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La importancia de un círculo de afecto para niños con cáncer

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El soporte emocional por parte de un psico-oncólogo para un niño que vive con este padecimiento y su familia es además de necesario, recomendado en los hospitales que los atienden a estos pacientes, ya que a corto y largo plazo les permite un mejor ajuste con los cambios que se presentan por el tratamiento. El pisco-oncólogo debe de tener conocimiento extenso de las emociones comunes que el cáncer trae aparejado, en concreto de la ansiedad, depresión, vulnerabilidad, ira y planteamientos existenciales acerca de la vida y la muerte.

Las redes de apoyo

El impacto que se produce en la familia al escuchar el diagnóstico principalmente en los padres son: rabia, dolor o negación, posteriormente aparecen rasgos depresivos y finalmente una adaptación al cáncer. En algunas ocasiones, se sienten culpables al recibir el diagnóstico y son susceptibles de padecer situaciones estresantes al hacer de su conocimiento los tratamientos que el pequeño deberá recibir. Esto es observado por el niño, aunque la situación no siempre se expresa verbalmente, es posible que cambie o afecte la relación entre la familia y provoque ambiente de tensión, miedo y tristeza, los cuales son aspectos negativos para la forma de enfrentar la enfermedad.

La familia juega un papel primordial, pues representa la base de las interacciones, relaciones y comunicaciones con su entorno, cuando se presenta una enfermedad crónica en alguno de sus miembros, es posible que sufra modificaciones en su estructura y dinámica, de manera que se ven alteradas las jerarquías, los roles y los estilos de relación, lo cual genera un desequilibrio en todos los miembros.

Por esta razón, lo aconsejable es que la familia reciba el soporte emocional para contar con las herramientas necesarias para ayudar al pequeño y que la compañía de los padres proporcione la seguridad y afecto necesarios para que el niño logre estabilidad emocional, así como acepte su estancia en el hospital, el tratamiento prolongado y enfrente de mejor forma el dolor de los procedimientos.

El círculo afectivo del niño incluye a los hermanos, los amigos y todos aquellos que por su cercana relación con él tengan un vínculo significativo, ellos lo podrán ayudar a la dura tarea de adaptarse a su estancia hospitalaria que equivale a una situación potencialmente estresante y caracterizada por cierto grado de incertidumbre.

Si bien es cierto que el pronóstico de esta enfermedad puede generar en todo el círculo de afecto miedo e inseguridad, también lo es que la empatía es el medio de una buena terapia para evitar a toda costa un mal manejo de la conducta y emociones del niño ante la enfermedad.

Las redes de afecto del pequeño con cáncer son las mismas de aquellos que no padecen esta enfermedad, por lo que es de gran valor para el tratamiento y su recuperación que cuente con su familia, es decir padres y hermanos, abuelos, tíos, primos, etcétera, sin dejar fuera a sus amigos y compañeros de escuela, maestros y todos aquellos con los que el niño guarda una relación afectiva.

Es fundamental su participación a lo largo del tratamiento y recuperación, así como es valioso que estén bien informados para evitar las complicaciones de la comunicación sin un fundamento claro y real, se omitan especulaciones, y sobre todo el pequeño reciba el amor y el cariño que necesita.

Dr. José Méndez, Coordinador de Psico-oncología, Hospital Infantil de Teletón de Oncología.

Colaboración de Fundación Teletón México

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