early institute

Enfoque Early

El consumo familiar en tiempos de Trump*

consumo familiar

El consumo familiar de los mexicanos vivirá grandes desafíos en el 2017. Después de una campaña nutrida de insultos y amenazas, Donald Trump trabaja en la instrumentación de sus promesas. Wilbur Ross, nuevo secretario de comercio, ha reconocido públicamente las ventajas que tienen los tuits intimidatorios del hoy presidente de los Estados Unidos.

La depreciación del peso mexicano y del dólar canadiense es un ejemplo de cómo las el magnate ha alterado las expectativas provocando intencionalmente generar un clima de pavor que se traduce para él en terreno fértil para sus leoninas renegociaciones comerciales. Ante estas sombrías condiciones, se escuchan voces de protesta que exhortan a los consumidores a ejercer su poder adquiriendo productos de manufactura mexicana.

Es evidente que ante la escalada de precios a los productos importados principalmente de Estados Unidos, se observarán afectaciones en los mercados. Ante la oleada de importaciones que comenzó a cubrir nuestro consumo, nuestra economía tiene un gran porcentaje de bienes y servicios importados. Hoy en día, la mitad de nuestras importaciones provienen de Estados Unidos, de China un 14.7%, y Japón un 4.7%. Sin embargo, la caída en el valor del peso frente al dólar no sólo se debe al efecto Trump.

Si observamos la trayectoria del tipo de cambio desde 2013 a la fecha, nuestra divisa ha perdido 36.6% de su valor frente a la moneda norteamericana. El efecto obviamente se nota en la tendencia también decreciente del consumo de bienes importados. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el 2016 el gasto en bienes y servicios nacionales creció 3.6% a nivel general— los bienes registraron un incremento de 2.7% y los servicios, de 4.6%— mientras que la adquisición de bienes de origen extranjeros retrocedió 2.7%. ¿Qué podemos vislumbrar para el futuro próximo?

Evidentemente nuestra elevada dependencia del mercado estadounidense afectará nuestro mercado en el corto plazo, sería absurdo negarlo. Sin embargo, hay que recordar que México cuenta con Tratados de Libre Comercio con 45 países, así como 40 acuerdos comerciales y de inversión. Será inteligente que gobierno y sector privado aprovechen esa ventaja y comiencen a negociar para sustituir importaciones norteamericanas por otras igual o más competitivas, al tiempo que se implementen tácticas efectivas para aumentar la competitividad de nuestro mercado interno.

En próximas semanas y meses escucharemos voces que exhortarán a la urgente implementación de un nacionalismo económico; esto es, políticas económicas guiadas por la idea de proteger el consumo interno, el trabajo y la formación de capital en el interior de una economía o mercado nacional en pos de la eliminación de la dependencia. Así también escucharemos gritos que exigirán que el patriotismo económico sea el comportamiento privilegiado por consumidores y compañías a fin de favorecer los bienes y servicios producidos en México por la simple razón de ser mexicanos. Vayamos más al fondo de este asunto.

DTEn el pasado, en épocas de un fuerte proteccionismo impulsado por una política industrial enfocada en la sustitución de importaciones, se generó una industria nacional que si bien tuvo éxitos (como la industria cervecera, panificadora, y constructora) también generó serios problemas económicos y políticos. Muchas de las empresas “bandera” distinguieron a México por su milagro económico. Esos tiempos que muchos evocarán con nostalgia (1958 – 1972) se vivieron sin crisis económicas recurrentes, con baja inflación, estabilidad política y crecimiento económico en las que el PIB creció en promedio 6%.

Sin embargo, esa estabilidad y ese crecimiento no fue gratuito. Subsidios y patentes garantizaban a las empresas en México mercados cautivos nacionales sin competir, estableciendo incentivos para disminuir la calidad de sus productos y aumentar precios. Al tiempo, la demanda por productos extranjeros originó altas ganancias en el mercado del contrabando. Es decir, si bien los tiempos del proteccionismo trajeron prosperidad, el país tuvo que pagar la factura en las décadas de los setenta y ochenta.

Ahora bien, actualmente ¿qué productos producidos totalmente en México podemos adquirir de tal manera que beneficiemos a nuestros connacionales? La verdad es que pocos. Los mercados mundiales llevan ya más de 25 años más integrados de lo que imaginamos. Si miramos el sitio de internet www.hechoenmexico.gob.mx podemos apreciar que en realidad son pocos los productos de total manufactura nacional que podemos adquirir. Esto no necesariamente es una mala noticia. Lo cierto es que hay productos importados que en su proceso de producción llevaron en algún punto de la cadena de producción insumos o mano de obra mexicana. Así también, los bienes intermedios o productos de exportación que se hacen en México muchas veces requieren insumos importados, pago de licencias por patentes registradas en el extranjero o mano de obra extranjera que incorporó en ellos su know-how.

En el panorama económico nacional, las pequeñas y medianas empresas (PyMES) representan el 99.8% del total de las empresas formales en México y emplean al 78.5% del personal ocupado. Es decir, las PyMEs en México generan ocho de cada diez empleos. La mayoría de estas empresas tienen bajos niveles de competitividad y un promedio de vida de sólo un año.

Existen aproximadamente 4.5 millones de empresas en el país. Sin embargo, la falta de acceso al crédito bancario y sus carencias en lo que hace a competencias administrativas, hacen que muchas de ellas caigan en la condición de informalidad. Según INEGI, sólo 26.7% de las PyMES son formales, es decir, pagan impuestos o cuotas al IMSS; y el restante 73.3% sobreviven dentro de la economía informal. Para los consumidores, esto se traduce muchas veces en problemas de calidad y seguridad de los productos y servicios así como en dificultad para profesionalizar las transacciones dado que mucho de este comercio se realiza en efectivo sin poder utilizar medios de pago electrónicos o aprovechar canales de distribución más sofisticados.

¿Qué hacer ante este panorama?

 

Por supuesto que consumir productos nacionales ayuda a la economía nacional, pero sin caer en el patriotismo económico. Ser consumidores exigentes en lo que hace a la calidad, obligará a los proveedores nacionales a mejorar los bienes y servicios que entregan en el mercado. Asimismo, los consumidores debemos también evolucionar hacia una cultura de consumo responsable que vigile que los proveedores ofrecen precios competitivos, respetan regulaciones ambientales, pagan impuestos, y tratan de forma justa a sus empleados ¿Parece imposible? En economías desarrolladas, los consumidores a través de asociaciones consiguen generar las mecánicas y la información que les permite valorar, comparar y comprar de forma consciente.

Recomiendo ampliamente investigar sobre asociaciones como el “Better Business Bureau”, que ya cuenta con una oficina en México, o el “Worldwide Responsible Accredited Production (WRAP)” que promueve la certificación de fábricas de la industria textil en condiciones de respeto a las leyes laborales, derechos humanos y salud para sus trabajadores.

Apoyar a pequeños productores es benéfico, sin duda, para la economía. Pero el apoyo debe ser bien ganado y merecido. Por parte del gobierno, lo que se necesita es legislación y políticas públicas que hagan atractivas las inversiones en el país, que faciliten la apertura de empresas, que fomenten la competitividad, y que generen alternativas para establecer condiciones buenas para el florecimiento de la industria y el comercio competitivos.

Resulta ahora urgente modificar nuestra alta dependencia económica de los Estados Unidos para transitar hacia un modelo económico mucho más autónomo. Es en esto que se requiere más lluvia de ideas, más debate y más organización de organizaciones civiles. No desperdiciemos recursos y energía fomentando un proteccionismo ramplón. Comprar mexicano por el simple hecho de ser mexicano es una salida fácil a un problema complejo que requiere el involucramiento de todos de forma madura y consciente. Al mal tiempo buena cara y mucha inteligencia.

* Mtra. Ana Lilia Moreno, especialista en temas económicos y colaboradora de Early Institute.

Deja algún comentario

*