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Por Annayancy Varas García, directora de Early Institute

Publicación original en El Financiero

Si algo podemos fortalecer a partir de las fechas conmemorativas, además de visibilizar las necesidades sociales, es la reflexión. El Día Internacional de la Mujer no es la excepción, sobre todo, si prevalece un ambiente en el que pareciera que hombres y mujeres compiten, cuando ambos poseemos capacidades que se complementan.

El 8 de marzo millones de mujeres salieron a las calles de todo el mundo. En México, el 9 de marzo se organizó un paro de mujeres en la vida pública. Esto para exigir respeto a sus derechos, como es la seguridad. La causa es válida, pero convendría hacer un alto para evitar caer en posturas radicales que nada aportan y sí dañan.

Hombres y mujeres nacimos diferentes, pero eso no implica superioridad. Esto viene al caso porque cada uno, con sus fortalezas y debilidades, abona a la dinámica social. Una mujer da vida, suele ser paciente, bondadosa, sensible, cuidadosa, tierna, con mayor capacidad para perdonar. Por supuesto no se puede generalizar o decir que los hombres no poseen algunas de estas características, sin embargo, hay mayor presencia de estos rasgos en el género femenino. Estas diferencias deberían impulsarnos para no pensar en masculinizarnos en beneficio de la igualdad social.

Las mujeres valemos por lo que somos y no es necesario emprender una batalla contra los hombres –o tratar de ser como ellos–, que también poseen su valor. Si reconocemos esto, podremos desarrollar nuestras capacidades en los distintos ámbitos y espacios del colectivo social, pero con una óptica peculiar.

Ya sea como policías, amas de casa, ingenieras, maestras, economistas, doctoras, abogadas, bomberas o cualquiera que sea nuestra labor, nuestra actividad se transforma en una experiencia de crecimiento al ejercerla con ese cúmulo de cualidades femeninas; en cambio, si pretendemos ser como ellos, la confrontación resulta agotadora y frustrante. Aprovechemos la oportunidad de alimentar nuestro ser femenino con nuestras propias herramientas.

Para Early Institute es indispensable que tanto mujeres como hombres vivan plenamente y en comunidad, reconociendo sus diferencias como elementos de complementariedad, de ahí que a través de su Programa Rumbo busque la formación de líderes que impulsen políticas públicas con una visión humanista. Rumbo es un programa integral y multidisciplinario que se basa en tres principios: la centralidad de la persona, el bien común y la participación social. Asimismo, busca un equilibrio en las capacidades de hombres y mujeres para construir un país mejor.

Hoy más que nunca estoy convencida que nuestra fuerza radica en la unión, empatía y solidaridad. Hombres y mujeres jugamos un papel fundamental para delinear nuestro futuro. Exploremos las aportaciones de cada género y pongámoslas al servicio del grupo social, pero con nuestro sello personal. Caminemos juntos y transmitamos esta visión a las nuevas generaciones para que abracemos nuestros rasgos y construyamos desde nuestra naturaleza, que es única.

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