenciario y la implementación de protocolos de respuesta adecuados a la maternidad.

También es necesario brindar apoyo para la crianza de los hijos de las mujeres en prisión, tanto dentro como fuera de las cárceles y esto incluye la implementación de programas de educación y cuidado infantil, así como la promoción de políticas que faciliten la reunificación familiar y la reintegración de las mujeres en la sociedad una vez que sean liberadas.

Finalmente, es crucial reformar el sistema penitenciario en su conjunto para que sea más humano, justo y efectivo para las madres y sus hijos, pero esto solo se logra dotando de “perspectiva de maternidad y niñez” a toda la legislación penitenciaria y capacitando al personal que trabaja en prisiones federales y estatales.

El involucramiento paterno en el contexto de las políticas públicas

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

Cada año, a propósito de la celebración del Día del Padre, organizaciones y expertos enfatizan la necesidad de políticas públicas, programas y leyes que impulsen el involucramiento de los papás en la crianza y cuidado de sus hijas e hijos.

Prácticamente todos los años se habla de políticas como el permiso por paternidad que, de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, permite a los padres trabajadores gozar de 5 días laborales para el cuidado de un hijo o hija recién nacido o adoptado.

A pesar de que se ha demostrado que este tipo de políticas incrementan el tiempo de interacción y vínculo entre padres e hijos, y logran un impacto cultural para el cambio de roles entre madres y padres, pareciera que estos y muchos otros beneficios no son suficientes.

Desde hace meses, la Cámara de Diputados aprobó ampliar el permiso por paternidad de 5 a 20 días laborables y envió el dictamen al Senado para su ratificación y posterior publicación en el Diario Oficial de la Federación. Sin embargo, el tema sigue detenido.

En anteriores ocasiones, he hecho énfasis en que en los últimos años se han presentado decenas de iniciativas para mejorar dicha ley, pero no se ha logrado ningún cambio. Las iniciativas se presentan y en alguna parte del proceso legislativo se detienen y terminan siendo desechadas.

Existen senadores y senadoras que tienen dudas sobre la conveniencia de este tipo de políticas. También las tiene la Secretaría de Hacienda, el IMSS y el ISSSTE, que cada vez que se presenta una iniciativa de estas características envían al Congreso sus estudios de impacto en las finanzas públicas y el empresariado.

Sin embargo, es pertinente recordarles que el cuidado de niñas y niños tiene un costo, y hoy ese costo lo asumen las familias, sobre todo las mamás. Las políticas que impulsan el involucramiento paterno quizás les suenan nuevas a muchos, pero en infinidad de países tienen ya un largo recorrido y se fortalecen porque son políticas basadas en la evidencia de los beneficios que traen consigo.

Desde Early Institute, esperamos que el Senado tome ya el tema con la debida importancia y este dictamen no se quede en el camino, pues el involucramiento paterno nos conviene a todos, pero aún más a niñas y niños.

Falta investigación de calidad para atender disforia de género

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

Hace unos días, el Colegio de Pediatras de Estados Unidos publicó una declaración en la que pide detener inmediatamente prácticas para la afirmación de género, tales como bloqueadores de la pubertad, tratamientos hormonales y cirugías en niñas, niños y adolescentes que experimentan disforia de género. Pero, ¿qué significa todo esto?

Como sabemos, hay niñas y niños que, desde pequeños, pueden sentir incomodidad o angustia por su sexo biológico. Es decir, falta de identificación con el sexo con el que nacieron, sea hombre o mujer. A eso se le denomina disforia de género.

Para abordar esta problemática, puede darse un tratamiento médico que incluya terapia hormonal de feminización o de masculinización, cirugía para cambiar el pecho, los genitales, el contorno corporal e incluso la utilización de los llamados bloqueadores de la pubertad, que son medicamentos que impiden que el cuerpo produzca hormonas sexuales para retrasar los cambios de la pubertad.

También puede darse un tratamiento psicológico que busca dar acompañamiento y ayudar a resolver dudas de identificación, problemáticas asociadas como ansiedad o depresión y encontrar maneras de disminuir la disforia de género.

En este sentido, el Colegio de Pediatras de Estados Unidos manifiesta serias preocupaciones sobre los efectos en la salud física y mental de los protocolos actuales con bloqueadores de la pubertad, hormonas y cirugías que dañan cuerpos sanos.

Manifiestan que la mayoría de las niñas, niños y adolescentes cuyos pensamientos y sentimientos no se alinean con su sexo biológico resolverán esas problemáticas mentales después de experimentar el proceso normal de desarrollo de la pubertad.

Por otro lado, afirman que falta investigación de calidad para determinar las intervenciones médicas, sobre todo, se carece de estudios a largo plazo adecuados y no existe evidencia suficiente que muestre que la salud mental mejore con dichas intervenciones.

Por ello, países como Inglaterra, Suecia, Dinamarca y Finlandia han reconocido que las intervenciones hormonales y quirúrgicas no solo no son útiles, sino que pueden ser perjudiciales, por lo que han pausado ese tipo de protocolos y en su lugar se están enfocando en evaluar y tratar las preocupaciones de salud mental subyacentes y previas.

Sin duda, existe una necesidad de atender estas problemáticas que viven niñas y niños, pero es imprescindible que cualquier tratamiento médico esté basado en evidencia científica.

Garantizar la mejor y más segura atención posible para cada niño, niña o adolescente no es un asunto menor, pues estamos ante un grupo altamente vulnerable, en el que debemos evitar tratamientos experimentales e innecesariamente invasivos, que no pongan en el centro su bienestar integral.

Una transición a favor de la niñez

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute
Publicación original de: Proceso

En el tema que nos compete sobre la agenda de niñez, este momento significa también un punto de inflexión inmejorable, en el que técnicamente ya no habrá margen de excusas para ignorar los rezagos que el gobierno actual dejará en la atención estructural de los derechos de niñas y niños mexicanos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La participación electoral del pasado domingo 2 de junio simple y sencillamente es un veredicto que refleja el sentir de una mayoritaria base social de mexicanas y mexicanos, quienes ejercieron su derecho al sufragio en plena libertad. El mensaje es claro y debe interpretarse bajo las reglas de la democracia por encima de opiniones políticas o lecturas personales.

Concluido el episodio electoral, corresponde a la ciudadanía asumirse dentro de un papel crítico y constructivo en todos los niveles de participación social. Sin enconos ni narrativas basadas en extremos, el momento es propicio también para retomar la visión de un país que exige una lectura de la realidad basada en evidencia y recuperar la objetividad como parámetro de diálogo y ponderación de las acciones de nuestros gobernantes, sin concesiones al margen que los propios derechos fundamentales garantizados en la Constitución.

En ocasiones como esta, las narrativas ideológicas y el constante uso electoral del poder público terminan por aprovecharse de la desinformación de la ciudadanía, pues tienden a distorsionar la esencia del mandato y funciones de las instituciones democráticas. La democracia no se limita al ejercicio del voto ni al rechazo o aceptación de la oferta de partidos, sino que más bien es desde el sufragio, donde se traza la ruta para que los electores se asuman como actores centrales en las acciones de control y rendición de cuentas de los gobiernos, especialmente en la garantía de los derechos sociales y la forma como se gestiona la atención prioritaria a los grupos vulnerables.

Específicamente en el tema que nos compete sobre la agenda de niñez, este momento significa también un punto de inflexión inmejorable, en el que técnicamente ya no habrá margen de excusas para ignorar los rezagos que el gobierno actual dejará en la atención estructural de los derechos de las niñas y niños mexicanos. No se trata de opiniones sin sustento, sino de una agenda que ha quedado en el abandono y ha sido presa de la indolencia política, como se comprueba ampliamente por diversos indicadores.

Es del conocimiento público que, durante el periodo de campañas la hoy presidenta electa suscribió compromisos a favor de la primera infancia, no obstante, ahora es tiempo de ordenarlos, priorizarlos y procesarlos bajo el tamiz de la implementación de políticas públicas, cuya lógica sabemos es completamente distinta al de la promesa electoral o la fotografía testimonial.

Ante tal escenario, desde estas semanas cruciales de organización y configuración de equipos de transición y dado que la temática no admite margen de demora, Early Institute pone a disposición de la presidenta electa y su equipo de trabajo, las siguientes directrices o recomendaciones concretas a fin de impulsar con enfoque sistémico una agenda mínima para mejorar la vida de los niñas y niños a partir de tres categorías muy concretas: planeación y coordinación; presupuesto e inversión pública y atención a temáticas prioritarias.

Sobre la planeación nacional y coordinación gubernamental a favor de la niñez.

Colocar como prioridad al eje de la primera infancia y la perspectiva de niñez dentro de la agenda de gobierno, con una visión de largo plazo que incluya un abordaje prioritario dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2024-2030 y los nuevos Programas sectoriales de la Administración Pública Federal, especialmente en los ámbitos de gobernación, hacienda, educación, salud y seguridad.

Fortalecer la naturaleza jurídica, autonomía y capacidad de gestión de la Secretaría Técnica del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) prevista en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, hoy reducida a una oficina con capacidades de operación política y administrativa limitadas al interior de la Secretaría de Gobernación.

Cumplir el mandato legal en la conformación del más alto nivel de funcionarios para las sesiones de trabajo del SIPINNA, que debe estar encabezado precisamente por el Titular del Ejecutivo Federal, su gabinete vinculado, los gobernadores de los estados y organismos de la sociedad civil. Elevar el nivel político de esta agenda, favorecerá la gobernanza y la coordinación intersectorial en todos los niveles de gobierno y la sociedad, sin importar partidos o diferencias de tipo electoral, para un desarrollo ordenado y homologado de políticas públicas de primera infancia en el territorio nacional.

Fortalecer las capacidades operativas y funcionales de la Procuraduría Federal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, así como las correlativas procuradurías estatales en las 32 entidades a fin de mejorar la generación de medidas de protección y los mecanismos de restitución de derechos de niñas y niños.

Sobre el presupuesto y ejercicio del gasto

Planificar un incremento progresivo de los recursos asignados a primera infancia por parte de todos los ejecutores de gasto, que corresponda a la proporción que representa esta población y plena coordinación con los actores estatales y municipales.

Invertir en programas sociales de transferencias monetarias condicionadas en ramos como educación, salud, nutrición y pobreza.

Sobre los temas prioritarios en materia de primera infancia.

Impulsar la Política Nacional de Educación Inicial para ampliar la cobertura, mejorar la calidad de los servicios, y promocionar prácticas de crianza positiva.

Reconocer el derecho al cuidado y crear un Sistema Nacional de Cuidados cuyo seguimiento sea anual, medible y evaluable.

Asegurar el acceso universal y la calidad de los servicios de salud para las niñas y niños y sus madres.

Garantizar que todas la niñas y niños reciban vacunas completas.

Reforzar la atención de primer nivel en materia de salud materno-infantil y brindar consejería sobre lactancia materna, desarrollo infantil temprano, nutrición, sobrepeso y obesidad infantil.

Fortalecer el sistema de seguridad y justicia mediante el reforzamiento del marco normativo de prevención y atención de la violencia, la capacitación y sensibilización de servidores públicos, así como la mejora de protocolos y procesos de actuación que permitan colocar en el centro a niñas y niños víctimas de cualquier forma de violencia en su contra.

A partir de octubre las niñas y niños de México merecen y tienen derecho a un gobierno fuerte, con mayorías legislativas sin precedentes, un gobierno federal que contará con el respaldo de por lo menos veinticuatro gobiernos estatales para que al unísono, implementen políticas homologadas en favor de este grupo poblacional incluyendo el accionar de veintisiete congresos estatales. Se tendrá además la posibilidad de generar consensos para diseñar y aprobar el presupuesto federal más amplio e incluyente del que se tenga registro en la historia de México y que permita materializar esta agenda de derechos.

Por ello, no cabe lugar a dudas que la transición y el gobierno entrante tiene en sus manos una oportunidad inmejorable y en esa medida será observado y evaluado en el mapa social y político del país, sin encubrir o simular otras intenciones que no sean las de estar al lado de los derechos de las niñas y niños mexicanos. La ruta es clara.

Este nuevo sexenio, tiene se le tiene que dar prioridad a la #PrimeraInfancia

Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

Tendremos una nueva presidenta, y con ello llegan nuevas expectativas respecto a los grandes temas en la agenda de gobierno. Sin embargo, antes de la entrada del siguiente gobierno, tendríamos que pedir cuentas al saliente.

Durante este periodo, hemos hecho énfasis en que muchos de los problemas que hoy observamos en nuestra sociedad deben prevenirse y abordarse desde la infancia. La violencia, la pobreza, la mala nutrición, y la falta de acceso a la salud se gestan en nuestro país desde que nuestras niñas y niños se encuentran en el vientre materno.

El saldo del gobierno que termina es desfavorable. En este sexenio que se va, no hubo avances relevantes para la infancia. Las políticas y programas diseñados, en particular para la primera infancia, son incipientes y no pudieron consolidarse.

Seguimos teniendo estadísticas incompletas, metas inconclusas y una preocupante falta de visión a largo plazo para la vida de niñas y niños.

Esperamos que, a diferencia del gobierno federal saliente, el que encabezará Claudia Sheinbaum sea un gobierno que ponga a niñas y niños en el centro, que proponga soluciones a los problemas que les aquejan, que evalúe avances y dé cuenta de ellos.

Adelantamos al gobierno entrante que desde Early Institute seremos más críticos y vigilantes, que exigiremos y no permitiremos que el que viene sea un sexenio perdido para estas niñas y niños que ya se nos están haciendo grandes.

La baja en la tasa de natalidad: un reto mundial

Pese a los esfuerzos de los gobiernos para alentar los nacimientos con la implementación de políticas públicas pronatalistas, aún no se ha reflejado un resultado positivo.

Por: Annayancy Varas García, Directora General de Early Institute
Publicación original de: El Financiero

Últimamente, se ha registrado una baja en la tasa de natalidad a nivel mundial, lo que podría desencadenar importantes efectos en las economías y dinámicas sociales de los países. En un artículo publicado por el Wall Street Journal, se habla de que la fecundidad está registrando una significativa reducción en todo el mundo, lo cual se asocia a la participación de la mujer en los ámbitos laborales y educativos, entre otros factores.

Según el escrito, la caída de la natalidad está tomando a muchos por sorpresa aun cuando la situación es producto de varias décadas atrás. Por ejemplo, en los últimos años se ha visto una tendencia a la maternidad tardía y a la negación de las parejas por tener hijos. Sumado a esto, las crisis financieras y las exigencias laborales, que impactan en el tiempo dedicado a la crianza, han contribuido a la baja tasa de natalidad.

La preocupación ha escalado, ya que se considera que estamos muy cerca de perder el punto necesario para mantener constante la población.

Por ejemplo, en Estados Unidos se estima que el número de bebés que tiene cada mujer está por debajo de la tasa mundial de reemplazo, que es alrededor de 2.2. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) supuso que a finales de la década de 2020 la tasa de fertilidad sería de 2.4. Sin embargo, para 2021, concluyó que ya había bajado a 2.3, aproximándose a lo que los demógrafos consideran como tasa de reemplazo global, que es alrededor de 2.2. La tasa de reemplazo es la que mantiene estable a la población a lo largo del tiempo y su baja significa un deterioro en la dinámica generacional.

En cifras más concretas, en 2023 China reportó 9 millones de nacimientos, esto es, 16% menos de lo proyectado por la ONU. En Estados Unidos, también en 2023 nacieron 3.59 millones de bebés, es decir, 4% menos de lo proyectado por la ONU. En otros países menos desarrollados, el descenso es aún mayor: Egipto señaló tener 17% menos de nacimientos el año pasado y en 2022, Kenia reportó un 18% menos.

Pese a los esfuerzos de los gobiernos para alentar los nacimientos con la implementación de políticas públicas pronatalistas, aún no se ha reflejado un resultado positivo. Los apoyos van desde beneficios fiscales, licencias parentales, subsidios para la vivienda y pagos para la educación hasta la creación de bonos por bebés.

Especialistas señalan que esta situación podría significar una “segunda transición demográfica”, es decir, un descenso en la fecundidad que deriva en una reorientación de toda la sociedad hacia el individualismo, vulnerando la importancia del matrimonio y la paternidad.

Desde Early Institute buscamos visibilizar el panorama que enfrenta la población humana y que pudiera afectar diversas áreas a nivel global. Por ello, es importante promover políticas públicas que protejan la maternidad, incentivando que la decisión de tener hijos se vea acompañada de un apoyo integral en el que predomine el respeto a los derechos fundamentales en beneficio de un equilibrio demográfico.

Homicidios y feminicidios infantiles, emergencias desatendidas

Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

La violencia que azota a México se ha vuelto una realidad que nos exige acción inmediata.

Las métricas reconocidas a nivel internacional como indicadores para medir la inseguridad y violencia en un país son el número y la tasa de homicidios.

En 2022, de acuerdo con información del Censo Nacional de Procuración y Justicia Estatal publicado por el INEGI, en nuestro país se denunciaron y abrieron carpetas de investigación para 37.7 víctimas de homicidio por cada 100 mil habitantes (47,462). La tasa en México es siete veces más alta que la tasa mundial de 5.8 por cada 100 mil habitantes calculada en el Estudio mundial sobre el homicidio 2023 publicada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en México, definitivamente tenemos un problema de violencia.

Esta disparidad manifiesta una realidad lacerante que ha alcanzado a las niñas, niños y adolescentes que da como resultado 6 homicidios diarios contra esta población.

Según el Censo Nacional de Procuración y Justicia Estatal (CNPJE), en 2022 se registraron un total de 2,307 delitos de homicidio de niñas, niños y adolescentes en México. De los 2,037 homicidios infantiles y adolescentes, 377 fueron contra niñas y niños de entre 0 a 4 años, 246 tenían entre 5 a 9 años, 430 tenían entre 10 a 14 y 1,254 adolescentes de entre 15 a 17 años. Las cifras son desgarradoras y no podemos ignorarlas.

El problema requiere de esfuerzos focalizados, de acuerdo con la misma fuente, los estados con más de 100 homicidios infantiles y adolescentes tan solo en un año fueron Guanajuato con 255 homicidios, Michoacán con 236, Estado de México con 201, Jalisco con 183, Zacatecas con 181, Chihuahua con 122, y Chiapas con 106. Cada número, cada estadística, representa una vida perdida, una muerte violenta. No podemos permitir que esta violencia contra la infancia continúe.

Ante el escenario de violencia, no se puede dejar de mencionar la alarmante cifra de feminicidios en México que alcanzó en el último registro del CNPJE 2022: 203 feminicidios de niñas y adolescentes en México, lo cual implica que cada 2 días asesinan a una niña o adolescente por razón de género.

Todos estos datos resultan aún más impactantes cuando sabemos que en México existe una enorme cifra oculta en materia de violencia, de acuerdo con la Encuesta de Victimización y Percepción de Seguridad Pública ENVIPE 2023, el 92.4% de los delitos no se denuncian o no se abre una carpeta de investigación.

Desde Early Institute, expresamos nuestra preocupación por la alarmante situación que enfrenta la niñez en México, marcada por la falta de seguridad y protección. Los desafíos que enfrentamos son múltiples y requieren una acción urgente y coordinada por parte de las autoridades.

No se puede seguir con la ausencia de un estado de derecho efectivo. Las autoridades encargadas de la seguridad pública y la impartición de justicia han demostrado estar rebasadas por la realidad social, lo que ha llevado a una creciente sensación de impunidad y a la búsqueda de justicia por mano propia por parte de la ciudadanía, como lo observamos en el caso de feminicidio de Camila en Taxco.

Además, la legislación y los procesos judiciales actuales no están a la altura de las necesidades de la población, especialmente de la niñez. La falta de una perspectiva especializada en los casos que involucran a niñas, niños y adolescentes ha resultado en una respuesta deficiente por parte de las autoridades y en una revictimización.

Ante esta situación, desde Early Institute recomendamos: 1) Fortalecimiento del sistema judicial: Es fundamental mejorar la capacidad de respuesta de las autoridades y contar con procesos más eficientes para proteger los derechos de la niñez. 2) Especialización de servidores públicos: Se deben implementar programas de formación y sensibilización para garantizar una atención adecuada a los casos de violencia contra niñas, niños y adolescentes. 3) Apoyo y protección a las víctimas: El estado debe garantizar una protección integral a las víctimas y sus familias, brindando todas las medidas necesarias para su seguridad y bienestar. 4) Congruencia entre normas jurídicas y realidad social: Es necesario revisar y reformar la legislación para asegurar que se adapte a las necesidades reales de la sociedad y se aborden los retos específicos de cada región.

Es hora de que las autoridades tomen medidas concretas para proteger a la niñez mexicana. No podemos permitirnos seguir perdiendo vidas inocentes debido a la inacción y la falta de políticas efectivas, necesitamos construir un futuro más seguro y justo para nuestras niñas y niños de México.

 

Perspectiva de la niñez e indolencia política

Por: Abraham Madero, Director Ejecutivo de Early Institute
Publicación original de: Proceso

Las formas de violencia que han alcanzado a miles de niños mexicanos constituyen una prueba de que aún existe una brecha para asimilar lo que implica vivir en una sociedad en donde se conoce y respeta el interés superior de la niñez.

Tras defender a su madre, el asesinato del niño Emiliano en Tabasco es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos, lo mismo que el caso de la niña Camila en Guerrero secuestrada y asesinada en abril último, sin que ello cambiase el curso ni la retórica de las campañas electorales, ni mucho menos ameritara una respuesta gubernamental de alto nivel.

En otras latitudes este tipo de hechos detonarían de manera incuestionable la dimisión de funcionarios públicos, la adopción de medidas inmediatas para restituir derechos y la generación de mecanismos de respuesta rápida para garantizar la no repetición y la prevención de casos como los de estos niños cuyas muertes no debieron ocurrir.

En medio de estas tragedias, las diversas formas de violencia que han alcanzado la realidad de miles de niños mexicanos constituyen una prueba manifiesta de que aún existe una brecha enorme para asimilar lo que implica vivir en una sociedad en donde se conoce y respeta el interés superior de la niñez. A propósito de estos lamentables casos dedicaremos las siguientes líneas para explicar su importancia e implicaciones.

Una buena clave de lectura para entender la dimensión que representa el principio del interés superior de la niñez, previsto en el no menos farragoso artículo 4º de la Constitución federal, radica en que es un parámetro obligatorio para todas las autoridades a efecto de garantizar los derechos de los niños, en cuanto a sus necesidades de alimentación, salud, seguridad, educación y sano esparcimiento para su desarrollo.

Se trata de uno de los principios rectores del país, ya que con base en él deben entenderse el resto de los derechos reconocidos en nuestra ley fundamental, de manera que no solamente comprende el derecho a la protección contra toda forma de violencia o sufrimiento, sino el derecho a crecer en un ambiente sano y con niveles de vida adecuados. Ese es el anclaje que deben seguir las políticas públicas sea desde el ejercicio del gasto, la creación de un programa social, la expedición de leyes y la perspectiva de resolución jurisdiccional que involucre derechos de los niños.

Además de estar establecido desde el texto constitucional, el interés superior de la niñez o enfoque basado en los derechos de los niños constituye un principio histórico reconocido en diversos tratados y convenciones internacionales, específicamente en la Convención de los Derechos del Niño, cuya preocupación central apunta hacia la materialización de sus derechos, con especial énfasis en los grupos de niños y adolescentes que viven en situación de vulnerabilidad.

Más allá de su incorporación en los textos normativos, al hablar de interés, enfoque o perspectiva de niñez deben reconocerse algunos elementos específicos de cara, sobre todo, a su implementación en decisiones o actos concretos por parte de los gobiernos e instituciones públicas.

Primero, la perspectiva de niñez no se basa en ningún tipo de ideología o postulado de carácter político. Desde el más elemental sentido común, implica reconocer a niños y adolescentes como sujetos de derechos y actores centrales en los ámbitos donde se desarrollan, desde la familia, escuela, comunidad hasta su participación en los ejercicios de toma decisiones sociales y en los asuntos que les afectan acorde con su edad, desarrollo evolutivo, cognoscitivo y madurez. Esto significa que la perspectiva de niñez es un elemento esencialmente activo que se intensifica en la medida en que los niños se convierten en protagonistas del ejercicio de sus propios derechos, al tiempo que se promueven ambientes favorables para el desarrollo de sus capacidades.

En segundo término, la perspectiva de niñez implica la activación del máximo nivel de respuesta y responsabilidad por parte del Estado, todas las autoridades en todos los niveles de gobierno. Los casos de Camila y Emiliano hacen patente la incapacidad de los gobiernos para responder y atender con la celeridad necesaria los asuntos que involucran la vida de los niños.

No en vano la Constitución establece un concepto separado completamente de la inmunidad parental, al consagrarlo con la categoría normativa de interés superior frente a otras cláusulas constitucionales orientadas dentro de la escala de los derechos humanos, de donde se desprende que cualquier acto de autoridad debe darse en el contxto de decisiones reforzadas para asegurar la protección integral y efectiva en el desarrollo de la niñez.

Si bien el Estado es responsable de garantizar todos los derechos humanos sin distinción, bajo la óptica que sugiere el interés superior de la infancia, este grupo poblacional requiere un margen de atención prioritaria para brindarles protección en cualquier circunstancia y de manera oportuna, así como asegurar que se les atienda o considere antes que a las personas adultas en los servicios, políticas y en igualdad de condiciones.

Pero quizá el tercer elemento de este enfoque resulte ser el más complejo y necesario. Al promoverse una visión de la realidad sustentada en la perspectiva de niñez, se busca sobre todo enraizar un cambio de paradigma cultural que no se limite exclusivamente a la necesidad de poner en el centro de la agenda pública a los derechos de la infancia, sino que por encima del plano normativo y de las políticas públicas, se construya un nuevo lenguaje social, humano y sensible en favor del cuidado y protección de la infancia en todas sus dimensiones.

Este cambio de paradigma implicará dejar de concebir a esta agenda como un asunto exclusivo del altruismo, la filantropía o que sólo interesa a las organizaciones no gubernamentales. La atención prioritaria de la infancia debe importar especialmente a las nuevas generaciones, en cuyos procesos de formación se vuelve indispensable incorporar una educación basada en el fortalecimiento de capacidades cívicas de niños, jóvenes y adultos, para poner en práctica su compromiso con los derechos de la infancia y la aplicación de estos principios en la vida cotidiana y la toma de decisiones sociales.

Será también el papel de los medios de comunicación y el uso innovador de los canales de información masivos el que permita generar nuevos espacios para construir progresivamente una opinión pública informada en favor de la cultura de cuidado y protección prioritaria de niñez.

El reto no es viralizar los casos de coyuntura o atraer audiencias a partir de campañas de sensibilización emergentes, sino lograr que en el debate cotidiano se hable con normalidad de la importancia de este sector y sobre todo se brinde seguimiento a los indicadores y cumplimiento de la agenda de derechos en este ámbito bajo una perspectiva sistémica.

Desde el Early Institute hemos apostado a colocar la perspectiva de niñez siguiendo un enfoque constructivo, innovador y de indispensable colaboración en el ecosistema de actores involucrados en la visibilización de los derechos de la niñez mexicana.

No puede imaginarse un México moderno sin que la perspectiva de niñez represente el eje articulador para la planeación del desarrollo nacional. Sin embargo, las razones y los problemas que conducen a imaginarlo tienen indiscutible presencia. Para lograr esto, se requerirá que nos coloquemos esos lentes de realidad y comprender que la atención de la infancia no constituye una aspiración que pueda dejarse para el futuro, sino una necesidad vigente de cara a la vida diaria de más de 40 millones de niños y adolescentes que hoy viven en nuestro país.

 

Labores de cuidado: trabajo invisibilizado

La más reciente edición de Estados #ConLupaDeGénero del Instituto Mexicano para la Competitividad señala que ninguna entidad federativa ofrece condiciones laborales óptimas para que las mujeres entren y permanezcan en el mercado laboral

Por: Valeria González Ruiz, Ejecutiva de Vinculación e Incidencia Políticas Públicas de Early Institute
Publicación original de: El Heraldo de México

La más reciente edición de Estados #ConLupaDeGénero del Instituto Mexicano para la Competitividad señala que ninguna entidad federativa ofrece condiciones laborales óptimas para que las mujeres entren y permanezcan en el mercado laboral. A través de 15 indicadores, analizó las condiciones que enfrentan las mujeres y concluyó qué los Estados con mejor desempeño en el ranking tienden a tener más mujeres preparadas y una menor desigualdad en la repartición de tareas del hogar y de cuidados. Por ejemplo, Ciudad de México, Baja California Sur, Nuevo León, Jalisco y Yucatán tienen un nivel de desempeño alto, principalmente porque en promedio tienen una menor proporción de mujeres ocupadas en empleos informales (47%), y en pobreza laboral (29%), lo que implica que hay menos mujeres con un ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria. Sin embargo, Guanajuato ocupa el último lugar del ranking, principalmente por tener la mayor proporción de mujeres que trabajan jornadas largas -es decir, más de 48 horas semanales-. Además, observa una mayor desigualdad en términos del trabajo no remunerado, pues las mujeres de la entidad dedican 79% más tiempo que los hombres a estas actividades, lo que acapara o limita el tiempo que pueden ofrecer en el mercado laboral.

Como se puede observar, las labores de cuidado y tareas del hogar son determinantes en nuestra sociedad, no solo por su valor sino también por los efectos que pueden generar en las personas que las realizan. En esta ocasión me gustaría detenerme ahí e invitarles a reflexionar sobre lo siguiente:

Estas labores no reciben remuneración, reconocimiento como un trabajo formal ni acceso a la seguridad social. Socialmente se romantizan como actividades que se hacen por amor (especialmente cuando vienen de las madres y abuelas) y se pagan a lo mucho con agradecimientos y electrodomésticos en días festivos. Bajo esa lógica, “las buenas madres” son las que entregaron su vida al cuidado de los suyos o las que se partieron en mil para cuidar y mantener un trabajo remunerado.

Se entienden como funciones implícitas en la maternidad y, consecuentemente, carecen de acceso a la seguridad social pues en México para ser sujeto asegurado dentro de una institución de seguridad social se requiere contar con un empleo formal. Desafortunadamente, esto también implica que las mujeres cuidadoras no remuneradas no tienen pensión y que sus hijas e hijos tampoco cuentan con la protección de la seguridad social, especialmente los derechos de salud, cuidado y educación; un ejemplo de esta situación es que, ante un contexto de empleo informal sin seguridad social, si la mujer muere su hijo no podría acceder a una pensión por orfandad.

Así pues, se recrea un círculo vicioso que genera explotación y dependencia económica por un lado y, por el otro, dificultad enorme de acceder al empleo formal y permanecer en condiciones de igualdad como se mencionó en un principio.