Pobreza intergeneracional: la crisis silenciosa que afecta a las niñas y niños en México

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Por: Renata Díaz Barreiro, Ejecutiva de Investigación de Early Institute
Publicación original de: El Sol de México

Lucía, una niña de 2 años en México, vive en situación de pobreza extrema. El ingreso en su hogar no es suficiente para poner alimento sobre su mesa. Su mamá y papá trabajan en el mercado informal, lo que les impide acceder a seguridad social, por ende a Lucía no puede asistir a una guardería; además no tiene acceso a la salud y tampoco servicios básicos en su vivienda como agua y drenaje. Como ella, existen 1 millón 261 mil 283 niñas y niños en situación de pobreza extrema en México.

Las evidencias neurocientíficas de la revista The Lancet de la serie de desarrollo infantil temprano, demuestran que la pobreza en la vida de una niña determina y define sus trayectorias a largo plazo. Vivir en condiciones económicas dispares afecta su desempeño cerebral, escolar, su trabajo, su salario y su salud en el futuro.

Lamentablemente, la pobreza ha aumentado en un 5% y la pobreza extrema en un 9% en 2020 con respecto a 2018, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). En términos de la vulneración de derechos sociales se observa un aumento severo en la carencia por acceso a la salud de niñas y niños de 0 a 5 años (77%), un incremento del 13% en el rezago educativo, y también subió un 2% la carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad.

Uno de los aspectos que más preocupa es que el 60% de las niñas y niños de la primera infancia no tienen acceso a la seguridad social porque sus cuidadores están en el mercado informal, lo cual repercute en que no tengan un lugar asegurado dentro de la educación inicial. De esta manera, el ciclo de pobreza perpetua de una generación a otra dejando un entorno no favorable para la movilidad social, además de marcar una brecha de desigualdad desde la primera infancia.

Aunado a esto, en México tenemos una franja que divide norte y sur con una desigualdad abismal. En el norte, 3 de cada 10 niñas y niños se encuentran en pobreza, en contraste con el sur donde se alcanzan niveles de 7 de cada 10 niñas y niños de 0 a 5 años en situación de pobreza.

Ante esta preocupante situación, Early Institute y el Sistema de Indicadores de Primera Infancia (SIPI) han impulsado una mesa de discusión con expertos de Unicef, Coneval y el Pacto por la Primera Infancia, donde realizaron recomendaciones sustantivas para asegurar un mejor futuro para los niños desde su primera infancia.

Para combatir la pobreza, es recomendable ampliar la cobertura de programas de transferencias monetarias focalizadas. Estas políticas sociales han demostrado su efectividad en la reducción de la pobreza monetaria, el apoyo a la educación, la disminución del trabajo infantil, la mejora en la alimentación y la reducción de desigualdades de género.

Es esencial implementar estas políticas sociales con una perspectiva de crianza positiva en áreas con mayor desigualdad regional social. Además, se deben proporcionar servicios básicos complementarios, como vacunación, vigilancia del crecimiento y desarrollo, atención a la desnutrición, educación inicial y cuidado infantil, así como información sobre prevención de la violencia y crianza positiva.

El combate de la pobreza en la primera infancia es urgente y requiere políticas públicas efectivas para prevenir la pobreza intergeneracional. Las estadísticas son alarmantes, con más de la mitad de la población infantil viviendo en condiciones precarias y un cuarto experimentando carencias extremas en alimentación, salud, educación y vivienda. Necesitamos disminuir estos efectos adversos para que las niñas y niños puedan desarrollarse de manera adecuada.

 

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