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Por: Cándido Pérez, Investigador de Early Institute
Publicación original de: Mexiquense Televisión

Hace unas semanas el Congreso estadounidense interrogó a presidentes ejecutivos de empresas de redes sociales como Meta, TikTok y X sobre los riesgos que representan sus plataformas para niños, niñas y jóvenes.

Aunque esa no fue la primera vez que se cuestiona en el Congreso, en esta ocasión la presencia de familias de jóvenes afectados por las redes sociales le dio un componente de mayor cercanía a la problemática y urgencia de atender los riesgos de estas plataformas.

Entre otras cosas, hubo disculpas por parte de algunos presidentes, por no haber sido capaces de prevenir tragedias relacionadas a la violencia experimentada en sus redes.

Si bien se dejó claro que estas plataformas hacen esfuerzos por combatir situaciones que se presentan de manera reiterada, como el caso de guías para la prevención de delitos, también fue evidente que los delincuentes siempre avanzan más rápido. Las familias y los congresistas hicieron énfasis en la proliferación de insinuaciones sexuales, todo tipo de acoso e incluso explotación sexual a través de redes sociales como Instagram.

Evidentemente, los riesgos que se observan en estas plataformas también tocan a México, donde se calcula que en 2022 hubieron más de 800 mil reportes de material de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes (National Center for Missing and Exploited Children).

Como una respuesta, la Comisión de Derechos Digitales del Senado aprobó hace unos días una iniciativa para prevenir el ciberacoso y sancionar las conductas que vulneren los derechos en espacios digitales.

La propuesta adiciona un artículo a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes sobre acceso a Internet libre de violencia y establece que el Estado garantizará el acceso y uso seguro del Internet, a través de la formulación e implementación de políticas de ciberseguridad.

Sin duda, esta respuesta en necesaria, pero, para variar vamos tarde y lento. Las herramientas y el conocimiento de agresores se sofistica rápidamente y nuestra legislación va no una paso, sino muchos pasos detrás. Fenómenos como el material que se está autoproduciendo por niñas, niños y adolescentes son altamente preocupantes, y las propias plataformas son incapaces de responder y brindar protección.

Hoy la violencia transita entre lo físico y lo virtual, los delitos se mueven entre ambos mundos y los casos proliferan, la respuesta es hoy, y es impostergable.

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